noche de guerra, noche de odio
(noche de paz, noche de amor)
los niños llevan cadáveres de mascotas, entre ellas sus propios padres, a los cuales han dominado y adiestrado tanto o incluso más fácilmente que a un pobre gatillo, y así adiestraron también a su gatillo, y dispararon sin contemplación a esos rostros que al parecer ya no eran rozagantes ni sanos, algo había sido desviado de su cauce natural, estaban contaminados, eran ADULTOS.
los niños no son ni muy chicos ni muy grandes, sólo lo suficiente para darse cuenta de todas y cada una de las intenciones de sus padres, y de los adultos en general, asique MATAN.
pero verdaderamente matan por AMOR, por amor a ellos mismos y por amor a sus propios progenitores, ya que al amarlos no pueden tener contemplaciones de ningún tipo cuando de la corrupción de la vida se trata, y en esto son IMPLACABLES.
no sienten culpa por el presunto crimen, ya que éste no es tal medido con su regla, y su regla es mucho más veraz que la de cualquier ingeniero o arquitecto que esté de paso por éste mundo de serpentinas de colores que usamos para tapar el excremento nauseabundo que sale de nuestros propios poros.
y así nos vestimos, y sacudimos con mucho fervor todo el papel picado que nuestra voluntad y/o dignidad nos permite, y colgamos guirnaldas, y vitoreamos a muertos vivos que se pasean en majestuosas limusinas color leche, y nos muestran los dientes y sonríen y ríen a mandíbula doblada, con sus colmillos pujantes por un poco más de sangre fresca, algo nuevo con que pintar los marcos de sus ventanas quizás, un poco más de muerte para su vida, un poco más de vida para su muerte....
los niños no sienten culpa ni lastima, su regla es la más recta y severa, no se mide en pulgadas, sino en ebulliciones oculares, en gestos, y cuando aplican su ley, sus armas disparan lava incandescente, y queman hasta el hueso, y no dejan más que un buen abono para la tierra venidera.
así es como los niños nunca se equivocan, porque actúan con el corazón, y donde apuntan, la mira no se desvía ni medio milímetro, sus disparos son más certeros que lo más certero en lo que podemos llegar a creer como tal, ¿qué tal que todos somos carne de cañón? tan certero como eso.
y bailotean alegres por el parque y comen paraguas de chocolate, y toman jugo de cerebro adulto, y se relamen y vuelven a incrustar sus bombillas en la carne inerte, mientras miran a todas las estrellas nacer y morir, porque no tienen tiempo, y los atardeceres en su mundo son pequeños bostezos de alegría aletargada, y no tienen sueños, porque viven el verdadero sueño de la vida.
(noche de paz, noche de amor)
los niños llevan cadáveres de mascotas, entre ellas sus propios padres, a los cuales han dominado y adiestrado tanto o incluso más fácilmente que a un pobre gatillo, y así adiestraron también a su gatillo, y dispararon sin contemplación a esos rostros que al parecer ya no eran rozagantes ni sanos, algo había sido desviado de su cauce natural, estaban contaminados, eran ADULTOS.
los niños no son ni muy chicos ni muy grandes, sólo lo suficiente para darse cuenta de todas y cada una de las intenciones de sus padres, y de los adultos en general, asique MATAN.
pero verdaderamente matan por AMOR, por amor a ellos mismos y por amor a sus propios progenitores, ya que al amarlos no pueden tener contemplaciones de ningún tipo cuando de la corrupción de la vida se trata, y en esto son IMPLACABLES.
no sienten culpa por el presunto crimen, ya que éste no es tal medido con su regla, y su regla es mucho más veraz que la de cualquier ingeniero o arquitecto que esté de paso por éste mundo de serpentinas de colores que usamos para tapar el excremento nauseabundo que sale de nuestros propios poros.
y así nos vestimos, y sacudimos con mucho fervor todo el papel picado que nuestra voluntad y/o dignidad nos permite, y colgamos guirnaldas, y vitoreamos a muertos vivos que se pasean en majestuosas limusinas color leche, y nos muestran los dientes y sonríen y ríen a mandíbula doblada, con sus colmillos pujantes por un poco más de sangre fresca, algo nuevo con que pintar los marcos de sus ventanas quizás, un poco más de muerte para su vida, un poco más de vida para su muerte....
los niños no sienten culpa ni lastima, su regla es la más recta y severa, no se mide en pulgadas, sino en ebulliciones oculares, en gestos, y cuando aplican su ley, sus armas disparan lava incandescente, y queman hasta el hueso, y no dejan más que un buen abono para la tierra venidera.
así es como los niños nunca se equivocan, porque actúan con el corazón, y donde apuntan, la mira no se desvía ni medio milímetro, sus disparos son más certeros que lo más certero en lo que podemos llegar a creer como tal, ¿qué tal que todos somos carne de cañón? tan certero como eso.
y bailotean alegres por el parque y comen paraguas de chocolate, y toman jugo de cerebro adulto, y se relamen y vuelven a incrustar sus bombillas en la carne inerte, mientras miran a todas las estrellas nacer y morir, porque no tienen tiempo, y los atardeceres en su mundo son pequeños bostezos de alegría aletargada, y no tienen sueños, porque viven el verdadero sueño de la vida.