“CUANDO tenía 13 años, la hermana de mi mejor amigo nos invitó una noche a su apartamento. Todos se pusieron a fumar marihuana. Al principio la rechacé, pero al cabo de varias rondas terminé probándola.” Así explica Michael, de Sudáfrica, su iniciación a las drogas.
“Provengo de una familia conservadora, de profesionales de la música clásica. Yo tocaba en una orquesta en la que trabajaba un intérprete que fumaba marihuana en los intermedios. Me la ofreció vez tras vez durante varios meses hasta que acabé aceptándola y luego me fui aficionando a ella.” Así empezó a consumir estupefacientes Darren, de Canadá.
Ambos jóvenes experimentaron luego con otras sustancias, como el LSD, el opio y los estimulantes. Ahora que ya están rehabilitados, opinan que las compañías que tenían fueron determinantes en su iniciación al hábito. “Nunca creí que tomaría drogas —señala Michael—, pero aquellos chicos eran mis únicos amigos y, como suele suceder, me dejé llevar.”
El mundo del espectáculo
La presión que ejercen los compañeros es un factor principal a la hora de iniciarse en la droga, sobre todo en el caso de los jóvenes, que son más influenciables y tienen ante sí el ejemplo de un sinnúmero de figuras del espectáculo por las que sienten auténtica pasión.
El consumo de sustancias adictivas es habitual en la industria del entretenimiento. Muchos grandes músicos usan drogas duras en alguna etapa de su carrera, y no pocas estrellas del cine están habituadas a los estupefacientes.
Buen número de artistas transmiten a la droga un atractivo que resulta irresistible entre amplios sectores juveniles. La revista Newsweek comentó en 1996: “Las calles de Seattle están atestadas de chicos que se fueron a vivir allí para consumir heroína, solo por imitar a[l cantante de rock] Cobain”.
Las revistas, el cine y la televisión rodean de un halo de fascinación el mundo de los estupefacientes. Además, hay grandes diseñadores que prefieren modelos de aspecto delgado y demacrado que recuerdan a los adictos
Por qué se envician algunas personas
Entre los múltiples factores que favorecen la toxicomanía cabría citar la desilusión, la depresión y la falta de rumbo en la vida, así como los problemas económicos, el desempleo y el mal ejemplo de los padres.
Algunas personas que tienen dificultades para entablar relaciones sociales tratan de aumentar la confianza en sí mismas con drogas que les hacen sentir ingeniosas y agradables. A otras les resulta más fácil recurrir a una sustancia que aceptar la responsabilidad de asumir el control de su vida.
Hay jóvenes que emplean estupefacientes porque les abruma el hastío. El libro The Romance of Risk—Why Teenagers Do the Things They Do (Pasión por el riesgo: razones de la conducta adolescente) apunta al problema del tedio y de la falta de supervisión de los padres: “Cuando regresan del colegio, encuentran la casa vacía. No es de extrañar que se sientan solos y quieran remediarlo, así que se juntan con amigos. Pero aun así, siguen aburridos y pasan horas viendo televisión y vídeos musicales o navegando por la Red en busca de emociones. En este cuadro entran con facilidad el tabaco, la droga y la bebida”.
Michael, a quien ya hemos mencionado, comentó lo siguiente sobre la carencia de guía adulta en su hogar: “En mi familia éramos felices y estábamos unidos como pocos. Pero mis padres trabajaban fuera de casa, así que de día escapábamos de su control. Además, nos daban toda la libertad del mundo y no nos corregían. No tenían ni idea de que yo consumía drogas”.
Una vez creada la dependencia, muchos la mantienen por una razón muy simple: les gustan los estupefacientes. Michael, que los usaba a diario, explica las consecuencias: “Vivía en un mundo de ensueño en el que evadía todas las presiones. Nunca me veía amenazado. Todo era hermoso”.
Dick, otro ex adicto sudafricano, menciona los efectos que tenía en él la marihuana cuando empezó a utilizarla con 13 años: “Me reía de cualquier chiste. Todo me parecía desternillante”.
