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La noche de los cristales rotos

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La noche de los Cristales rotos
Aniversario de un montaje anti-aleman


El episodio que ‘desencadenó el Holocausto’, revisado en su 60 aniversario
S.E.N.

La noche del 9 al 10 de noviembre de 1.938, hace ahora sesenta años, se conoce como La noche de los
cristales rotos. Según la versión oficial que hasta ahora se ha divulgado, durante toda esa noche se rompieron
escaparates y lunas de comercios judíos, se quemaron sinagogas y se destrozaron hogares judíos en
Alemania. Muchos fueron maltratados e incluso asesinados por la chusma que se apoderó de las calles de
algunas ciudades alemanas, con el beneplácito de las más altas jerarquías del partido nazi, entre ellos Hitler y
Goebbels, verdadero cerebro gris, si hemos de creer a los historiadores oficiales, tras estas manifestaciones
antisemitas que estallaron coincidiendo con el asesinato de un joven diplomático alemán en Francia a manos
de un joven refugiado judío, en venganza por la deportación de su familia.

La llamada noche de cristal -Kristallnacht en alemán que es su denominación correcta y no como
popularmente se le conoce- se suele describir de esta forma en los libros de historia: como uno de los
episodios más vergonzosos de la reciente historia de Alemania y el comienzo, o punto de partida, para la
Solución final que siempre se asocia al Holocausto. Escribe Daniel Goldhagen, nueva cabeza visible del grupo
de los historiadores oficialistas que desean hacer pervivir la memoria del Holocausto, refiriéndose a esta noche
que “la magnitud de la violencia y la destrucción, la enormidad de aquella noche, fue un verdadero cruce del
Rubicón”.(1) Lo curioso de todo es que esta opinión era compartida incluso por Julius Streicher, así como los
mayoría de los demás dirigentes nacionalsocialistas que lamentaron esta noche.(2)

Hasta ahora los más firmes defensores de la política del Tercer Reich habían estado convencidos de lo inútil de
este pogrom antijudío, y compartían la creencia de lo perjudicial que había sido para la imagen de la nueva
Alemania en el extranjero (Joaquín Bochaca en su excelente La historia de lo vencidos, editado por Ediciones
Bausp, Barcelona, en 1979 -una editorial cercana entonces a CEDADE-, llegó incluso a justificar el suceso)
achacándolo única y exclusivamente al exceso de antisemitismo existente en Alemania aparte de las
provocaciones de las organizaciones judías mundiales (3). Sin embargo la aparición de nuevas revelaciones e
interpretaciones ponen en duda la versión oficial hasta ahora dada como única y verídica. No olvidemos que
en la versión dada hasta hoy como buena había numerosas lagunas que ningún historiador había podido
contestar.(4) Por ejemplo, ¿Quién dio la orden de iniciar las manifestaciones antijudías?, ¿A quien beneficiaba
más estos excesos?, ¿Quién armó y financió al asesino del diplomático alemán?, ¿Que fue de él tras ser
detenido por los alemanes?, Sí Goebbels era el instigador del pogrom ¿porqué en su diario íntimo afirma no
saber nada e incluso molestarle lo acontecido?.
En 1985 el prestigioso Institute for Historical Review (Instituto para la revisión histórica) de Los Ángeles
(EE.UU.) presentaba la ponencia de Ingrid Weckert, una bibliotecaria alemana residente en Munich, teóloga de
formación, que había residido años en Israel y dominaba perfectamente el hebreo. Su conferencia fue
explosiva, y bajo el título "Crystal Nigth 1938-The biggest Anti-German Spectaculum" puso en evidencia cuán
equivocada era la versión oficial de los hechos. Causó tal expectación la misma que se le solicitó permiso para
poder publicarla, ampliada y corregida, siendo el resultado la publicación en 1991 de Flash Point - Kristallnacht
1938. Instigators, Victims and Beneficiaries (Punto de mira. La noche de cristal 1938. Instigadores, víctimas y
beneficiarios), un volumen de cerca de 200 páginas, ampliamente documentado y con un material procedente
de archivos alemanes absolutamente revelador. Se le concedió el privilegio a Wilfred von Oven de prologar el
trabajo. No en vano había sido uno de los primeros en poner en duda la versión oficial que acusaba a
Goebbels, y de los que pusieron de manifiesto la importancia del trabajo de esta historiadora que había ya
publicado algo sobre el tema en alemán en 1981, pero fuera de los circuitos amplios(5).

