El subconsciente es un amplificador poderoso
Usted ya ha caído víctima del prodigioso poder de las palabras. Esto sucede continuamente. Digamos que alguien le llama mentiroso en público. Aun cuando la acusación es completamente falsa (y a menos que usted haya desarrollado una fuerza interior necesaria para permanecer indiferente a las sugestiones negativas), lo probable es que monte en cólera o que al menos se sienta ultrajado. Y con todo, si piensa al respecto, tiene que admitir que lo que provoca su inquietud no son más que palabras, palabras que ni siquiera describen la realidad. Esto sucede por que el subconsciente no diferencia entre las ideas que son verdaderas y las que son falsas. Más adelante volveré a hablar de esta cuestión de gran importancia, que en realidad es un corolario a la idea de que el subconsciente es como un campo fértil.
Pero ahora vamos a considerar algunos ejemplos más del formidable poder de las palabras. Alguien le dice que le ama. Si encuentra atractiva a esa persona, su corazón comienza a latir con más rapidez y usted llega a estar estimulado y excitarlo. Y empero, está reaccionando sólo ante palabras. La persona puede ser sincera, o sólo puede estar tratando de divertirse, tomándole el pelo. No obstante, su subconsciente acepta la sugestión sin cuestionarla y de inmediato la traduce en signos visibles, de fácil comprensión.
Vamos a considerar un segundo ejemplo: su jefe lo felicita por el trabajo que está haciendo. Aunque su superior puede no creer una sola palabra de lo que está diciendo, a usted le hace sentir muy bien. La confianza en usted mismo sube de repente y lo impulsa a abordar su trabajo con entusiasmo añadido (¡y ése puede haber sido el propósito de su jefe en primer lugar!).
El tercer ejemplo -por cierto, una historia verdadera- es mucho más dramático. Un médico informó a un paciente que había acudido a la consulta para una revisión de rutina que sufría una enfermedad incurable y que sólo le quedaban unos pocos meses de vida. Por supuesto, el paciente se sintió aturdido. ¿Cómo pudieron haber conducido a un diagnóstico tan drástico las simples pruebas que realizó el médico? El paciente se sentía estupendamente cuando entró a la consulta del médico. Sin embargo, su vida sufrió una transformación completa. Realmente cayó enfermo de gravedad. Pronto estuvo cercano a la muerte y probablemente hubiese fallecido si no le hubiesen informado en el último minuto que todo fue un error: su historia clínica había sido confundida con la de otro paciente.
Esta anécdota prueba una vez más que el subconsciente aceptará cualquier clase de sugestión, incluso las que son completamente falsas, en especial si la sugestión es aceptada en primer término por la mente consciente. Reflexionemos acerca del caso que acabo de describir: un hombre estuvo a punto de morir debido a una simple palabra de su médico; su subconsciente hizo el resto. Y esto nos conduce a otra característica fundamental de la mente subconsciente. Se trata de una característica que es importante entender si usted va a utilizar el poder del subconsciente en su provecho o si quiere ser capaz de resistir a su influencia en situaciones perjudiciales.
Esta característica resulta especialmente significativa en las situaciones generadas por otras personas (estas personas, incluso las que están cercanas a nosotros y fingen amamos, rara vez ejercen una influencia completamente positiva sobre nuestro subconsciente puesto que ellas mismas a menudo tienen un programa negativo y no son conscientes del efecto que tienen sus palabras sobre quienes las rodean).
El principio fundamental del que estoy hablando es éste: el subconsciente actúa como una lente de aumento, agrandando todo lo que percibe. Ya hemos visto hasta qué grado el subconsciente puede exagerar una sugestión, en especial si es reforzada en forma regular (afortunadamente, puede ir en otra dirección -positiva o negativa-, dependiendo de la sugestión). Pero debemos recordar que el subconsciente es reactivo y acepta a ciegas todas las sugestiones. Las aplicaciones de este principio de amplificación son infinitas.
La importancia vital de lo que usted se dice a sí mismo
Por esta razón, tiene que ser sumamente cauteloso respecto de la clase de pensamientos que permite que ocupen el centro de su mente durante el día. En general, la gente tiene un monólogo interior que se desarrolla a lo largo de la mayor parte de las horas de vigilia. ¿Sabe que este monólogo interior, aparentemente inocente, ejerce una profunda influencia sobre su vida? Usted envía incesantemente sugestiones a su subconsciente, que a su vez actúa como una esponja absorbiendo todo de manera indiscriminada.
Ahora es el momento para otro período breve de autoanálisis, que debería demostrar que resulta muy instructivo. ¿En qué clase de cosas suele pensar?
