InicioLinuxPekka Himanen - La etica del hacker y el espiritu de la era

Pekka Himanen - La etica del hacker y el espiritu de la era

Linux6/22/2011
SEGUNDA PARTE LA ÉTICA DEL DINERO Capítulo 3 EL DINERO COMO MOTIVACIÓN La ética del dinero Tal como hemos visto, la ética hacker ,implica una ética del trabajo que desafía a la ética protestante vigente. Lo cierto es que no resulta muy difícil estar de acuerdo con buena parte del desafío hacker en cuanto a lo que al trabajo se refiere; de hecho, pese a que la ética protestante del trabajo aún ejerce una fuerte influencia en la economía de la información, la ética hacker del trabajo parece estar extendiéndose lentamente desde los programadores informáticos al grupo más amplio formado por los profesionales de la información. Pero, si abordamos el segundo nivel del concepto de ética protestante elaborado por Weber, es decir, la ética del dinero, nuestra relación con el dinero, las reacciones pasan a ser mucho más controvertidas. Al referirse a esta dimensión del espíritu del viejo capitalismo, la ética protestante del dinero, Weber afirmaba que el <>, su bien supremo, consiste en <>. (1) En la ética protestante tanto el trabajo como el dinero son considerados fines en sí mismos. La <> de la <> no consiste en rechazar la antigua meta de hacer dinero. A decir verdad, vivimos en la época más claramente capitalista de la historia, un pequeño símbolo de la cual es el hecho de que el tradicional contrapeso del espíritu capitalista, el antimercantil domingo, se percibe como algo tan extraño a nosotros que deseamos eliminar lo que queda del obligado cierre dominical y convertir el domingo en otro viernes. El cambio de nuestra relación con el domingo es también un indicio de un cambio importante de la ética protestante en la nueva economía: el domingo, en su significado de ocio, constituye sobre todo un espacio de consumo. El frugal puritano del siglo XVII del que habla Weber ha sido sustituido por el consumidor omnívoro del siglo XX, que sólo se mueve por el impulso de la búsqueda irrefrenable de gratificación. Esto significa que el conflicto central de la ética protestante se halla resuelto de un modo nuevo. El conflicto surgió de la simultaneidad de la demanda de trabajo que estimula la prosperidad, y la exigencia de considerar un deber cualquier tipo de trabajo. Pero si una persona realmente considera el trabajo el valor supremo, no debe preocuparse de maximizar sus ingresos. Y si una persona considera el dinero su meta suprema, el trabajo deja de ser un valor en sí para convertirse en un mero medio. En el viejo capitalismo, este conflicto se resolvía colocando el trabajo por encima del dinero en la escala de valores, lo cual tiene su reflejo, por ejemplo, en que casi todo tienden a entender el término ética protestante como ética protestante del trabajo. En la nueva economía, el trabajo es aún un valor autónomo, pero se halla suburdinado al dinero. Sin duda, son muchas las personas que aún consideran el trabajo el valor supremo, y las sociedades tienden todavía a condenar a los perezosos, aun cuando sean lo bastante ricos para no necesitar del trabajo para vivir. Pero, de forma gradual, el equilibrio entre trabajo y dinero se inclina en favor del último, atraído por el modo en que la riqueza se acumula en la nueva economía. Los resultados financieros del trabajo producido por una empresa (sus dividendos) han pasado a ser algo menos importante que el crecimiento de su capital, el aumento de su valor en acciones. La relación entre trabajo (sueldo) y capital está cambiando en favor del capital, a resultas de fenómenos como las stock-options (opciones sobre acciones), el arranque de nuevos negocios, las acciones de la empresa como forma de compensación, y del hecho que los individuos depositan menos dinero en las entidades bancarias y los destinan a invertir en los mercados financieros. Si bien los protestantes del siglo XVII, centrados en el trabajo, prohibían expresamente apostar, la nueva economía depende de esta práctica. La nueva economía, además de fortalecer la posición del dinero, refuerza la idea de propiedad, tan esencial para el viejo espíritu del capitalismo, al hacerla extensible a la información hasta cotas sin precedentes. En la economía de la información, las empresas consiguen su meta de hacer dinero intentando ser propietarias de información a través de patentes, marcas registradas, copyrights, derechos de autoría, contratos de no