InicioParanormal¿Alguna vez quisiste no estar vivo? cp4
"Hay que vivir como se piensa,
si no se acaba por pensar como se ha vivido."


Capítulo IV: A pesar de todo, aún sentimos


Creímos que ya todo estaba perdido. No nos servía de nada seguir viviendo ambos, no podríamos poblar un mundo lleno de muertos. Ya no sería vida, aunque antes de que todo pasara, quizás no teníamos una.
Vimos a esa gran manada de infectados a lo cerca, ya que el hospital estaba sólo a una calle de la escuela, y estuvimos a punto de perder todas las esperanzas que nos motivaban.
De pronto oímos las voces de César y Valentina a lo lejos. Estaban en el centro donde hacían eventos y tenían una losa de recreación deportiva. Habían llegado hasta allá sin motivo por el cual podríamos imaginar.


-¡Estamos bien! – Vociferó Vale – Quédense allí, nosotros no podemos salir de aquí, Fabiana está en la puerta y no nos deja hacerlo.-


Pensé de pronto quetenía razón. Fabiana había cedido y se había convertido ya en uno de ellos.
Valeria y yo nos dispusimos a pasar la calle a hurtadillas para no llamar la atención. Pero un estruendoso balazo nos detuvo a medio camino. Al parecer César tenía un arma en la mano, y se le había disparado sin querer. Luego sólo vimos como toda la manada de infectados hambrientos y furiosos nos miraban con recelo.


Ellos entraron rápidamente al mini coliseo donde se daban las conferencias, y nos miraron preocupadamente. Como pudimos, Valeria y yo reaccionamos y dimos media vuelta,pero antes de llegar a la calle de la escuela, me detuve y logré decir – ¡Espera!, no son tan rápidos, aún tengo tiempo – Corrí de vuelta al lugar donde ellos se encontraban y lancé la pequeña mochila que tenía conmigo - ¡Escóndanse!,estaremos bien, vendremos ni bien pase esto… y véndate la herida con algún polo que encuentres. – terminé de deletrear y corrí hacia Valeria, fuimos directo a la escuela me la detuve del codo y le reclamé - ¿A caso pretendes pasar lo de ayer?, vamos a la casa que encontramos –asintió y me siguió los pasos.
Llegamos tan rápido como pudimos, y por lo que vimos no nos llegaron a asechar, y tampoco a ellos.Tuvimos la plena confianza de que estarían bien. Ellos eran el único motivo por el cual seguíamos luchando para vivir.


Ya dentro descansamos en los cómodos muebles acolchonados. Algo más tranquilos, pero igual,angustiados.
Tenía tantas preguntasen mi cabeza, y una de ellas era cómo habían obtenido esa arma, o también, qué había pasado exactamente para que llegaran a meterse allí.
Aún no era de noche.


Me senté al costado de Valeria, que ahora estaba algo sensible, y la abracé tratando de calmarla un poco.
Nunca me había sentido atraído por Valeria, ella siempre fue mi amiga desde el primer momento en que la conocí, pero sólo la vi de esa forma.


Aquél instante en que la tomé en mis brazos, pareció que prendió una pequeña llama en nosotros.Estábamos solos, sin que nadie nos diga que está bien o está mal. El silencio se mantuvo durante horas.
Llegada la noche, luego de trabar la puerta, juntamos los muebles y nos dispusimos a dormir juntos,pero ambos sabíamos qué queríamos en ese instante. A pesar de todo lo que había pasado, seguíamos siendo simples humanos, con sentimientos y tentaciones.
Esta solos nos hizo caer puerilmente en el goce con el otro.
Tuvimos sexo mientras afuera se oían aún gritos de algunas personas que seguían vivas y agonizaban de dolor.
Nunca se me pasó por lamente tener sexo en una situación así, es decir, mientras veía a los demás morir. Pero el deseo pudo más que nuestro pudor, que nuestro asco hacia aquella infección. Encontramos preservativos en uno de los cuartos, y los usamos.Jugamos como niños durante horas, y luego de que todo acabó, prometimos no contárselo a los otros, sería sólo un secreto entre los dos.
Pasada la noche tomamos aún las patas de las mesas que conseguimos en la escuela.
Nos fijamos por la rendija, y ya todo había pasado. Las calles estaban desiertas una vez más.
Aprovechamos el momento y corrimos hacia el centro donde ellos estaban. La escuela, el hospital… era como si todos esos infectados hubieran encontrado otro lugar donde estar.
En la puerta ya no se encontraba Fabiana, así que supusimos que se había ido con el resto.
Entramos en el mini coliseo y los encontramos allí. Tenían la comida y las bebidas con ellos.
Ambos se veían algo cansados, y Vale tenía la herida cada vez más fea.


-El hospital está vacío, deberíamos entrar y curar tu herida antes de seguir – dije algo preocupado
-¿Seguir a dónde Benjamín? ¿No te das cuenta que no tenemos a dónde seguir? –señaló Vale algo acuitada.