Pero vayamos a los hechos, tal y como sucedieron.
El asesinato de Ernst von Rath
En octubre de 1938 el gobierno polaco dictó una norma legal que privaba de eficacia a todos aquellos
pasaportes polacos que no fueran visados en el plazo de un mes. Este visado tan sólo podía lograrse en
Polonia y tenía como objetivo final lograr transformar en apátridas a todos los judíos de esa nacionalidad que
vivían fuera del país. La gran mayoría, cerca de 70.000, residían en Alemania por lo que el gobierno alemán
inmediatamente negoció con los polacos un aplazamiento de la entrada en vigor de esta norma o una
excepción para los residentes en territorio alemán pero sin lograr que los polacos recapacitaran. No era nueva
esta actitud antisemita del gobierno polaco, mucho más arraigada en Polonia que en Alemania, y esto era
únicamente una muestra más de la política oficial de Varsovia contra esta minoría étnica.
El 28 de octubre, dos días antes del cumplimiento del plazo fijado, la policía alemana detuvo entre 15 y
20.000 judíos, mayormente varones adultos, y trasladados a la frontera germano-polaca. El mismo día
comenzaron los polacos a deportar los judíos con pasaporte alemán que había en su país. Sin embargo, el 29,
sorpresivamente se logró un acuerdo y las deportaciones se suspendieron.
Entre los que fueron deportados estaba la familia Grynscpan, un parado de larga duración que sobrevivía
gracias a las ayudas sociales alemanas aún cuando era ciudadano polaco. Uno de los hijos de la familia, Herzel
Grynscpan, vivía entre París y Bruselas desde 1936, donde se hallaba amparado por sus tíos que al caducar su
pasaporte polaco en febrero de 1938 la Embajada polaca en París le negó renovarlo y sus tíos le pidieron que
volviera a casa de su padre pues no estaban dispuestos a seguir manteniéndole. Entonces, y sin que nadie
haya podido explicarlo, el joven Herzel, de tan sólo 17 años de edad, se muda a una elegante hotel parisino,
cerca -curiosamente- de la sede de la L.I.C.A. (Ligue International Contre l´Antisemitisme) y comienza a
disponer de fuertes sumas de dinero. Narra la historia oficial que, enterado de la deportación de su familia y
desesperado, se dirigió el 7 de noviembre, tras gastar una fuerte suma de dinero en adquirir un arma, a la
Embajada alemana y acertó asesinar a un diplomático alemán de segunda fila allí destinado. No hizo ningún
ademán por huir y es inmediatamente detenido. Casi inmediatamente, y mucho antes de hacerse pública la
noticia por la prensa, su defensa es asumida por el abogado de esta asociación judía, uno de los más
afamados de la capital gala. ¿Quién le envía? ¿Quién va a pagar los honorarios? Siguen las lagunas entorno al
joven vengador. La justicia francesa no llegó a condenarle pues los abogados judíos lograron aplazar la vista
hasta que estalló la segunda guerra mundial y llegaron los alemanes a París donde se encuentran con
Grynscpan. ¿Cuáles eran sus verdaderos motivos para asesinar al diplomático alemán? Al menos, ciertamente,
no el patriotismo propolaco, ni su desesperación por una familia de la que se había desentendido desde hacía
años. Volveremos a ello más adelante pues el 9 fallecía Ernst von Rath como consecuencia de las heridas
producidas en el atentado y en Alemania, al conocerse la noticia, comienzan los incidentes.

Estalla la Kristallnacht
De vuelta, pues, a Alemania. La noche del 9 al 10 de noviembre estallaba en algunas ciudades alemanas
graves algaradas antijudías donde numerosas propiedades judías y sinagogas fueron destruidas así como
maltratados miembros de esta etnia. Grupos de alborotadores recorren las calles, pero sin la complicidad de
las autoridades ni con la complacencia generalizada de la población como nos han hecho creer hasta ahora ni
los resultados de esa noche fueron tan devastadores como se ha querido señalar posteriormente. Nos han
hecho creer que todas las sinagogas alemanas fueron quemadas y que todos los comercios destruidos
mientras que todos los judíos eran detenidos y maltratados a manos de los SA del partido. La realidad dista
bastante de ser así, sin que sirva de justificación cuando un exceso se comete.