Las advertencias sobre los peligros para la salud que encierran las drogas no disuaden a muchos jóvenes, pues tienden a adoptar la actitud de que a ellos no les va a pasar nada. El libro Talking With Your Teenager (Dialogue con su hijo adolescente) indica por qué desoyen tales avisos: “Tienen tanta resistencia y vitalidad que no creen que pueda verse afectada su salud. Este sentimiento de ‘invulnerabilidad’ es muy común entre los adolescentes. Algunos creen que el cáncer de pulmón, el alcoholismo y la toxicomanía son problemas que solo afectan a los mayores, no a ellos”. Muchos sencillamente desconocen los peligros, como lo ilustra la popularidad del producto denominado éxtasis. ¿En qué consiste?
El éxtasis y las fiestas
El MDMA, llamado popularmente éxtasis, se elabora a partir de anfetaminas. Se emplea con predilección en las fiestas rave, que suelen durar noches enteras. Los vendedores lo presentan como un modo seguro de sentir euforia y tener energía para moverse sin parar. En efecto, permite bailar horas seguidas, hasta caer en un estado descrito como “semejante al trance”. Una muchacha comentó sobre el gancho de esta droga: “La sensación comienza por los dedos de los pies, y poco a poco te va rodeando de calidez y amor a medida que te sube hasta la cabeza”.
Las tomografías de cráneo realizadas a usuarios habituales revelan que el éxtasis no es inofensivo, como afirman los vendedores. Todo indica que daña —tal vez de forma permanente— las fibras nerviosas del cerebro y reduce los niveles de serotonina, lo que puede ocasionar depresión y pérdida de memoria, entre otros trastornos, e incluso ha llegado a producir la muerte de varios consumidores. Para colmo, algunos vendedores lo mezclan con heroína a fin de enviciar a la clientela.
¿Son fáciles de conseguir?
En muchos países, los estupefacientes se han abaratado al aumentar la oferta, en parte por los cambios políticos y económicos. Sudáfrica constituye un ejemplo típico: el cambio político fomentó el comercio y los intercambios con otras naciones. Este hecho, unido al escaso control fronterizo, impulsó el narcotráfico. Además, al crecer el desempleo, miles de personas han comenzado a vender sustancias adictivas para ganarse la vida. Cuando estas abundan, se dispara la criminalidad. Según un informe periodístico, la policía vigila a los colegiales de la provincia sudafricana de Gauteng, en ocasiones niños de solo 13 años, porque muchos se dedican a tal comercio, y varias escuelas de la zona han instituido pruebas de detección de drogas entre el alumnado.
La causa fundamental
Aunque el consumo de estupefacientes obedece a múltiples motivos, todos ellos son tan solo síntomas de un problema más profundo, una causa fundamental a la que aludió el escritor Ben Whitaker: “La expansión contemporánea del consumo de drogas constituye un aviso sobre las debilidades y los fallos de nuestra sociedad, así como de la soledad y la desesperación reinantes: ¿por qué, si no, preferirían las drogas a la realidad un significativo número de personas talentosas y privilegiadas?”.
Esta buena pregunta destaca el hecho de que la sociedad actual, materialista y obsesionada con el éxito, no suele satisfacer nuestras necesidades emocionales y espirituales. Tampoco logran hacerlo la mayoría de las religiones, pues pasan por alto la causa fundamental de nuestros males.
Como explica el próximo artículo, para hallar la única solución definitiva al problema de la droga, primero hay que determinar dicha causa y actuar en consecuencia.
¿Es inocua la marihuana?
Varios países se plantean la legalización de esta droga, principalmente con fines terapéuticos. Se ha constatado que alivia las náuseas de la quimioterapia, ayuda a los enfermos de sida a superar la inapetencia y tiene propiedades analgésicas.
Aunque las conclusiones de los estudios están sujetas a debate, se han realizado diversas pruebas, expuestas en la revista New Scientist, que permiten conocer con certeza algunos de sus efectos nocivos.