revelación y otros medios similares. De hecho, la información es hasta tal extremo reservada que, cuando se visita una empresa dedicada a la tecnología de la información, a veces no se puede dejar de pensar que las cerraduras con que se protege tal información hacen del edificio una cárcel de máxima seguridad. En abierto contraste con esta revitalizada ética protestante del dinero, la ética originaria del hacker programador de ordenadores hacía hincapié en lo abierto, el libre acceso. Tal como se dijo, de acuerdo con los usos y el argot de los programadores, la ética hacker incluye la creencia de que <>. (2) Si bien el precedente histórico del control de la libre circulación de la información es el monasterio (en su regla, san Benito elevó a la condición de principio una cita de la Biblia que vendría de perillas a muchas de las empresas de la nueva economía; <>; (3) y en los monasterios la tendencia a la libertad de información, la curiositas, era considerada un vicio), (4) el precedente histórico, en cambio, de la ética del hacker es la ética académica o científica (cuando el sociólogo de la ciencia Robert Merton expuso su célebre teoría sobre el desarrollo de la ética científica en el Renacimiento, hizo hincapié en que una de las piedras angulares era el <>, es decir, la idea de que el conocimiento científico tenía que ser público). (5) (Una idea que el Renacimiento había recuperado de la ética académica de la primera comunidad cientifica, la Academia de Platón, que se basaba en la idea de la synusia, la acción concertada, en la cual el conocimiento era compartido libremente.) (6) De acuerdo con esta ética hackeriana, son muchos los hackers que aún difunden libremente los resultados de su actividad de forma abierta para que otros los utilicen, los prueben y desarrollen. Sucede así en Internet, y Linux es otro buen ejemplo de ello, ya que fue creado por un grupo de hackers que dedicaron su tiempo libre a trabajar conjuntamente en su programación. Para garantizar la preservación de este desarrollo abierto, Torvalds incluyó el <> en Linux desde el principio. (<> es un tipo de licencia creada en su origen en el proyecto GNU de Stallman, por la cual se garantiza que todos los desarrollos serán puestos a disposición para uso gratuito y continuidad por parte de otros. El proyecto de Stallman tomó el nombre de una línea en un sobre que recibió, en el cual se leía: <>.) (7) El dinero como motivación En una época en que la motivación del dinero ha pasado a ser tan poderosa que lleva a impedir cada vez más el acceso a la información, sorprende ver cómo estos hackers explican la razón por la cual emprendieron un proyecto tan descomunal como Linux, cuya fuerza rectora no es el dinero, ya que sus frutos son compartidos con terceros. Al principio de este libro, Torvalds presentaba su <> a fin de situar esta forma de hackerismo en el contexto de las motivaciones generales humanas. Aun a sabiendas de que se trata de una simplificación, habla de tres motivaciones últimas, a las que denomina supervivencia, vida social y entretenimiento. La supervivencia aparece mencionada brevemente como el nivel inferior, una suerte de prerrequisito para la satisfacción de motivaciones superiores. En el vocabulario usado en este libro, el entretenimiento del que habla Torvalds corresponde a pasión: aquel estado de motivación por algo intrínsecamente interesante, atractivo y gozoso. La vida social abarca la necesidad de pertenencia, reconocimiento y amor. Fácilmente convendremos en que son fuerzas todas ellas fundamentales. Cada uno de nosotros necesita pertenecer a un grupo en cuyo interior se sienta aprobado. Pero no basta con la mera aprobación. Necesitamos también ser reconocidos en lo que hacemos, y tenemos necesidad de una experiencia aún más profunda, la de sentirnos amados y amar a alguien. Para expresarlo con otras palabras, el ser humano necesita la experiencia de formar parte de un Nosotros junto con otros congéneres, la experiencia de ser, diríamos, respetado como Él o Ella en el seno de una comunidad, y sentirse un Yo especial para alguien. Desde la década de 1960, son muchos los hackers que han expresado opiniones similares. Wozniak, por ejemplo, resumió los elementos que motivaban su actividad en el discurso pronunciado en 1986 al graduarse por la Universidad de California-Berkeley: <>. (8) (En la terminología de Wozniak, alimentos corresponde a la supervivencía de la que habla Torvalds, amistad a vida social y