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La Navidad en Cuba.

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La Navidad en Cuba




La Navidad en el caso de Cuba tiene una historia muy particular. Esta se divide en tres periodos, cuyos puntos de giro están marcados en los años 1959 y 1998; o sea, antes de la revolución y después de la visita del papa Juan Pablo II al país.

Al triunfo de la revolución, y como parte de las discordias emprendidas entre el nuevo gobierno y la iglesia, la navidad, como cualquier otro evento religioso fue víctima de la amnesia más completa por parte de las autoridades. Incluso, diez años después quedaría oficialmente prohibida su celebración, alegando que se tomaba esa medida para que el pueblo nos distrajera su atención de las labores de la zafra azucarera, que para ellos era lo más importante.

Durante casi cuatro décadas el 25 de diciembre pasó como otro día cualquiera, salvo para un grupo reducido, quienes, a pesar de todo, mantuvieron su práctica de fe, unos más públicamente que otros. En este periodo, dicha celebración solo era cosa de una minoría que lo conmemoraba muy discretamente en su templo de adoración o en su casa, a puerta cerrada, cuando se podía.

En 1997, poco antes de la visita del papa Juan Pablo II a Cuba, constituyendo una trascendental sorpresa para todos los cubanos dentro y fuera de la isla y, además, sin dar explicación alguna, el gobierno revolucionario cedió en declarar feriado este día para que los trabajadores pudieran descansar y disfrutarlo a su gusto, lo que quedó establecido legalmente desde entonces.

A partir de ese año, comenzaron a verse otra vez símbolos de la navidad en Cuba. Incluso, a nivel público, en establecimientos comerciales, muy exclusivamente, se volvieron a ver motivos navideños en las vidrieras y en el resto de la instalación. También, por supuesto, se comenzaron a vender arbolitos de navidad y todos los demás accesorios típicos de la fecha.

En el mundo religioso, ese año se produjo una avalancha de pueblo hacia las distintas iglesias que retomaban la celebración de la Misa del Gallo, que a partir de entonces se convertiría en la más concurrida de las prácticas cristianas de la isla. A la celebrada en la Catedral de la Habana acudieron los principales dirigentes del estado, encabezados por el presidente Fidel Castro.

Desde ese momento, la navidad se ha incorporado tradicionalmente al ceno de la familia cubana como algo muy normal.

En cuanto a las tradiciones culinarias que caracterizan la Navidad Cubana, éstas responden, además de a una cultura heredada desde la época de los conquistadores, a las condiciones propias del país. Fueron los propios colonizadores españoles los que introdujeron la cría del cerdo en Cuba, por lo que el tradicional pavo en la cena de noche buena ha sido sustituido, desde hace muchos años, en la mayoría de los casos, por cerdo u otra carne.

El cerdo, puerco o macho asado, como quiera que se le llame, es el protagonista de la escena culinaria de la Navidad cubana. En las ciudades, con más reducido espacio habitacional, se utilizan, por regla general las piernas o las paletas; y ya en los poblados pequeños y zonas rurales, donde las condiciones son más propicias para la cría de este animal, se le mata y se consumen, además; las chuletas hechas a partir del lomo; los sabrosos “chicharrones”, obtenidos al freír la piel; o las tan exquisitas “masitas fritas”.

En estos lugares donde se sacrifica el animal y se siguen todos los pasos para su correcta preparación, el día entero es de fiesta. Los vecinos, amistades o familiares se reúnen, ponen música, bailan, juegan dominó, toman ron, se cuentan sobre sus vidas, etc. En las grandes urbes también se trata de seguir esta tradición a la medida del espacio de que se disponga.

Los dulces son otro sello de la mesa navideña; turrones de diferentes procedencias, desde los adquiridos en los centros comerciales, de yema, alicante, jijona, frutas y otros; hasta los de producción casera como el dulce de coco, los cascos de guayaba, el boniatillo, la calabacita china, etc.

Y los más tradicionales, los que sí no pueden faltar son los famosos buñuelos, confeccionados a partir de una base hecha de viandas y harina, fritos y servidos en almíbar o acompañado por algunos de los otros postres caseros antes mencionados.

En fin, que aunque las versiones sean diferentes, según el estilo de quien la ejecute, el motivo de inspiración siempre sigue siendo toda esa emoción que se cuela muy dentro del ser humano la víspera del cumpleaños del niño Jesús.


