Color Esperanza
Fue hablando con mi amiga Natalia que me di cuenta. Quizás estuvo siempre en mi cabeza, pero de alguna manera nunca lo pensé de ese modo. Estábamos hablando de tomar mate juntos, creo. Y de un recital que podíamos llegar a ir juntos el fin de semana. Y ahí me di cuenta. Me di cuenta de lo similares que son para mi el reagge y el mate.
Puedo vivir sin tomar mate. Puedo vivir sin escuchar reagge. Más en estos tiempos que soy más amigo de la soledad. Pero estando con otra persona todo cambia. Nunca me preparo un mate para tomar yo sólo. Como que no tiene gracia. Natalia dijo algo así como “el mate es una forma de comunicar” y creo que tiene razón. Pero para una comunicación se necesitan por lo menos dos, es algo que solo se completa en el acto de dar sin esperar nada a cambio, ni siquiera un gracias que siempre llega tarde y es entendido como un “basta” o un “andá a cambiarle la yerba por favor”. Con el reagge me pasa igual. No me pongo a escuchar reagge sólo, como que no tiene sentido, como que solo sirve si tiene que ver con la unión con los demás. Es música para compartir, como se comparte una ronda de mates.
Puedo vivir sólo escuchando distorsión en mis oídos, puedo vivir tomando café. Pero cuando alguien más aparece algo me lleva a lo verde, y una bebida se transforma en esa unión y esa música en comunión con el otro.
Puedo vivir sin mate y sin escuchar a Bob. Pero siempre que alguien aparece siento que algo verde no puede faltar (y si el reagge es un color, es el verde). Un mate que prepara alguien o un reagge que, como ciertas amistades, vale más que el oro.
fuente http://escritoresqueno.blogspot.com/2008/09/color-esperanza.html