La noción clásica de arte es la de las “bellas artes”, las que agrupaban las obras de pintura, escultura, arquitectura, música, etc. Además antiguamente se la asociaba también al “saber hacer”, eran las “artes menores” que aplicaba a la fabricación de objetos más cotidianos, como vajilla, u otras actividades como la cocina, la guerra. Esta es la noción que nos llega al común de la gente, por eso seguimos escuchando de “arte culinario”, “arte marcial”, “el arte de vivir”, etc. Pero relacionamos más la palabra “arte” a las “bellas artes”.
Hoy día cualquiera que agarre un catálogo de arte se confundiría con un catálogo de supermercado. Te muestran como arte un broche de madera arriba de una piedra, un móvil colgante con figuritas que parece que cortó un nene de 5 años, ¡un mingitorio!, cualquier pintura moderna parece manchas de humedad o a un collage de escolar. Hasta un toallón tiene motivos más llamativos. El artista quiere transmitir un significado en su obra y los tópicos son subjetivos, para entenderlo hay que ser objetivo, pero te parás delante de cualquiera de esas cosas y te proponés un trabajo de abstracción mental para tratar de dilucidar que carajos representa y a lo único que llegás es a un dolor de cabeza.
Por otro lado, cualquiera puede ir a una gráfica y en 5 minutos te sacan una gigantografía de esa foto que sacaste con una cámara súper mega reflex full color de 650 megapíxeles y que tiene todo el mundo en el celular. Hasta apretás un botón y al instante aplicás filtros, sepia, blanco y negro, efecto acuarela, cambiás de fondo, etc. Y te queda un mural con el detalle que quieras, mucho más vistoso que cualquiera de los cacharros que exponen en el museo.
Antes no era así. Antes no había cámaras y para plasmar la realidad se necesitaba un pintor o un escultor. Como siempre pasa hubo buenos y malos. Pero incluso las buenas pinturas tienen menos definición que la gigantografía que sacaste hace un rato, y una máquina te hace montones de réplicas de cualquier escultura, teniendo un molde o impresora 3D.
Pero lo que tenés que tener en cuenta primeramente para empezar a apreciar el arte no es el resultado, sino el modo. Antes una “gigantografía” se pintaba, y eso muchas veces implicaba que el pintor tenía que empezar primero buscando un lienzo, pegar en un palito un puñado de pelos para hacer un pincel y moler en mortero pigmentos para las pinturas (hoy comprás todo) y después de eso recién empezar con la pintura en sí. Ahora antes de seguir leyendo buscá en google imágenes Caravaggio, Vermeer, Tiziano o Rembrandt. Todos esas obras con todos lo detalles que tienen se lograron a fuerza de pincel, pinturas y mucho tiempo. Ahora buscá en google imágenes esculturas de Miguel Angel, Bernini o Strazza. Fijate en los detalles y pensá que el tipo lo hizo con una piedra, martillo y cinceles, y también mucho tiempo. Todas son obras de arte en sí mismas por la cantidad de trabajo que tienen.
"Las meninas" de Velázquez - 1656
"La joven de la perla" de Johannes Vermeer - 1665-1667
"Virgen con velo" por Giovanni Strazza - 1855-1856
Otra estatua velada de Strazza
Cuando entendés la cantidad de trabajo que implica una obra de esas empezás a verla más seriamente y notás otros detalles. Me acuerdo la primer pintura que me llamó la atención. Había visto otras antes pensando en la cantidad de trabajo pero en esa había captado algo más. No tuve la suerte de verla en persona, la ví en una lámina de una enciclopedia. Era “Filósofo meditando” de Rembrandt.
