“Podés crear tu propio mundo, pero no esperés que John Lennon, Kennedy o Jesucristo vengan a ayudarte”.(grafitti que se encuentra en la entrada de la ciudad)
Bueno acabo de ver el de julubay y me vino a la mente un caso no se si decir similar pero si de importancia. Soy de la ciudad de Villa Gobernador Galvez , es una ciudad que queda junto a la ciudad de Rosario en la parte sur. En la esta ciudad hace unos años atrás para ser precisos fines de los 80 y principio de los 90 se dieron una serie de suicidios de adolescentes, que conmovió a todos en la ciudad. En dos meses se suicidaron nueve chicos. Por suerte esa tendencia pudo revertirse. Influyó el cordón de pobreza de la zona y la falta de horizontes. En pleno auge de Internet y la televisión globalizada, la brecha que hay entre lo que ofrece la sociedad de consumo y muchos sectores que no pueden acceder a esos placeres genera frustración.
Creo que para entender lo que paso en la cuidad lo primero que hay que saber es como es la constitución social y política de la misma, acá les dejo un articulo de un periodista rosarino Carlos del Frade donde se resumen muchas cuestiones de la ciudad y después un texto visto desde una perspectiva psicológica.
(haciendo click en las palabras rojas deriva a enlaces con mas info)
UN EJEMPLO DE LOS AÑOS NOVENTA
Carlos del Frade:
Casi dos millones de pesos dólares de los Aportes del Tesoro Nacional tuvieron como destino la ciudad de Villa Gobernador Gálvez, la cuarta en población de la provincia y la que desde hace más de una década es gobernada por el justicialista Pedro González, ex repartidor de Seven Up y hoy propietario, por lo menos, de cuatro campos por valor de 750 mil pesos dólares a nombre de su mujer. Villa Gobernador Gálvez, pegada a Rosario, como Santo Tomé a Santa Fe, ha sufrido en la última década un medio centenar de muertes violentas, muchas de ellas no esclarecidas, el surgimiento de leyendas urbanas que hablan de droga repartida desde el cementerio local y fue epicentro de por lo menos una de las muertes de diciembre de 2001. La denuncia de la diputada nacional del ARI, Alicia Gutiérrez, sobre estos fondos nacionales reavivan el interés por saber qué sucede en una ciudad que es simbólica de los años noventa: pauperización de la población, enriquecimiento de pocos, violencia y democratización de la droga y neofeudalismo político. He aquí una postal del realismo mágico y trágico de la Argentina menemista y delarruista y también de la provincia de Carlos Reutemann.
Casi dos millones en ATN
La intendencia de Pedro González recibió 1,7 millones de pesos dólares entre los años 1992 y 1998 en ATN, según denunció el viernes pasado la diputada nacional del ARI, Alicia Gutiérrez.
La legisladora le entregó pruebas a la fiscal federal de la capital provincial, Griselda Tessio, sobre el otorgamiento de fondos por 1,76 millones de pesos dólares a la Municipalidad de Villa Gobernador Gálvez durante el período que abarca los años 1992 a 1999.
"Cuando revisamos las planillas Villa Gobernador Gálvez figuraba con dos ATN: uno de 150 pesos en abril del 96 y otro en septiembre del 97 de 200 mil. Nos llamó la atención porque teníamos referencia de que esa ciudad había sido altamente beneficiada con los ATN. Pero en las planillas aparecen la entrega de partidas bajo el rubro «varios municipios», luego nos llegó un material complementario donde se detalla que Villa Gobernador Gálvez recibió desde el año 92 al 99 un total de 1,76 millones de pesos (dólares), desglosado en doce ATN que van de los 10.000 hasta los 400 mil pesos", señaló Gutiérrez.
Todos estos ATN fueron girados a la provincia y ésta, a su vez, los remitió a Villa Gobernador Gálvez, por lo cual "tanto el gobierno nacional como el provincial serían corresponsables en caso de demostrarse que existió alguna irregularidad", apostrofó Gutiérrez.
También destacó que el intendente González percibió desde 1998 a la fecha algo más de 3 millones de pesos dólares en concepto de Fondos del Conurbano.
