Registrate y eliminá la publicidad! Red Menace #1 - Volume 1, Number 1 - February 1976 La amenaza roja fue publicada por el Colectivo Libertario Socialista entre 1976 y 1980. El colectivo al publicar la Amenaza Roja describió su orientación política de la siguiente forma: “ Queremos derrocar el sistema capitalista y construir un nuevo mundo en el cual la libertad y la creatividad puedan florecer, un mundo donde el pueblo tiene el control, en el cual el pueblo mismo dirija las cosas democrática y colectivamente. Un mundo libertario y socialista”. Red Menace #2 - Volume 2, Number 1 - Summer 1977 Esta dicho que “ nuestro propósito al publicar La Amenaza Roja es llegar al pueblo con nuestras ideas, desarrollar y clarificar dichas ideas, y darle a la gente la oportunidad de compartir sus visiones y experiencias a través de sus páginas...Pensar en la sociedad y cómo esta puede cambiar es algo que todos hacen. No constituye este ejercicio la provincia exclusiva de unos pocos teoréticos. Queremos que tanta gente como sea posible contribuya con nuestros reportes de noticias (newsletters). Red Menace #3 - Volume 2, Number 2 - Spring 1978 Estamos especialmente interesados en breves comentarios puntuales sobre problemas específicos; ideas, observaciones, etc. Un par de párrafos o una página que ofrezca una buena inmersión en un tema vale más que un largo y seco tratado que no dice nada nuevo. Tampoco su contribución tiene que ser “definitiva”: lo tentativo, lo exploratorio, es usualmente lo mas fructífero. Entre las cosas en que estamos interesados: artículos relacionados con donde trabajas, donde vives, donde compras, donde juegas. Artículos acerca de actividades políticas y organizaciones donde estás o has estado participando. Críticas y evaluación acerca de que está ocurriendo en la izquierda, en el movimiento de mujeres, en la sociedad en su conjunto. Poesía, observaciones acerca de la cultura, y de la vía cotidiana. Red Menace #4 - Volume 3, Number 1 - Winter 1979 Reseñas de libros. Trabajo artístico. Anécdotas reveladoras. Preguntas par alas que no tienes respuestas. Preguntas para las cuales sí tienes respuestas.” La amenaza roja apareció en formato de revista para los dos primeros asuntos de 52 páginas y 44 páginas respectivamente; los tres asuntos subsecuentes aparecieron en formato de tabloide, con 24, 32 y 16 páginas respectivamente. Artículos que aparecieron en La Amenaza Roja son gradualmente agregados a este sitio. Mira abajo para ver que artículos han sido posteados a la fecha. La correspondencia puede ser enviada a [email protected]. Colectivo Socialista Libertario. Fundado en 1973 como el Instituto Marxista de Toronto, la organización cambió su nombre al de Escuela de Liberación de Toronto en 1975 y a Colectivo Libertario Socialista en 1977. Han habido varios grupos sin relación y publicaciones con nombres similares, incluyendo otra “ Amenaza Roja”, una publicación de izquierda comunista, newsletter de partido anti vanguardia publicado en Londres, Inglaterra desde 1989 hasta 1990; un Colectivo Socialista Libertario en Melbourne, Australia entre 1976 y 1979; y otro “ Instituto Marxista” que emergió subsecuentemente en Toronto. Red Menace #5 - Summer 1980 La Amenaza Roja. Armas y la Mujer. Por Jeanne Charles. Uno de los síntomas de la debilidad del movimiento revolucionario hoy es que el mismo no ha alcanzado apun el punto de darle nacimiento a una expresión cualitativa y autónoma del concepto de mujeres revolcuionarias. Es sabido que el grado de desarrollo logrado por las fuerzas de negación en la sociedad existente encuentra su unívoca, decisiva y obvia manifestación en las relaciones entre hombres y mujeres revolucionarios y en la manera en la cual la relación directa y natural de las relaciones de los sexos es concebida. La división de roles de los sexos en la sociedad alienada, herencia de la sociedad feudal y de las primeras etapas de la sociedad industrial, puede ser esquemáticamente definida en la siguiente forma: “ la femeneidad concentra las tendencias antihistóricas de la vida alienada (pasividad, sumisión a la naturaleza, la superstición que le sigue a aquello, la repetición, la