Capítulo 6 EL ESPÍRITU DEL INFORMACIONALISMO Trabajadores autoprogramables Queda aún otra parte de la nética hacker por analizar: la relación con aquellas redes de la sociedad red que son distintas a los medios de comunicación, sobre todo la red económica que afecta a cada uno de nosotros. A algunos hackers informáticos les puede parecer que el concepto de ética hacker se está extendiendo a conceptos ajenos a su significación habitual. Sin duda están en lo cierto: no son temas, característicos ni peculiares del hacker informático. Pero, desde una perspectiva más amplia, estos temas, defendidos sólo por algunos hackers informáticos, constituyen una parte importante del desafío total que plante la etica hacker. Es de utilidad empezar caracterizando la actual realidad dominante de estas redes económicas tal como se presentan a los profesionales de la información y, luego, aproximarse a la ética hacker. En la trayectoria laboral típica de la sociedad tardoindustrial (aunque sin duda nunca se llevó a cabo exactamente de este modo), una persona era preparada para realizar un oficio en el cual trabajaría durante el resto de su vida productiva, de nueve a cinco. En la economía de la información, ya no sucede así; más bien, el nuevo profesional de la información es, para emplear las palabras de Castells, <> y tiene <>. (1) En la era de la información, apenas hay parcela del saber y del conocimiento que no quede rápidamente obsoleta, de modo que, para poder enfrentarse con los nuevos desafíos de sus cambiantes proyectos, los trabajadores autoprogramables necesitan reprogramar su ámbito de competencia de forma constante. Los desafíos de una época acelerada como ésta se combinan con los desafíos, igual de exigentes, del tiempo flexible. En los nuevos contratos laborales flexibles -- como el trabajo en el domicilo--, los profesionales de la información tienen que aprender a ser ellos mismos en parte sus propios jefes y programarse de modo más eficiente en nombre de quien les contrata. No es de extrañar que algunos de ellos busquen ayuda en los textos sobre autoprogramación o desarrollo personal. En una época de cambio, en que se está pasando del tradicional director de personal al director personal, no es de extranar que libros de desarrollo personal como Seven Habits of Highly Effective People de Stephen Covey y Awaken the Giant Within de Anthony Robbins sean los más leídos año tras año, y que en cualquier momento aparezca algún nuevo título de este género y dispute su liderato en los primeros puestos de las listas. En la era de la información, se necesita transformar la vieja pregunta taylorista acerca del trabajo físico (a saber, ¿pueden las extremidades del trabajador moverse de forma aún más efectiva?) en otra de índole más espiritual: <<¿puede la vida interior de la persona moverse de una forma aún más efectiva?>>. (2) Dado que el fenómeno de programarse uno mismo parece constituir un rasgo característico de nuestra época, examinaremos su naturaleza con un poco más de detalle. Los siete hábitos del desarrollo personal Los manuales de desarrollo personal establecen siete virtudes esenciales. Que sean las mismas de la antigua ética protestante tamizada por Benjamin Franklin no es casual, y sus orígenes se remontan una vez más a la vida en el monasterio. El punto de partida común a estos métodos de vida es la determinación, o la orientación en función de metas. A los individuos se les enseña a plantearse una meta bien definida y, luego, a dirigir todas sus energías a la consecución de ella: <>, afirma Robbins, (3) y, para ser lo más exacto posible, el establecimiento de la meta requiere un calendario predeterminado. Franklin también recomendaba este tipo de planificación: <>. (4) Los manuales de desarrollo personal enseñan a tener constantemente presente la meta, como por ejemplo repitiéndola a diario en voz alta y visualizando con antelación el consecuente éxito. (En el monasterio, este método se denominaba <> y son sorprendentes las similitudes que se pueden apreciar. Al igual que los gurús del desarrollo personal, el monje Evagrio Póntico, en el siglo IV, defendía la meditación sobre la meta deseada y su contrario por medio de su visualización: <>. (5) La palabra visión, antes del significado que cobra actualmente en las obras de desarrollo personal, se refería específicamente a las visiones cristianas del Cielo y el Infierno. Y cuando el desarrollo personal recomienda que uno se repita la meta propuesta cada mañana, en realidad está recomendando una forma de oración laica.) Según los textos de desarrollo personal, es