alegrías a entretenimiento.) Y ciertamente, esta forma de ver las cosas característica del hacker se asemeja mucho a los intentos que se realizan en psicología para clasificar las motivaciones humanas más fundamentales, sobre todo, la jerarquía de cinco niveles de las necesidades descritas tanto en Motivation and Personality (1954) como en Toward a Psychology of Being (1962) por Abraham Maslow. Esta jerarquía suele representarse en forma de pirámide, en cuya cúspide se representan aquellas motivaciones que consideramos superiores. En el nivel de la base, se hallan las necesidades psicológicas, la necesidad de sobrevivir, estrechamente relacionada con el segundo nivel, definido por la necesidad de sentirse seguro. El tercer nivel, que recoge la pertenencia social y el amor, se halla en íntima relación con el cuarto nivel, la necesidad de reconocimiento social. El nivel superior recoge la realización personal. No resulta difícil ver cómo la tríada de supervivencia, vida social y entretenimiento de Torvalds se corresponde al modelo presentado por Maslow. Este tipo de simplificaciones, de forma indefectible, deja a un lado la diversidad psicológica de la acción humana, pero, hecha esta salvedad teórica, el modelo Torvalds/Maslow puede arrojar cierta luz sobre el modo en que la motivación del hacker difiere de la característica en la ética protestante. <> o <> es la primera respuesta que obtendríamos de muchos a la pregunta de por qué trabajan (respuesta a menudo acompañada de una expresión de perplejidad, huelga decirlo). Pero, en rigor, su respuesta no significa sólo sobrevivir, es decir, tener alimentos y demás, sino que, para ellos, supervivencia implica un estilo de vida determinado socialmente; no trabajan sólo para sobrevivir, sino para estar en condiciones de satisfacer el tipo de necesidades sociales que caracterizan a una sociedad determinada. En nuestra sociedad, imbuida de la ética protestante, el trabajo es en realidad una fuente de aceptación social. Un ejemplo extremo de ello se halla en el plan protestante de una sociedad ideal elaborado por Henri Saint-Simon, filósofo francés del sielo XIX: sólo quienes trabajan son considerados ciudadanos, en absoluto contraste con las sociedades ideales de la Antigüedad, como la presentada por Aristóteles en el libro de la Política, donde sólo los que están exentos de trabajo son considerados ciudadanos de pleno derecho. (9) Así, incluso en el caso de que el trabajo en sí mismo no implique interacción social, la aceptación social más allá del mero sustento cuntinúa siendo una importante motivación social para trabajar. Sin duda, en casi todos los tipos y modalidades laborales, la necesidad de pertenencia encuentra también expresión en el interior de circunstancias sociales especiales que se dan en el lugar de trabajo, en forma de oportunidades para participar en contactos sociales con los compañeros y los clientes. En el lugar de trabajo, la gente murmura, polemiza sobre las situaciones vividas y debate los hechos de la actualidad. Haciendo un buen trabajo, se consigue también reconocimiento. Y, asimismo, el ámbito laboral es un foro abierto a enamorarse. Estas motivaciones sociales en cuanto tales estaban, como no podría ser de otro modo, entretejidas con el trabajo antes de la aparición de la ética protestante, pero esta ética comportó un nuevo y peculiar modo de apreciarlas. En una vida centrada en el trabajo y regida por la ética protestante, la gente apenas hace amigos fuera del ámbito laboral y apenas quedan otros lugares en los que enamorarse. (Piénsese, si no, en cuántas personas encuentran pareja entre sus compañeros o la gente que se conoce en circunstancias relacionadas con el trabajo, y lo frecuentes que son los amoríos en el espacio laboral.) En este estilo de vida, la existencia fuera del trabajo no suele aportar aquella sensación de pertenencia social, aquel reconocimiento o aquel amor tradicionalmente sentidos o encontrados en el hogar o en el tiempo libre, y por tanto el trabajo acaba por ser, con extrema facilidad, un sustituto del hogar, lo cual no significa que el trabajo se lleve a cabo en una atmósfera <> relajada, sino que una persona necesita trabajar para satisfacer estas motivaciones porque el trabajo-centrismo ha invadido, y se ha anexionado la vida del ocio. En la comunidad hacker, las motivaciones sociales desempeñan un papel importante, pero de un modo muy distinto. En realidad, no es posible comprender por qué