resignación), masculinidad y sus tendencias pseudoahistóricas ( un cierto gusto dregadado por la lucha, arrogancia, pseudo actividad, innovación, confianza en el poder de la sociedad, racionalismo). Femeneidad y masculinidad son los dos polos complementarios de la misma alienación. En la sociedad industrial moderna, estos dos polos tienden, al perder sus bases materiales, a mezclarse uno con el otro para constituirlas características específicas del proletario moderno, donde las diferencias entre sexos estén menos y menos marcadas. En todas las épocas, y de acuerdo a la naturaleza de dichas épocas, hombres y mujeres nunca han constituído dos tipos puros. Sin importar su sexo, los individuos unen, de varias formas, las características del carácter y comportamiento de los dos sexos. Sin embargo, la femeneidad ha sido hasta ahora siempre la característica dominante de la alienación de la mujer, y la masculidad, aquella del hombre. Pero fundamentalmente, son las características de la vieja femeneidad las que reaparecen en el presente en la pasividad generalizada del reino de la economía moderna, aunque la femenidad y la masculinidad, liberadas de sus raíces materiales, son recapturadas aridamente y usadas indiscriminadamente por los dos sexos, como modelos de afirmación espectaculares. Mientras en la sociedad alienada mujeres y hombres se encuentran cda vez más en un plano de igualdad (excepto en los casos donde el patriarcado aún prevalece) porque la mujer no puede encontrar en su acompañante masculino- quién está tan desarmado como ella- un admirado y poderoso protector; en el movimiento revolucionario moderno, en contraste, la mujer comienza a ser agudamente confrontada con su vieja femeneidad de cara a la dominación de cierto prestigio teorético. En razón que para el individuo que no está involucrado en actividades teoréticas, la teoría aparece como una “habilidad para escribir”, para “pensar”, un producto de la inteligencia, una creación individual llena de misterio. Este es el efecto espectáculo: el fetichismo de la teoría para aquellos que se encuentran a sí mismos fuera de ella. La mujer usualmente se encuentra forzada a admitir que “aún no ha podido escribir nada” y que ella no ha tenido un rol activo en la elaboración de la teoría revolucionaria, en aparente contraste con ciertos hombres que ella ve. En asuntos concernientes a la teoría, su primer impulso es confiar en los hombres, quienes al parecer de ella están mejor calificados. Termina desconfiando entonces de su propio pensamiento, paralizada por criterios externos. Cuando sucede que ella penetra terrenos inexplorados, avanza poco, pensando que si no ha sido hecho antes, fué porque no valía la pena dicho emprendimiento. Su pensamiento, cuando a pesar de todas las cosas que ella maneja para tener algo, se queda como una letra muerta: la mujer nunca por su propia cuenta sigue a través de las concecuencias prácticas de su pensamiento. Usualmente, juzga a un individuo muy rápidamente, haciendo una critica pertinente y preceptiva, aún antes que su amigo varón o sus amigos; pero en su pasividad ella para allí. Cuando de consecuencias prácticas se trata, se esconde tras el hombre. Sus reflexiones y sus críticas son hechas en privado, dejando a la masculinidad atender con las cuestiones de poner todo aquello en práctica. Pero de aquella manera ella se priva a si misma de una comprensión directa de su ambiente social; ella nunca dirctamente influencia nada y por esa razón no puede convertirse en una teórica. Para la teoría es la crítica de la vida diaria; es la operación de cada conducta individual conducida en su vida diaria; es la sucesión de renovadas y corregidas intervenciones en relaciones con otra gente ( el cual es un terreno efectivo de la alienación) y, las sumas de la misma cosa, son series de intervenciones en la sociedad. La teoría es asumir la transformación revolucionaria que implica que el teórico individual acepta su propia ininterrumpida transformación. La teoría entonces descansa en la comprensión de y la acción sobre bloques ( individuales y socio históricos). Sí los hombres tienen un aparente preponderante lugar en el movimiento