Albert Casals, catalán de 18 años, lleva viajando solo por el mundo desde los catorce en silla de ruedas. Ha estado en más de 25 países y apenas lleva dinero en el bolsillo. Sus trucos de magia, como relata en el libro 'El mundo sobre ruedas' (Edicions 62), son su actitud y su manera de “hacer lo que a uno realmente le guste en la vida”.
El libro fue uno de los más vendidos el día de Sant Jordi, seguramente por la atracción que ejerce este chico que ha decidido que hay que vivir intensamente o no hacerlo, y con una sonrisa en la cara. Con su pelo teñido de azul y su optimismo inagotable, a Albert se le puede ver alguna tarde por el barrio del Raval subiendo y bajando aceras a gran velocidad con una destreza envidiable incluso para quien va a pie.
En las páginas de su libro, Albert cuenta cómo consigue viajar casi sin dinero, “colándose” en autobuses, trenes y barcos; sus momentos más trágicos, como cuando estuvo a punto de ahogarse en Colombia o se encontró con un huracán en Tailandia; sus aventuras con insectos y humanos, y su inagotable idea de disfrutar de cada momento y de cada lugar.
“La silla de ruedas me facilita que las cosas buenas ocurran más deprisa”, declaró Albert a Europa Press. “Lo peor que te puede ocurrir en la vida es no ser feliz”, declara rotundo
.
Albert, quien por culpa de una leucemia va en silla de ruedas desde los cinco años, considera que es un “ventaja” porque la gente no teme “que vayas a salir corriendo, le robes o le hagas daño”. En su bolsillo, pocos euros, lo justo para comer; y en su mochila, un saco de dormir, ropa, libros para cambiarlos con la gente, instrumentos de música, alguna medicina, un kit de reparación de la silla y jabón. No lleva móvil porque lo pierde o se le olvida cargarlo, y asegura que lo más le motiva para viajar por el mundo es “conocer gente” y la “libertad” que supone pensar que “en cualquier momento puedo ocurrir cualquier cosa”, una filosofía de vida no apta para los amantes de la rutina y para quienes no estén dispuestos a vivir e incluso, dormir alguna noche a la intemperie. “Sólo me fastidian las situaciones en las que puedes morirte, porque no es divertido”, confiesa.
Albert ya prepara su próximo viaje a África, que iniciará a finales de mayo, para “desahogarse” de cara a su próxima entrada en la universidad. “Este viaje me servirá para aguantar un añito sin viajar”, reconoce.
“Si eres amable con la gente, ellos lo son también contigo, incluso en las zonas más chungas. Si en una zona que se supone que es peligrosa vas con la cartera agarrada, estás diciendo que te roben. En cambio, si vas haciendo trucos de magia, tocando música, la gente te trata bien”, alega.
Sus padres apoyan su forma de vida e incluso su padre le acompañó en su primera escapada para enseñarle “algunas nociones básicas de supervivencia (...) Un padre quiere que su hijo sea feliz, y si tu hijo es feliz viajando, le tienes que dejar. Más que un hijo, soy una persona libre. Se preocupan, pero también están felices de que haga lo que me gusta”, concluye.
Se puede visitar la página del libro www.elmonsobrerodes.cat (en catalán), donde se pueden ver fotos de los viajes de Albert, historias y una explicación de su filosofía de vida.