Algunas personas, indudablemente sin ser conscientes de ello, están repitiéndose continuamente que las cosas van mal, que la vida es aburrida y difícil, que la mayoría de la gente es detestable, que están cansadas de todo, etc. Antes de un acontecimiento importante, tal como una entrevista para un trabajo o una primera cita, este monólogo interior se acelera, habitualmente en un sentido negativo, revelando algún tipo de preocupación que el subconsciente de inmediato adopta y amplifica fuera de toda proporción. En tales situaciones, es obvio que su subconsciente está trabajando contra usted. Las consecuencias suelen ser más extremas y problemáticas que la situación original. Una cantante puede perder la voz en la noche inaugural de un espectáculo, o un actor puede olvidar su parte, o un candidato muy cualificado puede llegar a estar completamente turbado durante una entrevista..., las variaciones son infinitas.
La duda es el peor enemigo del éxito
Si pretende hacer algún esfuerzo, si demuestra alguna iniciativa, saldrá al paso la duda, diciéndole que muchos otros intentaron hacer lo mismo, estrellándose contra los muros de la adversidad. Ha de decirle, también, que es una locura emprender cualquier negocio en tiempos como los presentes, con inminente riesgo de ser víctima de la competencia comercial, y que aguarde a hallarse mejor preparado y a disponer de un capital suficiente.
Finalmente, agregará que está el camino cubierto de obstáculos, y que debe mirar muy bien lo que hace antes de emprender la meta planeada.
La duda habría podido transformar a Cristóbal Colón en un grumete, a William Shakespeare en un cómico de la legua, y en un cantinero a Napoleón Bonaparte.
Numerosísima es la gente que padece hoy de la fatal enfermedad del propio menosprecio, sembrado por la duda. Son víctimas de su propia miseria todos los que marchan por el mundo desalentados y empequeñecidos, sin esperanza, sin propósitos, sin ideales.
Hay que tener el coraje necesario para elevarse al nivel del ideal, porque es el valor el aliado más poderoso del éxito, y la duda su enemigo más implacable.
Si para entrar en batalla un general tuviese que esperar a tener la seguridad absoluta de derrotar a su enemigo, jamás ganaría un combate.
Son bellas y necesarias virtudes la prudencia y la precaución, siempre y cuando no se transformen, por exceso, en los vicios extremos de la pusilanimidad y del miedo.
Hay personas que a pesar de tener valor, por excesiva prudencia desperdician oportunidades favorables en eterna espera de una oportunidad que les brinde la certidumbre absoluta de triunfo.
Es un esclavo de la costumbre el hombre irreflexivo, y la perpetua duda de si somos o no capaces de hacer lo que necesitamos y debemos, hace echar raíces al hábito de pensar que no podemos, inhibiéndonos este pensamiento negativo para toda acción de orden positivo.
Es preciso, para alcanzar éxito en un propósito, evitar con tanto cuidado la temeridad como el apocamiento. Pero, una vez analizadas todas las condiciones y posibilidades de la empresa que se haya propuesto encarar, y adoptada ya la decisión de conducirla a feliz término, no permita que penetre en su vida la duda y el temor.
¿Qué razón existe para demorar lo que sabemos perfectamente bien que podemos hacer? ¿De qué dudamos?. El fracaso, en las acciones nobles y honrosas, es preferible mil veces a la inacción, y el tropiezo a la postergación.
¿Ha hecho usted ya todo cuanto es capaz de hacer? ¿No existe algo en usted que, aprovechado con inteligencia, pudiera conducirlo a un campo de acción más vasto?. ¿Porqué ha de ir un año tras otro por los mismos senderos trillados, con idénticas rutinas, escuchando las voces deprimentes de la duda que le disuade de tomar nuevos caminos y de dirigirse con resolución y libertad por nuevas rutas?.
¿No está cansado ya de que la duda trastorne sus planes e inutilice sus esfuerzos?.
Neutralice la duda con la robusta fe en usted mismo y en su misión en el mundo.
Dígase con resolución: "Me niego a creer que yo esté en el mundo para ser juguete de las circunstancias. Existe algo en mi interior que me dice que no estoy condenado a la derrota, a la miseria, a la tribulación y a la duda, sino destinado al triunfo, a la prosperidad, a la paz, y a la fe".
Dedíquese a su obra sin mirar hacia atrás para ver si hubiera podido hacer otra cosa, o hacer de otra manera lo que está haciendo. Avance sin temor. Su amor propio y la necesidad lo estimularán en las mismas dificultades que le hubieran paralizado antes de decidirse a la empresa.
"Sus ojos se han puesto hacia su fuerza, no a su debilidad; en adelante, despertará por la mañana pensando en las formas de hacer las cosas, en vez de razonar las causas por las que no pueden ser hechas".