importante que uno recuerde las virtudes que le ayudarán a conseguir la meta propuesta. Una de las virtudes más importantes es la optimización. El desarrollo personal le enseña a uno a hacer el uso más localizado posible del tiempo, de modo que siempre lleve el trabajo hacia la meta. A efectos prácticos esto significa una constante toma de conciencia del uso que uno está haciendo de cada <>, de cada momento presente. Robbins exhorta a recordar que <>. (6) La principal pregunta es: ¿lo que estás haciendo ahora mismo te lleva a estar más cerca de la Meta? Si no es así, no lo hagas; haz cualquier otra cosa que sí te acerque a ella. Franklin prestaba una similar atención al <>, al momento presente: <> y <>. (7) Los manuales de desarrollo personal defienden el método consistente en meditar sobre los aforismos que mejor se aplican a los modelos escogidos por uno mismo para describir su conducta, y comprobar la fortaleza psíquica que pueden aportar para hacer frente a lo que se viene encima. (Esta idea tiene que ver con el examen de conciencia habitual en los monasterios. A los monjes se les requería que meditaran sobre si sus acciones en un momento dado estaban al servicio de la meta suprema. Por ejemplo, el monje del siglo VI Doroteo de Gaza exhortaba: <>. (8) Al igual que en nuestros días los maestros del desarrollo personal, Antonio del Desierto recomendaba en el siglo III la meditación sobre los modelos de comportamiento para poder estar en condiciones de actuar de acuerdo con la meta suprema: <>. (9) El especialista francés en clásicas, Pierre Hadot, que ha investigado los ejercicios espirituales de las órdenes monásticas, señala que fue precisamente a este fin por lo que se creó un género literario consistente en breves biografías de monjes, la hagiografía. (10) Los libros actuales sobre hombres que han presidido con éxito compañías y empresas constituyen nuestras hagiografías, y las colecciones de sus aforismos son nuestros apophthegmata, los <>.) Otras virtudes del dessarrollo personal para la consecución de metas son la flexibilidad y la estabilidad. Robbins afirma que la meta debe convertirse en una <>. (11) En cuanto a los medios para alcanzarla, no obstante, es imprescindible mostrarse flexible. Robbins hace hincapié en que nada puede impedirnos alcanzar una meta, si <>. (12) Es preciso estar siempre dispuesto y ser lo bastante humilde para aprender modos mejores de enfocar las cosas. Franklin, además, aconsejaba <>; (13) se vaya por donde se vaya, flexibilidad y capacidad siempre serán necesarias para aprender. (Ésa era también la actitud de san Antonio, siempre dispuesto a aprender con humildad y amoldarse con flexibilidad a fin de estar más cerca de Dios: <>.) (14) La estabilidad consiste en una constante progresión hacia la meta, que debe tenerse siempre presente, sin dejar que los contratiempos perturben las emociones. Desde el punto de vista del desarrollo personal, las <> como la pena no deben interferir. Por ejemplo, apenarse por la pérdida de algo o por cierto fracaso no hará que las cosas cambien ni vuelvan a como eran antes ni revocará el fracaso. El desarrollo personal considera las emociones negativas un despilfarro de energía que sólo retrasa el momento de alcanzar la meta. Los libros de desarrollo personal enseñan una forma emocionalmente cargada de pensamiento positivo que permite reforzar la estabilidad. Robbins, por ejemplo, aconseja al lector que cambie las emociones negativas por positivas refiriéndose a ellas de un modo diferente: el <> se convierte en <>; <> se convierte en <>; <> pasa a transformarse en <>; <> se traduce por <>; <> cambia por <>, y así sucesivamente. (15) También Franklin apremia a conservar la calma: <>. (16) (Compárese con Casiano, que diserta largo y tendido sobre el indeseable pecado de la tristeza y la necesidad de sustituirla por un talante positivo. Según él, la tristeza puede ser o <> o el <>. En uno y otro caso, debe ser dejada de lado, porque no conduce a ninguna parte. Casiano compara el alma triste con <>.) (17) La laboriosidad es la quinta virtud central en el enfoque de los libros de desarrollo personal. Al esforzarse en conseguir las propias metas, uno debe admirar el trabajo duro. Robbins hace hincapié en lo importante que para el individuo es <>. (18) Franklin también enumera la laboriosa diligencia como virtud. En las páginas iniciales de su ética protestante y el espíritu del capitalismo, Weber cita la sentencia bíblica mencionada por el padre de Franklin (<> (19) como ejemplo del valor que la ética protestante asigna al trabajo. En el