“¡Pero no hay nada que yo no pueda hacer en mi silla!. Subo, bajo, entro, salgo, he atravesado selvas y playas, he viajado por Francia, Italia, Grecia, Alemania, Escocia, Tailandia, Malasia, Singapur… Acabo de regresar de un viaje de seis meses por toda Sudamérica… (…) La silla es más ventaja que inconveniente: la gente te pregunta qué te pasa, de dónde vienes…, y así haces un montón de amigos”
“Fue muy duro para mis padres permitir mi felicidad. Agradezco que se hayan esforzado tanto en no ayudarme, en no decirme: “Esto no puedes hacerlo porque vas en silla de ruedas”
“Soy plenamente feliz (…) Viajo con 3 euros al día. ¿POR QUÉ NOS COMPLICAMOS TANTO LA VIDA? Siempre hay dónde dormir, siempre hay algo que comer. Conoces a gente, y todo fluye. ¡Qué sencillo es el mundo! Lo he entendido viajando. Bastan cuatro cosas: dormir, comer, ducharse y hacer amigos”
“¿QUÉ ES MEJOR QUE NO REALIZAR MIS SUEÑOS? (…) Cuando haces lo que de verdad quieres, el universo entero conspira a tu favor. Mira alrededor y decide: tú puedes elegir vivir triste o contento. YO ELIJO LA FELICIDAD. No veo entre nosotros razones para ser infeliz”
Albert Casals
Escuchar y leer al joven catalán Albert Casals es como un bálsamo en estos tiempos. Con 20 años saborea la vida cada instante porque de pequeño estuvo a punto de dejarla en varias ocasiones, ha viajado por todo el mundo solo desde los 14 años y su filosofía de vida, que él denomina “Felicismo”, rezuma sabiduría práctica, confianza y optimismo.
Nacido en 1990, a los 5 años sufrió una mononucleosis que desencadenó en leucemia y cuyo tratamiento provocó una minusvalía como condición para seguir en este lado de la vida.
Debieron ser unos años muy duros para toda la familia: los numerosos medicamentos, la estancia hospitalaria, el miedo al futuro de su hijo, … Y seguro que sus padres nunca hubieran imaginado que con 14 años su hijo querría conocer el mundo viajando solo, con la silla de ruedas y como único bagaje sus estudios de bachillerato, varios trucos de magia, una flauta y 20 euros en el bolsillo.
Pocas decisiones deben ser tan difíciles para unos padres como aplicar los versos del poeta libanés Khalil Gibran “Tus hijos no son tuyos”:
Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida,
deseosa de sí misma.
No vienen de ti,
sino a través de ti,
y aunque estén contigo,
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos,
pues ellos tienen sus propios pensamientos (…)
son hijos e hijas de la vida,
deseosa de sí misma.
No vienen de ti,
sino a través de ti,
y aunque estén contigo,
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos,
pues ellos tienen sus propios pensamientos (…)
Y los padres de Albert Casals permitieron que su hijo fuese tras su destino por muy atípico, incómodo y temerario que pareciese, y gracias a eso, todos contamos hoy con un testimonio extraordinario sobre el sentido de la vida: vivir el presente, fluir, valorar la amistad, no tener miedo, el desapego material, VOLUNTAD, no perder tiempo con victimismos ni el mantra “por qué a mi” en vez de “qué puedo aprender yo de esto”, generosidad y no traicionar tu corazón en aras de la seguridad externa y el qué dirán.
Las aventuras y aprendizaje de Albert explicadas en su libro “El mundo sobre ruedas”, una mezcla de road movie y biografía, se transforman en enseñanzas existenciales tan buenas o mejores que las que podemos encontrar en cualquier libro de crecimiento personal y de claves para vivir con menos y mejor.
En TARINGA hemos visto muchos testimonios de personas con discapacidades físicas pero altísimas capacidades humanas y profesionales como Nick Vujicic, los Hoyt, el tenor Thomas Quasthoff, y otros; también hemos hablado del joven estadounidense Adan Shepard que empezó de cero con 25 dólares o Heidemarie Schwermer y su vida sin dinero, y hemos analizado numeroras visiones sobre la felicidad como la del lama Riponché en “La felicidad es una decisión” o la lección de vida de Randy Pausch.
Pero Albert Casals y su pelo azul es todo eso y más en versión adolescente, etapa tan criticada e incomprendida en la actualidad, sin perder el sentido del humor y derrochando optimismo vital.
Su filosofía de vida la resume en su web bajo el concepto FELICISMO:
“Felicismo” es el nombre que suelo dar a mi filosofía o manera personal de ver el mundo y la vida. Una filosofía que no he podido dejar de resumir en un libro como éste, donde hablo precisamente de eso: de mi manera de hacer y ver las cosas.
