¿Para que ser optimista?
-niegas el dolor y los problemas
-si pasa algo que no nos gusta le quitas importancia
-se es ingenuo al pensar que solo van a pasar cosas buenas
-se es irresponslable al pensar que todo se va a arreglar solo
Este tipo de optimismo , nos lleva a tomar una actitud pasiva ante los problemas y situaciones difíciles, (que aumentan en cantidad e importancia), a sentirnos víctimas de las circunstancias y a debilitar nuestra autoestima.
¿Alguna vez te has sentido el patito feo por ser el que siempre pone pegas a todo? Vamos, que eso de ser siempre optimista no es tu rollo. Por mucho que te digan que el pensamiento positivo es uno de los grandes activos de la inteligencia emocional, tú no puedes con eso. Pues deja de preocuparte, porque en realidad tu pesimismo es también una estrategia de inteligencia emocional.
Según la doctora Julie K. Norem, del departamento de Psicología de la Universidad de Wellesley “Pensar siempre en positivo no es mal consejo, pero presenta el mismo problema que la política de la talla única en ropa: no todos somos iguales.” Y cuanta razón tiene. No todos podemos pasar por el aro del optimismo . Para muchos el mero empeño ya resulta incomodo y es una fuente de más problemas.
Las investigaciones de Julie K. Norem demuestran que muchas personas funcionan bien y tienen éxito pensado negativamente o, para ser más exactos, practicando lo que ella denomina pesimismo defensivo. Una estrategia que reduce la ansiedad, la transforma en energía y que, ciertamente, ayuda a que le vayan bien las cosas a las personas pesimistas por naturaleza.
El pesimismo defensivo se pone en marcha cuando la persona comienza a pensar que todo irá fatal. Pero no se queda ahí. Una vez asumida esta posibilidad, el pesimista analiza minuciosamente todas las posibles causas que pueden provocar el peor de los desenlaces. El siguiente paso, evidentemente no es sentarse a lloriquear. La persona que practica el pesimismo defensivo toma como base todos los posibles inconvenientes para ponerse a trabajar en la mejor forma de enfrentarlos. En efecto, a ojos de un optimista a ultranza, el pesimista defensivo gasta demasiado tiempo y energía. Pero en realidad, el pesimista habrá pasado de su estado de ánimo inicial:“todo será un desastre”; a una situación de seguridad en la que se sabe preparado para enfrentar cualquier eventualidad.