desarrollo personal, el trabajo es idealizado hasta tal punto que, a veces, se asemeja a una meta por sí mismo. (Esta idealización era compartida por el monasterio, que incluía lo opuesto a la diligencia, la llamada accedia, cuyo significado no era sólo haraganería, sino también aburrimiento y desasosiego, entre los siete pecados capitales. Así es cómo Casiano describe su pernicioso efecto en los monjes: <>.) (20) El valor del dinero, subrayado por Franklin en su ética protestante, también tiene un lugar destacado en estos textos de desarrollo personal. Robbins subtitula su libro ¡Cómo hacerte con el control inmediato de tu destino mental, emocional, físico y financiero! El ejemplo preferido de meta en los manuales de desarrollo personal acaba siendo el dinero. En la jerarquía de metas del libro de Robbins, el dinero es un objetivo intrínseco: Cantidad que quieres ganar: ¿50.000 dólares anuales? ¿100.000 dólares anuales? ¿500.000 dólares anuales? ¿Un millón anual? ¿10 millones anuales? ¿Tanto que posiblemente no puedas contarlo? (21) (La relación de la vida monástica con la economía es más compleja que en el caso de las otras virtudes. La meta de los monasterios no era hacer dinero, aunque no es casual que el término economía, cuyo origen se halla en la palabra griega oikonomia, se utilice en el lenguaje teológico en referencia a la doctrina de la salvación. Tanto en el capitalismo como en el monasterio, la vida está subordinada a luchar por la <> o el <>, es decir, a una finalidad económica.) En el mundo del desarrollo personal, nada se deja al azar en lo que respecta a la realización de la meta y sus correspondientes virtudes; todo debe ser tenido en cuenta. Por tanto, la contabilidad de resultados es la séptima de las virtudes importantes. Los lectores del libro de Robbins ponen por escrito sus metas y van marcando los progresos que realizan al respecto. Así debe documentarse, según Robbins, la evolución de las propias emociones: 1. Pon por escrito todas las emociones que experimentas habitualmente en una semana. 2. Enumera los sucesos o situaciones que utilizas para activar estas emociones. 3. Elabora un antídoto para cada emoción negativa y emplea una de las herramientas apropiadas para responder a la Señal de Acción. (22) Una vez más, la sombra de Franklin planea detrás de ello. En su Autobiografía, Benjamin Franklin nos habla de cómo ponía por escrito sus metas: <>. (23) También nos habla de cómo se dio cuenta de que no bastaba con anotar las metas y las virtudes, sino que para llevarlas a cabo <>. (24) En su Autobiografía, describe la contabilidad espiritual que ideó para tal fin: Preparé un pequeño libro, en el que dediqué una página a cada una de las virtudes [que entre muchas otras incluían las virtudes, antes mencionadas, de la determinación y la tranquilidad]. Pauté cada página con tinta roja, de modo que pudiera disponer de siete columnas, una para cada día de la semana, marcando cada columna con una letra para cada día. Corté estas columnas con trece líneas rojas, marcando el inicio de cada línea con la primera letra de una de las virtudes, en cuya línea y columna pertinente indicaría, con un puntito negro, cualquier falta que, tras examinarme, considerara haber cometido en relación a esa virtud aquel día. (25) (Compárese este proceder con el modo en que se enseñaba a los monjes a vigilar de forma sistemática sus progresos. Doroteo escribía: Debiéramos examinar la conciencia no sólo cada día, sino también cada estación, cada mes y cada semana, y preguntarnos: <<¿En qué estadio me encuentro ahora en relación a la pasión que me doblegó la semana anterior?>>. De forma similar, cada año: <>. Los Padres [de la lglesia] nos han enseñado lo útil que es para cada uno de nosotros purificarse examinando cada noche en qué hemos empleado el día, y cada mañana, cómo hemos pasado la noche. (26) Podemos considerar que la moderna contabilidad de resultados es una forma laica de confesión, un oficio confesional.) Por último, resulta importante señalar que la relevancia concedida a ser metódico vincula el monasterio y el desarrollo personal en más de un aspecto: en ambos casos, el método ofrece la promesa de una experiencia de lucidez y certeza en el mundo. Desde este estricto punto de vista, no importa en qué método crea firmemente una persona. La salvación puede conseguirse tanto en el monasterio como a través del desarrollo personal. Parece haber una demanda creciente de este tipo de lucidez y certeza en una era como la nuestra, de complejas redes interrelacionadas y una velocidad cada vez mayor. Parece