algunos hackers dedican su tiempo libre a desarrollar programas que acaban distribuyendo gratuitamente a los demás, sin percibir los fuertes motivos sociales que tienen para hacerlo. Raymond afirma en este sentido que estos hackers se hallan motivados por la fuerza que tiene para ellos el reconocimiento de sus iguales. (10) Para estos hackers, el reconocimiento en el seno de una comunidad que comparte su pasión es más importante y más satisfactorio que el dinero, al igual que sucede en el caso de los científicos de la Academia. La diferencia que les distingue decisivamente de la ética protestante es que para los hackers reviste especial importancia el hecho de que el reconocimiento de sus iguales no es un sustituto de la pasión, sino que debe producirse como resultado de la acción apasionada, de la creación de algo que sea desde un punto de vista social valioso para esta comunidad creativa. Bajo la ética protestante sucede, a menudo, justo lo contrario: las motivaciones sociales sirven para distraer la atención de la idea de que el trabajo mismo comporta la realización de una pasión. En consecuencia, el hincapié de la ética protestante en los rasgos sociales del trabajo se convierte en un doble sucedáneo; sustituye a la ausencia de vida social fuera del trabajo y a la ausencia de un elemento de pasión en el trabajo mismo. Este vínculo de unión que los hackers establecen entre el plano social y el plano de la pasión, en cambio, es lo que hace a su modelo tan atractivo. Los hackers se dan cuenta de lo profundamente satisfactorias que pueden ser las motivaciones sociales, y de su enorme potencial. Al hacerlo, contradicen la imagen estereotipada del hacker como ser asocial, un cliché que, por lo demás, nunca fue cierto. (Marvin Minsky, el célebre investigador de Inteligencia Artificial en cuyo laboratorio trabajaron los primeros hackers del MIT, tal vez reflexionando sobre este mismo fenómeno llegó a afirmar que, <>.) (11) La búsqueda de dinero y trabajo por parte de la ética protestante se basa también en esas tres mismas motivaciones sociales, pero como en ella la satisfacción de las necesidades sociales se halla mediatizada por el dinero y el trabajo, y no se desprende directamente de la naturaleza de la actividad y sus creaciones, no puede producir el mismo efecto. En consecuencia, cuando las motivaciones sociales no encuentran una aliada en la pasión, pasan a aliarse con la supervivencia, y la vida queda entonces reducida a un <>. Para los hackers como Torvalds, defensores de la pasión y lo comunitario, una vida así, impregnada de valores de pura supervivencia, resulta muy extraña. De hecho, hay razón para preguntarse por qué, pese a todos los avances tecnológicos, la jornada cotidiana se dedica de forma tan predominante a lo que se suele llamar ganarse el pan. Esa increible evolución, ¿no debía elevarnos desde el nivel de la supervivencia hasta otros superiores? Tal vez lleguemos incluso a la conclusión de que el progreso general de la historia no se orienta a hacer nuestra vida más llevadera, sino a hacer cada vez más difícil ganársela. Tal como comentó el filósofo chino Lin Yutang, desde la perspectiva de la civilización regida por la ética protestante, <>. (12) Existe una enorme diferencia entre escoger un campo de estudio o responder a un anuncio clasificado buscando maximizar los ingresos, y pararse a considerar primero lo que en realidad uno quiere hacer con su vida y luego sopesar cómo hacer que sea financieramente factible. Para hackers como Torvalds, el factor organizador básico de la vida no es el trabajo o el dinero, sino la pasión y el deseo de crear algo que sea, desde un punto de vista social, valioso. Esta primaria cuestión de la organización de la vida reviste una inmensa importancia. Si hacer dinero es la meta principal, uno a menudo se olvida de lo que son sus intereses genuinos o de qué modo quiere hacerse digno del reconocimiento de los demás. Es mucho más difícil añadir otros valores a una vida organizada a partir del objetivo único de ganar dinero, que hacer financieramente factibles, o incluso rentables, las empresas que desde una óptica personal resultan interesantes. En el primer caso, lo que hago sin sentirme verdaderamente interesado en ello con toda probabilidad carecerá también de interés para los demás, y para vendérselo tendré que persuadirles de que ese algo intrínsecamente sin interés es algo, al fin y al cabo, interesante (la tarea a la que se dedica en