"La sospecha es que muchos de esos fondos fueron usados para el financiamiento político", sostuvo Gutiérrez en diálogo con periodistas del diario La Capital.
La denuncia de la diputada nacional vuelve la mirada sobre una de las principales ciudades de la provincia conducida desde 1991 por un verdadero personaje como es Pedro González.
Si los ATN forman parte esencial de la urdimbre de la financiación política de los años noventa, todo lo que se generó alrededor de los dineros oficiales resulta emblemático para explicar el presente de la sociedad santafesina en su conjunto.
Lo que sigue son algunas imágenes existenciales de lo que ocurre en la que varias veces se denominó como la capital nacional del peronismo y pintan de cuerpo entero al intendente que tuvo la habilidad de construir su personalidad política como la del último peronista del ’45, no solamente entre los medios de comunicación amigos, sino también en la mayoría de los trabajadores de prensa santafesinos.
20 de diciembre de 2001
“Estaba parado frente a La Gallega, en la calle de la rotonda, sobre Avenida San Martín. Faltaban diez minutos para las cinco de la tarde. Era el jueves 20 de diciembre de 2001. La persiana del supermercado estaba cerrada hasta la mitad. Daba la sensación de que la gente ya había entrado y salido.
De un lado de la calle estaban los policías y del otro, la gente. Chicos, madres, hombres grandes y muchachos.
Hasta que empujan a las mujeres hacia delante.
Los milicos van a pararlas.
Hay forcejeos, piedrazos.
Hasta que suena la primera bala de Itakas.
Dos de esos policías desenfundan las pistolas nueve milímetros y empiezan a tirar. Uno para arriba, el otro le apuntaba directamente a la gente.
Me quedé congelado. En medio de la policía y la gente.
Pero había un solo grupo que tiraba, la policía.
Dos de ellos se me vienen, estaban vestido de negro. Me apuntan a la cabeza con la Itaka. Yo estaba saliendo al aire por LT 8. Le muestro la credencial de la radio.
-Cuidese - me dice uno de ellos.
El otro se caga de risa: “Vos sos como Dios, estás en todas partes”. Me lo decía porque me había visto en el Hospital Gamen donde trabajaba mi señora.
-No sabía que tenían balas de goma para las 9 milímetros -le digo en una demostración de estupidez, de candidez.
-A estos negros se los para con plomo o con nada -me contestó.
A espaldas mías, yendo hacia Arroyo Seco, antes de llegar a un baldío, está un garage de Martelli.
Ahí veo a un milico rubio de estatura mediana que con la culata de la 9 milímetros le rompe el ventilete a un Renault 4 y los obligó a bajarse a cuatro personas.
Mientras tanto los tiros siguen. No es un tiroteo, es casi un fusilamiento.
La gente se escapa hacia la zona del baldío, por una calle lateral.
Ahí la vi a Graciela Acosta. Ya estaba muerta.
A su lado una mujer gorda gritaba: “¡Fue ese hijo de puta!”, apuntando al rubio.
En uno de los muslos de la señora gorda había una bala.
-Acá la tengo -me la muestra.
Frente a la rotonda, del otro lado del supermercado, hay postes en donde la gente dejó las bicicletas.
Nunca vi tanta saña como la de la policía cortando las cadenas o las sogas con que sujetaban las bici y las estampaban contra el fondo de una camioneta. Era con un odio que nunca antes había visto.
Todo eso habrá durado media hora.
Llaman de la radio. Me dicen que Pedro González está repartiendo bolsas de comida en “Cotty”, en Filipini y Alvear.
Me llego y veo dos hileras, mujeres y hombres, y González saludando a los chicos y repartiendo papeles ya impresos de antemano. Ahí decía donde podían buscar las bolsas.
Lo sigo en el auto hasta la sede del Comando Radioeléctrico.
Le hago una primera pregunta y después siguen desde estudios.
Alcanzo a escuchar que González dice: “Yo tengo hasta sexto grado, pero todo esto lo hizo gente que estudió en Harward. Pero yo soy el responsable de todo lo que pasa acá adentro”, en relación a los límites de la ciudad.