revolucionario, es porque muchos de ellos ingresan a la lucha revolucionaria con los carácteres característicos de la masculinidad – esto es decir, en realidad, con tan pocas aptitudes como las de las mujeres, y con la misma complacencia inconsciente en relación a sus caracteres característicos, de la misma manera que las mujeres los tienen con su femeneidad – los cuales pueden crear ilusiones, ya que la práctica de la teoría demanda imaginación, luchas reales, confianza en uno mismo y en el poder del individuo, aptitudes; las cuales el carácter masculino posee en una forma degradada. Para convencerse a uno mismo de esta miseria oculta del movimiento revolucionario moderno, basta con notar que la femenidad no es permitida de existir en el mismo sin el acentimiento de la masculinidad, o por lo menos no será tolerada por mucho tiempo. La pasividad femenina tiene como reversa cara de la moneda al activismo masculino. Y hasta el momento, es primariamente la pasividad lo que ha sido notado, porque esta es, la mas flagrante contradicción de un movimiento fundado en la autonomía de los individuos. Las mujeres son colonizadas por el espectáculo de la teoría de manera tal que son totalmente exteriores a la misma. Y no es el ejemplo o la intervención del hombre, ellos mismos ampliamente colonizados por este espectáculo, lo que puede precipitar la demitificación de la mujer, lo que puede hacerlas comprender in vivo que es la teoría. Por consiguiente, la pasividad de la mujer tiene que ser criticada, no superficialmente porque no escriban o no sepan como expresarse autónomamente, pero criticada en la raíz, porque no tienen ninguna eficacia directa o práctica; notablemente en su relación con los otros. Igualmente, no tiene que ser suficiente para el hombre “ expresarse a si mismo” abstractamente. Sus escritos y su pensamiento tienen que tener efectos concretos. La masculinidad y su activismo no tiene que tener nunca mas como su complemento a la femenidad y su pasividad. Hay una obvia complacencia presente en la mantención de aquellos roles. El individuo alienado no es muy dado a rastrear en la raíz el porque de sus represiones, y ya que la masculinidad y la femeneidad se presentan como complementarias, tienen la solidez de los fenómenos naturalel e inevitables. En la negación a combatir estos roles, allí subsiste de hecho la aceptación global de la sociedad alienada. Aquellos que se declaran revolucionarios dicen que quieren cambiar el mundo y sus propias vidas. Pero en realidad estos individuos esperan esperanzadamente que ellos serán cambiados por la revolución. Entonces permanecen cual individuos pasivos, listos para adaptarse a sí mismos, si es que lo tienen que hacer, pero fundamentalmente temen a todo cambio. Son ciertamente lo opuesto de los situacionistas. La resolución de las deficiencias de la práctica revolucionaria en el comienzo de la nueva época ahora pasa directamente a través de la resolución de las deficiencias de la mujer revolucionaria; lo cual es decir, también a través de la suppercession ( superación?)de una cierta y limitada práctica masculina que hasta ahora se ha ido acomodando a esas deficiencias y al mentenimiento de las mismas. Es un objetivo urgente para la crítica de la vida cotidiana destruir definitivamente la inequidad de los sexos en la actividad revolucionaria; esto es decir, destruir los respectivos roles los cuales ambos sexos establecen en la vida alienada, las estructuras de caracteres de femenidad y masculinidad y las limitaciones que estos imponen en la experiencia revolucionaria. Hay dos tipos principales de mujeres en el movimiento revolucionario: el mas numeroso en el presente es el de la mujer que entra con un protector. Son admitidas dentro del mundillo revolucionario con las caracteristicas de la femeneidad, porque justamente son presentadas al grupo por hombres. En el otro tipo estan las mujeres que se presentan a sí mismas: son admitidas como resultado de un pasado prestigioso en el cual participaron en, o por una, ideología la cual asimilaron bién. Este último tipo es admitido con las caracterísitcas de la masculinidad, como si fuesen hombres. Algunas de estas mujeres