William Dansforth
Patricio Peker
www.ganaropciones.com.ar
Usted ya ha caído víctima del prodigioso poder de las palabras. Esto sucede continuamente. Digamos que alguien le llama mentiroso en público. Aun cuando la acusación es completamente falsa (y a menos que usted haya desarrollado una fuerza interior necesaria para permanecer indiferente a las sugestiones negativas), lo probable es que monte en cólera o que al menos se sienta ultrajado. Y con todo, si piensa al respecto, tiene que admitir que lo que provoca su inquietud no son más que palabras, palabras que ni siquiera describen la realidad. Esto sucede por que el subconsciente no diferencia entre las ideas que son verdaderas y las que son falsas. Más adelante volveré a hablar de esta cuestión de gran importancia, que en realidad es un corolario a la idea de que el subconsciente es como un campo fértil.
Pero ahora vamos a considerar algunos ejemplos más del formidable poder de las palabras. Alguien le dice que le ama. Si encuentra atractiva a esa persona, su corazón comienza a latir con más rapidez y usted llega a estar estimulado y excitarlo. Y empero, está reaccionando sólo ante palabras. La persona puede ser sincera, o sólo puede estar tratando de divertirse, tomándole el pelo. No obstante, su subconsciente acepta la sugestión sin cuestionarla y de inmediato la traduce en signos visibles, de fácil comprensión.
Vamos a considerar un segundo ejemplo: su jefe lo felicita por el trabajo que está haciendo. Aunque su superior puede no creer una sola palabra de lo que está diciendo, a usted le hace sentir muy bien. La confianza en usted mismo sube de repente y lo impulsa a abordar su trabajo con entusiasmo añadido (¡y ése puede haber sido el propósito de su jefe en primer lugar!).
El tercer ejemplo -por cierto, una historia verdadera- es mucho más dramático. Un médico informó a un paciente que había acudido a la consulta para una revisión de rutina que sufría una enfermedad incurable y que sólo le quedaban unos pocos meses de vida. Por supuesto, el paciente se sintió aturdido. ¿Cómo pudieron haber conducido a un diagnóstico tan drástico las simples pruebas que realizó el médico? El paciente se sentía estupendamente cuando entró a la consulta del médico. Sin embargo, su vida sufrió una transformación completa. Realmente cayó enfermo de gravedad. Pronto estuvo cercano a la muerte y probablemente hubiese fallecido si no le hubiesen informado en el último minuto que todo fue un error: su historia clínica había sido confundida con la de otro paciente.
Esta anécdota prueba una vez más que el subconsciente aceptará cualquier clase de sugestión, incluso las que son completamente falsas, en especial si la sugestión es aceptada en primer término por la mente consciente. Reflexionemos acerca del caso que acabo de describir: un hombre estuvo a punto de morir debido a una simple palabra de su médico; su subconsciente hizo el resto. Y esto nos conduce a otra característica fundamental de la mente subconsciente. Se trata de una característica que es importante entender si usted va a utilizar el poder del subconsciente en su provecho o si quiere ser capaz de resistir a su influencia en situaciones perjudiciales.
Esta característica resulta especialmente significativa en las situaciones generadas por otras personas (estas personas, incluso las que están cercanas a nosotros y fingen amamos, rara vez ejercen una influencia completamente positiva sobre nuestro subconsciente puesto que ellas mismas a menudo tienen un programa negativo y no son conscientes del efecto que tienen sus palabras sobre quienes las rodean).
El principio fundamental del que estoy hablando es éste: el subconsciente actúa como una lente de aumento, agrandando todo lo que percibe. Ya hemos visto hasta qué grado el subconsciente puede exagerar una sugestión, en especial si es reforzada en forma regular (afortunadamente, puede ir en otra dirección -positiva o negativa-, dependiendo de la sugestión). Pero debemos recordar que el subconsciente es reactivo y acepta a ciegas todas las sugestiones. Las aplicaciones de este principio de amplificación son infinitas.
La importancia vital de lo que usted se dice a sí mismo
Por esta razón, tiene que ser sumamente cauteloso respecto de la clase de pensamientos que permite que ocupen el centro de su mente durante el día. En general, la gente tiene un monólogo interior que se desarrolla a lo largo de la mayor parte de las horas de vigilia. ¿Sabe que este monólogo interior, aparentemente inocente, ejerce una profunda influencia sobre su vida? Usted envía incesantemente sugestiones a su subconsciente, que a su vez actúa como una esponja absorbiendo todo de manera indiscriminada.
Ahora es el momento para otro período breve de autoanálisis, que debería demostrar que resulta muy instructivo. ¿En qué clase de cosas suele pensar?