Cuando llego al Gamen para ver a mi mujer y de paso saber qué pasó con tantas balas me entero que hay una persona muerta de paro cardíaco y Graciela Acosta que es reportada como herida. Nadie sabe quién era esa persona muerta, hasta el día de hoy.
A la madrugada siguiente cuando hago el relato de todo lo que viví en la ciudad, me llaman a la radio y me dicen: “Si querés seguir viviendo en Villa Gobernador Gálvez dejate de romper los huevos”. No le contesto.
Al rato vuelven a llamar.
-¿Entendiste? - me dice la misma voz.
Cuando yo llegué a Villa Gobernador Gálvez la gente que vino de Corrientes escuchaba chamamé, ahora en el bajo se escucha “La cumbia villera”.
La ciudad cambió.
Ya no es lo que era” (del testimonio del periodista Marcelo Nocetti, de LT 8 de Rosario, en una entrevista con el autor de esta nota).
El lugar
A orillas de las vías del Ferrocarril Central Argentino, ex línea Mitre, surgió la estación Coronel Aguirre, el primero de febrero de 1886.
Fue el ingeniero Enrique Mosconi, el 25 de febrero de 1888, el que terminó por fundar Villa Gobernador Gálvez. Hacia 1910, surgió Villa Diego, a ocho kilómetros de Rosario, sobre la línea Rosario - Puerto Belgrano. Los pobladores vivían, sufrían y soñaban a través del desarrollo del ferrocarril.
Hasta que llegó el Swift y con el frigorífico el lugar se convirtió en una pueblo de obreros. En la década del sesenta la ciudad ya contaba con 44 fábricas, entre las que se destacaban las de tejido y artículos de punto de lana, algodón o mezcla, una de papel, cartón y cartulina, siete industrias metalúrgicas, carnes elaboradas, establecimientos frutales, legumbres secas y en conservas.
El 12 de abril de 1962 Villa Gobernador Gálvez fue declarada ciudad.
Entre los años setenta y ochenta la población creció en un 64 por ciento.
Hacia 1986, una publicación oficial del Senado de la Provincia profetizaba que “a esta pujante ciudad, estrechamente vinculada al ámbito rosarino, hasta el punto de considerarse como un suburbio, le espera, indudablemente, un inmejorable futuro”.
Algo pasó
El último censo de población del año 2001 arrojó como resultado que Villa Gobernador Gálvez es la cuarta ciudad de la provincia con una población de 74.509 habitantes, con un crecimiento del 18,2 por ciento con respecto a la medición de 1991.
El futuro no fue el que se esperaba.
El Foro Memoria y Sociedad publicó en diciembre de 2000 el informe titulado “Víctimas del gatillo fácil en la provincia de Santa Fe” entre 1983 y 2000.
Allí si, en esa triste estadística, Villa Gobernador Gálvez ocupó el segundo lugar, detrás de Rosario.
En la llamada Cuna de la Bandera se registraron 75 casos, mientras que en ex ciudad ferroviaria y obrera se acumularon 15, uno más que en la ciudad capital.
José Alberto Salcedo, de 23 años; Hugo Daniel González, de 20 años; Mario Gustavo Miño, de 20 años; Gustavo Javier Monzón, de 20 años; Armando Ojeda, de 19 años; David Rodríguez, de 19 años; José María Rolón, de 20 años; Diego Sivila, de 19 años; Juan Alfredo Odi, de 23 años; Jorge Daniel Jiménez, de 24 años; Daniel Oscar Alvarez, de 26 años; Pablo Ismael Avalos, de 19 años; Jorge Capiaqui, de 24 años; Jorge David Carbone, de 21 años y Miguel Espíndola, de 23 años.
“Consideramos que estos casos, y otros del mismo tenor, afectan sensiblemente a todas las personas que habitamos este suelo, y deberían ser considerados de interés público ya que en definitiva atañen, además de los directamente perjudicados, las víctimas y su círculo de relaciones, a la sociedad en su conjunto”, dice el Foro Memoria y Sociedad.