La Universidad de Harvard comparó un grupo que consumía marihuana a diario con otro que no lo hacía tan frecuentemente. Aunque en las pruebas de inteligencia habituales los resultados apenas se diferenciaron, en una prueba de adaptabilidad los usuarios empedernidos obtuvieron puntuaciones mucho más bajas.
Otra universidad comparó durante quince años un grupo de consumidores de marihuana (tres o cuatro cigarrillos diarios) con otro de fumadores de tabaco (veinte cigarrillos como mínimo). Ambos registraron igual número de individuos aquejados de tos y bronquitis, y daños similares en las células pulmonares.
Aunque el primer grupo utilizaba muchos menos cigarrillos, cada uno de estos liberaba el triple de alquitrán que uno normal. Además, la citada revista señaló: “Los consumidores de marihuana inhalan más profundamente el humo y lo retienen por más tiempo”.
Por otro lado, las células inmunológicas de los pulmones de los usuarios de marihuana tenían un 35% menos de capacidad para combatir infecciones que las de los tabaquistas.
“TODO el mundo usa alguna droga.” A veces se recurre a generalizaciones como esta para inducir a los incautos a probar sustancias prohibidas. Ahora bien, si se aceptan algunas definiciones de droga, esta afirmación tiene su parte de verdad.
Una de ellas es: “Toda sustancia química, natural o sintética, con la que puede modificarse la percepción, el ánimo u otros estados psicológicos”. Sin duda, es una definición útil y amplia en el caso de las drogas de carácter psicoactivo, pero no abarca todos los preparados medicinales que se utilizan para tratar males físicos.
Basándose en la anterior explicación, el alcohol constituye una droga, cuyo riesgo estriba en el abuso, que obviamente va en aumento. Un estudio realizado en las universidades de un país occidental indicó que “el mayor problema que plantean las drogas en los recintos universitarios es la ingesta masiva de alcohol”, y que incurre en ella el 44% del alumnado.*
Al igual que el alcohol, el tabaco también se distribuye por vías legales, pese a contener un potente veneno: la nicotina. Aunque la Organización Mundial de la Salud cifra en 4.000.000 anuales el número de muertos que ocasiona, los magnates tabacaleros gozan de grandes riquezas y del respeto de la sociedad. Su producto, el cigarrillo, es muy adictivo, tal vez más que muchas drogas prohibidas.
En los últimos años, buen número de países han aplicado restricciones al tabaco, por ejemplo, en lo referente a la publicidad. Con todo, no son pocos los que siguen opinando que fumar es una actividad social aceptable, rodeada del halo de distinción con que aún la presenta el cine. Entre 1991 y 1996, el 80% de los protagonistas masculinos de las películas más taquilleras eran fumadores en la pantalla, según un estudio de la Universidad de California en San Francisco.
La ingesta masiva de alcohol es un grave problema en muchas universidades
¿Y las drogas “seguras”?
Aunque es innegable que las drogas medicinales, los fármacos, benefician a muchas personas, también se prestan a abusos. A veces los médicos las recetan en demasía o sin necesidad, tal vez presionados por el enfermo. Un facultativo comentó: “El médico no siempre se sienta con el paciente para descubrir la causa de los síntomas. Es más fácil decirle: ‘Tómese esta pastilla’ y dejar sin atender el problema principal”.
Hasta el abuso de los preparados que se expenden sin receta, como la aspirina y el paracetamol (acetaminofén), componente de marcas como Tylenol y Panadol, puede ocasionar graves problemas de salud. De hecho, más de dos mil personas mueren cada año a consecuencia de la mala utilización del paracetamol.
