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Homenaje al principe Francescoli(fotos y videos)

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Aparte de haver sido un exelente jugador de futbol lo q siempre se destaco en el fue la gran calidad de persona! ACA UN POCO DE HISTORIA: Biografia Se llama Enzo Francescoli y nació el 12 de noviembre de 1961 en el barrio de Capurro, en Montevideo, la capital de la República Oriental del Uruguay, país al que siempre le entregó todo futbolisticamente hablando. Hijo de Don Ernesto Francescoli y Olga Uriarte. Ese padre que también sentía el fútbol como una pasión, que hasta llegó a formar parte de las inferiores de Wanderes, pero que por cuestiones de trabajo no pudo seguir. Fiel seguidor de Peñarol, sentimiento que fue heredado por sus tres hijos, Luis Ernesto, Enzo y Pablo. Enzo comenzó a andar detrás de la pelota en el barrio, y a los 6 años ya jugaba al baby en el Club Cadys Real Junior, a un par de cuadras de su casa. También integraba el equipo del Colegio, el San Francisco de Salles, más conocido como Maturana por el nombre de la calle donde se levantaba sus orígenes. "Jugábamos en la calle" -cuenta hoy Luis Francescoli, médico traumatólogo y padre de 3 niñas-. "A la tarde, después de venir del colegio y de dormir la siesta. Armábamos unos arcos y jugábamos 20 contra 20, no sé, los que estuvieran en ese momento. Y también con chicos de diferentes edades. Mi hermano ya se destacaba, se notaba que le pegaba bien a la pelota". También recuerda el padre de Enzo: "Un miércoles fuimos al Colegio porque había una entrega de premios. Enzo no había podido ir porque estaba en cama, con bastante fiebre. Le explicamos todo al cura, un hombre de apellido Soviski. El nos tranquilizó. No se hagan problemas, nos dijo, para después agregar: mire, que se cuide bien. Si es necesario, que falte el jueves y el viernes, no hay problema. Lo único importante es que se recupere para el sábado, que tenemos que jugar un partido decisivo. Mi señora no lo podía creer: ¡¿Cómo nos va a decir eso!? ¿Cómo se va a preocupar más por que falte al partido y no le importa si viene al Colegio? Pero fue así, nomas...". Todos empezaban a pedir por Enzo. El apenas tenía 10 años. Pasó el tiempo, y Enzo necesitaba crecer en su carrera futbolística. Así fue como decidió irse a probar a Peñarol (club de sus amores) y a River Plate de Montevideo. Pero lo rechazaron. "Es muy chiquito, muy flaquito. Que venga el año que viene" fue la respuesta. El tendría revancha, y en un club con el mismo nombre, pero de otro país. Gustavo Raúl Perdomo, tiene hoy 38 años. Dicen sus entrenadores de inferiores, que era tan o más talentoso que Enzo, pero no llegó, como tantos otros que han quedado en el camino. Perdomo fue un hombre clave en esta historia... "Soy amigo de Enzo desde la infancia, porque mis padres se conocen con los de él desde hace mucho tiempo. Con Enzo nos criamos juntos en el barrio y también compartimos nuestra infancia en el club Cadys. Pero yo me fui a Wanderes cuando tenía 11 años y él siguió. Cuando yo estaba en la Cuarta División, fuimos con Wanderes a jugar un partido contra el Liceo Maturana, donde Enzo también jugaba. Yo, en toda la semana, le venía contando al entrenador, que concía a un chico del barrio que era un verdadero fenómeno. Le dije que lo siguiera durante el partido, que lo iba a sorprender. Al final ganamos nosotros 1-0 con un gol mío, pero Enzo la "rompió" y Martiarena lo llevó a Wanderers. no había cumplido 15 años. Tal vez aquel partido fue decisivo, tal vez, pero en realidad yo creo que no, porque Enzo tenía unas ganas locas de jugar en algún club importante y se hubiera ido a probar a Wanderers, por allí estaba yo, su amigo de la infancia". Actualmente, así lo recuerda José María Martiarena: "Ese partido se disputó en el año 1976 y como este