La levanté de en peso y la llevé hacia la casa.
Esta vez me quedé con ella, mientras César y Valeria fueron al hospital. Llevaron consigo el arma, yl as patas de las mesas, nuestra única defensa.
-¿Cómo ha pasado?, o sea, ¿cómo llegaron al centro y cómo consiguieron el arma? – le pregunté mientras esperábamos a los otros.
- Todo ha pasado tan rápido…- hizo una pausa, y luego empezó el relato – Ni bien se fueron, a los pocos minutos Fabiana dejó de respirar, yo la sostenía en ese momento. César me dijo que la soltara, pero no quería dejarla morir, ella murió por mi culpa, si no hubiera regresado… - la miré con tristeza, a pesar de que quería consolarla,tenía razón. La dejé continuar sin decir nada. – no me lo voy a perdonar… luego de eso, César la puso al final del aula. Comimos algo, y dormí un poco. Cuando desperté, César no estaba, y habían abierto la puerta, sólo dormí por unos minutos, no pasó mucho tiempo. Salí y estaban forcejeando, Fabiana tenía a César del cuello queriendo morderlo,mientras que él hacía su mejor esfuerzo por impedirlo. Tomé una pata que habíamos roto de las mesas y la golpee en la cabeza, César se levantó, pero el ruido alertó a los demás infectados. Corrimos hacia afuera, fuimos por la calle que ustedes dijeron irían y no los veíamos por ningún lado, le dimos la vuelta a la escuela y tratamos de ir al hospital, ellos no seguían muy lentos. Había un guardia en el suelo, tenía sus llaves y las tomamos. Abrimos la puerta del hospital, y encontramos a un hombre que había sido mordido, pero aún vivía. Él tenía el arma en la mano, imagino que era del guardia, había cerrado el hospital para que no saliera ningún paciente. Nos gritó que huyéramos lo más lejos posible, que había sido mordido y no quería hacernos daño. César intentó acercarse, pero el sujeto se disparó… - hizo una breve pausa, como si le apenara la muerte de ese tipo.
- bueno, luego de eso – continuó el relato – escuchamos como rugidos en los pisos de arriba, miramos hacia afuera, y había ya algunos que se acercaban por donde habíamos venido, fui hacia el señor y tomé el arma, mientras César me miraba sin reaccionar muy bien, luego le dimos la vuelta al centro de esparcimiento, vimos una gran cantidad de esas cosas hacia las calles que lo rodeaban. Cuando pudimos llegar a la reja del centro, encontramos a Fabiana que estaba en la esquina de la calle,dirigiéndose hacia el ruido de la bala, pero nos vio y nos persiguió, como trotando, entramos al centro y cerramos la reja atrancándola con ambas patas de mesa que teníamos y nos quedamos quietos en la puerta del mini coliseo.Anduvimos allí hasta que los vimos y los llamamos.- terminó con un leve suspiro.
El tiempo se nos hizobastante corto, ya era algo tarde, y ellos aún no regresaban.


-¿Qué pasó cuando nos fuimos y ellos se acercaban hacia ustedes? –pregunté, acordándome en ese momento de cómo los dejamos allí.
- Bueno, entramos al mini coliseo y lo cerramos por dentro con las bancas que habían. Me sirvió bastante las ropas que había en la pequeña mochila. Nos arropamos con ellas y me hice un nudo en la rodilla como me lo dijiste.Escuchamos, mientras ellos se acercaban más a donde estábamos, el ruido de una camioneta que pasaba de pronto, y eso les ahuyentó por el momento, luego de eso escuchamos que pararon, no sabemos por qué lo hicieron, pero cuando echamos un vistazo ellos estaban parados en medio de la pista, eran dos, un hombre y una mujer, creo que llevaban a un niño en las espaldas. Corrieron a lo largo pero habían más que se acercaban por el ruido del disparo, así que los atraparon…fue algo horrible… se los comieron a los tres... – derramó unas cuantas lágrimas mientras narraba esa parte.


Me sentí bastante impotente, e inútil. Si no me hubiera golpeado, si hubiera sido más fuerte,hubiéramos vuelto a tiempo y nada de esto hubiese pasado.


Me topé con una palabra de pronto, pensé que habíamos encontrado una forma de salir de la ciudad e ir adonde podamos encontrar ayuda, ella lo había mencionado, una camioneta que dejaron atrás, tal vez porque se quedaron sin combustible, sólo necesitábamos llenarla e irnos de aquel lugar, pero teníamos que estar completos, y César ni Valeria habían vuelto.