Algunas personas, indudablemente sin ser conscientes de ello, están repitiéndose continuamente que las cosas van mal, que la vida es aburrida y difícil, que la mayoría de la gente es detestable, que están cansadas de todo, etc. Antes de un acontecimiento importante, tal como una entrevista para un trabajo o una primera cita, este monólogo interior se acelera, habitualmente en un sentido negativo, revelando algún tipo de preocupación que el subconsciente de inmediato adopta y amplifica fuera de toda proporción. En tales situaciones, es obvio que su subconsciente está trabajando contra usted. Las consecuencias suelen ser más extremas y problemáticas que la situación original. Una cantante puede perder la voz en la noche inaugural de un espectáculo, o un actor puede olvidar su parte, o un candidato muy cualificado puede llegar a estar completamente turbado durante una entrevista..., las variaciones son infinitas.
La duda es el peor enemigo del éxito
Si pretende hacer algún esfuerzo, si demuestra alguna iniciativa, saldrá al paso la duda, diciéndole que muchos otros intentaron hacer lo mismo, estrellándose contra los muros de la adversidad. Ha de decirle, también, que es una locura emprender cualquier negocio en tiempos como los presentes, con inminente riesgo de ser víctima de la competencia comercial, y que aguarde a hallarse mejor preparado y a disponer de un capital suficiente.
Finalmente, agregará que está el camino cubierto de obstáculos, y que debe mirar muy bien lo que hace antes de emprender la meta planeada.
La duda habría podido transformar a Cristóbal Colón en un grumete, a William Shakespeare en un cómico de la legua, y en un cantinero a Napoleón Bonaparte.
Numerosísima es la gente que padece hoy de la fatal enfermedad del propio menosprecio, sembrado por la duda. Son víctimas de su propia miseria todos los que marchan por el mundo desalentados y empequeñecidos, sin esperanza, sin propósitos, sin ideales.
Hay que tener el coraje necesario para elevarse al nivel del ideal, porque es el valor el aliado más poderoso del éxito, y la duda su enemigo más implacable.
Si para entrar en batalla un general tuviese que esperar a tener la seguridad absoluta de derrotar a su enemigo, jamás ganaría un combate.
Son bellas y necesarias virtudes la prudencia y la precaución, siempre y cuando no se transformen, por exceso, en los vicios extremos de la pusilanimidad y del miedo.
Hay personas que a pesar de tener valor, por excesiva prudencia desperdician oportunidades favorables en eterna espera de una oportunidad que les brinde la certidumbre absoluta de triunfo.
Es un esclavo de la costumbre el hombre irreflexivo, y la perpetua duda de si somos o no capaces de hacer lo que necesitamos y debemos, hace echar raíces al hábito de pensar que no podemos, inhibiéndonos este pensamiento negativo para toda acción de orden positivo.
Es preciso, para alcanzar éxito en un propósito, evitar con tanto cuidado la temeridad como el apocamiento. Pero, una vez analizadas todas las condiciones y posibilidades de la empresa que se haya propuesto encarar, y adoptada ya la decisión de conducirla a feliz término, no permita que penetre en su vida la duda y el temor.
¿Qué razón existe para demorar lo que sabemos perfectamente bien que podemos hacer? ¿De qué dudamos?. El fracaso, en las acciones nobles y honrosas, es preferible mil veces a la inacción, y el tropiezo a la postergación.
¿Ha hecho usted ya todo cuanto es capaz de hacer? ¿No existe algo en usted que, aprovechado con inteligencia, pudiera conducirlo a un campo de acción más vasto?. ¿Porqué ha de ir un año tras otro por los mismos senderos trillados, con idénticas rutinas, escuchando las voces deprimentes de la duda que le disuade de tomar nuevos caminos y de dirigirse con resolución y libertad por nuevas rutas?.
¿No está cansado ya de que la duda trastorne sus planes e inutilice sus esfuerzos?.
Neutralice la duda con la robusta fe en usted mismo y en su misión en el mundo.
Dígase con resolución: "Me niego a creer que yo esté en el mundo para ser juguete de las circunstancias. Existe algo en mi interior que me dice que no estoy condenado a la derrota, a la miseria, a la tribulación y a la duda, sino destinado al triunfo, a la prosperidad, a la paz, y a la fe".
Dedíquese a su obra sin mirar hacia atrás para ver si hubiera podido hacer otra cosa, o hacer de otra manera lo que está haciendo. Avance sin temor. Su amor propio y la necesidad lo estimularán en las mismas dificultades que le hubieran paralizado antes de decidirse a la empresa.
"Sus ojos se han puesto hacia su fuerza, no a su debilidad; en adelante, despertará por la mañana pensando en las formas de hacer las cosas, en vez de razonar las causas por las que no pueden ser hechas".
William Dansforth
Patricio Peker
www.ganaropciones.com.ar