chico Enzo había jugado muy bien, yo le dije a Perdomo que lo acompañara al club a mitad de la semana siguiente. Lo llevó el 22 de julio y lo fichamos inmediatamente. Unos días después yo me enteré que él se había ido a probar a River Plate de Montevideo y que le dijeron que volviera un año después porque era muy flaquito. ¡Cómo son las cosas! Porque el entrenador de River era un conocido mío, un tal Peralta. Y si yo me hubiese enterado de eso, no lo habría fichado para no faltarle el respeto. Suerte que no me enteré. Después en las inferiores, a Enzo lo poníamos en cualquier puesto y respondía: de cinco, de ocho, de nueve. nosotros necesitábamos cambiarlo de posición porque éramos un equipo chico y no había suficientes jugadores. La diferencia con el resto se notaba enseguida. El y Perdomo eran dos cracks. Una tarde, jugando con la Cuarta contra Bella Vista, metió un gol de chilena igual al que después le hizo a Polonia". El Montevideo Wanderers Fútbol Club fue fundado el 15 de agosto de 1902 y su nombre significa "errantes, vagabundos, bohemios". Es un típico club chico uruguayo, donde todo se hace realmente a pulmón. Ahí se puede encontrar a Doña Gloria, "dueña" de la utilería del club... "A Enzo le encantaba la "Pesicola". A mi me daba plata para que yo le comprara. Era un botija muy serio el Enzo. Y muy flaquito, si muy flaquito. Siempre fue así. Los chicos le decían "carretilla". Es porque tenía la cara alargada...". También se puede encontrar a Jorge Barrios, también conocido como "Chifle". Un jugador que nació en Wanderers, y pasó por el Olympiakos de Grecia, Peñarol y la Selección Uruguaya. El cuenta: "Nosotros la teníamos clara. Los técnicos de inferiores como los de Primera nos decían: Ustedes quiten y dénle la pelota a Enzo. Así de sencillo. Ya desde cuarta división se veía que el loco era un jugador que encaraba para adelante y que iba a llegar lejos". Enzo debutó en la primera el 9 de marzo de 1980, ante Defensor Sporting, como visitante por el Torneo Colombes. El encuentro finalizó con victoria 5 a 0. Así empezaba la historia grande de un grande... Al poco tiempo ya era tapa de los diarios, las noticias decían que River Plate de Buenos Aires ya lo estaba observando para comprarlo, y que el Milan de Italia también... Su llegada a river plate "Lamentablemente para todos, tantas tratativas quizás magnificaron mis cualidades, por eso espero no defraudar a nadie. Tan sólo tengo la ambición de satisfacer las expectativas que se crearon. Pero quiero recalcar que en River hay jugadores de primer nivel y yo seré uno más. No me considero el salvador de River. Lo único que voy a tener que hacer el domingo es no pensar en que todos los ojos van a estar puesto en mí. Eso sí: vine a uno de los mejores clubes del mundo y no me voy a achicar". Fueron unas de las primeras palabras de Enzo cuando llegó a River. Llegaba a un equipo devaluado, que extrañaba a horrores a las glorias vendidas en los últimos años. Llegaba a un equipo que reclamaba a gritos volver a ser River. Había una gran expectativa, y el 24 de abril de 1983 los hinchas fueron al Monumental a ver al "salvador", mal que le pesara al muchachín de 21 años. Fue por la segunda fecha del Campeonato Nacional, y River salió al campo para enfrentar a Huracán con Fillol, Saporiti, Tarantini, Nieto, Jorge García, Bulleri, Gallego, Francescoli, Bica, Chaparro, Commisso. River ganó 1 a 0, pero eso fue lo de menos. Lo importante, tuvo que ver con los movimientos de ese número "10" que a los dos minutos despertó la primera ovación cuando giró sobre la línea lateral y salió airoso de la marca, y que a los 20, tras empalmar un centro de Chaparro que finalmente terminó en corner, fue receptor de ese murmullo convertido en canto, que después escucharía tantas veces "Vení, vení, cantá conmigo / que un amigo vas a encontrar / que de la