Llegó la noche, nos la pasamos conversando de algunas anécdotas de los años pasados. Estábamos angustiados cuando se ocultó el sol, y tuve que ir a buscarlos. La dejé dormida, habiéndole dicho antes que iba a buscarlos. Ella estaba muy cansada, y parecía que le estaba dando algo de fiebre.
Cerré la puerta poniéndole llave, y salí entre las sombras de la noche. Corrí y rodee la escuela hasta llegar con cautela al hospital. Había algunos infectados en la puerta. Pude ver desde lejos la camioneta de la que me habló Vale, pero aún no era el momento adecuado para ir por ella. Distraje a los infectados con un par de gritos leves, hasta que me siguieron, le di la vuelta a la escuela de nuevo,y ellos como idiotas lo hicieron también, ganando bastante tiempo. La puerta del hospital estaba abierta, entré en ella y empecé a mencionarlos con golpes débiles de garganta.


Subí al segundo piso y encontré a César en el suelo, estaba inconsciente. Mencioné un par de veces más el nombre de Valeria, pero no había respuesta. Puse a César en una camilla, ya que eran cuartos para pacientes en aquel pasadizo. Le quité el arma que llevaba y cerré la puerta, era la única que estaba cerrada. Me adentré más en el hospital, subí así dos pisos más, de los cuatro que tiene, pero no encontraba a Valeria. El último piso era de servicio, sólo podías entrar con la llave de los trabajadores de limpieza. Toqué un par de veces, y esta vez sí tuve una respuesta, Valeria se había quedado atrapada dentro. Me gritó que el cerrojo se rompió por el forcejeo que tuvieron con el tipo que se había disparado antes y había vuelto a levantarse. Me dijo que César se cayó y se golpeó fuerte la cabeza contra una puerta abierta, y que ella había guiado hasta ese cuarto al tipo para que no le hiciera daño, cerró la puerta por si ella moría, no quería matar a César y sabía que íbamos a buscarlos si demoraban. Mientras yo trataba de romper la puerta ella me seguía contando lo que pasaba, al parecer ya dentro, golpeó al infectado contra un vidrio que se rompió y le pudo clavar uno de los pedazos en la cabeza, luego de eso lo levantó y lo empujó por la ventana, pero ella ya se había quedado atrapada dentro. La única forma de sacarla era con la llave, o disparando el cerrojo, pero era una mala idea,estábamos en el cuarto piso, era como suicidarnos, ya no tendríamos tiempo de bajar, pero la idea de encontrar a alguien de servicio que tenga la llave, era algo un poco imposible.


Dentro del cuarto de servicio debía haber algún martillo o algo con qué golpear la puerta. Se lo pregunté pero ello no encontraba nada.
Le indiqué que esperara mientras buscaba algo con qué romper la puerta. Se hacía más de noche aún.
Sin extintores o martillos con los que pueda romper el vidrio de alguna manguera. Se lo habían llevado todo. No sé por qué algo me decía que en el cuarto de servicio había algo así. Pensé en la ventana rota por la cual cayó aquel infectado, y se me ocurrió una loca idea, tal vez podía funcionar, o tal vez podía terminar como aquel infeliz.
Subí al tercer piso y abrí la ventana de un consultorio que quedaba justo debajo del cuarto de servicio. Puse el arma en uno de mis bolsillos y empecé a escalar cuesta arriba,me ayudaba de las tuberías de agua que sobresalían. Trataba de no mirar abajo, y concentrarme en llegar al cuarto piso.
Los vidrios rotos me hincaron la mano cuando pude alcanzar la ventana, casi pierdo el equilibrio,pero me sostuve lo suficiente.


Entré sin ayuda ya queValeria estaba muy asustada con lo que había ocurrido.
Me miró alegremente y me abrazó fuerte. La calmé y la senté a un costado de la puerta, mientras buscaba algo con qué salir de allí. Había una caja justo encima de la repisa más alta, la logré tumbar al suelo y cayeron martillos, alicates y tuercas.¡Bingo!


Rompimos la puerta a combazos y nos llevamos la caja con nosotros. Bajamos rápidamente por César, al parecer nos escucharon de afuera y pudimos ver por las ventanas que los infectados se acercaban de nuevo. Tomé los medicamentos que pude del botiquín y de la mesa de noche que había en aquel cuarto para pacientes, los puse en la mochila de César y Valeria hizo lo mismo con algunos otros cuartos, pero no conseguimos mucho, ya todo estaba depredado.


Bajamos y salimoscorriendo del hospital. Se nos acercaban de todos lados.
Le di la llave de lacasa y le dije que esperara un poco, mientras los distraía y podía llevar aCésar a salvo.
Tuve la atención de la mayoría y los llevé a dar un paseo, corrí calles arriba alejándome del hospital y de la escuela, mientras veía a lo lejos cómo ellos se ponían a salvo.
Corrí en círculos hasta llegar de nuevo al centro de esparcimiento, conocía muy bien el lugar, y era bastante rápido, así que los pude dejar atrás y les llevé algo de ventaja. Pasé por el costado derecho de la camioneta, que estaba abierta y tenía las llaves puestas. Entré en ella, pero era lo que me suponía, se había acabado el combustible.


Saqué las llaves apresuradamente cuando una voz angelical me habló a espaldas.
-¿Tú no eres como ellos verdad? -





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