su mayor parte la publicidad). Hackers capitalistas Dicho todo esto, no debiéramos ver en la actitud de la mayoría de los hackers con respecto al dinero ni un utopismo edénico ni una especie de aversión esencial hacia él. La ética originaria del hacker trató ante todo de resolver qué lugar debía asignar al dinero como motivación y qué aspectos de su influencia sobre otras motivaciones había que evitar. Los hackers no son ingenuos ni están ciegos ante el hecho de que, en una sociedad capitalista, resulta muy difícil alcanzar de hecho plena libertad si no se cuenta con un capital individual suficiente. El capitalista afianza su poder sobre las vidas de los demás por medio del dinero, ya que es precisamente al trabajar por cuenta ajena cuando el individuo queda desposeído de su libertad para basar el trabajo en una pasión personal y pierde, con ello, el derecho a determinar sus propios ritmos vitales, al tiempo que el ideal del libre acceso para lo creado deja de estar a su alcance. En cambio, si uno es el capitalista plenipotenciario, puede decidir su propia vida. Son muchos los ejemplos de hackers que han optado por el <>. Algunos de ellos participaron temporalmente en el capitalismo tradicional: estos hackers obtuvieron su independencia financiera mediante acciones u opciones sobre acciones (stock-options) adquiridas al poner en marchar una compañía o al trabajar durante unos años en lo que era su pasión. Wozniak es un buen ejempo. Cuando, a sus veintinueve años, dejó Apple seis años después de haber fundado la compañía, era propietario de acciones valoradas en cien millones de dólares (incluso después de vender un paquete considerable de acciones a un precio extraordinariamente bajo a sus compañeros de trabajo, porque quería redistribuir la riqueza de una forma más justa en el seno de su antigua empresa). (13) Gracias a su independencia financiera, Wozniak ha podido escoger desde entonces libremente su actividad. Así describe la vida que emprendió después de dejar Apple: <>. (14) Tras dejar Apple, Wozniak decidió volver a la universidad y cumplir con los requisitos formales para realizar su sueño de enseñar a las nuevas generaciones de hackers. (Actualmente enseña a los niños cómo utilizar los ordenadores en las escuelas de su localidad y en su casa.) Hay asimismo hackers que piensan que serlo consiste ante todo en tener una actividad apasionada y libertad para organizar su propio tiempo, y que, mientras esta ética del trabajo se cumpla, no hay mayor problema en el hecho de hacer dinero sin salir nunca del marco del capitalismo tradicional. Muchos de los mejores negocios de nueva tecnología son ilustrativos de esta opción. El grupo de jóvenes que fundaron Sun Microsystems en 1982 para diseñar estaciones de trabajo estaba formado por Bill Joy de Berkeley y tres estudiantes de Stanford, entre ellos el mago de la tecnología de origen alemán, Andreas <> Bechtolsheim. El nombre de su empresa era un acrónimo de Stanford University Network, en la que Bechtolsheim había estado trabajando. Bechtolsheim evoca la pasión que compartía aquella pandilla: <>. (15) Tanto Joy como Bechtolsheim han permanecido en su entorno de trabajo: Joy se quedó dirigiendo Sun, y Bechtolsheim entró en otra empresa creada por hackers, Cisco Systems, creadora del router para Internet. A través de este tipo de empresas tecnológicas puestas en marcha por los hackers, la ética hackeriana del trabajo empezó a extenderse lentamente a otros tipos de empresas, del mismo modo que, a juzgar por Weber, la ética protestante creció en su época desde las empresas influyentes creadas por los calvinistas hasta convertirse en el espíritu dominante del capitalismo. Pero hay una tensión inherente en la idea misma de un hackerismo inserto en el seno del capitalismo más tradicional. Los significados originarios de los términos capitalismo y hacker tiran de su contenido semántico en direcciones diferentes. En sintonía con la atención puesta por la ética protestante en el dinero, la meta suprema del capitalismo es el aumento de capital. La ética hacker del trabajo, por otro lado, hace híncapié en la actividad apasionada y en una plena libertad de ritmos personales. Aunque desde un punto de vista teórico sea posible reconciliar ambas metas, la tensión entre ellas se resuelve a menudo a efectos prácticos dejando de lado el hackerismo y siguiendo a pies juntillas las directrices de la ética protestante. El enemigo público número uno del hacker