no dicen absolutamente nada en público, contentándose con hacer observaciones en privado que de otra manera nunca se animarían a hacer; o abren sus bocas excepto en respuesta de el tipo de preguntas fútiles que son creídas como las únicas que ellas pueden responder; o, nuevamente, arbitrariamente arrastradas a “ discusiones teoréticas”, ansiosamente mirando las mismas con el rabillo de su ojo, buscando la aprobación de su protector, donde no osarían admitir su ignorancia en la materia de debate, enredándose en la confusión de sus pensamientos, o reptiendo algo que escucharon decir a la vez sus dificultadas en el dominio del tema les parece vergonzoso; otras directa y abiertamente mostrando sus insuficiencias, encontrando excusas respecto a sus dificultades para escribir – aunque solo en el escribir, como una inexplicable calamidad- implicando que a pesar de eso ellas piensan admirablemente; o quizás reconocen en esto un defecto femenino, y se arropan verbalmente como protegidas, suponiendo que su honestidad las guarda de mayores y directas críticas; incluso aún otras se expresan a través de demostraciones agresivas dirigidas a los hombres, para mostrar que no estpan bajo el pulgar de ningún hombre y que piensan autonomamente. Cada vez, es su colonización por, el espectáculo de la teoría que paraliza a la mujer. Entonces, en el fondo las únicas relaciones que quedan como correspondientes a las mujeres son las relaciones amorosas. Allí ellas ostentan su sensibilidad, despotricando en privado contra la teoría en tanto algo abstracto y frío, y entronando las “relaciones humanas”. Usualmente a las mujeres se les reconoce tener mayor sensibilidad y sutilidad cuando se trata de juzgar a las personas. En adición, los hombres, teniendo cierta mínima exigencia práctica, son considerablemente mas prudentes cuando se trata de hacer críticas que tendrán consecuencias prácticas. Prefieron admirar a su compañía femenina por tal capacidad, la cual ellos declaman poseer pero en un grado menor – tienen que reprimir dicha capacidad- y entonces justificar su relación con dicha mujer: la pasividad y la no existencia pública de la mujer tiene que ser compensada por una mayor riqueza oculta, y la justificación monogámica de la pareja es esta complementareidad entre el hombre y la mujer. Si la sensibilidad es aún un atributo de la femeneidad, lo és porque la teoría no es comprendida por lo que es, en tanto los hombres son considerados como los teóricos que no tienen sensibilidad; mientras que de hecho la teoría incluye una aplicación práctica de esta sensibilidad y esta sutilidad. El movimiento revolucionario moderno tiene que destruir esta oposición de placer/actividad, sensibilidad/lucidez, concepción/ejecución, hábito/innovación, etc. La oposición femeneidad/masculinidad corresponde a otro estadío del desarrollo humano. Los individuos colonizados por el espectaculo de la teoría revolucionaria son en realidad colonizados por la necesidad de aparecer autónomos, son sujetos de aparecer. Mientras que la teoría siga siendo comprendida como un producto de le inteligencia, como la facultad individual de “pensar” y de “escribir” y en tales términos, como una posible fuente de prestigio personal, los hombres querrán continuar “expresándose ellos mismos” a toda costa y la mujer lamentará no poder ser capaz de imitarlos. Es ahora un asunto de comprender la teoría por lo que la teoría es. Es escencial que las mujeres (y los hombres) no sigan aceptando los actos de uno en oposición a las palabras del otro, y no sigan aceptando la existencia de criticas sin consecuencias. Es escencial para restaurarle a la subjetividad todos sus derechos dándole un seguimiento práctico a la misma. Ninguno debería ser capaz de ser lúcido ante los otros sin ser lúcido acerca de sí mismo, o lúcido acerca de sí mismo sin serlo ante los otros. El movimiento revolucionario moderno tiene que volverse invivible para la masculinidad y la femeneidad. Tiene que juzgar a los individuos respecto a sus vidas. ( It must judge individuals on their life). Cita :http://www.connexions.org/RedMenace.htm
La amenaza roja
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