Si aplicamos la definición del principio, la cafeína, presente en el té y el café, es también una droga, aunque difícilmente la consideramos como tal cuando tomamos nuestra infusión matinal favorita. Así mismo, sería absurdo equiparar bebidas que gozan de aceptación social, como las anteriores, con la heroína u otras drogas duras; sería como comparar un gatito con un león. Con todo, el consumo habitual de más de cinco tazas diarias de café o nueve de té puede resultar nocivo para la salud, según indican algunos especialistas. Además, quien abandona de golpe el consumo excesivo de cualquiera de estas bebidas pudiera experimentar síntomas de abstinencia semejantes a los que tuvo un aficionado al té: vómitos, fuertes dolores de cabeza y sensibilidad a la luz.
Muchos creen que los cigarrillos y las drogas “recreativas” no hacen daño
¿Y las drogas prohibidas?
El empleo de ciertas sustancias en el deporte es un asunto mucho más polémico, como se destacó durante el Tour de Francia de 1998, en el que se expulsó a nueve ciclistas del equipo líder por haberlas empleado para potenciar su rendimiento. Los deportistas han encontrado distintos métodos para no dar positivo en las pruebas de control. La revista Time indica que algunos llegan a “‘trasvasarse orina’, es decir, inyectarse orina ajena ‘limpia’ en la vejiga mediante un catéter, procedimiento por lo general doloroso”.
Aún no hemos hablado de la enorme gama de drogas prohibidas que se usan con fines “recreativos”: marihuana, éxtasis (metilenedioximetanfetamina [MDMA]), LSD (dietilamida del ácido lisérgico, por sus siglas en inglés), euforizantes (estimulantes como la cocaína y las anfetaminas), sedantes (depresivos como los tranquilizantes) y heroína, por citar unas cuantas. No deben olvidarse los diversos inhalantes, como el pegamento y la gasolina, que son populares entre la juventud y, claro está, son productos legales y de fácil adquisición.
El estereotipo del toxicómano escuálido que se inyecta en un cuartucho no se ajusta siempre a la realidad, pues muchos drogodependientes siguen llevando una existencia bastante normal, aunque su calidad de vida resulta afectada a mayor o menor grado. No obstante, no podemos restar importancia al lado oscuro de las drogas. Un escritor señala que hay cocainómanos “capaces de ‘pincharse’ muchas veces en una sola sesión, con lo que convierten su cuerpo en una ruina sanguinolenta llena de picaduras y hematomas”.
Tras el aparente declive que se registró a fines de la década de 1980, el consumo de drogas ilegales vuelve a estar en auge en todo el mundo. La revista Newsweek hizo este comentario: “Las autoridades se ven abrumadas ante la avalancha del narcotráfico, el aumento en el uso de casi todo tipo de sustancias y la falta de fondos —e información— para contraatacar”. El periódico The Star, de Johannesburgo (Sudáfrica), indicó que las estadísticas oficiales revelan que “1 de cada 4 sudafricanos es adicto al alcohol o las drogas”.
El Instituto de Investigación para el Desarrollo Social, de la ONU, explicó que “los productores de drogas y los traficantes [...] se han organizado a escala mundial y han invertido buena parte de las ganancias en centros financieros que les ofrecen discreción y atractivos réditos. [...] Los narcotraficantes ahora tienen la opción de lavar el dinero sucio moviéndolo electrónicamente, con pocos controles nacionales”.
Además, parece que la cocaína pasa por las manos de muchos estadounidenses sin que lo sepan, pues la mayoría de sus billetes contienen residuos de este producto, según informa la revista Discover.
Lo cierto es que el consumo de drogas, sean ilícitas o no, ha ganado aceptabilidad entre el público, llegándose a considerar parte de la vida cotidiana. Ahora bien, dada la publicidad que reciben los peligros de los estupefacientes, el tabaco y el alcohol, surge una pregunta obvia: ¿por qué se sigue abusando de tales sustancias? Al tiempo que analizamos esta pregunta es conveniente que reflexionemos en nuestra propia opinión sobre las drogas.