que cuanto más complejo y rápido es nuestro desarrollo exterior, mayor sea la demanda de sencillez interior. A través del desarrollo personal, este mundo complejo y acelerado se gobierna enseñando a las personas a buscar metas cada vez más específicas. Si los individuos deben batir sus marcas en un mundo de competencia global, tienen que <> sus metas cada vez con más precisión. Deben concentrarse en un único punto y excluir la mayor parte del mundo restante. Se aprende a manejar la velocidad concentrándose en el momento presente. La vida pasa a ser gobernable si se reduce a una única meta y a un único momento al mismo tiempo. La pregunta, por tanto, pasa a ser sencillamente: ¿vivo ahora mismo de acuerdo con mi meta máxima? El desarrollo personal lleva esta pregunta un poco más lejos, dando asimismo respuestas fijas a cada situación (flexibilidad, estabilidad, etc.). El tono religioso del desarrollo personal deja claro que aún cuando este método se orienta al logro de la meta futura, desde un punto de vista psicológico no es sólo instrumental. La vida, en términos espirituales, se hace más llevadera en la sociedad red si cabe recurrir a un método bien definido en cuyos poderes de salvación pueda uno creer de forma incondicional, y tal es la razón por la cual tanto las enseñanzas del desarrollo personal como las del fundamentalismo han llegado a ser tan atractivas en la sociedad red. El espíritu del informacionalismo Habrá quien se haya preguntado por qué debemos molestarnos en analizar el desarrollo personal en el contexto de la sociedad red. La razón estriba en que este examen puede arrojar cierta luz sobre una cuestión central de la lógica de las redes económicas formulada por Castells en La era de la información: en qué consiste <>, esta <>. <<¿Qué mantiene unidas a estas redes? ¿Son alianzas puramente instrumentales, accidentales? Puede que así sea para ciertas redes, pero la forma red de organización debe tener una dimensión cultural propia.>> La misma pregunta puede plantearse de un modo más general referida al espíritu de la sociedad red, que se basa en el informacionalismo, el nuevo paradigma de la tecnología de la información. Castells mismo deja sin respuesta esta pregunta central diciendo sólo que el espíritu del informacionalismo es <>, lo cual viene a significar por desgracia que carece de valores colectivos o permanentes. (27) Somos conscientes, sin duda, de que no es nada fácil describir el espíritu dominante de una época, y resulta especialmente difícil hacerlo con los valores de la sociedad red, que funciona en diversas culturas con valores diversos, y en una era en la cual estos valores se hallan, además, sujetos a una rápida transformación en todas partes. Así, puede parecer de entrada que la sociedad red está totalmente desprovista de valores: las empresas red quieren adaptar sus productos a los valores de cualquier cultura (diferentes versiones de un mismo producto son comercializadas en distintos países haciendo alusión a los valores de la cultura local) y están dispuestas a convertir en mercancía algunos de estos valores culturales si se encuentra un mercado de dimensiones suficientes (como, por ejemplo, el existente para las mercancías exóticas). Al mismo tiempo, las culturas se hallan en proceso de abandonar todos aquellos valores tradicionales que impidan la actividad de las empresas red en sus zonas de influencia, a fin de no quedar excluidas de la economía de la información global. Al examinar el espíritu que gobierna las empresas red, uno debe procurar no olvidarse de que, cuando Weber utilizaba los términos el espíritu del capitalismo o la ética protestante, no se refería a una cultura de evolución idéntica en todas partes. Su intención no era afirmar que todas las culturas gobernadas por el espíritu del capitalismo y la ética protestante compartían exactamente los mismos valores. En segundo lugar, los valores que según Weber aglutinaban el desarrollo, el trabajo y el dinero eran muy diferentes de los valores éticos antiguos. Hechas estas salvedades, es posible caracterizar los valores que guían las empresas red e incluso de forma más general a la sociedad red, aunque ésta puede contener muchos otros valores en sus variadas manifestaciones culturales. Hay razones para afirmar que la empresa red se mantiene unida gracias a los mismos siete valores que los textos de desarrollo personal enseñan de forma, como vimos, tan exagerada: la orientación a objetivos, la optimización, la flexibilidad, la estabilidad, la diligente laboriosidad, la economía y la contabilidad de resultados. Y