“Es justo, por lo tanto, remarcar la postura de nuestro organismo, y la de otros de derechos humanos, contra la desmemoria y el silencio con el que se pretende cubrir todos y cada uno de estos casos. Consideramos que debería plantearse la posibilidad de participar activamente en las investigaciones tendientes a buscar la verdad y castigar a los responsables. Si bien la normativa vigente no faculta a quienes no sean directamente afectados a intervenir en las causas, la reforma de la Constitución permite que las instituciones con un interés legítimo tengan esa participación, situación que se ha planteado por ejemplo, con organismos de derechos humanos y asociaciones sindicales en los denominados juicios de la Verdad en varios distritos del país”, concluía el informe.
Los campitos del hombre fuerte del lugar
Las boletas de la Administración Provincial de Impuestos señalan que la señora Olga Cotteluzzi de González es propietaria de cuatro inmuebles y terrenos. Dos en la localidad de Rueda y los otros en Cepeda. Los cuatro están valuados en 726.273,83 pesos.
El inmueble Rueda, de fecha 29 de octubre de 1993, está tasado en 94.946,77 pesos; el primero de Cepeda, del 29 de junio de 1995, está valuado en 363.638,91 pesos; el otro en la misma localidad, fechado el 18 de diciembre de 1995, está cotizado en 94.946,77 pesos; y el cuarto es un terreno en Cepeda, de fecha 5 de diciembre de 1997, mensurado en 172.741,38 pesos.
Estas propiedades reflejan una curiosa evolución patrimonial de un hombre que comenzó siendo repartidor de “7 Up”, luego concesionario de los bares del túnel subfluvial Hernandarias y tres veces intendente de Villa Gobernador Gálvez.
Detrás de González
La evolución personal y política de Pedro González es paralela al desarrollo de la presidencia de Carlos Menem y al surgimiento y esplendor de la otra figura fuerte del peronismo provincial, Carlos Reutemann.
Pero su origen lejano a la militancia orgánica lo coloca más cerca del segundo que del primero, aunque los estilos sean totalmente diferentes. Reutemann y González cultivan formas comunicacionales distintas a la hora de llegar a la gente. Eso es evidente.
El ascenso en popularidad del intendente de Villa Gobernador Gálvez también tiene relación con la destrucción del peronismo como una herramienta política beligerante contra los sectores del privilegio y con la multiplicación de la desocupación como mecanismo de disciplinamiento social.
Sus formas de atención directa a la gente se vinculan más a los viejos caudillos conservadores que a los nuevos tecnócratas de escritorios. Pero su política impositiva, su doble discurso en lo que dice ser una cosa cuando en realidad es otra, lo convierten en un hombre funcional al sistema.
El otro yo del señor González es una figura en la que confluye el innegable apoyo popular y una clara ambición personal de crecimiento patrimonial.
Una típica postal menemista.
Un ejemplo del neofeudalismo del tercer milenio que todavía anida en esta Argentina crepuscular.
“Lo que no puedo permitir es la pelea de pueblo contra pueblo. Es todo necesidad. Se pelean por un sueldo de 160 pesos. Es una barbaridad. Una vergüenza. Yo soy igual que ellos. Salgo solo, no tengo guardaespaldas y estoy en contacto con la gente”, dice González, el último mito de un peronismo que hace rato no combate al capital.
El informe que llegó a manos de Elisa Carrió
El informe sobre la realidad de Villa Gobernador Gálvez que llegó a manos de los principales colaboradores de la diputada nacional Elisa Carrió, tiene su principio en la asunción de la primera administración de Pedro González, el 10 de diciembre de 1991.
Sigue una mención sobre los nueve suicidios adolescentes entre 1992 y octubre de 1993 y después comienzan los datos que ilustran distintos asesinatos. Un hombre de apellido Cavallero; el caso de Juan Marcos Berón, de solamente 20 años quien fuera asesinado en la cancha de Coronel Aguirre el 6 de agosto de 1998 y cuyo matador estaría en libertad; un recolector de residuos asesinado, presuntamente, por una mujer policía; se profundiza la crónica en el homicidio de Rubén Darío Osuna, ocurrido el 2 de mayo de 1999, en la que se menciona que el “Cordobés” Ruiz Díaz también terminó muerto, mientras que los señalados como potenciales cómplices “siguen delinquiendo, metiendo miedo, vendiendo drogas, consumiendo, asesinando, amparados por el poder político, la justicia y la policía”, remarca el relato.