informático, la compañía Microsoft de Bill Gates, ofrece un buen ejemplo. Cuando Gates cofundó la compañía en 1975, era sólo otro hacker más como lo eran Joy, Wozniak o Torvalds. Desde niño sintió pasión por los ordenadores y dedicó todo su tiempo disponible a programar en el ordenador local del Computer Center Corporation. Gates se ganó el respeto de los hackers cuando programó su primer interpretador del lenguaje BASIC de programación sin manipular el ordenador para el que iba destinado (el Altair MITS), y funcionó. Con su amigo Paul Allen, Gates fundó Microsoft con la intención inicial expresa de crear lenguajes de programación para ordenadores personales, un punto de partida sumamente hacker, ya que sólo los hackers utilizaban estas máquinas para programar. (16) En la historia de Microsoft a partir de entonces, la motivación del beneficio ha tenido prioridad sobre la pasión. Dado que el hackerismo capitalista comparte la meta de maximizar el dinero, propia de la ética protestante, este modo de enfocar la actividad acaba influyendo y, finalmente, dominando la ética del trabajo de una empresa. Cuando el dinero se convierte en el fin superior por sí mismo, la pasión deja de ser un criterio esencial con el que discriminar las opciones de trabajo. Entonces los proyectos se escogen en función de si prometen o no máximos beneficios. El reconocimiento, por tanto, queda determinado por la posición personal que tiene un sujeto, del lugar que ocupa en el seno de la organización, y de su riqueza personal. Una vez finalizada la fase de puesta en marcha y lanzamiento de Microsoft, Gates ha tenido en algunas ocasiones oportunidad de describir la actitud que le motiva en relación al trabajo, y lo ha hecho con unos términos mucho más similares a la ética protestante que a la ética hacker, tal como se deduce, por ejemplo, de estas palabras: <>. (17) Economía de libre mercado A la vista de los problemas que comporta combinar el hackerismo y la forma actual de capitalismo, un grupo de hackers está yendo en una nueva dirección y defiende un nuevo tipo de economía basada en las empresas llamadas <> (código fuente de libre acceso) que desarrollan software según el modelo abierto y gratuito. En este modelo, ilustrado por compañías tan prósperas como Red Hat, creadora de Linux, cualquiera tiene libertad para aprender con el estudio del código fuente de estos programas y llegar a desarrollarlos hasta convertirlos a su vez en productos abiertos y gratuitos propios. (18) El padre espiritual de estas compañías es el controvertido Richard Stallman, de ideas tan radicales que muchas de las compañías <> prefieren mantenerse a distancia de su persona. Una expresión característica del enfoque inflexible sostenido por Stallman en este ámbito es su <>, que fue grabada para Internet: Únete a nosotros, comparte el software; libérate, hacker, libérate. Únete a nosotros, comparte el software; libérate, hacker, libérate. Los avaros amasan mucho dinero; pues qué bien, hacker, pues qué bien. Pero no ayudan a su prójimo; y no puede ser, hacker, no puede ser. Cuando tengamos bastante software libre en nuestro poder, hacker, en nuestro poder, esas necias licencias las tiraremos, lo vas a ver, hacker, lo vas a ver. Únete a nosotros, comparte el software; libérate, hacker, libérate. Únete a nosotros, comparte el software; libérate, hacker, libérate. (19) A muchos les parecerá en principio como una forma de comunismo o, incluso, de utopía. Pero si se piensa con cuidado, se ve que no se trata ni de lo uno ni de lo otro. Pese a su tono en apariencia anticapitalista, el hackerismo de Stallman no se opone en realidad al capitalismo en cuanto tal. Para él, el adjetivo libre que utiliza al hablar de free software (software gratuito o libre) en la canción y en otras obras más serias no significa necesariamente <>, sino simplemente <>, y sugiere asimismo que se interprete esta idea en el sentido de libertad de expresión y no como una suerte de barra libre. (20) La versión dada por Stallman de la ética hacker del dinero no se opone a la ambición de hacer dinero, sino a hacerlo privando de la información a los demás. En realidad, propone una nueva modalidad de economía de libre mercado: una economía de libre mercado en un sentido mucho más profundo que en el léxico capitalista habitual, pero sin dejar de ser economía capitalista. Esta idea radical es precisamente la más difícil de asumir para muchas de las empresas <>, que prefieren basar su