realmente se trata de valores en el sentido filosófico tradicional: metas primordiales que guían la acción, aún cuando no guarden semejanza con los antiguos valores éticos. Cada vez en mayor medida, esta lista describe asimismo los valores de los estados, de ese nuevo <> (28) definido por Castells, y por lo tanto pueden considerarse encarnación del espíritu dominante de la sociedad red en su conjunto. La extensión de ese espíritu desde el mundo de las empresas a los estados no debe sorprendemos, ya que la razón por la cual los estados nación tradicionales han delegado poder a las redes de estados (como las formadas por la Unión Europea, el Acuerdo de Libre Comercio en América del Norte y la Cooperación Económica del Asia-Pacífìco), en gran medida, ha sido la de prosperar mejor en la economía de la información. Las actuaciones de los estados cada vez están más gobernadas por metas de índole económica. Se puede afirmar que estos siete valores se ordenan según una jerarquía interior: el dinero es el valor o meta superior del espíritu que rige la sociedad red, y los valores restantes apoyan la realización de esa meta. Del resto de valores, el trabajo conserva aún un estatuto especial: los estados, sobre todo, lo defienden todavía como un objetivo independiente, pero incluso a ese nivel el trabajo se ha ido subordinando de forma cada vez más clara al dinero. Al igual que sucede con la empresa red en su condición de forma, la optimización, la flexibilidad, la estabilidad, la determinación y la contabilidad de resultados pueden considerarse consecuencias de la adaptación del capitalismo a la meta de hacer dinero en una situación tecnológica nueva. En este sentido, el consejo dado por Robbins a sus lectores es revelador de este enfoque de los valores: <<¿Qué necesitan mis valores para estar en condiciones de lograr el puesto que espero y merezco?... Considera qué valores debes desechar y cuáles debes añadir a fin de conseguir la calidad de vida que realmente quieres>>. Y continúa: <<¿Qué beneficio obtengo de colocar ese valor en una posición concreta de mi jerarquía?>>. Según este modo de ver las cosas, los valores son puramente instrumentos al servicio de la meta de acumular dinero, algo que Weber ya reconocía en el sistema de valores de Benjamin Franklin. (29) Así, si bien la economía de la información añade nuevos valores a los ya presentes en el espíritu del viejo capitalismo, estos nuevos valores están en esencia destinados a garantizar la continuidad del viejo objetivo de hacer dinero. Como meta, el dinero --un valor instrumental-- resulta peculiar: cuando la meta de la sociedad se reduce a maximizar el dinero, la realización del objetivo no requiere en realidad que se produzcan cambios reales en el mundo. Esto se halla relacionado con el valor de la flexibilidad. Las empresas comerciales y los estados no hablan de cambiar el mundo; han progresado hasta una modalidad estratégica y flexible de pensamiento destinada a salvaguardar el éxito continuado de la meta de hacer dinero en cualquiera de los mundos posibles. Si el modo de enfocar las cosas no funciona, tanto la empresa como el estado están dispuestos a cambiar, al tiempo que otros enfoques serán tildados de ingenuo idealismo. En la competencia acelerada propia de la economía de la información, los modos de actuación tienen que ser dinámicos. Esto conduce a la organización de las operaciones para los proyectos, y éstos, por su parte, exigen una orientación a objetivos y una contabilidad de resultados cada vez mayores. Esto se aplica tanto a los proyectos principales en los que una empresa se ha embarcado, como al compromiso de los trabajadores individuales con sus proyectos parciales. Los proyectos tienen que contar con metas y calendarios claramente establecidos, y su avance debe ser objeto de un seguimiento sistemático. Esto se hace cada vez más importante cuando los profesionales de la información tienen un grado de libertad mayor para escoger los horarios y los locales en los que llevar a cabo su trabajo: las metas y los plazos de entrega se convierten en elementos determinantes esenciales de la relación laboral. Estos modos están pasando a tener una posición cada vez más predominante en el modo de funcionar de los estados. La optimización es importante para las empresas red. La autoprogramación pasa a ser de nuevo parte integrante de esta imagen: las empresas red optimizan sus funciones del mismo modo en que son optimizadas las operaciones y funciones de los ordenadores y las redes. La nueva filosofía empresarial de las punto.com capitalistas puede en