Continúa el reporte con la muerte de Quiroz, en la que también estuvo vinculada Marta “La Chana” Bustamante, apareciendo como supuesto asesino Julián “Tomasito” Ortiz; se repasa la muerte de los trece detenidos en la comisaría 25ª; la muerte de un muchacho apodado “Falopita”; a mediados de 2001, fue asesinado Marcelo “Zorrino” Segovia de un disparo en la nuca y tampoco hubo sentencia.
El 18 de agosto de 2001 se encontró el automóvil Honda del empresario quilmeño Gabriel Pellado. “Once días después aparece el cuerpo sin vida del empresario en una alcantarilla cerca de la autopista por un camino que conduce al cementerio San Lorenzo”, dice la caligrafía del informe original. El 29 de setiembre del mismo año se suma a la lista de las muertes violentas, Rubén López, que presentó 33 puñaladas en su cuerpo.
El escrito sugiere que estos asesinatos fueron llevados adelante por gente vinculada a Miguel Angel Valor, quien fuera detenido en relación al caso Pellado, y que, según las fuentes informativas que nutren la presentación, es un hombre cercano al intendente Pedro González. También se le imputa conexiones con el negocio del narcotráfico, aunque no se ofrecen mayores pruebas, más allá de los dichos.
Luego viene una serie de párrafos sobre las supuestas propiedades del intendente y una descripción en torno a los negocios ilegales. “En toda la ciudad hay mesas de juego clandestino, máquinas, caballos, uno de los lugares más conocidos es el bar “El Reloj” -San Martín esquina Perón-. En esa esquina, cruzando la calle, está la heladería del popular “Fofo””, en cuyas cajas de leche, según sugiere el escrito se puede encontrar otro tipo de sustancia blanca. A veinte metros existe una sanwichería en la que uno de sus dueños, de acuerdo a la denuncia, comenzó a incrementar su patrimonio de manera inusual teniendo en cuenta que hasta el año 1996 era cobrador de una empresa de televisión por cable. Una postal que contiene el informe remite al “chico que reparte sanwiches no entiende por qué a él lo mandan por ejemplo a Villa Constitución a llevar un torpedo”.
Otra imagen digna del realismo mágico latinoamericano que figura en el dossier, sostiene que “la droga se distribuye en la ambulancia del Hospital Gamen y este trabajo lo hace un ambulanciero también implicado en el caso Pellado. La droga es guardada en el cementerio San Lorenzo, en algunas sepulturas y por supuesto con el consentimiento del jefe de seguridad” del lugar, dice el informe que también abunda en nombres y precisiones.
Hay una acusación directa contra los integrantes de las comisarías de la ciudad porque se entiende que si esta información es conocida en la comunidad necesariamente debería investigarse.
También se mencionan irregularidades en la distribución de los planes Trabajar a favor de ciertos amigos de la intendencia y de medicamentos que deberían llegar al Hospital y que terminan, según la presentación, en farmacias vinculadas al gobierno municipal.
Después de una hipótesis acerca del asesinato de Pellado en la que no se descarta el tema narcotráfico y poder político, la reflexión es que en Villa Gobernador Gálvez “todos saben algo o todo, pero nadie habla porque tienen miedo o porque los tienen agarrados con algún plan de 120 pesos”.
Más adelante se repiten imágenes que solamente la realidad contada a través de la historia oral puede despertar: “hay otro chofer de ambulancias del mismo hospital, “El Salteño”, que vive en Orán y vías del ferrocarril, y viaja a Salta a buscar droga. En una ambulancia del Hospital lleva un ataúd y si lo paran en algún control, muestra papeles como si llevara una persona fallecida”. Semejante cuadro no puede ser producto de la imaginación, sino de algún relato basado en hechos que, por lo menos, merecerían investigarse.
La nota termina con una serie de nombres sobre los cuales se pide una investigación para que la ciudad pueda vivir en otro clima social.
