la importancia de ser optimista



Muchas personas viven las mismas situaciones o situaciones muy similares y sin embargo reaccionan ante ellas de maneras muy distintas. Cada persona reacciona de acuerdo a experiencias que ha tenido anteriormente, pero también influye mucho su personalidad y especialmente lo optimistas o pesimistas que son. Cuando una persona es muy pesimista, se tomará cualquier adversidad de la vida de una manera mucho más drástica que si no lo es. En cambio las personas positivas y optimistas evitarán que estas situaciones les afecten en demasía e incluso sacan conclusiones positivas de las adversidades. Ser positivo no significa tomarse todo como si nada importara, sino que se trata de buscar el lado bueno de las cosas. Las personas positivas aprecian las cosas buenas de la vida, los momentos de alegría y felicidad, y tratar de ver las cosas malas desde una perspectiva distinta. Por más malo que todo pueda parecer, siempre buscan y encuentran el lado positivo y hasta de la más terrible crisis sacan enseñanzas y conclusiones positivas. De hecho, la palabra “crisis” en chino también quiere decir oportunidad, lo cual significa que aun en el peor momento se puede rescatar algo positivo ya que una crisis es siempre una oportunidad de empezar de nuevo.
Ser optimista en la vida ayuda muchísimo, ya que una persona optimista seguramente tendrá una capacidad mayor de controlar sus emociones sin permitir que estas le afecten negativamente. Una persona optimista tampoco se tomará a la tremenda cualquier hecho que le afecte o lo que lo demás puedan pensar de uno. Ser optimista tampoco quiere decir que nada deba importarte, sino que se trata de conjugar la capacidad de abstraerse de los hechos y situaciones para poder pensar de una manera mas racional y buscando el lado positivo que nos permita crecer y aprender de lo ocurrido, sin necesidad de que nos afecte negativamente ni dejando que la situación nos sobrepase.
consejos para ser optimista





Ser una persona positiva no es tan difícil como se piensa. Sólo hay que aprender a mirar la vida y sus claroscuros con las gafas mentales adecuadas. En lugar de soñar con la ausencia de problemas o adversidades, hay que estar preparado para cuando lleguen. El secreto para vivir en clave positiva está en cada uno de nosotros.
Enfrentarse de manera positiva y esperanzada a lo que nos depara la existencia día a día, no sólo ayuda a vivir más feliz y hacer felices a quienes nos rodean, sino también a vivir más años, según estudios recientes.
Algunas investigaciones en la Universidad de Yale, en Connecticut (EE.UU.), sugieren que el optimismo puede alargar la existencia, tanto o más que otros factores del estilo de vida recomendados habitualmente por los médicos, como hacer ejercicio, no fumar, beber con moderación o mantener controlados el colesterol sanguíneo y la tensión arterial.
Pero, ¿cuál es el poder real de una actitud positiva ante la vida? ¿Cómo hay que enfrentarse a las situaciones con buen ánimo cuando éstas invitan a todo lo contrario? ¿El optimista nace o se hace? Y lo más importante y práctico: ¿Se puede aprender a cultivar un talante más alegre, a desarrollar esa energía interior que “puede con todo y todos”?
En muchas culturas orientales y occidentales, y diversas tradiciones filosóficas y corrientes místicas, se elogia y recomienda la práctica consciente del optimismo vital y de una actitud positiva, como causa y consecuencia de una gran sabiduría, del logro de una mayor eficacia en los propósitos que se persiguen, y de una importante madurez emocional y mental.
El psicopedagogo Bernabé Tierno, en su libro "Optimismo vital" ha elaborado el retrato-robot de una persona que lleva el optimismo dentro, y a quien conviene imitar, si se quiere vivir más plenamente.
Quienes reúnen las siguientes características, son más felices y capaces de poner “al mal tiempo buena cara”:.
• Inteligencia y perseverancia.
La persona que cultiva el optimismo vital mantiene la actitud de aguardar que le sucedan cosas buenas y gratificantes porque entiende que los acontecimientos positivos guardan relación con el esfuerzo y dedicación personales.
• Prefiere la constancia a la “buena suerte”.
Tanto la adversidad como los “golpes de buena fortuna” son factores ajenos a la persona y que escapan a su control. Para alcanzar el éxito es preferible centrarse en valores como la tenacidad, el entusiasmo, el esfuerzo sostenido y la dedicación.
• Los infortunios son pasajeros.
La persona optimista confía en poder superar las adversidades, en sacar lecciones de los golpes de la vida y en salir con más experiencia y felicidad e incluso reconfortada, de cualquier circunstancia adversa, incluso aunque sea crítica y extrema.
• Es preferible ser práctico y realista.
Seguir un camino claramente definido, proponerse metas concretas, sencillas y asequibles, tener “los pies sobre la tierra” y conocer bien lo que se quiere conseguir, son otros “abonos” para el optimismo.
• Vivir “aquí, hoy y ahora”.
Hay que ser consciente de que el auténtico bienestar procede de las situaciones más corrientes que nos depara el día a día, y de vivir y disfrutar el presente, sin preocuparse del ayer ni del mañana.
• Aceptar con calma lo que llega.
Aprender a resistir y doblarse sin romperse, ante los traumas y desgracias, como sucede con el junco, que se inclina ante la fuerza del viento pero después vuelve a su posición inicial, es otra de las claves del optimismo vital.
Para el optimista, las situaciones dramáticas le brindan una oportunidad de crecer y fortalecerse como persona.