Como el nombre ya indica, la clave del felicismo es la felicidad. Y es que la felicidad es el único motor, la única razón de la existencia humana. Todas las acciones del ser humano están motivadas por el deseo de ser feliz, lo sepamos o no, y sólo mediante una existencia feliz podemos proporcionar felicidad a los demás.
En consecuencia, es lógico que destinamos todos los esfuerzos de nuestra vida a encontrar y mantener esta felicidad: una felicidad plena, estable y permanente.
Como el nombre ya indica, la clave del felicismo es la felicidad. Y es que la felicidad es el único motor, la única razón de la existencia humana. Todas las acciones del ser humano están motivadas por el deseo de ser feliz, lo sepamos o no, y sólo mediante una existencia feliz podemos proporcionar felicidad a los demás.
En consecuencia, es lógico que destinamos todos los esfuerzos de nuestra vida a encontrar y mantener esta felicidad: una felicidad plena, estable y permanente.
Albert Casals también es embajador de la fundación Step by Step dedicada a la rehabilitación de pacientes afectados por lesiones medulares, actualmente estudia en la Universidad y quiere dedicarse de mayor a la infancia.
Merece la pena ver sus intervenciones televisivas y leer la entrevista de La Contra de La Vanguardia del 19-3-2009 titulada “¡Qué sencillo es el mundo!” donde el periodista Victor M. Amela sintetiza muy bien el legado de Albert con estas palabras.
Nada le turba. Es sabio. Bastan sus ojos para comprender que ha alcanzado todo lo que predicaron los epicúreos y los estoicos juntos, y también los cínicos, los escépticos, los mendicantes y los giróvagos. No necesita nada. Ha salido de Esparreguera sin un euro en el bolsillo y se ha tirado en la arena de la playa de la Barceloneta.
Nada le perturba. Todo le sonreirá siempre, puesto que él sonríe siempre a todo.
Es un chaval cautivador, un alma grande: no alberga nada que no sea gozo, felicidad. Estar a su lado, verle y escucharle (o leerle en El món sobre rodes) TE HACE SER UN POCO MEJOR.
Nada le perturba. Todo le sonreirá siempre, puesto que él sonríe siempre a todo.
Es un chaval cautivador, un alma grande: no alberga nada que no sea gozo, felicidad. Estar a su lado, verle y escucharle (o leerle en El món sobre rodes) TE HACE SER UN POCO MEJOR.
Esta es la entrevista de un joven sabio que tiene las claves de cómo afrontar los tiempos actuales:
Tengo 18 años. Vivo en Esparraguera con mis padres y mi hermana Alba (9). Soy viajero desde los 15 años: Europa, Asia, Sudamérica… Soy anarquista utópico. Creo tanto en Dios como en un hipopótamo lila. Me gusta el manga, los disfraces otaku, leer, los videojuegos…
¿Desde cuándo vas en silla de ruedas?
Desde los ocho años. Tuve mononucleosis y leucemia: o me trataban a saco, con riesgo de provocarme alguna discapacidad, o me moría.
Y fueron a saco
Sí. ¡Y el resultado ha sido perfecto!
¿No te importa la silla de ruedas?
Si hubiese querido ser futbolista… ¡Pero no hay nada que yo no pueda hacer en mi silla!
¿No?
Subo, bajo, entro, salgo, he atravesado selvas y playas, he viajado por Francia, Italia, Grecia, Alemania, Escocia, Tailandia, Malasia, Singapur… Acabo de regresar de un viaje de seis meses por toda Sudamérica…
¿Con quién viajas?
Me gusta viajar solo.
¿En silla de ruedas… ¡y solo!?
La silla es más ventaja que inconveniente: la gente te pregunta qué te pasa, de dónde vienes…, y así haces un montón de amigos.
¿Desde cuándo viajas así?
A los catorce años les dije a mis padres que me iba. Fue muy duro para ellos permitir mi felicidad. Pusieron una condición: el primer viaje lo haría acompañado por mi padre. Fuimos a Bruselas y aprendí cosas útiles para viajar. Y, a partir de los quince años, ya he hecho todos esos viajes yo solo.
¿Y qué dicen hoy tus padres?