De las más de 1400 sinagogas existentes entonces en Alemania menos de 180 fueron destruidas esa noche
(cerca del 13%) mientras que de los 100.000 comercios judíos unos 7.500 fueron atacados y sus lunas rotas
(un 7,5%) mientras que la chusma en ocasiones era, incluso, repelida por las unidades de las SA que
recibieron instrucciones de sus jefes de interponerse esa noche. Las pérdidas humanas se elevaron a 91 según
dictaminó la Corte Suprema del Partido que investigó los hechos, ya que se abrió una investigación para
depurar responsabilidades. En cuanto a los alrededor de 20.000 judíos de las zonas afectadas, detenidos
según la historia oficial, puestos en custodia según consta en la documentación excistente en los archivos
alemanes, fueron liberados poco después al cesar el peligro, lo que demuestra que la versión oficial era
cierta.(6).

No habían sido detenidos para ser ni asesinados ni deportados, tan sólo para proporcionarles cobijo y
seguridad mientras se aclaraban las circunstancias. Por tanto podemos comprobar como se ha exagerado
considerablemente en la versión oficial.
Ciertamente se produjeron excesos, pero estos estuvieron concentrados geográficamente, su mayoría en la
región de Magdeburg y Hessen, y en algunas ciudades como Nuremberg o Munich, y en los centros
comerciales (aunque algunas fuentes citan al campo como principal lugar donde se produjeron , lo cuál es
erróneo), y en modo alguno se apoderó el pánico de la población judía alemana, como nos han hecho creer.
Tampoco la población alemana participó en su conjunto en las manifestaciones y asaltos, sino que fueron
grupos reducidos de alborotadores. Memorias publicadas de judíos alemanes residentes allí por esa fechas
recuerdan como al día siguiente las clases siguieron con normalidad, ¿habrían los padres judíos enviado sus
hijos a las escuelas al día siguiente de haber presentido que se estaba produciendo un pogrom antijudío que
pudiera hacer temer por sus vidas?
Esa noche la plana mayor del partido se hallaba reunida en la tradicional cena de camaradería conmemorativa
de la marcha del 9 de noviembre (primer intento de tomar el poder en 1923, una de las fechas más
significativas del partido). Estando reunidos allí llegó la triste noticia del fallecimiento del diplomático, Hitler
irritado decidió abandonar los festejos por no corresponder en estos momentos de amargura. Goebbels lo
comunicó a la audiencia y, en un tono violento eso sí como era su estilo, arremetió con su tradicional carga
antisemita. Sin embargo son pocos los historiadores que destacan que asimismo advirtió a los asistentes que
no se dejasen llevar por los acontecimientos y que se abstuvieran de participar en manifestaciones públicas
antisemitas.