Muchos creen que los cigarrillos y las drogas “recreativas” no hacen daño
En sintesis Las Drogas matan no las uses
informacion basada en Revista ¡Despertad! del 8 de julio de 2001
http://www.watchtower.org/s/20010708/article_01.htm
http://www.watchtower.org/s/20010708/article_02.htm
“Provengo de una familia conservadora, de profesionales de la música clásica. Yo tocaba en una orquesta en la que trabajaba un intérprete que fumaba marihuana en los intermedios. Me la ofreció vez tras vez durante varios meses hasta que acabé aceptándola y luego me fui aficionando a ella.” Así empezó a consumir estupefacientes Darren, de Canadá.
Ambos jóvenes experimentaron luego con otras sustancias, como el LSD, el opio y los estimulantes. Ahora que ya están rehabilitados, opinan que las compañías que tenían fueron determinantes en su iniciación al hábito. “Nunca creí que tomaría drogas —señala Michael—, pero aquellos chicos eran mis únicos amigos y, como suele suceder, me dejé llevar.”
El mundo del espectáculo
La presión que ejercen los compañeros es un factor principal a la hora de iniciarse en la droga, sobre todo en el caso de los jóvenes, que son más influenciables y tienen ante sí el ejemplo de un sinnúmero de figuras del espectáculo por las que sienten auténtica pasión.
El consumo de sustancias adictivas es habitual en la industria del entretenimiento. Muchos grandes músicos usan drogas duras en alguna etapa de su carrera, y no pocas estrellas del cine están habituadas a los estupefacientes.
Buen número de artistas transmiten a la droga un atractivo que resulta irresistible entre amplios sectores juveniles. La revista Newsweek comentó en 1996: “Las calles de Seattle están atestadas de chicos que se fueron a vivir allí para consumir heroína, solo por imitar a[l cantante de rock] Cobain”.
Las revistas, el cine y la televisión rodean de un halo de fascinación el mundo de los estupefacientes. Además, hay grandes diseñadores que prefieren modelos de aspecto delgado y demacrado que recuerdan a los adictos
Por qué se envician algunas personas
Entre los múltiples factores que favorecen la toxicomanía cabría citar la desilusión, la depresión y la falta de rumbo en la vida, así como los problemas económicos, el desempleo y el mal ejemplo de los padres.
Algunas personas que tienen dificultades para entablar relaciones sociales tratan de aumentar la confianza en sí mismas con drogas que les hacen sentir ingeniosas y agradables. A otras les resulta más fácil recurrir a una sustancia que aceptar la responsabilidad de asumir el control de su vida.
Hay jóvenes que emplean estupefacientes porque les abruma el hastío. El libro The Romance of Risk—Why Teenagers Do the Things They Do (Pasión por el riesgo: razones de la conducta adolescente) apunta al problema del tedio y de la falta de supervisión de los padres: “Cuando regresan del colegio, encuentran la casa vacía. No es de extrañar que se sientan solos y quieran remediarlo, así que se juntan con amigos. Pero aun así, siguen aburridos y pasan horas viendo televisión y vídeos musicales o navegando por la Red en busca de emociones. En este cuadro entran con facilidad el tabaco, la droga y la bebida”.
Michael, a quien ya hemos mencionado, comentó lo siguiente sobre la carencia de guía adulta en su hogar: “En mi familia éramos felices y estábamos unidos como pocos. Pero mis padres trabajaban fuera de casa, así que de día escapábamos de su control. Además, nos daban toda la libertad del mundo y no nos corregían. No tenían ni idea de que yo consumía drogas”.
Una vez creada la dependencia, muchos la mantienen por una razón muy simple: les gustan los estupefacientes. Michael, que los usaba a diario, explica las consecuencias: “Vivía en un mundo de ensueño en el que evadía todas las presiones. Nunca me veía amenazado. Todo era hermoso”.
Dick, otro ex adicto sudafricano, menciona los efectos que tenía en él la marihuana cuando empezó a utilizarla con 13 años: “Me reía de cualquier chiste. Todo me parecía desternillante”.
