Las cosas que ellos dicen hacer mejor que nosotras
La igualdad entre los géneros es algo que a esta altura nadie discute. Pero esa igualdad en los derechos y las obligaciones no significa que los hombres sean iguales a las mujeres en todo. De hecho, es en las diferencias donde muchas veces se basa la complementación y parte de la atracción. A su favor, los hombres se adjudican algunas cualidades sobre las que dicen ser superiores a las mujeres.
Ellos dicen ser los reyes del volante. “Andá a lavar los platos”, sigue siendo su frase favorita cuando se nos cruzan en las esquinas. “Tengo un auto entre las manos desde que me regaló Papá Noel uno de juguete, cuando tenía un año”, dicen con sobrada seguridad.
Disfrutar del ocio
Cuando se trata de tirarse panza arriba y pasarse horas sin mover más que los músculos y órganos necesarios para deglutir, ellos dicen ser los mejores. “Ustedes no pueden estar en paz, sin pretender producir algo... una charla, una actividad, cualquier cosa”, manifiestan orgullosos de su capacidad de matar el tiempo haciendo nada.
Improvisar salidas
“¿Y si paramos acá y comemos algo?”. A ellos no les importa tener poco tiempo, poca plata o andar mal vestidos (o sin bañarse) para inventar una salida o prenderse en una joda.
Perdonar
Que las mujeres son más rencorosas, que nunca olvidan, que siguen enredadas en el pasado y que les cuesta más cerrar y dar por terminados los asuntos de conflictos.
Pensar en nada
Qué capacidad más increíblemente animal la del varón, la de colgarse y dejar la mente en blanco. Como autómatas, pueden hacer zapping con la boca abierta durante horas, sin tener la más mínima idea de lo que están viendo… o pescar durante horas repitiendo el mismo movimiento a lo largo de todo un día, sin siquiera emitir una palabra. Ellos lo consideran una virtud insuperable… y no entienden que la mujer les pregunte: ¿Me podés decir en qué estás pensando?... En nada… piensan … ¡En nada!
Hacerse amigos
Acaban de ser presentados, y ellos ya planean vacaciones juntos con el extraño. Se detienen con el vendedor, y se invitan a ir a la cancha. Se cruzan por primera vez con otro automovilista en la estación de combustible, y ya se dan el teléfono para coordinar un asado. “Vos sos muy desconfiada de la gente… Por eso tenés tan pocos amigos”, les reprochan a su mujer.

Ubicarse geográficamente
Les cuesta preguntar si están perdidos porque sienten que fallan en una de sus virtudes autoproclamadas más contundentes: los hombres dicen ubicarse geográficamente. “Callate, que yo sé”, dicen cuando una mujer quiere indicarles el camino que deben tomar.
Divertirse con los hijos
Simplemente, ellos dicen poder divertirse con los chicos, y que nosotras no. Cuando los dejamos solos, seguro arman un plan, juegan a la peleíta pero dejan el baño, el cuarto o la cocina hecho un desastre. “Yo puedo pasarlo bien sin estar preocupado por el desorden, que se golpeen, que se caigan o que se ensucien”, dicen ufanos.
Ponerle punto final a las discusiones
“Ya está, listo, ya quedó claro”. De repente consideran que la discusión ya concluyó, y que las mujeres siguen queriendo hablar de lo que ya está definitivamente cerrado.
Calcular gastos
Las mujeres, según ellos, no son capaces de tener la frialdad de calcular los gastos. Las cuentas las prefieren llevar ellos, así no alcanza para zapatos nuevos pero si para unas súper llantas para el auto.
Arreglar cosas
La caja de herramientas es un bien no marital. Es cosa sagrada, y de ellos. “No toques nada que me hacés un desastre y van a volar los tapones de la casa”, dicen ellos si las mujeres se quieren meter con un desperfecto del hogar.
Hacer asados
Para ellas, poner la mesa, hacer las ensaladas y el postre. No hay forma de que cedan su espacio en el asador. “Lindo día para hacer un asado, siempre y cuando esté papá”, parece ser la cuestión.