"Filósofo meditando" de Rembrandt - 1632
No dice mucho a primera vista: es una escena simple, para nada cargada visualmente, no tiene nada de colorido que llame la atención, ¿En qué te podés fijar? En el tratamiento que hizo el pintor con la luz. Tenés de un lado ese ventanal por donde entra toda la claridad, y se va fundiendo hasta llegar al extremo de la oscuridad total en el hueco de la escalera y los extremos de la habitación. Del otro lado la luz más tenue de un fuego, la diferencia de iluminación que hace el ventanal y el fuego, cómo se van difuminando la luces en la habitación, las sombras… y de nuevo, todo eso hecho a mano con un pincel y unas pocas pinturas sin mucha variante de color. Había una serie de pinturas similares del mismo autor con el mismo colorido, escenas simples y el tratamiento de la luz. Me dí cuenta que las pinturas tenían bastante más que mucho trabajo y paciencia. Había técnica. Si a mi me diesen lienzo, pintura y pinceles, no lograría nada parecido ni en diez mil años.
"Los peregrinos de Emaús" de Rembrandt - 1629
Con la escultura lo mismo. Si hasta parece que le podés volar el velo de un soplido a la virgen de Strazza ¡y es todo piedra!
Durante mucho tiempo todas esas obras se apreciaron por esos detalles, por la casi perfección en la ejecución. Un gran maestro se caracterizaba por el gran realismo que le aportaba a su obra, más que por otras cuestiones como si era reproducción de la realidad o una significación, y toda esa cantidad de trabajo y talento tuvo el consumo que siempre debería tener: el consumo estético. El arte era la belleza de la creación del hombre.
Después un declive. El arte empezó a abundar en cantidad, a ser más común. La vanidad de los más ricos en tener obras de arte hizo que se empiece a tratar como una mercadería más, y pasó de un consumo estético a ser un bien de consumo. Empezó a tener principalmente precio. Casi en los 1900 y en adelante con el avance de la fotografía el artista ya no era necesario para representar la realidad. Se reproducía en serie y se vendía como se vende cualquier otra cosa. El arte sobrevivía apenas, estaba muriendo toda esa belleza creadora que tenía.
"Farbstudie Quadrate" de Vassily Kandinsky - 1913
"La fuente" de Duchamp - 1917 (Mingitorio de Duchamp)
Acá es donde se transforma el concepto de arte. Toma la noción moderna que se tiene del concepto. Surgen otras formas de arte que son más una representación de una idea del artista que de la realidad, un significado. Había que empezar a ver el arte como lo que se quería representar. Pero esa idea tenía poco que ver con las grandes obras de antes, y poca gente le encontraba importancia o sentido. Y en medio de todo este triste camino que tomaba el arte surge lo que es para mí, la obra más importante de este nuevo movimiento de arte conceptual. La obra de Piero Manzoni.
Piero Manzoni estaba conciente de todo lo que pasaba. Veía la crisis, el cambio radical forzado, veía principalmente el consumismo. Las obras cotizaban por tener la firma de un artista famoso, y el principal detalle de la obra pasó a ser el precio más que la obra en sí. Para cualquier aficionado al arte esto es malo, para un artista debe ser peor. Y ahí es donde atacó Manzoni. Agarró 90 latitas que contenían (decía él) su mierda, las firmó y golpeó con esas latas la mesa. “¡Acá tienen señores comerciantes de arte! ¡Tiene mi firma! ¿Que cuánto vale? ¡Es mierda de artista, vale su peso en oro!”. Me imagino que habrá pensado algo parecido.
"Merda d'artista" de Piero Manzoni - 1961
En la etiqueta decía “Mierda de artista. Contenido neto: 30 gramos. Conservada al natural. Producida y envasada en mayo de 1961”, o sea que valían en ese momento 30 gramos de oro. Las vendió todas, pero no era la idea. Fué una sátira, una genialidad, el mejor ejemplo (para mí) de arte conceptual, donde el significado de la obra y lo que representa es más importante que el objeto. La diferencia entre lo que representa el objeto y lo que quiere representar. Y lo que representa para mí es la defensa a toda la historia del arte y la hermosa capacidad creadora del hombre, el desprecio por el consumismo y el derroche sin sentido, un homenaje a todos los grandes artistas y a la estética. Una lata de mierda para defender las “bellas artes”. Esa aparente contradicción es lo que hace que sea una genialidad.