Las advertencias sobre los peligros para la salud que encierran las drogas no disuaden a muchos jóvenes, pues tienden a adoptar la actitud de que a ellos no les va a pasar nada. El libro Talking With Your Teenager (Dialogue con su hijo adolescente) indica por qué desoyen tales avisos: “Tienen tanta resistencia y vitalidad que no creen que pueda verse afectada su salud. Este sentimiento de ‘invulnerabilidad’ es muy común entre los adolescentes. Algunos creen que el cáncer de pulmón, el alcoholismo y la toxicomanía son problemas que solo afectan a los mayores, no a ellos”. Muchos sencillamente desconocen los peligros, como lo ilustra la popularidad del producto denominado éxtasis. ¿En qué consiste?
El éxtasis y las fiestas
El MDMA, llamado popularmente éxtasis, se elabora a partir de anfetaminas. Se emplea con predilección en las fiestas rave, que suelen durar noches enteras. Los vendedores lo presentan como un modo seguro de sentir euforia y tener energía para moverse sin parar. En efecto, permite bailar horas seguidas, hasta caer en un estado descrito como “semejante al trance”. Una muchacha comentó sobre el gancho de esta droga: “La sensación comienza por los dedos de los pies, y poco a poco te va rodeando de calidez y amor a medida que te sube hasta la cabeza”.
Las tomografías de cráneo realizadas a usuarios habituales revelan que el éxtasis no es inofensivo, como afirman los vendedores. Todo indica que daña —tal vez de forma permanente— las fibras nerviosas del cerebro y reduce los niveles de serotonina, lo que puede ocasionar depresión y pérdida de memoria, entre otros trastornos, e incluso ha llegado a producir la muerte de varios consumidores. Para colmo, algunos vendedores lo mezclan con heroína a fin de enviciar a la clientela.
¿Son fáciles de conseguir?
En muchos países, los estupefacientes se han abaratado al aumentar la oferta, en parte por los cambios políticos y económicos. Sudáfrica constituye un ejemplo típico: el cambio político fomentó el comercio y los intercambios con otras naciones. Este hecho, unido al escaso control fronterizo, impulsó el narcotráfico. Además, al crecer el desempleo, miles de personas han comenzado a vender sustancias adictivas para ganarse la vida. Cuando estas abundan, se dispara la criminalidad. Según un informe periodístico, la policía vigila a los colegiales de la provincia sudafricana de Gauteng, en ocasiones niños de solo 13 años, porque muchos se dedican a tal comercio, y varias escuelas de la zona han instituido pruebas de detección de drogas entre el alumnado.
La causa fundamental
Aunque el consumo de estupefacientes obedece a múltiples motivos, todos ellos son tan solo síntomas de un problema más profundo, una causa fundamental a la que aludió el escritor Ben Whitaker: “La expansión contemporánea del consumo de drogas constituye un aviso sobre las debilidades y los fallos de nuestra sociedad, así como de la soledad y la desesperación reinantes: ¿por qué, si no, preferirían las drogas a la realidad un significativo número de personas talentosas y privilegiadas?”.
Esta buena pregunta destaca el hecho de que la sociedad actual, materialista y obsesionada con el éxito, no suele satisfacer nuestras necesidades emocionales y espirituales. Tampoco logran hacerlo la mayoría de las religiones, pues pasan por alto la causa fundamental de nuestros males.
Como explica el próximo artículo, para hallar la única solución definitiva al problema de la droga, primero hay que determinar dicha causa y actuar en consecuencia.
¿Es inocua la marihuana?
Varios países se plantean la legalización de esta droga, principalmente con fines terapéuticos. Se ha constatado que alivia las náuseas de la quimioterapia, ayuda a los enfermos de sida a superar la inapetencia y tiene propiedades analgésicas.
Aunque las conclusiones de los estudios están sujetas a debate, se han realizado diversas pruebas, expuestas en la revista New Scientist, que permiten conocer con certeza algunos de sus efectos nocivos.