mano / del Uruguayo / todos la vuelta vamos a dar". Tres días después del debut, River enfrentó a Ferro en Caballito. Triunfó 1 a 0 con un gol de Enzo de penal. Las cosas parecía encaminadas... Así contaba Enzo: "Allá en Montevideo, la imagen que tenía de River era la de un club muy grande con jugadores que debían competir entre ellos. Es la vieja historia de las trenzas, los caudillos... Yo me sentía intrigado con todo eso y resulta que me encuentro con muchachos macanudos, que se abren a la amistad. Por mi carácter, por mi forma de ser, muchas veces quedaba apartado, solitario. y siempre alguno se acercaba para bromear o conversar conmigo. Se daban cuenta que me sentía sólo y que me daban el apoyo, la confianza que necesitaba. Si hasta el día que surgió un penal me lo dieron para que lo pateara. En los entrenamientos yo tiraba alguno, pero Jorge García y Nieto eran los especialistas. Cuando se dio el penal contra Ferro, se acercó García y me pidió que lo pateara. Tiralo vos, le dije yo. No, queremos que lo patees vos, me contestó. Y ésa es una prueba de confianza que me compromete con todos mis compañeros". Semanas más tarde, comenzaba un conflicto entre los jugadores y los dirigentes. Había problemas financieros y el primero lo tuvo el "Conejo" Tarantini. Luego lo tuvo Fillol y así fue como el 29 de junio, por el no pago de haberes, el plantel millonario se declaró en libertad de acción. Y comenzó la huelga. El conflicto se agudizó. River presentaba un equipo de juveniles, entre los que jugaban Mariano David Dalla Líbera, Néstor Raul Gorosito y Néstor Adrián De Vicente, para enfrentar conjuntos profesionales. Luego de 7 partidos, los chicos habían ganado 2, perdido 4 y empatado 1. Los hinchas ya no soportaban la situación, y comenzaron a ponerse en contra del plantel. Si bien los "grandes" volvieron a jugar, no había una buena situación con la gente. Allí Enzo comenzó a notar las diferencias entre el Wanderers y River Plate. Comenzaba a extrañar a sus padres, a su novia Mariela que todavía vivía en Montevideo, sus amigos. El fútbol argentino también era otra cosa. En ese primer año, Francescoli sufrió algunas brusquedades que todavía no estaba preparado, y tuvo que quedar afuera en dos oportunidades por importantes lesiones. No sólo Enzo andaba en la mala, sino que también River estaba en uno de sus peores momentos. En ese campeonato del ´83 River quedó en el puesto 18º entre 19 participantes. En noviembre Enzo es convocado a la selección de su país, y si bien los dirigentes de River se oponían a que se vaya, el técnico de Uruguay, Omar Borrás, les decía "Quédense tranquilos, que para estos partidos yo me llevo un diez, pero les voy a devolver al mejor diez del país". Enzo anduvo bien en su país, le metió un gol de tiro libre a Brasil en la final y fue una pieza clave de su equipo. Las aguas estaban divididas... Muchos lo apoyaban, otros lo descalificaban. Terminó ese 1983 y comenzaba una nueva etapa para Enzo, donde por fin "despegaba" y desmostraba todo lo que sabía. Traspaso a europa Le costó mucho tomar la desición, pero era sin dudas un paso importante el llegar a Europa. Si bien iba a Francia, pensaba que sería el trampolín para llegar a Italia. Pero, por los caprichos del presidente del Matra Racing, quien veía al fútbol sólo como un medio promosicional, le negó la venta a los más importantes clubes de Europa. Así Enzo malgastó sus tres mejores años de su vida profecional en un fútbol que no sentía. Allí, en París, angustiado por la frialdad de un público que no siente el fútbol com él siempre lo había mamado en la calidez del Río de la Plata, Enzo Francescoli se quedó sin ese motor poderoso que ordena los movimientos del cuerpo. Se quedó sin alma. Francescoli no fue el único jugador que había comprado el Matra Racing, ya que se había hecho una gran inversión de más