Con la llegada del Humanismo cambia la mentalidad de la sociedad en general y pasan a exaltarse valores que no se alababan en la Edad Media, en donde lo importante era el servicio divino. Ahora la individualidad del hombre es lo que predomina. En las plazas de toda Italia se colocan estatuas que glorifican a héroes como condottieros y príncipes. Italia es un tanto diferente de otras naciones como España o Francia, ya que está formada por un conjunto de pequeñas repúblicas, donde prima la alta burguesía en detrimento muchas veces de la aristocracia. Una persona importante que encarna la figura del héroe es Cosme de Médici, y tras él aparecen otros como los Montefeltro, Sforza o Gonzaga. Pero quien se lleva el mayor cupo de gloria son los hombres dedicados a las armas. Aquí es donde nace la figura del retrato ecuestre, en base a la famosa escultura clásica del emperador romano Marco Aurelio. Donatello es uno de los primeros artistas que lo pone en práctica con su obra El condottieri Gattamelata, apodo del general Erasmo de Narni, de origen veneciano y al que se le erige un monumento en Padua, enfrente de la basílica de San Antonio. Donatello se queda impresionado por la escultura de Marco Aurelio y esto se refleja en su obra, aunque el artista no se limita a copiar al clásico, sino que realiza en su propio trabajo algunas innovaciones que hablan de su grandeza como escultor. Cuando se hace la estatua de Marco Aurelio el caballo resulta de muy pequeño tamaño respecto del jinete, y en la Edad Media esta proporción ya resulta en parte corregida, como podemos ver en el Caballero de la catedral de Bamberg. Pero en este momento se invierte la proporción, y es el caballo la figura que resulta de mayor tamaño, con la figura del jinete de menor escala, aunque esto no ocasiona un desequilibrio en la obra, porque Gattamelata se presenta con porte de vencedor y en todo momento es él quien domina la situación por completo y guía al animal. Para eso se le representa con bastón de mando, espuelas, armadura y espada. La diagonal es la que equilibra las proporciones. Tampoco el caballo aparece encabritado como en la estatua de Marco Aurelio, ni inerte como en Bamberg, sino que se muestra firme aunque dominado por el jinete. Verrochio es otro de los artistas que hace retrato ecuestre, con el Condottiero Colleoni, posterior a la obra de Donatello. De él aprovecha las enseñanzas y demuestra que el retrato ecuestre es un arte ya en boga en Italia. Le da a la obra un cierto aire manierista, porque es mucha más expresiva y con movimiento que la de Donatello. Este caballo presenta una postura más parecida al del modélico Marco Aurelio, con la pata delantera alzada, y el condottieri se presente en posición desafiante, como preparado para lanzarse a la batalla. Aunque actualmente se considera una estatua casi perfecta, en su momento fue criticada porque el caballo estaba demasiado delineado anatómicamente y no casaba con el gusto clásico de la época. El efecto dramático de la obra en su conjunto es mayor que en la de Donatello porque hay una mayor conjunción entre el jinete y el caballo. Verrochio se muestra mas teatral e indica ya un cambio en el clasicismo, que empieza a abandonar su contención y mesura. El culto a los muertos existe desde la Prehistoria, pasando por las pirámides y numerosos mausoleos a lo largo de toda la Historia del Arte. La novedad que aporta en este tipo de arte el Renacimiento es además de las razones religiosas, sociales y culturales para este culto, existe también el deseo de reconocer los méritos del fallecido como hombre, como individuo: lo que se pretende es un culto al muerto a través de la fama de sus acciones. Uno de los primeros sepulcros renacentistas, sino el primero, es el de Hilaria Carreto, obra de Jacopo Della Quercia, aunque todavía tiene mucho de la influencia gótica, sobre todo en la postura del cuerpo, manos y ropajes. Como novedad y concesión al nuevo tipo de arte,aparecen los ángeles desnudos que portan guirnaldas, y quizá cierta similitud con los sarcófagos de la antigua Roma. Será Michelozzo quien haga los primeros sarcófagos renacentistas, como el sepulcro del cardenal Brancacci o la Tumba de Juan XXIII. Rosellini es el autor del Sepulcro de Leonardo Bruni, y su obra representa un hito en este arte, al presentar el doble sarcófago enmarcado entre pilastras corintias, que sostienen un arco de medio punto, sobre el que hay un escudo de armas entre dos angelotes. Hay un sepulcro obra de Settignano, que es muy parecido al de Rosellino, el sepulcro de Carlo Marsuppini, aunque no aporta nada nuevo, destacando únicamente un medallón de gran delicadeza que representa a la virgen con el Niño. Un hermano de Bernardo, Antonio Rosellino, hace en Nápoles el Sepulcro de María de Aragón, aunque destaca especialmente el Sepulcro del Cardenal Jacobo de Portugal, pensado como un nicho que se encuentra bajo un arco, en el que unas cortinas demármol dan la impresión de estar abriendo un telón. Dos ángeles apoyados en la cornisa acompañan al difunto, y en el tímpano hay otros dos ángeles que sostienen una corona con la imagen de la Virgen y el Niño. Las cortinas dan un gesto escenográfico al conjunto, propio de la época renacentista. Pero sin duda el que se lleva la palma en este estilo es Pollaiuolo, del cual destacaremos principalmente dos obras: La tumba de Sixto IV en San Pedro del Vaticano, de bronce, en donde contrasta el rostro del muerto, sacado a través de una mascarilla mortuoria y por tanto muy real, con el laborioso trabajo del decorado. Se representa rodeando la figura del muerto a la Teología vestida de Diana, en un claro homenaje a la antigüedad clásica, y la alegoría de las Ciencias, entre las que el artista sitúa en lugar destacada a la figura que representa la Perspectiva. Sepulcro de Inocencio III, en el cual hay un sarcófago rodeado de relieves que representan las Virtudes y bajo un dosel esta el papa sentado bendiciendo, con un relieve de ángeles en la parte trasera. Pero el verdadero protagonista, en la línea renacentista, es el Papa, representado en figura yacente, pero también como si estuviese vivo, con la tiara y los ropajes para darle el aire de prestancia que a su cargo corresponde.
Retrato ecuestre y tumbas en la Italia renacentista
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