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Antonin Artaud y el Hombre en un mundo anormal


Este es un articulo de Aldo Pellegrini, extraído de la edición nacional del libro "Van Gogh, el suicidado por la sociedad", libro que recomiendo ampliamente. me pareció muy interesante asi que quería compartirlo con ustedes.
Me tomé el trabajo de tipearlo yo mismo ya que tambien me ayuda a memorizar.

Antes un poco de música para acompañar la lectura:

https://ugc.kn3.net/s/http://www.youtube.com/v/IoZWdwsos-s
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=IoZWdwsos-s


El Hombre en un mundo anormal

Artaud dice en su “Van Gogh”: “No es el hombre sino el mundo el que se ha vuelto anormal”. El mundo ha perdido su inocencia primordial, y en la actualidad padece una locura colectiva de grado creciente, locura sistematizada y razonante que excluye a todo aquel que pretende asumir su yo personal en plenitud. En una carta al doctor Allendy dice: “Todo me disgusta en la prodigiosa suciedad de este tiempo”. Artaud se convierte así en enemigo de la sociedad actual, y lo es por el simple hecho de asumir en todas sus implicaciones su dignidad de hombre. Y esa actitud la asumió desde un comienzo. Ya en el numero 3 de “La Révolution Surréaliste”, en el texto titulado “Carta a los directores de asilos” afirma: “Todos los actos individuales son antisociales”, frase que sería necesario comentar diciendo que eso sucede cuando una sociedad (como la actual) es fundamentalmente antihumana. ¿Qué cosas le reprocha Artaud al mundo de hoy? Habla de faltas graves e irredimibles: “este mundo servil”, en él “no hay amor ni siquiera odio, todos los cuerpos están repletos hasta el hartazgo, las conciencias resignadas, no hay mas que una inmensa satisfacción de inertes” (Cartas de Rodez). Por supuesto no se incluyen en esta sociedad aquellos que están fuera de ella, los marginados sociales, el inmenso numero de los descartados, de los miserables que viven una vida infrahumana.


Antonin Artaud

En la conferencia que tituló “Lo que vine a hacer a México”, define así a nuestra época: “esta civilización tiene por leyes lo siguiente: aquel que está desprovisto de máquinas, cañones, armas, bombas, gases asfixiantes, se convierte en presa de sus vecinos o del enemigo mas armado”. De una sociedad así podría decirse que padece de la voracidad de lo inerte, o en otras palabras que está planeada para arrastrar al hombre a la servidumbre.

Y Artaud continúa sus acusaciones: “Todo lo que vivimos es solo una fachada”. En efecto, no solo habitamos un mundo absurdo e injusto, sino falso. Lo absurdo y lo falso son exactamente los dos componentes que se atribuyen a la locura. El mundo es absurdo porque el hombre vive sin comprender el sentido del producto mismo de sus creaciones (a consecuencia de lo que algún sociólogo podría definir como el mal uso de lo creado); es falso fundamentalmente porque el valor concreto “hombre” ha sido sustituido por el valor abstracto “masa”, y la simbiosis real que constituyen la carne y el espíritu, por una resultante estadística, o sea por un ente numérico. Nos movemos en un mundo basado en la supuesta eficacia de la inteligencia, en el saber y en el orden. Todos estos principios no han servido más que para arrojarnos al desorden, no sólo espiritual, sino material. Vivimos en la más completa confusión en un mundo satisfecho por las ilusiones de un progreso que cada vez margina a más gente. Al servicio de ese progreso la sociedad pretende ser absolutamente utilitaria. Todo lo que se hace debe servir para algo aprovechable. ¿Aprovechable por quién y para qué? No, sin duda, por la mayoría de los hombres que viven en condición infrahumana; ni siquiera para mejorar al resto que vive bloqueado en sus mas altas aspiraciones. Los resultados de este mundo en progreso son desastrosos. En el terreno material, el avance tecnológico aprovecha cada vez a menos personas, y llegará un momento en que sólo estará al servicio de entes abstractos. En cambio el hambre, la incertidumbre, el desamparo, la tensión abarcan aceleradamente cada vez al mayor número. En el terreno del espíritu nos encontramos con un mundo organizado según una tabla de valores morales y culturales tan arbitraria que ha llevado a la confusión total. Nadie sabe qué es lo bueno o lo malo, lo digno o lo indigno, lo superior o lo inferior. La presión de los bajos intereses en compañía de una estupenda imbecilidad esencial lleva a la subversión de valores, al fraude, a la mistificación. Pero nada de esto importa en definitiva, porque para la sociedad de consumo todo es aprovechable indiscriminadamente: el amor, el odio, las creaciones del espíritu, el balbuceo del idiota, la santidad y el excremento, el conformismo y la protesta. Para la sociedad de consumo, consumir equivale a destruir, porque necesita convertir en perecederos todos los productos del hombre. Su vigor se acrecienta en la destrucción, de modo que no resulta absurdo pensar que no parará hasta la autodestrucción.




Pero cada vez es mayor la resistencia del hombre a esta sociedad perniciosa, cada vez es mayor la repulsa a la absurda estupidez. La creciente difusión en la sociedad de consumo por excelencia (representada por los EE.UU.), de las comunidades hippies y de los grupos de cuestionamiento se explica por el intenso y desesperado deseo de escapar a la ciega presión que crea este tipo de sociedad.