de 30 millones de dólares, con la intención de formar un equipo competitivo, y así ganar su primer campeonato francés, y más tarde la Copa de Europa. Pero al poco tiempo, todo lo que eran ilusiones se transformó en fracaso. El equipo, a pesar de los nombres, nunca tuvo un alto nivel de juego. No lograban llevar más de 3.000 personas de visitantes y de local apenas llegaban a cubrir las 8.000 butacas de una tribuna. Hasta se llegó a pelear el descenso. Enzo comentaba lo siguiente: "La marca acá es otra cosa. Cuando un tipo sale a marcar, lo tenés colgado los noventas minuto, sin lagunas. Me parece que desde chicos aprenden a jugar de líberos o de stoppers, así como a nosotros nos enseñaban a gambetear. Pero lo mío no es fracaso. Tengo cuerda para rato. No recorrí 12 mil kilómetros para salir con la cola entre las piernas. Pa mí, Racungo de París sigue siendo el nombre de un desafío. Cuando uno anduvo bien en todos lados y se encuentra ante una situación como ésta, donde nadie dice nada pero muchos miran por el rabollo del ojo, es cuando más deseos tiene de triunfar, de demostrar que uno vale de verdad, que su pasado es verídico. Me procupa mucho ganar el desafío de París. Quiero mostrar que yo nunca trampeo, que voy siempre al frente". La historia de su primer año en River se repetía: las dificultades para adaptarse al madio nuevo, las nostalgias, la soledad. En aquellos primeros días, Enzo siempre tenía en la mente a River. Incluso, en más de un entrenamiento, se quitó la camiseta celeste y blanca de Racing y debajo apareció la blanca con la banda roja. En Buenos Aires no se lo olvidaba. Ni la gente, ni sus compañeros, que lo tenían presente en cada uno de los cantitos pos-triunfo de la Copa Libertadores. Enzo siguió esa Copa como si la estuviera jugando. La sintió como propia. Como lo recuerda Roque Alfaro: "Siempre nos llamaba antes de los partidos para ver como estábamos y para desearnos suerte. Y si alguna vez no podía hacerlo, porque tenía que viajar o algo así, nos dejaba un número donde lo podíamos ubicar. En esos casos el que discaba era el Tano Gutierrez, después nos íbamos sumando de a uno y terminábamos hablando todos". Enzo también describía con emosicón aquellos días de octubre de 1986... "El triunfo de la Copa me pareció muy mío. Cuando me fui de River, sentí que había dejado algo sin terminar, inconcluso. Por eso me importaba tanto. El triunfo en Cali contra América fue una locura. Nunca me había sentido así. Cuando me despertaron con el teléfono no lo podía creer. Todavía me siento parte del grupo, uno más entre ellos. No estar ahí me rompió el corazon". También agregaba: "Cuando me fui de River dije que iba a volver. Y mantengo sea decisión, quiero terminar mi carrera en River y espero poder cumplir, con la gente y conmigo, porque di mi palabra, pero todavía no es el momento preciso. Ni para River ni para mi. Pero ya va a llegar ese día...". La situación comenzaba a mejorar. Racing zafó del descenso y Enzo comenzaba a mostrar su talento. Así fue elegido como el mejor extranjero del campeonato francés, según una encuesta entre los 20 capitanes de los equipos de primera división. Clubes como la Roma, el Atlético de Madrid o el Barcelona de España posaron sus ojos en él. Hasta se llegó a dar por hecha una trasnferencia a la Juventus de Italia.Pero el presidente del club no lo dejaba ir. "El hombre no lo quería soltar por nada del mundo. Era como una obsesión. Le preguntaba a Enzo: "¿Que querés? ¿Otro auto? Tomá, te lo doy. ¿Otra casa? No hay problemas, sólo decime donde... Lo que no entendía era que Enzo no era feliz ahí", explica Don Ernesto Francescoli. También Enzo contaba: "Es que a mí lo que más me choca es el ambiente, la falta de pasión, jugar con dos mil personas. Yo tengo que sentir que voy hacer algo importante cada semana. Siento que me estanqué