LA CONEXIÓN CEREBRO-CORAZÓN
"Ser optimista ayuda a vivir más"
Cuando uno se enoja, se ríe o llora, el cerebro libera diferentes sustancias químicas que influyen en todo el organismo. Partiendo de este conocimiento, el médico catalán Albert Figueras escribió un libro en el que explica por qué las personas constantemente tensas atentan contra su salud y aquellas “relajadas” logran vivir más y mejor
Desde 1999 recorre países latinoamericanos para promover el uso racional de medicamentos como parte de su trabajo en la Fundación Instituto Catalán de Farmacología. Pero, en esta ocasión, su visita a Buenos Aires tuvo otro motivo. El médico catalán Albert Figueras, profesor asociado de la Universidad Autónoma de Barcelona, vino a presentar su libro Optimizar la vida. Claves parareconocer la felicidad, donde explica cómo actúa el cerebro ante diferentes situaciones. En su charla con PERFIL destacó algo demostrado científicamente, pero que muchas veces es subestimado: ser optimista ante las situaciones cotidianas ayuda a vivir más y mejor.
—Hoy se vive acelerado. ¿Cómo afecta eso a la salud?
—El problema no es la velocidad en sí, sino lo que produce ella en nosotros. Corremos, tenemos miedo de no llegar a hacer todo, y esto nos produce estrés. En principio, es una respuesta “buena” del organismo, porque nos prepara para responder a una situación inesperada. Pero, cuando el estrés es constante, elaboramos una serie de sustancias nocivas, como el cortisol.
—¿Qué rol juega el cerebro en ese proceso?
—El cerebro percibe los estímulos y nos informa cómo está el mundo. Para hacer todo esto, funciona todo un sistema muy complejo, que se basa en la acción de unas células especiales: las neuronas. Ellas se van comunicando unas con otras mediante impulsos eléctricos o por unas sustancias químicas llamadas neurotransmisores. Estas sustancias son muy variadas y cada una tiene un efecto distinto. Por eso, el cerebro es como una especie de “laboratorio”.
—¿Qué sustancias se producen y qué efectos tienen en la salud?
— Frente a una situación que nos enoja, el cerebro automáticamente envía la orden de segregar una sustancia que puede calmar o aumentar la irritación. Los corticoides, que se generan cuando nos enojamos, aumentan la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Si logramos de alguna manera que no se segregue tanto cortisol, entonces estamos frenando uno de los múltiples factores que podrían llegar a desencadenar un infarto.
—¿Y ante una situación tranquila?
—En ese caso, el cerebro puede elaborar, por ejemplo, endocanabinoides o endorfinas, que son sustancias que generan una sensación de relajación, tranquilidad y bienestar. Y de placer. Tiene efectos que contrarrestan los efectos de los corticoides y el cortisol.
—¿Por qué asegura que las personas optimistas tienden a vivir más y a vivir mejor?
—No se sabe exactamente el porqué, pero está comprobado científicamente por diversos estudios. Puede ser que como la persona optimista tiene más ganas de vivir, lleva hábitos más saludables. Se ha demostrado que quienes se toman la vida con tranquilidad tienen una mejor respuesta inmune. En cambio, las más estresadas elaboran más cortisol y tienden a tener menos inmunidad.
— ¿Se aprende a ser optimista?
—Yo creo que hay un poco de todo. Aunque me atrevería a decir que sí, el optimismo se aprende.
—¿Cuáles son las claves para vivir mejor?
—Una de las primeras cosas es conocer cómo funciona el cerebro. A partir de ese conocimiento, un ejercicio pequeño es identificar dos o tres cosas buenas que nos pasaron en el día.
Pensar en positivo
Con ejemplos de la vida cotidiana, en su libro Optimizar la vida Albert Figueras logra mostrar un mundo que, a pesar de no estar a la vista, se manifiesta en cada reacción y sensación a partir de lo que sucede en el cerebro.
A lo largo del texto, el médico cita estudios científicos que demuestran que ser optimista ayuda a tener una mejor salud. Y explica de manera simple cómo actúan las sustancias que frenan o refuerzan las reacciones ante situaciones como el enojo, la alegría y el estrés.
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