modelo abierto en un argumento puramente pragmático: el modelo <> se escoge para aquellos proyectos en que resulta mejor desde un punto de vista técnico o económico; en el resto, se prefiere optar por el modelo codificado. (21) En el enfoque ético de Stallman, la apuesta es mucho más alta. La pregunta central de su pensamiento es si la práctica empresarial presente, basada en restringir el acceso a la información, es realmente sostenible desde un punto de vista ético. El hecho de que sea el modelo actual no la hace ser correcta ni implica que deba defenderse a ultranza. Pocas veces se ha dado una argumentación sólida a favor de la práctica presente sin cambio alguno. Cualquier intento serio debe abordar muchas cuestiones fundamentales propias de nuestra era de la información, incluyendo entre ellas, por ejemplo, la paradójica dependencia de la información codificada y cerrada respecto de la información abierta y de libre acceso. Esta paradoja se halla en el corazón de nuestro presente: de hecho, si se considera con toda seriedad la dependencia de las empresas de tecnología respecto de la investigación, se debería decir que el dilema ético al que se enfrentan las empresas en la nueva economía de la información consiste en que el éxito capitalista sólo es posible mientras la mayoría de los investigadores continúen siendo <> (en el sentido dado por Merton al término). Sólo mientras se tenga libre acceso al saber científico, los añadidos marginales que se hagan a la información colectiva llevarán a espectaculares beneficios individuales. Esta paradoja se debe al hecho de que la sociedad red no está determinada únicamente por el capitalismo sino, en un grado cuando menos igual, por el <> científico. Si sólo se dice esto, un hacker stallmanesco podría sentirse tentado a proclamar: <<¡El capitalismo presente se basa en la explotación del comunismo científico!>>, Recibir la información producida por otra persona al tiempo que se oculta toda la información producida por uno mismo comporta un dilema ético. Este dilema empeora con el progreso de la era de la información, dado que una parte aún mayor del valor de los productos se deriva de la investigación subyacente. La pregunta que esta forma extrema de ética hacker trae a colación es si puede existir una economía de libre mercado en la que la competición no esté basada en el control de la información sino en otros factores, es decir, si puede existir una economía en la que la competencia se dirima en un nivel diferente (y no sólo en cuanto a programación informática, sino también en otros campos). Al dar una respuesta a esta pregunta, no hay que sortearla con una solución fácil y errónea, afirmando, por ejemplo, que se trata de una nueva forma de comunismo, que, como ha demostrado la historia, no llega a funcionar. No es en realidad comunismo: el comunismo comporta un modelo de autoridad centralizada --o dicho de otro modo, el cumunismo es una forma de economía de Estado-- por completo ajena a los hackers. (En consecuencia, la elección por parte de Merton de la etiqueta comunismo para designar la principal caracterísca de la ética científica fue desafortunada porque lo que quería expresar era una idea por completo diferente: la transparencia y la accesibilidad de la información.) Además, la ética hacker del trabajo se opone al trabajo-centrismo no sólo del capitalismo, sino también del comunismo. Debiéramos recordar que pese a sus mayores diferencias, tanto el capitalismo como el comunismo se basan históricamente en la ética protestante, tal como el sociólogo Peter Anthony subraya en este fragmento de su Ideology of Work: <>. (22) Considerado desde este ángulo, el empresario con las mangas de la camisa arremangadas no difiere mucho del héroe estajanovista soviético segando con la hoz los campos: uno y otro son paladines del trabajo. Capitalismo, comunismo y la nueva economía de la información hasta el momento presente no han hecho más que difundir y propagar la ética protestante que cada uno de ellos cree expresar en su forma más pura. Todas las manifestaciones de la ética hacker del dinero suponen un desafío a cualquier sistema existente. Aunque la comunidad hacker no está unificada en las respuestas que ofrece a estas grandes preguntas, el hecho mismo de haber iniciado un debate sobre estos temas en el núcleo duro de la economía de la información constituye un desafío de por sí bastante radical.
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