futbolísticamente, se qu ahora mucha gente duda de mis condiciones. No puedo dejarme estar, no puedo conformarme con mi gran sueldo, mi piso en París , con mi Mercedes Benz y tomar al fútbol como un trabajo, como algo formal donde debo cumplir horarios. Yo necesito, para vivir, que el fútbol sea importante, que me oblige a sacrificarme. Acá perdés 3 a 0 y nadie dice nada. Yo prefiero todo lo negativo que viví en Argentina, aquel primer año. Porque me obligó a esforzarme, a corregir los errores. Si me hubiera ocurrido en Francia, ya habría terminado mi carrera, no tengan dudas. No soy necio, preo tampoco digo que soy el Pelé del fútbol. Sé que puedo rendir mucho más. Quier ir a Italia, España, y recién luego volver a Argentina. Ya que hice un viaje tan largo, no me quiero volver con las valijas vacías. También vivió momentos de felicidad en aquellos años, como fue el nacimiento de Bruno y Marco, sus dos hijos. Y la felicidad deportiva se dio a mediados de 1989, con el pase a Olympique de Marsella, que si bien no era el paraíso, implicaba una ciudad mucho más futbolera que París. Así comentaba Enzo este momento: "Estoy loco de la vida, encontré el equipo que quería, con aspiraciones de ganar todo y un clima fervoroso. Ya no quería perder más el tiempo en Racing". Con el Olympique, Enzo ganó el campeonato francés y acarició la Copa de Campeones, luego de perder con el Benfica 1-0 con un gol con la mano convertido por Valdo. Deportivamente le fue muy bien y se le abrieron las puertas del calcio italiano. No fue la entrada triunfal que soñaba. Enzo ingresó al fúbol italiano en 1990, a través del pequeño Cagliari, un club de provincia, que luchaba más por no perder la categoría que por otra cosa. Enzo se ganó el respeto de la hinchada. En la primera temporada el equipo se salvó del descenso y en la siguiente protagonizó una campaña extraordinaria, alcanzando la clasificación para la Copa de la UEFA, un hito totalmente novedoso. Pero lo curioso fue que Enzo jugó el primer campeonato completo con una fisura de peroné, lesión que nadie logró diagnosticar. Cuando los hinchas se enteraron, creció la admiración hacia ese Falco descendiente de tanos. Enzo no faltó a ningún encuentro, pese a que arrastraba una fisura que lo perseguía todos los días y a toda hora. "A veces, sin querer, le rozábamos la pierna y el loco gritaba como un condenado. No entendíamos cómo le podía doler tanto un simple derrame"; comentaba Pablo, el hermano menor de Enzo. Luego, Enzo pasó por el Torino, pero cada vez estaba más cerca de River. Ya había recuperado la calidez que entregan las ciudad cordiales. Ahora soñaba con revivir aquel amor cortado abruptamente. Aquel amor llamado River. La vuelta triunfal Durante sus ocho años en Europa, siempre estaba latente la posibilidad del regreso. Hasta se lo llegó a querer vincular con Boca Jrs. Por el ´89 decía: "No es que me quiera comparar con ellos, sería presuntuoso de mi parte, pero es lo mismo que Maradona se pusiera la camiseta de River, o Beto la de Boca. Pero, sin dudas que si la oferta fuera de River ya estaría allá. Sin dudarlo". Y unos meses más tarde, tras haber pasado al Olympique de Marsella comentaba: "Firmé por tres años. Cuando tenga treinta, el pase va a ser mío y voy a estar en condiciones de decidir yo. Entonces es posible que vuelva. A River lo llevo acá (señalándose el corazón)". En 1991 se cruzó con River, pero enfrentándolo en un cuadrangular en Europa. Luego de esos partidos Enzo expresaba: "Realmente, cuando entré a la cancha y vi esa camiseta enfrente de mí, me invadió la cabeza una sensación rara. De mi época estaba sólo el Tapón (por Gordillo) y Miguelito (por José Miguel). Pero me pareció justo, a pesar de que tuve que hacer un gol, porque ese era mi trabajo, no gritarlo. Me gustaría volver, pero el tema es cómo y cuándo, sobre todo cuándo. Porque