La Universidad de Harvard comparó un grupo que consumía marihuana a diario con otro que no lo hacía tan frecuentemente. Aunque en las pruebas de inteligencia habituales los resultados apenas se diferenciaron, en una prueba de adaptabilidad los usuarios empedernidos obtuvieron puntuaciones mucho más bajas.
Otra universidad comparó durante quince años un grupo de consumidores de marihuana (tres o cuatro cigarrillos diarios) con otro de fumadores de tabaco (veinte cigarrillos como mínimo). Ambos registraron igual número de individuos aquejados de tos y bronquitis, y daños similares en las células pulmonares.
Aunque el primer grupo utilizaba muchos menos cigarrillos, cada uno de estos liberaba el triple de alquitrán que uno normal. Además, la citada revista señaló: “Los consumidores de marihuana inhalan más profundamente el humo y lo retienen por más tiempo”.
Por otro lado, las células inmunológicas de los pulmones de los usuarios de marihuana tenían un 35% menos de capacidad para combatir infecciones que las de los tabaquistas.
“TODO el mundo usa alguna droga.” A veces se recurre a generalizaciones como esta para inducir a los incautos a probar sustancias prohibidas. Ahora bien, si se aceptan algunas definiciones de droga, esta afirmación tiene su parte de verdad.
Una de ellas es: “Toda sustancia química, natural o sintética, con la que puede modificarse la percepción, el ánimo u otros estados psicológicos”. Sin duda, es una definición útil y amplia en el caso de las drogas de carácter psicoactivo, pero no abarca todos los preparados medicinales que se utilizan para tratar males físicos.
Basándose en la anterior explicación, el alcohol constituye una droga, cuyo riesgo estriba en el abuso, que obviamente va en aumento. Un estudio realizado en las universidades de un país occidental indicó que “el mayor problema que plantean las drogas en los recintos universitarios es la ingesta masiva de alcohol”, y que incurre en ella el 44% del alumnado.*
Al igual que el alcohol, el tabaco también se distribuye por vías legales, pese a contener un potente veneno: la nicotina. Aunque la Organización Mundial de la Salud cifra en 4.000.000 anuales el número de muertos que ocasiona, los magnates tabacaleros gozan de grandes riquezas y del respeto de la sociedad. Su producto, el cigarrillo, es muy adictivo, tal vez más que muchas drogas prohibidas.
En los últimos años, buen número de países han aplicado restricciones al tabaco, por ejemplo, en lo referente a la publicidad. Con todo, no son pocos los que siguen opinando que fumar es una actividad social aceptable, rodeada del halo de distinción con que aún la presenta el cine. Entre 1991 y 1996, el 80% de los protagonistas masculinos de las películas más taquilleras eran fumadores en la pantalla, según un estudio de la Universidad de California en San Francisco.
La ingesta masiva de alcohol es un grave problema en muchas universidades
¿Y las drogas “seguras”?
Aunque es innegable que las drogas medicinales, los fármacos, benefician a muchas personas, también se prestan a abusos. A veces los médicos las recetan en demasía o sin necesidad, tal vez presionados por el enfermo. Un facultativo comentó: “El médico no siempre se sienta con el paciente para descubrir la causa de los síntomas. Es más fácil decirle: ‘Tómese esta pastilla’ y dejar sin atender el problema principal”.
Hasta el abuso de los preparados que se expenden sin receta, como la aspirina y el paracetamol (acetaminofén), componente de marcas como Tylenol y Panadol, puede ocasionar graves problemas de salud. De hecho, más de dos mil personas mueren cada año a consecuencia de la mala utilización del paracetamol.
Si aplicamos la definición del principio, la cafeína, presente en el té y el café, es también una droga, aunque difícilmente la consideramos como tal cuando tomamos nuestra infusión matinal favorita. Así mismo, sería absurdo equiparar bebidas que gozan de aceptación social, como las anteriores, con la heroína u otras drogas duras; sería como comparar un gatito con un león. Con todo, el consumo habitual de más de cinco tazas diarias de café o nueve de té puede resultar nocivo para la salud, según indican algunos especialistas. Además, quien abandona de golpe el consumo excesivo de cualquiera de estas bebidas pudiera experimentar síntomas de abstinencia semejantes a los que tuvo un aficionado al té: vómitos, fuertes dolores de cabeza y sensibilidad a la luz.