Enterado de los sucesos que estaban aconteciendo esa noche, Goebbels invitó a los jefes de cada región
presentes en Munich, y en especial a Viktor Lütze, jefe de las SA, a que transmitieran órdenes expresas a sus
secciones para que se restableciera el orden y que, si fuera menester, incluso protegieran las propiedades
judías. El mismo no podía hacerlo pues no tenía autoridad para ello ya que era tan sólo ministro de
propaganda y no tenía poderes sobre el partido ni sobre las autoridades civiles ni militares. Un cercano asesor
de Goebbels, el príncipe Friedrich Ch. de Schaumburg-Lippe, que estaba en Suecia por esas fechas recuerda
en sus memorias cómo fue a pedir explicaciones a Goebbels de lo acontecido y cómo éste estaba sumamente
iracundo por lo que podía ocasionar de perjuicio a la imagen de Alemania en el extranjero (7) Otras fuentes
corroboran exactamente la misma reacción en el ministro(8).
Hitler, igualmente informado de los incidentes, mandó llamar de madrugada al jefe de la policía de Munich
para que interviniese sin dilación. Igualmente ordenó a Hess remitir un télex a todas las oficinas de los
gobernadores (Gauleiters) que se ha conservado. Himmler hizo lo mismo a las autoridades policiales.
Ciertamente algunas secciones del partido no cumplieron órdenes, o no les llegaron a tiempo, y se vieron
envueltos y llevados por el calor del momento. Esta es otra de las incógnitas ¿porqué se lanzaron a la calle si
no hubo orden de sus superiores? En los procesos judiciales de desnazificación que se desarrollaron tras la
guerra, en numerosos casos la participación en la Kristallnacht ha sido uno de los pilares de la acusación
contra estos miembros, individuales y anónimos en la gran mayoría de los casos, pero que en la narración de
los hechos nos pueden ayudar a clarificar esta pregunta: en reiteradas ocasiones se menciona la existencia de
sujetos que dictaban órdenes, lideraban a los grupos de alborotadores y que después desaparecieron. Es aquí
donde puede encontrarse parte de la respuesta.
¿Quienes fueron, pues, los responsables o, al menos, los beneficiarios?
Hasta hace poco se incriminó directamente, sin ruborizarse por la falta de pruebas, ni los mismos
nacionalsocialistas que sobrevivieron la guerra, a Joseph Goebbels, el ministro de propaganda del Reich. Se
dijo que habría organizado este pogrom y esperado una provocación para lanzar a la calle a los agitadores. Se
ampararon los historiadores, entre otros aspectos, en el mensaje radiado en el que intentó justificar la ira
como fruto de un sentimiento popular y que no se decidiera a condenar públicamente las manifestaciones.
Dado que falleció en Berlín en 1945 nadie se molestó de comprobar la veracidad de esta incriminación. En el
Tribunal de Nuremberg se intentó, desesperadamente, de forma que hasta parece que se llegó a falsificar
pruebas, algo que por otro lado era muy habitual allí, buscar la orden o documento por escrito que implicara a
la cúpula del partido en la organización de los sucesos.(9).
Pero esta sospecha que podía estar organizado por Goebbels incluso planeó durante el Tercer Reich. Himmler,
parece ser, se manifestó así en cierta ocasión pero sin estar demasiado seguro de su acusación y viene a
demostrar la existencia de dudas que circularon entorno a este asunto de manera que ni siquiera el mismo
responsable de la seguridad del Reich sabía quién era el instigador de la Kristallnacht.(10)
Este es el punto verdaderamente interesante de este episodio pues nos podrá desvelar muchas incógnitas.
Sabemos que no pudo ser Goebbels. La biografía de David Irving, Goebbels: Mastermind of the Third Reich,
basada en el estudio de los diarios personales del ministro revelan que era absolutamente ajeno a cualquier
preparación de esta jornada y que le irritó de sobremanera (11) No tenía ni autoridad ni lo había previsto,
incluso era lo más contradictorio que podía proponer en ese momento en que Alemania estaba intentando
llegar a un acuerdo internacional para solventar el problema checo y la imagen de Alemania estaba bastante
deteriorada de por sí. Como relata von Oven, ese año 1938 se caracterizó precisamente por una política
deliberada de evitar alusiones antisemitas en los medios de comunicación, por tanto dificilmente podía
interesarle a un estratega de la propaganda como era Goebbels un pogrom antijudío. Tampoco suelen los
historiadores oficiales que han tratado la Kristallnacht reproducir la segunda parte del mensaje de Goebbels a
la población alemana emitido la mañana del 10 de noviembre que dice, literalmente: “Toda la población es
ahora inmediatamente llamada a desistir de cualquier manifestación y acción, de cualquier naturaleza, contra
los judíos. La respuesta definitiva al asesinato judío se llevará a cabo mediante la Ley”. Creemos que el texto
es suficientemente claro para que no pueda dar lugar a confusiones.

Tampoco fue Hitler ni Himmler, ambos se extrañaron que sucediera y ordenaron que remitiera
inmediatamente. Ningún otro jerarca del partido tenía autoridad ni se habría atrevido sin el consentimiento de
Hitler o de Goebbels, que supervisaba todo lo que tenía que ver con la propaganda del régimen. Por otro lado,
no es propio, sociológicamente, del pueblo alemán este tipo de acciones colectivas. No olvidemos que los
pogroms se han dado sólo en países donde la gran masa social carecía de cultura. No era el caso de Alemania.
Incluso pretender que fue una manifestación o reacción del antisemitismo popular alemán, como hace
Goldhagen al señalar, erróneamente, que “alemanes corrientes, de manera espontánea, sin provocación ni
estímulo, participaron en las brutalidades. Incluso los jóvenes y los niños intervinieron en los ataques, algunos
de ellos, sin duda, con el consentimiento de sus padres”, es desconocer el carácter alemán (12). El
antisemitismo en Alemania jamás fue violento, en el sentido físico, aunque sí en el verbal y cualquier exceso
era duramente reprimido por las autoridades nacionalsocialistas. Streicher, el paradigma del antisemitismo
alemán para los historiadores, fue incluso censurado y le fue retirada la autorización de hablar en público en
1940 al considerársele su tono no apropiado.
Pero entonces..., ¿Quién organizó las algaradas callejeras? La versión de la espontáneidad, dada por Goebbels
en su mensaje del día 10 de noviembre, no se sostiene como tampoco fue aceptable para ellos mismos. El
ministro habló varias veces en privado de la existencia de agitadores profesionales tras los grupos de
alborotadores. Quizá la respuesta, o al menos quiénes eran los beneficiarios de lo acontecido, la encontremos
si nos retrotraemos a un suceso acaecido en 1936, dos años antes. Este es el hilo conductor que nos llevará a
una plausible respuesta al dilema.