tampoco quiero volver a una edad en la que físicamente no pueda responder. A mí me gustaría volver para ganar todo". Ya en el Torino, en abril de 1994, Enzo decía: "Claro que me gustaría volver, es un sueño que tengo todos los días. Pero no depende de mí: tengo un año más de contrato con el Torino y es el club el que debe decidir. No quiero hacerme muchas ilusiones... Con respecto a mi relación con los hinchas de River creo que no cambió nunca. Allí viví mi mejor etapa como jugador. Inclusive, me acuerdo de la promesa que hice: que después de mi experiencia en Europa iba a volver. Y creo que ahora es el momento ideal. Tengo 32 años y mucho más no puedo esperar. No quisiera regresar levantando suspicacias que vuelvo para robar. Es ahora o nunca". Y gracias a Dios fue "ahora". El "operativo retorno" no fue demasiado sencillo. Muchos dirigentes dudaban del aporte que podría realizar un jugador de casi 33 años, luego de un inexpresivo paso por el fútbol Europeo y por clubes de escaso renombre. Por otro lado, al técnico de esos momentos, Daniel Passarella, no veía con buena cara el hecho de compartir cartel con una estrella de la personalidad de Francescoli. Ya estaba de vuelta. Ahora sólo faltaba que se coloque de nuevo la gloriosa camiseta con la banda roja en el pecho. El quería demostrar que tenía mucho para dar, por eso, siete días después de que firmaba su contrato, el miércoles 7 de septiembre de 1994, Enzo salía nuevamente del túnel del Monumental, en este caso para enfrentar a Nacional de Montevideo, por la primera fase de la Supercopa. Así volvió, con su magia y marcando un gol de penal en el primer tiempo. También volvía un clásico de la hinchada millonaria "Que de la mano / del Uruguayo / Todos la vuelta / Vamos a dar!!!". Habían pasado 8 años, 5 meses y 19 días desde aquel partido contra Español del 19 de marzo en que dijo adiós sin saludar. Enzo había vuelto, y era como si nunca si hubiese ido. Por aquellos días, coincidiendo con el regreso de Enzo, debutaba en River otro futbolista que con el tiempo también se ganaría el corazón de la hinchada de River. Un verdadero personaje que ocho años atrás de deiltaba viendo por la televisión las delicias del Flaco. Así recuerda Germán Burgos esos primero días: "Yo llegué a River el mismo día que Enzo firmaba su contrato. Estaba esperando que me llamaran, cuando lo vi pasar. El tenía que esperar no se que cosa y me invitó a tomar un café en la confitería del club. No entendía nada, yo apenas lo conocía por la televisión y el me llamaba por mi nombre. Ahí nos quedamos charlando un rato. Para mi fue bárbaro, shockeante, no lo podía creer. Después comprendí que esa actitud lo pinta tal cual es como persona. Yo me acuerdo que cuando escuchaba los partidos por la radio, cada vez que lo entrevistaba Muñoz por un gol que metía, el declaraba que todo había sido mérito de sus compañeros, que había recibido un muy buen centro, ese tipo de cosas. Eso es humildad. Es lo que yo más rescato de Enzo. El Flaco es un gran tipo, es como esos pibes que se destacan en el Colegio y son "diez" en todo. Bueno, así es él, "diez" en todo, je, je, :-)". No fue Burgos el único que se conmovió con ese tipo de actitudes. Hernán Crespo, también cuenta su historia: "Yo entré a un restaurante y lo vi en una mesa comiendo con Paco Casal. Pasé cerca de él, pero no me animé a saludarlo. Me senté y dos minutos después sentí que me tocaban el hombro. Era Enzo: Hola Hernán, Mucho gusto. Yo soy Francescoli. Te felicito por los goles que estás metiendo y ojalá que podamos ser compañeros. A pesar de la diferencia de edad, creo que podemos ser buenos amigos... No lo podía creer. Ese es el Señor Francescoli". Pasaron los partidos y River tuvo que enfrentar a Boca por la Supercopa. Era la primera vez que Enzo pisaba la Bombonera, porque en la etapa anterior había estado