El pueblo puede aguantar la opresión hasta un cierto punto límite y, a partir de ahí, lo que ocurre son las revoluciones, aunque estas no se producen de un día para otro. Lo que estamos observando con los movimientos sociales en los países árabes y los ataques de grupos hacktivistas como LulzSec y Anonymous es una consecuencia lógica de como están las cosas en todo el mundo y de lo que muchos, muchísimos, consideran una traición de la clase política y del gran empresariado. No voy a lanzar un discurso izquierdista radical en contra del gran capital, las políticas neoliberales y el sufrimiento que padece la clase obrera, pues poco importa lo que piense yo, si no lo que piensan miles de personas ahí afuera. Tampoco voy a meterme con ningún gobierno (eso ya lo hago en mis ratos libres fuera de esta publicación dedicada a las nuevas tecnologías y al impacto social que estas tienen), aunque sí voy a hacer referencia a lo que piensan muchos de sus ciudadanos y las acciones que emprenden, en muchos casos con Internet como foco de intercambio y propagación de ideas. Lo que está pasando desde esta semana con Anonymous y LulzSec (la operación de ataques cibernéticos Anti-Security) era lógico y esperable: muchas personas en todo el mundo están hastiadas de la situación económica y política en la que están viviendo, y deciden tomar cartas en el asunto de alguna forma, en la medida que pueden. Hace unos siglos, en unas sociedades mucho más militarizadas, las armas no eran tan extrañas para muchos, así que cuando veían llegado el momento de utilizarlas, lo hacían. Pero, hoy en día, la violencia está en declive, el concepto mismo nos asquea a muchas personas, y además sabemos que todas las guerras y revoluciones provocan víctimas inocentes, las que hoy se llaman “colaterales”. Pero la pregunta persiste ¿qué hacer, como atacar de otra forma? Replanteemosla a ¿qué importa a los que yo veo como culpables que yo pueda asaltar? La respuesta, para aquellos a quienes nos gustan las nuevas tecnologías, es muy obvia: la información y los servicios. WikiLeaks ha sido un buen ejemplo: ha atacado a los Estados Unidos (además de otros gobiernos, pero este con especial fruición) allí donde más les duele, en sus secretos tan bien guardados. Poco debe importar ya a las autoridades norteamericanas que a día de hoy se sepa como colaboraron en el golpe de estado de Pinochet en Chile, es algo que ya queda muy atrás (seguramente no en Chile, el país afectado, pero si para el resto del mundo), pero los manuales de Guantánamo, algo que ha estado ocurriendo hace pocos meses... eso si debió doler, y mucho. Así que si es la información lo que les duele, yo sé sacar esa información al aire y estoy molesto con estos gobiernos y grandes empresas que la esconden por el clima económico y social que han creado, la conclusión es lógica: voy a hacerles daño de esta forma. Obviamente, no es un proceso mental que pueda adjudicar a todos y cada uno de los hackers que toman parte en este tipo de acciones, pero creo que colectivamente si podemos hacer tal identificación. Las manifestaciones en los países árabes y la violencia física han sido y son necesarios en estos países, con sus condicionantes, para conseguir derrocar a sus regímenes, basados en una opresión también física. En occidente, y al menos por el momento, quienes quieren enfrentarse a los gobernantes de los países no tienen que llegar a tal extremo, si no que les basta (o eso creen) con atacar en el ciberespacio, en la realidad virtual de Internet. Parar servicios online, sacar a la luz información prohibida, golpear donde hace daño. No estoy diciendo que esto sea bueno o malo, simplemente son los hechos: la gente llega hasta un punto en que toma lo que tiene a mano y ataca, de la forma que sea. En la revolución francesa debió ser eso mismo: primero chistes sobre el rey y los nobles en las tabernas, luego quejas por las calles, tras unos cuantos ejecutados más, algún acto violento contra algún oficial del ejército, la policía o lo que hubiera en la época, luego algunos actos más fuertes y, finalmente, el pueblo toma la Bastilla (obviamente, he resumido el proceso). Aún no tenemos todos los elementos necesarios para una revolución armada, pero hay mucha gente cabreada ahí afuera (y perdonen ustedes el término, pero prefiero no utilizar eufemismos) que quiere tomar las armas, aunque por el momento estas sean virtuales. Claro que también hay quienes ven mal este movimiento; ninguna revolución ha contado con todo el pueblo unido en una dirección determinada, puesto que en la francesa había gente que prefería el gobierno del rey, en Rusia no todos eran comunistas en el bando anti-zarista, y aún quedaban gran cantidad de partidarios de la corona británica en las américas levantadas en armas. El problema aquí puede verse como un grupo de chiquillos antisistema que se divierten tirando abajo servicios que operan en la Red y causando molestias a todos los ciudadanos de bien, o como unos ciudadanos que están llegando a un punto límite en el que ven como una clase política acomodada deja campar a sus anchas al poder económico, reduciendo cada vez más los derechos conseguidos en años (¡siglos!) de esfuerzos, mientras se niegan a hablar con ellos. Porque, por ejemplo, en España se ha hablado mucho sobre los destrozos provocados por los Indignados (los restos de las acampadas como los parterres de hierba en los que se erigieron las tiendas de campaña,...), pero nadie en el partido gobernante o en el principal partido de la oposición (por lo menos no alguien que tenga poder a nivel nacional) ha salido reconociendo que deben escuchar lo que el pueblo les pide y, por lo menos, reflexionar sobre ello y actuar según lo que les dicte su consciencia. El argumento parece ser algo como “¡vaya! han intentado impedir la entrada de sus señorías al parlamento catalán (acto, por cierto, deplorable), y eso debe ser penado, pero yo paso de hablar sobre como se ha llegado hasta este punto”. Cuando hablas contra una pared esperando que esta te responda, el silencio acaba provocando que estalles. Y este estallido puede consistir en sentarte delante de un ordenador y empezar a elegir objetivos en el ciberespacio. ¿Está mal? ¿está bien? La realidad, como siempre, depende del color del cristal con el que se mira. Fuente: http://www.imatica.org/blogs/evangelista/2011/06/220690862011.html Copyleft 2011 www.imatica.org Esta obra se encuentra sujeta a la siguiente licencia: La difusión, reproducción y traducción de este texto se permite libremente en cualquier medio o soporte con las únicas obligaciones de mantener la presente licencia e incluir un enlace o referencia a la página en la que se encuentra el original dentro del servidor www.imatica.org . En medios audiovisuales se requiere la cita al medio www.imatica.org
Hacking por motivos políticos o sociales: algo lógico
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