Ese año era asesinado Wilhelm Gustloff, un alemán residente en Suiza, que dirigía la sección helvética del
NSDAP. Fue asesinado por un judío alemán que inmediatamente fue defendido también por el mismo abogado
que defenderá a Grynscpan. En el juicio contra el asesino de Gustloff quedó probado que el asesino no había
actuado sólo sino en complicidad con una poderosa organización secreta. Todas las pistas se dirigían hacia la
L.I.C.A. pero el asesino no confesó. En esa ocasión el gobierno alemán, molesto, no impuso medidas
excepcionales contra los judíos alemanes. Cuando Grynscpan asesinó a von Rath se pretendía, sin lugar a
dudas el mismo objetivo: provocar al gobierno alemán para atacar a los judíos y así justificar una campaña
antialemana por parte de los Sionistas. Pero esta vez la jugada estaba mejor preparada. Miembros de la
Resistencia antinazi e, incluso judíos se puede presumir, habían organizado un plan para provocar un pogrom
en Alemania coincidiendo con este asesinato. Para asegurarse que en esta ocasión iba a ser fácil disuadir a los
SA, cuyo antisemitismo militante era conocido, se eligió la fecha del 9 de noviembre en que los máximos
dirigentes nacionalsocialistas estarían en Munich celebrando el aniversario. La confusión y las ausencias en la
cadena de mandos ayudaría a los provocadores que esperaban así una reacción internacional que pudiera
derrocar a Hitler, pero, además, en caso de fracasar serviría de apoyo a los sionistas que así podrían presionar
a Berlín para lograr un acuerdo ventajoso de emigración (y de deportación si hiciera falta) hacia Palestina de
los judíos alemanes (lo que provocaría una reacción franco-británica que podría quizás desencadenar la guerra
mundial). La doble jugada era evidente y ellos los principales beneficiarios de lo sucedido. Todo ello acorde
con las usuales tácticas de los sionistas de la escuela de Jabotisnky, que no escatimaban en medios y para los
cuáles incluso la vida de sus compatriotas podían ser sacrificadas si era menester. De Jabotisnky había sido,
causalmente, compañero el presidente de la L.I.C.A.(13) Un efecto inmediato de la Noche de Cristal fue,
precisamente, la consecución de un acuerdo entre los sionistas y las autoridades alemanas para facilitar la
emigración judía. Este acuerdo existe y se reproduce en el trabajo de Weckert como apéndice.(14)