clausurada. Y no le fue tan mal en el debut: convirtió un golazo de tiro libre, clavando la pelota en el ángulo derecho del arco de Navarro Montoya. El partido terminó 1-1, y luego Boca ganó por penales. Fuera de la Supercopa, River siguió su marcha en el campeonato Apertura. Enzo mostraba toda su calidad partido tras partido, y sumaba goles a su cuenta personal. El 26 de noviembre de ese año, Enzo quedó al tope de la tabla de goleadores del torneo y alcanzaba los 76 tantos con la camiseta de River, igualando el record de máximo artillero en la historia de River Plate, junto a su compatriota Walter Gómez. Era la recta final del Apertura y se peleaba cabeza a cabeza con San Lorenzo. A tres fechas del final, el equipo del Bambino Veira estaba a dos puntos de River, pero con un partido menos, porque tenía suspendido un encuentro con Newell´s, con el cual hipotéticamente podría haber alcanzado a River. El 6 de Diciembre, San Lorenzo venció 3-1 a Vélez en su estadio mientras que River igualaba 1-1 en el Monumental. En el nuevo gasómetro, con el encuentro concluído, se quedaron palpitando el final del partido de River. En Nuñez el clima no era el mejor, porque no sólo se perdía un punto importantísimo con Talleres, sino que a la fecha siguiente había que ir a La Boca para enfrentar al equipo xeneize, que esperaba ese partido para "salvar" el año, ya que habían perdido la final de la Supercopa con Independiente. Pero en la agonía apareció El Flaco. En la última jugada de la tarde, cuando se disputaba el octavo minuto de descuento, Enzo Francescoli emergió entre la multitud en el área, buscando la pelota que había llegado por un centro, metió la cabeza y salió despedido como un loco en su balada, revoleando la camiseta como un verdadero desaforado. Era el gol del Campeonato. Merecía semejante coreografía. Al final, River ganó 2-1, mantuvo su ventaja y Enzo zafó milagrosamente de la amonestación que lo hubiese dejado afuera del superclásico, por llegar al límite de cuatro amonestaciones. El domingo 11, el que espera en la Bombonera era el Boca de Menotti, un equipo sin chances de pelear el título y que había reservado los titulares el miércoles para enfrentar el domingo a River. Enzo pisó esa cancha por segunda vez, y se pudo realmente retirar plenamente feliz: se había vapuleado a Boca desde el primero al último minuto y se lo humilló con un 3-0 lacerante. Esa tarde San Lorenzo empató 1-1 con Lanús, y en la semana perdía con Newell´s 2-0 en Rosario. Esa noche River se coronó Campeón. El domingo, antes de arrancar el encuentro final ante Vélez, un Monumental colmando deliró con una nueva vuelta olímpica, la número 24. El partido terminó 1-1 y era la primera vez que un equipo de River se consagraba campeón invicto. Enzo fue campeón en su primer intento, fue el alma del equipo y también goleador del torneo con 12 tantos. No podría haberlo diagramado mejor. Ya en el verano, desde su querido Uruguay, Enzo comentaba: "Me reecontré con un afecto que, desde que me fui a Europa, no tenía. Y con un montón de cosas que anímicamente me hacen sentir muy bien. El fútbol pasa mucho por la cabeza y, en ese sentido, es como si hubiese vuelto a vivir. Con sinceridad, cunado volví pensé que me iban a ir bien las cosas, pero nunca que llegaría a ser campeón y goleador. Vivir algo así no lo imaginé nunca...". Ahora el sueño de Enzo era la Copa Libertadores, aquella que por su ida a Europa sólo pudo participar en dos ocasiones. Aquel 1995 tuvo para Enzo dos sabores bien distintos. Por un lado, el dulce, el del reencuentro con su gente por la conquista de la Copa América, y el de recuperar un nivel de juego más alto todavía que el de 1994, que lo llevó a incluso a recibir nuevamente el Olimpia de Plata al mejor futbolista del año. Por otro lado, el amargo, el de los desencantos con River, el de las frustaciones