Cuidar el auto
Como lo consideran parte constitutiva de su ser, ellos aseguran tener más cuidado del coche. Que la limpieza, que el ruidito, que el service, que la chapa y la pintura. “La mujer no se da cuenta ni de que lleva nafta” opinan, convencidos de su superioridad en el asunto.
Poner límites a los chicos
“Vos te lo pasás gritándole pero no te hacés respetar”, dictaminan. La ley del hogar la impone el varón, según la perspectiva de los hombres, que se sienten mejores para marcar los límites a las criaturas.
Confiar en los demás
Es simple, uno debe partir desde la confianza en la gente, por lo menos hasta que te demuestren lo contrario. Ese es un patrón del varón, que según ellos, las mujeres no cumplen.
No preocuparse por pormenores
Para hacerse mala sangre, el problema debe valer la pena. “Ustedes se hacen un drama por la peor estupidez, y se amargan y nos amargan el día”, dicen con suficiencia.
Manejar el control remoto
Se sienten los reyes del zapping “solo yo en esta casa puedo sacarle jugo a este aparato” piensan los varones, además, parecen sentir que ese aparato es la extensión de su brazo.
Relajarse durante eventos en la propia casa
“Si organizamos algo para disfrutar, pues… disfrutemos”. Dicen que las mujeres no se relajan nunca, y después se quejan de eso mismo, porque no saben aflojar en ningún momento.
No envidiar
“Simplemente disfruto de lo mío, y me alegro de los demás… o al menos, no me importa mucho lo de los demás”. Según ellos, ellas son incapaces de pensar así.
Entender cómo funcionan los aparatos eléctricos
“Mejor, vos ocupate de encender el botón rojo, de enchufar y desenchufar”. Del resto, mejor me ocupo yo.
Jugar a los juegos electrónicos
“Ellas son amargas jugando a cualquier cosa, no los entienden, por eso dicen que es de niños divertirse usándolos”. Ellos pueden pasarse horas jugando, y no cortan hasta que terminen de ganar o pasar a un próximo nivel.
Ahorrar
“La plata puede guardarse, puede ser utilizada en el futuro”. Ellas, necesitan verla quemada, gastada, usada, despilfarrada… Les quema el dinero en las manos.
Emocionarse por cosas que sí valen la pena (y no por cualquier cosa)
Si llorás por la novela, por las hojas del otoño, por el vecino que se compró el tele, por la letra de la canción de la tele... si te emocionás por todo, cuando algo importante pasa en tu vida ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a publicar una solicitada en el diario?

Mantener amigos
No es difícil mantener los viejos amigos a pesar de los cambios de la vida. No es difícil, si sos varón...
Armar viajes
“Se elige el destino, se cuenta la plata, se hacen un par de averiguaciones, se arma la valija y listo”. Esta síntesis la puede hacer el varón. La mujer requiere de mil pasos extras, como mínimo.
Decir las cosas sin vueltas
No hay que armar una estrategia para decir cada cosa. Se dice lo que se piensa, y ya está. “Ellas en cambio, son capaces de ensayar los discursos hasta 50 veces, para decir lo más trivial como lo más importante de la vida”.
Menos susceptibilidad sobre lo que te dicen o piensan de vos
“Bueno, no me conoce tanto, es lo que le habré parecido, piensan sobre lo que opinan de él”. Ellas se quieren morir de sólo pensar que alguien las critica por el color de los zapatos...
Asumir sus cambios físicos
“Sí, tengo panza, también, con los asados y la cerveza qué querés que le haga...” ¿Es posible que una mujer sea capaz de decirlo así, tan relajadamente? Preguntan.
Divertirse con poco
“Una pizza, cerveza y las cartas, y la pasamos buenísimo toda la noche”. Claro, si sos varón. Si sos mujer... aseguran que nada nunca parece que alcanza.
Tolerar a la suegra
“Tu vieja es una harpía. Pero es tu madre…” Refunfuñan, pero se la bancan. Dicen que ellas no soportan tanta neutralidad: “a la bruja de tu suegra le voy a ganar esta guerra”...