Esta organización logró incluso, y eso demuestra la importancia que tenían sus relaciones con los servicios de
seguridad alemanes, que el asesino de von Rath no fuera enjuiciado y ejecutado cuando los alemanes le
capturaron en 1940 al tomar Francia. Incluso su familia fue autorizada a emigrar a Palestina, apoyada
económicamente por el gobierno alemán. Grynscpan no fue gaseado sino protegido, y cuando acabó la guerra
emigró a Israel. Esta supervivencia del asesino nos hace presumir que estaba bajo la protección especial de
los servicios que negociaban con las organizaciones judías. Qué éstos pudieran incluso haber participado en la
Kristallnacht con la finalidad de promover la emigración judía, lo desconocemos pues no hay prueba
documental que así lo confirme.
Epílogo
El terrorismo con la finalidad de acusar a inocentes, de transformar la víctima en verdugo, siempre ha
existido. Especialmente reiterativa esta práctica cuando se estudia la política exterior judía. No han sido pocas
las voces que han señalado una mano oculta tras numerosos atentados presuntamente antisemitas que
podrían haberse fraguado en las dependencias de los servicios secretos de las embajadas israelíes.(15)
La Kristallnacht es un ejemplo ilustrativo de cómo estos métodos existían incluso entonces, y como la mentira
se transforma en verdad a fuerza de repetir una y otra vez una versión preconcebida, sin detenerse a
considerar la realidad de los hechos.
(1) Los verdugos voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y el holocausto, Madrid, Taurus, 1997 (versión
española), p. 138. Un trabajo que despide odio hacia todo lo alemán y que en 1996 causó gran sensación en
los medios de comunicación formando parte de la nueva campaña lanzada por grupos judíos para evitar que la
memoria de la Shoa quede en el olvide. Parte de esta campaña son los trabajos de Steven Spielberg o la
inauguración del Holocaust Memorial en Washington.
(2) Telford Taylor, The anatomy of the Nuremberg trials, Nueva York, Alfred Knopf, 1992, p.379. Taylor fue
Fiscal jefe americano en Nuremberg.
(3) La historia de lo vencidos, p. 157-158, 2ª edición 1979.
(4) Un ejemplo de la mala fe, y cómo superan este tipo de escollos, de los historiadores oficiales es la
biografía de Goebbels de la pluma de Ralf Georg Reuth, Goebbels. The life of Joseph Goebbels, Londres,
Constable, 1993, que simplemente zanja el asunto con la frase: “Documentos encontrados posteriormente
revelaron que la Noche de los cristales rotos que ahora se produjo estaba hasta el último detalle organizada
por varias agencias gubernamentales en concierto.” (P. 240) señalando con fuente una nota a final de
capítulo. Cuando nos vamos a esta nota, que supuestamente contiene toda la información que dice haber
tenido acceso el historiador, nos indica como fuente entre otros el trabajo de Hermann Graml,
Reichskristallnacht: Antisemitismus und Judenverfolgung im Dritten Reich, Munich, 1988, un trabajo
divulgativo, que no académico, sobre el antisemitismo en esa época donde el título se refiere a esta noche
como el principio de la persecución pero que no es un estudio comprehensivo de los sucesos.

(5) pp.. 118-131 ¿Quién era Goebbels?, Buenos Aires, Editorial Revisión, 1988.
(6) Informe de R. Heydrich, jefe de seguridad del Reich, el 11 de noviembre de 1938 sobre las consecuencias
de la Kristallnacht, presentado ante el Tribunal de Nuremberg, Repr. por Weckert, op.cit., p. 65-66.
(7) Dr.G. Portraet des Propagandaministers, Wiesbaden, 1963. Cit. por von Oven, op.cit.
(8) Por ejemplo, el Dr. Naumann, jefe de departamento en el Ministerio de Propaganda. Cit. en Ingrid
Weckert, op.cit., p. 96.
(9) David Irving, Nuremberg. The last battle, Londres, Focal Point, 1996 nos da una visión detallada de estas
maniobras.
(10) Wilfred von Oven, op.cit., p.118-119.
(11) St. Martin´s Press, Nueva York, 1996. Esta, y otras revelaciones, ha provocado que el libro fuese
censurado en Alemania y vetado por numerosas editoriales americanas.
(12) Los verdugos voluntarios de Hitler... p. 139. Creemos que el autor se descalifica a si mismo con este tipo
de acusaciones sin fundamento. No resulta, pués, extraño que los historiadores oficiales hayan señalado este
trabajo como una gran contribución para comprender este período. Todo lo que sea odio antialeman es
bienvenido.
(13) Para profundizar en las estrechas relaciones existentes entre los grupos sionistas y la Alemania
nacionalsocialista, véase el trabajo de Emmanuel Ratier, Les guerriers d´Israel, París, Facta, 1995, que incluye
un interesante estudio sobre este personaje.
(14) El profesor Israelí Yehuda Bauer en su estudio Jews for sale? Nazi-Jewish Negotiations, 1933-1945
(Nueva York, Yale University Press, 1994), pp. 34-35, debe reconocer la eficacia de la Kristallnacht para
fomentar la emigración judía. En 1938 abandonaron Alemania y sus territorios anejos 117.200 judíos, cifra
que se elevó a 144.000 al año siguiente.
(15) Los sangrientos atentados de Buenos Aires en 1992 y 1994, que causaron más de un centenar de
víctimas, son ejemplificativos. La tesis de la existencia de un terrorismo fundamentalista judío ha sido
desarrollado no por neonazis sino por personajes de la talla de Norberto Ceresole (Terrorismo fundamentalista
judío. Nuevos escenarios de conflictos. Crisis del nuevo orden mundial”, Madrid, Libertarias, 1996).
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