Fuente
El suicidio como epidemia:
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En pocos meses, desde mayo de 1989, en Villa Gobernador Galvez, provincia de Santa Fe, seis adolescentes se quitaron la vida, con instrumentos o armas que pertenecían a sus padres. Los motivos manifiestos de la decisión que conlleva el pasaje al acto suicida, contradecían el principio de proporcionalidad entre el efecto y la causa. Aunque como sabemos las mortificaciones recibidas en el presente seguramente activaron escenas traumáticas y recuerdos del pasado infantil aún no cicatrizadas, que los llevaron a un recurso desesperado.
La serie que expresa la desmezcla pulsional comunitaria se inició con la decisión suicida de una púber de 13 años, que se mató con un disparo al corazón en el baño del colegio al cual concurría, llamativamente la institución se llamaba “Nuestra Señora del Sagrado Corazón”. Otra de las adolescentes de 14 años, fracasó en su intento. La bala que se disparó rozó su sien. Se encontraba en su casa, a pocos metros de un hermano de 18 años, que convalecía de una herida de bala en su pierna. Según los padres fue atacado por “un policía de civil que andaba borracho, corriendo a los chicos y tirando tiros hacia abajo”. El padre, oriundo de Corrientes, migrado por razones laborales a Santa Fé, dice: “No tenemos explicación, yo tenía guardado el revólver pero no pensé que ella sabía adónde. Nosotros no estábamos. Estaba mi hijo de 18 que no puede trabajar y tiene que estar en la cama. Escuchó el tiro cuando estaba en el baño. Nosotros después nos encontramos con este cuadro. Así que estamos bien revolviditos, aunque esto no fue más que un susto”. Por su parte la madre comenta: “La nena decía que estaba cansada de la vida, que no quería vivir más, pero nosotros: ¿cómo le íbamos a hacer caso? Si le dábamos todo; si ella era la mimada de la familia”. Indudablemente la decisión del suicidio como final del conflicto psíquico, ante una situación que se considera sin salida, fue anunciada pero no pudo ser escuchada. Los daños autogenerados, habitualmente son una transacción entre el impulso suicida y las fuerzas que se oponen a él. En este caso, la mayor intensidad de estas últimas, determinó el fracaso del intento. Ante una entrevista periodística, la adolescente comenta al grupo de chicos que la rodean, “¿Vieron?, si no fuera por mí, ustedes no serían famosos [...] Yo no quiero hablar más, ya me canse de hablar; me hacen sentir mal cuando cuento”.
El último joven que integraba la serie de suicidios, tenía 15 años. Se disparó un tiro en la cabeza. Junto a su cuerpo se encontró un revólver calibre 22 y una bolsita que tenía pegamento. Una vecina del lugar afirma que “Ahora, no se ve tanto porque está más vigilado. Pero tiempo atrás, cualquiera veía al mediodía a los chiquitos en la plaza frente a la Municipalidad con las bolsas de pegamento o alcoholizados”. Como es evidente, el suicidio en algunos de estos casos no ha sido ajeno al consumo de drogas, aunque sin duda se trata de dos corrientes anímicas que pueden o no acoplarse. Sin embargo, en ambos casos la autoconservación se encuentra perturbada como efecto de la pulsión de muerte.
En la entrada de Villa Gobernador Galvez, se puede observar el siguiente graffitti: “Podés crear tu propio mundo, pero no esperés que John Lennon, Kennedy o Jesucristo vengan a ayudarte”. La retracción y generación del propio mundo, junto a la pérdida del sostén provisto por los ideales, probablemente no sean ajenos al incremento de las tendencias a la autodestrucción. A esta modalidad de muerte, Dolto (1988) la llama suicidio por “contagio” y la ilustra con diversos casos:
Plano: Comunidad de Texas en la cual se produjeron ocho suicidios de adolescentes en cuatro meses.
Omaha: “En menos de dos semanas, cinco adolescentes de la misma escuela de Omaha efectuaron intentos de suicidio: tres de ellos lo consiguieron”.
Fuente
“Podés crear tu propio mundo, pero no esperés que John Lennon, Kennedy o Jesucristo vengan a ayudarte”.(grafitti que se encuentra en la entrada de la ciudad)
pd: Perdon por poner pocas fotos es que no encuentro por internet. Vivimos mucho tiempo de censura.