realidad considerarse un proceso de reprogramación. Las punto.com examinan las etapas de los procesos empresariales como si fueran líneas de un código de programación: las que son innecesarias (por ejemplo, en la distribución, mayoristas y minoristas) son eliminadas, y las rutinas más lentas son reescritas por completo para que funcionen de forma más rápida. La organización de las relaciones laborales se está asimismo optimizando, como si se tratara de mejorar una red de ordenadores. Las relaciones laborales son consideradas una red de recursos fluctuante en función de las situaciones. A sus propias capacidades centrales, las empresas conectan o desconectan otras capacidades según les convenga. Estos cambios en los procesos y en la organización han sido factibles desde que los gobiernos han suscrito la idea de una fuerza laboral flexibilizada. La estabilidad completa la lista de valores que definen el espíritu dominante de la sociedad red. En el plano gubernamental, este ideal se manifiesta en el modo en que los políticos han sustituido su anterior uso de palabras como justicia y paz por el nuevo término estabilidad. La Unión Europea quiere estabilidad en el desarrollo de Europa (por ejemplo, para Yugoslavia existe el Pacto de Estabilidad en el Sureste de Europa). (30) Estados Unidos quiere estabilizar la situación de diversas regiones del mundo, y la estabilidad misma es considerada deseable en el desarrollo de Asia. Desde un punto de vista interno, a los gobiernos les preocupa que la línea divisoria entre éxito y fracaso no aumente la <>. Esta última es un efecto indeseable principalmente porque supone la amenaza del cumplimiento del objetivo monetario: la inestabilidad, como ya sabemos, no es grata a las compañías, que se asustan con sólo pensar en la volatilidad. En este contexto, podemos comprender que el sistema de valores de las teorías de desarrollo personal obtenga tan excelentes resultados en el caso de los trabajadores en empresas red, pues se trata, de hecho, de una aplicación de los propios valores de las empresas a la vida singular de los individuos. En el seno del desarrollo personal, una persona enfoca su vida como si fuera una empresa red, preguntándose: ¿cuál es mi meta? ¿Cuál es mi estrategia para conseguirla? La vida se convierte en un proyecto con informes trimestrales sobre la marcha de los trabajos. Al final, los ideales de una empresa red o de una persona, y los de un ordenador o de una red son en realidad los mismos: la capacidad de funcionar de forma flexible y óptima para una determinada meta, sin perder la estabilidad mientras se avanza a gran velocidad. Es este hecho el que justifica que hablemos del espíritu del informacionalismo, en referencia a la nueva base tecnológica de nuestra sociedad, sobre todo a las redes de ordenadores. Tanto la empresa red como el estado y la gente que participa de la mentalidad del desarrollo personal se aplican a sí mismos las metáforas informacionalistas de los ordenadores y las redes. En última instancia, esta aplicación de las metáforas del mundo informático es lo que hace cuestionables la filosofía del desarrollo personal y el espíritu dominante de la sociedad red: el problema no consiste en que estos principios no sean capaces de llevar a la consecución de las metas, sino en su definición de lo que es un ser humano. En la filosofía del desarrollo personal y en el espíritu de la sociedad red, la lógica de una sociedad basada en la red informática se aplica a los seres humanos y a sus relaciones. El ser humano es tratado como un ordenador, con rutinas mentales siempre susceptibles de una mejor reprogramación. Sería posibe traducir el corpus de enseñanzas del desarrollo personal en un sencillo programa operativo para hacer funcionar a los seres humanos. Robbins habla explícitamente del ser humano como un <>. (31) La idea de la persona como un ordenador se ha extendido, en la mentalidad del desarrollo personal, a las relaciones humanas al abordarlas como si fueran redes de ordenadores. Escribe Robbins por ejemplo: <>. (32) De este modo, los valores previamente debatidos y activos en las acciones propias de un individuo se aplican también a sus relaciones humanas: uno debe conectarse con quienes puedan serle útiles para su propia meta, y desconectarse de quienes carecen de utilidad o son claramente perjudiciales (las <>. La ética de la red De los siete valores que hemos debatido, la estabilidad es el que más próximo se halla a los valores éticos. No obstante, difiere de ellos en algunos aspectos que demuestran con creces lo difícil que lo tiene