En el mundo actual hasta los choques ideológicos se manifiestan en el plano de lo falso y de lo absurdo: por un lado los defensores del valor-dinero con la democracia y la iniciativa personal, para terminar con la más solapada y vergonzosa expoliación espiritual, hasta reducir el espíritu a cero. Por otro lado: los falsos predicadores de un mundo mejor que comienzan directamente por la expoliación espiritual (es decir, el mismo resultado anterior sin rodeos) con el pretexto de anular la expoliación material. ¿Qué queda entonces en el mundo actual de ese hombre del que Nietzche dijo: “Todo hombre lleva en sí la doble nostalgia de la elevación espiritual y de la pureza moral”? Con estas palabras simples Nietzche quiso expresar la imperiosa necesidad espiritual que caracteriza al hombre como especie, necesidad unida a su vida e inseparable de su destino. Esa necesidad se vuelve en Artaud urgente, desgarradora; una necesidad que no transa con nada, que no se conforma con medias tintas. Pero el hombre de hoy se ha propuesto traicionar su destino, por lo que marcha ciega pero decididamente hacia la negación los valores humanos fundamentales, y por este camino llega también a la autodestrucción.

Esa idea de la autodestrucción la expresa Artaud en “Las nuevas revelaciones del ser”, del siguiente modo: “Y es así que por todos los ángulos, la destrucción tan buscada ha sido deseada conscientemente por los hombres, y yo pienso que ella es deseada ocultamente por todos como el único medio de salvarnos de un mundo en que la vida ya no puede ejercerse”. Artaud parece querer expresar en lo que dice que el hombre íntimamente consciente del mundo abominable en el cual vive y en cuya construcción ha participado, encuentra en su destrucción el único remedio posible, el remedio que ponga término a la aceptación de lo inaceptable.

Artaud parte de la impugnación del mundo que lo rodea, y de un profundo disconformismo ante la condición humana tal como se presenta actualmente. Cuando el hombre quiere asumir con plenitud su destino, se ve bloqueado tanto en los caminos materiales como en los espirituales. Aquel que tiene plena conciencia de ser hombre se convierte, por ese solo hecho, en materia prima de la tortura. Es imposible respirar en esa atmosfera viciada por la respiración anhelante de los que quieren ascender a toda costa, por las miasmas en los que se mezclan el hedor de los miserables y el perfume siniestro de los poderosos que se obtiene destilando el hedor del sufrimiento de los humildes.

Jamás, como en la época actual, el hombre ha vivido tan distorsionado. Para subsistir es necesario hacer lo contrario de lo que se predica. Los valores auténticos se desvanecen ante la imposición clamorosa de los valores falsos. Todo está trastocado. Amar la paz significa ir a la guerra, amar al prójimo significa aniquilarlo, la caridad es un operativo de humillación, y la cultura kitsch es impuesta como el mas codiciado valor cultural.



En el terreno de la cultura la sociedad actual ofrece dos alternativas: una cultura de masas pretendidamente igualitaria y al alcance de todos (pero en realidad siniestramente fabricada desde arriba con falsos ingredientes, y cuyo objetivo es arrojar a un público inocente al más bajo nivel posible), y una cultura irónicamente llamada superior, que utiliza también falsos ingredientes más en consonancia con un público pretendidamente cultivado, pero que ostenta la misma inocencia esencial del publico masivo. Para este último público la cultura se convierte en un modo de joyería que señala un “status” y sirve de ornamento a los que aspiran a ser privilegiados en la escala social, opuestos, en general, a los privilegios del espíritu.

De este modo la civilización moderna lanza al autentico artista (aquel cuya obra es irreducible a producto de consumo) fuera del arte, al auténtico escritor fuera de la literatura, y se apodera de las formas de expresión artísticas y literarias para convertirlas en mercaderías vacías de contenido.

La civilización resulta así, desde todo punto de vista, un atentado contra la condición humana. El hombre que pretende vivir humanamente se encuentra ante la más desoladora confusión convertida en fuerza dominante y ley. En esta situación sólo quedan dos caminos, o resignarse y desaparecer como persona (criterio que adopta la mayoría), o rebelarse, entonces se es implacablemente perseguido y acorralado. Artaud dice: “No he querido convertirme en un resignado como los otros”.

Aldo Pellegrini
(parte del prólogo del libro "Van Gogh, el suicidado por la sociedad&quot


Este es mi segundo Post. Gracias a los que se detuvieron a leer. Y especialmente gracias a los que me hicieron NFU hace un tiempo con mi primera publicación.

Me gustaría ver sus comentarios.

Para terminar un poco mas de musica para que se vayan cantando

https://ugc.kn3.net/s/http://www.youtube.com/v/1i9TXMNnolU
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=1i9TXMNnolU






Libro de Antonin Artaud "Van Gogh, el suicidado por la sociedad", con prólogo de Aldo Pellegrini.
Sexta Edición - Buenos Aires, Editorial Argonauta, Octubre 2007.

Traducción, estudio preliminar y notas: Aldo Pellegrini
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