Fuente:

Cuba celebra una década del regreso de la Navidad

La isla borró el día festivo de Navidad de su calendario en 1969, lo recuperó en diciembre de 1997, en vísperas de la visita del Papa Juan Pablo II, y tímidamente empezaron a aparecer símbolos visibles de la celebración en tie

EFE
El Universal
Habana
Domingo 23 de diciembre de 2007

02:37 Diez años después del regreso "oficial" de la Navidad a Cuba, los arbolitos y guirnaldas han dejado de ser noticia, pero la sobriedad continúa marcando una fecha que muchos cubanos sólo identifican sin gran entusiasmo con la cena de Nochebuena y un día más de descanso laboral.
La isla borró el día festivo de Navidad de su calendario en 1969, lo recuperó en diciembre de 1997, en vísperas de la visita del Papa Juan Pablo II, y tímidamente empezaron a aparecer símbolos visibles de la celebración en tiendas, centros turísticos, hoteles y casas particulares, además de los tradicionales en las iglesias.
Pero una década después, el consumo navideño es discreto, las calles no tienen luminosidad, adornos muy espaciados comparten vitrinas con pequeños carteles que anuncian otro aniversario de la revolución y la fecha sigue siendo un asunto particular de aquellos que nunca abandonaron la tradición o se han empecinado en retomarla en casa.
El centro de atención en la isla es la cena de Nochebuena, una costumbre muy familiar, con menú criollo (cerdo, pollo, pavo, yuca con mojo, arroz con frijóles) o cualquier comida que "marque la diferencia" .
En la numerosa familia de Mariela Saavedra, por ejemplo, siempre ha existido un presupuesto para la cena de ese día. Todos aportan lo que pueden "según esté la economía" , pero este año no alcanzó para comprar carne de cerdo.
"Preferimos dejarlo para la fiesta de fin de año y nos decidimos por un arroz frito, aunque en realidad no tiene connotación lo que se va a comer sino que vamos a compartir juntos" , apunta Mariela, de 41 años.
En la Plaza de Carlos III, uno de los centros comerciales más concurridos de La Habana, Anisley Torres, de 28 años, está en medio de una larguísima cola para comprar adornos y mejorar su arbolito de Navidad con otra guirnalda porque la suya se fundió.
Aunque las tiendas tienen cierta variedad en la oferta y algunas se esmeran en el decorado, este año las esperadas rebajas no llegaron y los precios de turrones y sidras, los atributos navideños más típicos para los cubanos en su mesa de Nochebuena, se mantienen "inalcanzables" para la mayoría de los bolsillos en la isla.
Los cubanos "se las arreglan" , rastrean los precios por toda la ciudad y se pasan la información, mientras se entusiasman con los diseños de nuevos adornos y muñecos para el arbolito, compren o no compren al final.
En las oficinas de correo se venden postales en saludo al aniversario 49 del triunfo revolucionario y la llegada del nuevo año, pero no se ofertan postales de Navidad.
Según Mykel Guerra, taxista, todo se resume a que "la Navidad es una tradición o es una creencia, pero en este país esa tradición se perdió" , y si bien es posible que los niños de hoy la recuperen, según dice, su generación "creció sin pensar en eso" .
En su casa se planea una "comida rica" que puede ser cualquier cosa acompañada de vino y en los momentos más "generosos" algún turrón, pero no hay ilusión de postales, regalos, misa de gallo ni nacimientos al pie del árbol, "solo hacemos una fiesta porque sí" , indica.
Para la mayoría de los ajenos al jubileo cristiano, se trata de un día para descansar, adelantar los quehaceres de la casa, visitarse, jugar dominó y fiestear.
Aunque el rastro navideño por la ciudad es pobre, hay sitios como el centro histórico de La Habana, la meca del turismo en la capital cubana, donde los ornamentos y luces típicas de esa fiesta resultan más atractivos y complacen a los vecinos de la zona.
Anisley explica que desde niña siempre disfrutó el nacimiento de la Catedral de La Habana, en plena Habana Vieja, y que en su casa siempre hubo "arbolito y niño Jesús en diciembre porque es un símbolo y nosotros siempre celebramos la Navidad, viniera el Papa o no viniera el Papa" .
"Pero este año, yo no sé, no se siente el espíritu navideño, ni siquiera hay frío" , agregó.
Cerca de la Catedral habanera, en uno de los bares de la zona, Leonel, un gastrónomo de 35 años, se considera un absoluto "apático" de la celebración navideña, aunque llegó a "integrarse" un poco en la tradición que mantenía viva la familia de su esposa.
"Tenemos un arbolito en la casa como casi todo el mundo. Lo regaló la suegra, pero mi esposa no lo puso este año, era mucho trabajo" , cuenta riéndose.





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