la verdadera ética en la era de las redes. Una red es estable cuando no se colapsa y permite que las actividades prosigan sin interrupciones. De forma similar, nuestro nuevo ideal es una sociedad que sea estable en el sentido de que no interfiera en el funcionamiento del mercado financiero dentro de la red informática global. Examinemos con más detalle lo que supone para la ética la aplicación de la metáfora de la red a las personas y a la sociedad. La lógica de la red exige una optimización constante a través de la conexión y desconexión de los recursos según lo que se necesita en cada caso, con la única limitación de la necesidad de mantener estable la red. En la práctica, resulta difícil llevarlo a cabo sin que al mismo tiempo se sustituya la ética por una filosofía de la supervivencia. Las empresas optimizan sus redes a fin de sobrevivir en la competición económica y los que no lo consiguen quedan fuera de las redes. La irónica culminación de esta lógica de supervivencia deriva del hecho de que cuanto más seleccionen las redes tan sólo a la elite de la información, más preucupada por su superviviencia tendrá que estar esa elite. Así lo percibirá cualquier profesional de ese grupo cuando uno de los excluidos le amenace súbitamente con violencia en plena calle o ante la puerta de su casa a la luz del día. Por un momento, el marginado de la sociedad red tiene poder: el profesional ve cómo a su capacidad para el procesamiento de la información se le plantea un peligroso desafío y busca las palabras, adecuadas para salir de una situación físicamente amenazadora. Las soluciones fáciles a este problema descansan en el refuerzo de los factores <>: contratación de más policías, o, en el caso de la elite de nivel superior, la presencia de guardaespaldas. En el plano global, los países más desarrollados <> las guerras entre los marginados según lo importante que sea cada conflicto en la economía global. Frente a esta lógica de red exclusiva, algunos hackers defienden la meta de la red inclusiva. El ejemplo es la institución hacker en pleno corazón de Internet, la Internet Society. Su ética se expresa en el siguiente principio: <>. (33) La Internet Society apoya la difusión de Internet y la enseñanza de las capacidades de la red a todos aquellos que han sido dejados a un lado por empresas y gobiernos. La tarea es inmensa y, en el momento de escribir este libro, sólo un 5 por ciento del mundo tiene acceso a Internet (casi la mitad de los usuarios se halla en América del Norte; los de África y Oriente Medio, sumados, aún son menos que los del área de la Bahía de San Francisco), y, además, la mitad de la población adulta mundial nunca ha utilizado un teléfono. (34) Así, si bien en la práctica el empeño de los hackers no ha posibilitado aún un cambio suficiente, lo cierto es que NetDay, una especie de Primero de Mayo que algunos hackers celebran anualmente para recordarnos la vigencia de su tarea, constituye un símbolo importante del ideal de la preocupación por los demás como fin en sí mismo y no por su contribución a la estabilidad. (35) Sin duda, la mera red técnica no bastará para hacer que una sociedad sea justa, pero es un requisito para conseguir igualdad de condiciones en el plano de las redes económicas, en el que se establece la relación del trabajador con la companía. La ética del ordenador La aplicación de la metáfora del ordenador a las personas y a la sociedad hace asimismo imposible la ética real. La optimización de los seres humanos y las empresas en términos de ordenadores conduce a la lógica de la velocidad, y ésta tiende a hacer que nuestras vidas pasen a estar basadas en otra forma de supervivencia. A altas velocidades, la meta social pasa a ser la misma que buscan los conductores de bólidos: mantener el vehículo estable de modo que no se salga de la pista. Aquí, el ideal de la estabilidad amenaza con sustituir nuevamente a la ética. Cabría decir que, por ejemplo, existe una <>, una velocidad rebasada en la cual la ética deja de existir. Una vez alcanzado ese punto, la única meta que queda es la de sobrevivir aquí y ahora. Pero sólo quienes no se centran meramente en el <> para garantizarse su propia supervivencia son capaces de velar por los demás. La eticidad exige pensar sin premuras de tiempo. La eticidad requiere asimismo una perspectiva temporal más amplia, es decir, responsabilizarse respecto a las consecuencias futuras de las tendencias dominantes y tener la capacidad de imaginar el mundo de forma diferente a la actual. En consideración a este segundo y profundo problema de nuestra era, los