Muchos creen que los cigarrillos y las drogas “recreativas” no hacen daño
¿Y las drogas prohibidas?
El empleo de ciertas sustancias en el deporte es un asunto mucho más polémico, como se destacó durante el Tour de Francia de 1998, en el que se expulsó a nueve ciclistas del equipo líder por haberlas empleado para potenciar su rendimiento. Los deportistas han encontrado distintos métodos para no dar positivo en las pruebas de control. La revista Time indica que algunos llegan a “‘trasvasarse orina’, es decir, inyectarse orina ajena ‘limpia’ en la vejiga mediante un catéter, procedimiento por lo general doloroso”.
Aún no hemos hablado de la enorme gama de drogas prohibidas que se usan con fines “recreativos”: marihuana, éxtasis (metilenedioximetanfetamina [MDMA]), LSD (dietilamida del ácido lisérgico, por sus siglas en inglés), euforizantes (estimulantes como la cocaína y las anfetaminas), sedantes (depresivos como los tranquilizantes) y heroína, por citar unas cuantas. No deben olvidarse los diversos inhalantes, como el pegamento y la gasolina, que son populares entre la juventud y, claro está, son productos legales y de fácil adquisición.
El estereotipo del toxicómano escuálido que se inyecta en un cuartucho no se ajusta siempre a la realidad, pues muchos drogodependientes siguen llevando una existencia bastante normal, aunque su calidad de vida resulta afectada a mayor o menor grado. No obstante, no podemos restar importancia al lado oscuro de las drogas. Un escritor señala que hay cocainómanos “capaces de ‘pincharse’ muchas veces en una sola sesión, con lo que convierten su cuerpo en una ruina sanguinolenta llena de picaduras y hematomas”.
Tras el aparente declive que se registró a fines de la década de 1980, el consumo de drogas ilegales vuelve a estar en auge en todo el mundo. La revista Newsweek hizo este comentario: “Las autoridades se ven abrumadas ante la avalancha del narcotráfico, el aumento en el uso de casi todo tipo de sustancias y la falta de fondos —e información— para contraatacar”. El periódico The Star, de Johannesburgo (Sudáfrica), indicó que las estadísticas oficiales revelan que “1 de cada 4 sudafricanos es adicto al alcohol o las drogas”.
El Instituto de Investigación para el Desarrollo Social, de la ONU, explicó que “los productores de drogas y los traficantes [...] se han organizado a escala mundial y han invertido buena parte de las ganancias en centros financieros que les ofrecen discreción y atractivos réditos. [...] Los narcotraficantes ahora tienen la opción de lavar el dinero sucio moviéndolo electrónicamente, con pocos controles nacionales”.
Además, parece que la cocaína pasa por las manos de muchos estadounidenses sin que lo sepan, pues la mayoría de sus billetes contienen residuos de este producto, según informa la revista Discover.
Lo cierto es que el consumo de drogas, sean ilícitas o no, ha ganado aceptabilidad entre el público, llegándose a considerar parte de la vida cotidiana. Ahora bien, dada la publicidad que reciben los peligros de los estupefacientes, el tabaco y el alcohol, surge una pregunta obvia: ¿por qué se sigue abusando de tales sustancias? Al tiempo que analizamos esta pregunta es conveniente que reflexionemos en nuestra propia opinión sobre las drogas.
Muchos creen que los cigarrillos y las drogas “recreativas” no hacen daño
En sintesis Las Drogas matan no las uses
informacion basada en Revista ¡Despertad! del 8 de julio de 2001
http://www.watchtower.org/s/20010708/article_01.htm
http://www.watchtower.org/s/20010708/article_02.htm