por no campeonar nuevamente. Fue un año demasiado flojo para un club acostumbrado a los éxitos. Y fue un año demasiado inestable, para un club tan acostumbrado a los ciclos duraderos. Arrancó el año Carlos Babington, como entrenador porque el cuerpo técnico tuvo que partir a la selección. El "Inglés", de entrada comprendía muy bien el respeto por Enzo: "Francescoli es líder porque tiene una gran ascendencia sobre el plantel, no le hace falta el temperamento de un caudillo, como podía ocurrir con Pastoriza por ejemplo, para que los chicos lo miren como espejo. La idolatría no se la regala nadie, es el premio a una trayectoria y a una conducta". A Babington no le fue bien en Nuñez. Dejó de lado el torneo locar para dedicarse de lleno a la Copa, y aunque allí el equipo estaba clasificado para disputar los cuartos de final jugando en un gran nivel, la dirigencia de River decidió rescindirle el contrato. Algunos confundidos, sin tener en carpeta a un candidato firme, le llegaron a ofrecer el cargo de entrenador a Enzo. No se sabía bien si querian un técnico-jugador como alguna vez lo fue Ruud Gullit o se trataba de una invitación a que colgara los botines, cosa que hubiese sido imperdonable. A mediados de 1995, durante el impasse impuesto por la Copa América, Ramón Ángel Díaz se hico cargo del plantel profesional. A las dos semanas de asumir, River debía enfrentar a Vélez por la Copa Libertadores. Enzo debió tragar saliba y esperar, porque se había luxado el hombro izquierdo en el último minuto de la final disputada contra Brasil, y no podía dar el presente. Tenía para un mes de recuperación. El equipo de Ramón superó esa instancia y debió enfrentar a Nacional de Medellín. Enzo seguía con su recuperación y se especulaba que si River llegaba a la final la podría jugar. Pero no pudo ser. El equipo de René Higuita venció a River por penales, despues de caer 1-0 y de ser dominado claramente todo el partido. Enzo se lamentaba desde la platea. Otra vez se derrumbaba el sueño dorado de la Copa Libertadores de América. El Príncipe volvió tras la lesión el 27 de agosto frente a Banfield, por el Apertura '95, con una victoria 2-1. Quedaban dos objetivos hasta fin de año: la Supercopa y el torneo local. Pero alguna cosas no andaban sobre ruedas. La relación con el Pelado, aunque sin llegar a ser de una enemistad manifiesta, no era de lo más fluída. Lo cierto es que había ansiedad en Nuñez. En la Supercopa, River eliminó a Peñarol con dos goles de Enzo (que no gritó), después a Gremio con tres tantos de su mejor jugador (uno en Brasil y dos en Nuñez) y finalmente cayó por penales ante Independiente en la semifinal. Fue un golpe muy duro. Encima, cuatro días después visitaba el Monumental el Boca puntero e invicto de Diego Maradona, que a tres fechas del final lideraba con comodidad el certamen. Antes de comenzar el partido, los capitanes se saludaron entre una maraña de cámaras. Después, con un hombre menos en el campo y con el hombro malherido nuevamente por una mala caída, Enzo manejó los pocos ataques millonarios. Hasta casi convierte un gol de mitad de cancha. Pero el encuentro terminó 0-0, aunque Boca la fechas siguientes perdió con Racing 6-4 y ante Estudiantes 1-2, no logró el campeonato. En River suspiraron aliviados. Enzo debía ir al quirófano. No existía otra chance si pretendía continuar jugando. Y Enzo aceptó. En River, se volvió a suspirar aliviados POR AHORA LES DJO UNAS FOTOS Y VIDEOS DE ESTE GRANDE..DESPUES SE VIENE LA PARTE 2 img=http://www.sitioriverplatense.com.ar/Enzo_Francescoli_100.JPG] ALGUNOS VIDEOS DE SU MAGIA link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=Rbzpj7m7zzw link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=9JlCgFZTVM8 link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=DH7JcOM2qAc
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