hackers vuelven a ser capaces de ofrecer un ejemplo más o menos simbólico de una relación distinta y más comprensiva con el tiempo. Por ejemplo, Danny Hillis ha señalado que la humanidad se mueve a tal velocidad de desarrollo que es incapaz de ver nada salvo aquello que ya está aquí o, en el mejor de los casos, lo que se viene encima dentro de un par de años, debido a la velocidad general. En 1993 escribió: <>. (36) Para contrarrestarlo, los hackers tradicionalmente se han reservado tiempo para experimentos imaginarios en relación incluso al futuro más distante. Sabemos que los hackers informáticos se han sentido siempre cómodos en las investigaciones sobre el futuro y que muchos de ellos son grandes aficionados a la ciencia ficción. Así, no debe sorprendernos que un grupo de hackers se uniera a Hillis para lanzar la Long Now Foundation, cuya finalidad es alterar nuetra concepción del tiempo. El principal proyecto de la fundación consiste en construir un reloj que simbolice y estimule el pensamiento a largo plazo. Hillis escribía en este sentido: <>. (37) Brian Eno, padre de la música ambient y otro de los miembros fundadores, lo bautizó como Reloj del Largo Ahora. Otros integrantes del proyecto son Mitch Kapor y Stewart Brand, que, como hemos visto, también fueron los fundadores de la Electronic Frontier Foundation. Los diversos diseños que se barajaban como propuestas para dar forma real al aparato temporal iban desde un gigantesco mecanismo relojero en el desierto de California hasta la idea de Peter Gabriel de construir un jardín en el que las efímeras flores marcaran el paso de las estaciones, y las secoyas gigantes, el paso de los años. En fecha reciente, la fundación se ha decidido a adquirir unos terrenos para el reloj contiguos al Parque Nacional Great Basin en Nevada. Lo principal del reloj, sin duda, no es su mecanismo sino su capacidad de ponernos simbólicamente en sintonía con un sentido diferente del tiempo. Está pensado para ser un símbolo ético, similar a las primeras imágenes del planeta azul publicadas por la NASA en 1971 . Aquellas imágenes nos hicieron ver la tierra como un todo y también como un pequeño y frágil planeta en medio de la inmensidad del espacio exterior, y por ello los grupos ecologistas las escogieron como símbolos. En el Reloj del Largo Ahora, la tecnología es eliminada del modelo de temporalidad dominante en la sociedad red, y puesta al servicio de un ritmo que da una oportunidad a la preocupación responsable. Nos lleva desde el ideal de mantener la estabilidad a gran velocidad al de un ser ético genuino. La preocupación responsable Además del anual NetDay y el Reloj del Largo Ahora, existe una tercera expresión hackeriana de la preocupación responsable, contrapuesta a la actual propensión a la pura supervivencia. Se trata de preocuparse por aquellos que se hallan en el límite de la supervivencia. Algunos hackers han utilizado los recursos conseguidos a través de la actividad capitalista para apoyar a quienes se ven obligados, en el sentido literal del término, a luchar por su supervivencia. Aunque en ello la influencia de los hackers ha mostrado ser también muy limitada, no deja de ser ejemplar su respuesta alternativa a la pregunta de por qué uno quiere tener mucho dinero. No consideran tan evidente que la respuesta sea que uno lo quiere para sí o que busca poderse pagar su inclusión en el sistema; más bien, para ellos la respuesta es que se pueden reconducir los recursos de la economía egoísta a aquellos que han sido explotados por ella. Por ejemplo, Mitch Kapor apoya un programa de salud medioambiental a escala global destinado a eliminar los problemas de salud causados por las prácticas empresariales. (38) Sandy Lerner dejó Cisco Systems junto con Leo Bosack en 1990, y con los 170 millones de dólares de sus acciones puso en marcha una fundación contra el maltrato de animales. (39) La lógica de la red y de los ordenadores nos alienan de la responsabilidad directa, que se halla en el principio mismo de todo comportamiento ético. Necesitamos más iniciativas, como las de los hackers, sobre el desafío de una preocupación responsable en plena era de la información. No esperemos que tales iniciativas provengan de empresas o gobiernos. Desde una perspectiva histórica, este tipo de entidades no ha dado nunca origen a un nuevo pensamiento ético, La ética del hacker y el espíritu de la era de la información sino que los cambios fundamentales fueron y han sido iniciados por algunos individuos que se preocupan por los demás.
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