Sufren un poco, pero están contentos viéndome contento. Agradezco que se hayan esforzado tanto en no ayudarme, en no decirme: “Esto no puedes hacerlo porque vas en silla de ruedas”. Ellos facilitan mi felicidad.
¿Eres feliz, pues?
Plenamente, pues no hago nada que no quiera hacer en cada momento. Ahora me apetece hablar contigo, y si no, no estaría aquí.
¿Con qué dinero viajas?
Con tres euros al día.
No es posible.
Hace seis meses salí de casa con 20 euros para irme a Sudamérica, ¡y he vuelto con 20 euros en el bolsillo!
Pero… ¿y dónde duermes, y cómo comes y… cómo lo haces?
¿Por qué nos complicamos tanto la vida? Siempre hay dónde dormir, siempre hay algo que comer. Conoces a gente, y todo fluye. ¡Qué sencillo es el mundo! Lo he entendido viajando. Bastan cuatro cosas: dormir, comer, ducharse y hacer amigos.
Dicho así, sí parece fácil.
Claro. ¿Qué impide a todos los europeos hacerse vagabundos? Es maravilloso…
¿Qué buscas en tus viajes?
Ver cómo vive la gente, ver cómo son, conocerles, vivir con ellos, ser su amigo.
¿Y qué opinan tus amigos de aquí?
Me entienden, mis amigos son como yo: todos están haciendo lo que desean hacer, aunque a ellos no les apetece viajar.
¿No te da miedo viajar solo?
¿Qué puede pasarme peor que no realizar mis sueños?
Pueden robarte…
Al poco tiempo volveré a tener lo necesario, ¡seguro! Y nunca podrán robarme lo vivido.
… Puedes sufrir un accidente, morir…
Aun así, habría hecho lo que realmente quería, ¡habría sido más feliz que quedándome aquí contra mi deseo!
¿Qué haces al llegar a un sitio nuevo?
Voy a un parque, a una plaza, saco mis naipes… Al cabo de un rato hay niños, ¡y luego medio pueblo está alrededor!
¿Qué te dice la gente nueva con la que te vas encontrando?
Los adultos repiten dos preguntas: “¿De dónde sales?”, “¿Y tus padres?”. Algunos se escandalizaban de mis padres por dejarme solo… Alguna vez la policía me ha detenido por si me había escapado… Un niño solo por el mundo, feliz…, ¿qué tiene de malo?
Hombre…
Ahora, ya con 18 años cumplidos, ¡soy libre!
¿Qué llevas en tu mochila?
Una libreta, algún libro, un boli, una linterna, los naipes para juegos de manos, jabón, cojín, dos pantalones y dos camisetas, calzoncillos, chaqueta, botiquín, la tienda de campaña y el kit de reparación de la silla.
Dime lugares en que hayas dormido
Playas, vagones de tren, parques, estaciones, coches, campos, comisarías, castillos en ruinas, casas abandonadas, casas de gente, cuevas, mansiones…
¿Cuál ha sido el mejor momento?
Viajar de noche en la caja de un camión en marcha, destapada. Podía sacar la cabeza al viento o acurrucarme. Fue chulísimo.
¿Y tu momento más peligroso?
He estado a punto de palmar volcando en un camión, y atravesando una selva con vampiros, y en una lancha de traficantes de motores entre islas caribeñas, zarandeados por una tormenta con olas de cinco metros: me golpeé, caí al agua inconsciente… y pudieron rescatarme por pelos.
¿Qué planes tienes ahora?
Recorrer toda el África oriental hasta llegar a Madagascar.
¿Nada te frena?
Cuando haces lo que de verdad quieres, el universo entero conspira a tu favor. Mira alrededor y decide: tú puedes elegir vivir triste o contento. Yo elijo la felicidad. No veo entre nosotros razones para ser infeliz.
¿Y no piensas estudiar, trabajar…?
No, si no me divierte. Me gustaría ser mediador o acoger niños… A veces me dicen: “Si no trabajas, ¡de viejo serás pobre!”. Pero, si llego a viejo, ¡tendré amigos por todo el mundo! ¿Se puede tener más?
Y MI PREGUNTA ES DONDE ESTA AHORA ??