En el capítulo de hoy:
Stalkear.
Stalker: aquel que sigue, observa o rastrea los movimientos de una persona persistentemente, como consecuencia de una obsesión o fanatismo.
¿Stalker? ¿Yo? Estás en pedo. Yo no soy un stalker.
“Okey, sí, puede ser que cada tanto mire en qué anda, que muy de vez en cuando pregunte qué es de su vida, que cada tanto entre al perfil de la amiga, desde el Facebook de un compañero de facultad de otro amigo, que tiene absolutamente todas las fotos privadas, excepto un álbum, pero solo porque desde ahí entro al de su prima, y su prima cuando las sube no la etiqueta a ella, entonces puedo verlas.
Pero de ahí, a STALKEAR… hay diez kilómetros de distancia.“
Ajá. Nooo, obvio, no sos un stalker. Ni en pedo. No es que tenés un master en stalkeo. ¡Ni ahí! Nada más lejano a eso. Cero, eh. Vení. Vení que te doy un abrazo. Va a estar todo bien. Shhh, tranqui, va a estar todo bien.
Arranquemos de arriba. Si nos vamos a reconocer como unos enfermos mentales, mínimamente hagámosla bien: pronunciemos y escribamos bien la palabra. Nada de ES-TAL-QUER, nada de ES-TAL-QUEAR, nada de ES-TO-CKEAR. Escrito stalker, pronunciado ES-TO-QUER. Bien. Ya arrancamos con el pie derecho. Ahora, repetí conmigo: “Me quiero coger al que escribe esto“. Jaja, no, joda (bah, no sé si joda). Perdón. Repetí posta: “Soy un stalker.“ ¿Sentís eso? ¿Sentís esa sensación espectacular? ¿Sentís como la humillación lentamente recorre cada centímetro de tu cuerpo desde el momento en que aceptaste que estás haciendo algo increíblemente patético? Ufff. Es increíble.
No te juzgo, eh. Soy el menos indicado. Pero soy un recuperado de este pésimo hábito. Hace millones de años (¿millones?), el gran Mahatma Gandhi (¿eh?) dijo muy sabiamente “Si cuando terminás de stalkear no estás de mal humor o llorando, no stalkeaste bien.“ La realidad es, que “El que busca, encuentra“, por eso es mejor tener “Ojos que no ven, corazón que no siente“, y consecuentemente “Si tu viejo es zapatero, zarpale la lata.“
No. Dale, basta. Hablemos en serio. Dejá de mirar lo que hace. Cortala. Nunca te sirvió de nada, a menos que estuvieses buscando específicamente tener dolor de panza y un nudo en la garganta. Dejá de pensar que subió una foto de esa frase porque se acordó de vos. Dejá de subir temas escribiendo esa parte de la letra que te gustaría decirle pero no te animás, por si alguna puta vez en la vida se le ocurre stalkearte a vos. Dejá de comerte las uñas viendo a que hora se conectó por última vez en whatsapp, quién puso like en su foto de perfil, quién la agregó en Facebook, a quién sigue en twitter y a quién le gustó su foto de Instagram. Cortala. ¡TCH! Ey. Te dije que la cortes.
No tiene sentido que nos engañemos. Somos pocos, y nos conocemos demasiado. Me juego la vida que hasta tenés tu propia rutina personalizada de stalkeo, y pegame fuerte en la cara con un bondi si me equivoco: tu ex, tu ex ex, la minita a la que siempre le quisiste dar conga y tu actual. ¿Ves? No somos tan distintos, vos y yo, y no sé a vos, pero a mi la semana pasada se me escapó un like en una foto desde el Facebook y casi me inmolo cual talibán enojadísimo con Estados Unidos. Tomá el consejo de un golpeado: sacáte este mal hábito y empezá a vivir un poco mas liberado.
Stalkear.
Stalker: aquel que sigue, observa o rastrea los movimientos de una persona persistentemente, como consecuencia de una obsesión o fanatismo.
¿Stalker? ¿Yo? Estás en pedo. Yo no soy un stalker.
“Okey, sí, puede ser que cada tanto mire en qué anda, que muy de vez en cuando pregunte qué es de su vida, que cada tanto entre al perfil de la amiga, desde el Facebook de un compañero de facultad de otro amigo, que tiene absolutamente todas las fotos privadas, excepto un álbum, pero solo porque desde ahí entro al de su prima, y su prima cuando las sube no la etiqueta a ella, entonces puedo verlas.
Pero de ahí, a STALKEAR… hay diez kilómetros de distancia.“
Ajá. Nooo, obvio, no sos un stalker. Ni en pedo. No es que tenés un master en stalkeo. ¡Ni ahí! Nada más lejano a eso. Cero, eh. Vení. Vení que te doy un abrazo. Va a estar todo bien. Shhh, tranqui, va a estar todo bien.
Arranquemos de arriba. Si nos vamos a reconocer como unos enfermos mentales, mínimamente hagámosla bien: pronunciemos y escribamos bien la palabra. Nada de ES-TAL-QUER, nada de ES-TAL-QUEAR, nada de ES-TO-CKEAR. Escrito stalker, pronunciado ES-TO-QUER. Bien. Ya arrancamos con el pie derecho. Ahora, repetí conmigo: “Me quiero coger al que escribe esto“. Jaja, no, joda (bah, no sé si joda). Perdón. Repetí posta: “Soy un stalker.“ ¿Sentís eso? ¿Sentís esa sensación espectacular? ¿Sentís como la humillación lentamente recorre cada centímetro de tu cuerpo desde el momento en que aceptaste que estás haciendo algo increíblemente patético? Ufff. Es increíble.
No te juzgo, eh. Soy el menos indicado. Pero soy un recuperado de este pésimo hábito. Hace millones de años (¿millones?), el gran Mahatma Gandhi (¿eh?) dijo muy sabiamente “Si cuando terminás de stalkear no estás de mal humor o llorando, no stalkeaste bien.“ La realidad es, que “El que busca, encuentra“, por eso es mejor tener “Ojos que no ven, corazón que no siente“, y consecuentemente “Si tu viejo es zapatero, zarpale la lata.“
No. Dale, basta. Hablemos en serio. Dejá de mirar lo que hace. Cortala. Nunca te sirvió de nada, a menos que estuvieses buscando específicamente tener dolor de panza y un nudo en la garganta. Dejá de pensar que subió una foto de esa frase porque se acordó de vos. Dejá de subir temas escribiendo esa parte de la letra que te gustaría decirle pero no te animás, por si alguna puta vez en la vida se le ocurre stalkearte a vos. Dejá de comerte las uñas viendo a que hora se conectó por última vez en whatsapp, quién puso like en su foto de perfil, quién la agregó en Facebook, a quién sigue en twitter y a quién le gustó su foto de Instagram. Cortala. ¡TCH! Ey. Te dije que la cortes.
No tiene sentido que nos engañemos. Somos pocos, y nos conocemos demasiado. Me juego la vida que hasta tenés tu propia rutina personalizada de stalkeo, y pegame fuerte en la cara con un bondi si me equivoco: tu ex, tu ex ex, la minita a la que siempre le quisiste dar conga y tu actual. ¿Ves? No somos tan distintos, vos y yo, y no sé a vos, pero a mi la semana pasada se me escapó un like en una foto desde el Facebook y casi me inmolo cual talibán enojadísimo con Estados Unidos. Tomá el consejo de un golpeado: sacáte este mal hábito y empezá a vivir un poco mas liberado.