===Envidia entre mujeres===
Ninguna mujer quiere que la llamen envidiosa, y mucho menos que le digan que está envidiando a otra mujer. Noooo, eso está muy mal. Sin embargo, si haces un poquito de memoria tal vez puedas recordar la mirada fulminante, de arriba a abajo, que casi sin darte cuenta, le has hecho a alguna compañera de trabajo que tiene un cuerpo espectacular y justo se puso un vestido que le queda perfecto.
Aunque sólo hayan sido fracciones de segundos, ya sea en la adolescencia o en la adultez, las mujeres tenemos nuestros momentos de envidia. Hay incluso algunas que lo dicen sin problemas y hasta la clasifican: "te envidio el vestido, o el cuerpo, o los zapatos o el novio... pero ¡ojo! es envidia de la sana".
Pero sana o enfermiza, ¿es la envidia en sentimiento que se ve más entre mujeres? Para Jennifer Nuñez, sus 34 años de vida le han enseñado que sí. "Las mujeres somos más envidiosas y complicadas, por eso yo prefiero tener amigos hombres". La posición de Jennifer la comparten también gran cantidad de hombres, quienes dicen que la amistad entre los representantes del sexo masculino puede ser más noble que la que se da entre féminas.
Antes de definir qué tan envidiosas pueden ser las mujeres, e incluso para que puedas reconocer en qué momento has caído en esta emoción, es necesario saber exactamente de qué estamos hablando.
Lo peor de la envidia es la que se acompaña de una frustrante impresión de que la vida pasa sin vivirla, inmersa en la monotonía o en un porvenir insatisfactorio carente de retos atractivos. Vemos a otras personas felices y ello acentúa la negativa percepción de nuestra vida y de nosotros mismos. Es frecuente que esta disposición de ánimo nos conduzca a evitar los contactos sociales, nos acerque al fracaso y produzca esa inseguridad tan característica que disfrazamos de apatía, conformismo y negatividad.
La inteligencia emocional se torna imprescindible para acertar en el diagnóstico de nuestra situación en la vida y para dar con el paquete de medidas que nos ayude a superar el estadio de la envidia y a articular las estrategias que nos acerquen a las metas previstas. Mirar al exterior y compararnos con quienes admiramos o envidiamos puede ser un buen estímulo (‘¿por qué yo también no puedo hacerlo?’) siempre que lo hagamos positivamente (no con un espíritu de simple emulación) extrayendo del éxito ajeno conclusiones adaptables a nuestra manera de ser, nuestras capacidades y nuestras circunstancias personales.
El psicoanalista Harry Stack Sullivan definió la envidia como ‘un sentimiento de aguda incomodidad, determinada por el descubrimiento de que otro posee algo que nosotros creemos que deberíamos tener’. El discurso del envidioso es repetitivo, monocorde y compulsivo respecto de lo que envidia y de con quién compite.
Pendiente de lo que tienen los demás, evita reconocer lo se que tiene y nada o poco se hace para sacarle partido. La vida no gira sobre su realidad, sino sobre lo que se desea conseguir y, en definitiva, sobre lo que se echa en falta. La insatisfacción, la frustración y la rabia, dominan y hacen que la vida resulte poco grata.
¿Tiene efectos secundarios la envidia?
La envidia aguda puede crear ansiedad, trastornos del apetito y del sueño y diversas alteraciones físicas y emocionales. Incide también en la actitud hacia la vida, moldeando unas formas de estar en relación con los otros que van desde convertirse en eterna víctima hasta la adopción de una postura defensiva que se traduce en modos irónicos, altaneros, fríos y distantes e incluso de menosprecio hacia los demás… Los afectados colocan al objeto de sus resentimientos en una posición de superioridad, a una distancia inalcanzable y sufren impotencia, desánimo y sentimientos de inferioridad, junto con sensaciones de rabia e ira, que le mantendrán dependiente de la persona con quien compiten. En ocasiones, la envidia no se manifiesta hacia personas de nuestro entorno ni siquiera hacia individuos concretos que conocemos por los medios de comunicación, sino hacia estereotipos creados por la publicidad, la moda, el cine, las series de TV… La estima social que merecen estos héroes de la ficción provoca la envidia de quienes se sienten poco valorados, que pierden su capacidad de análisis y de darse cuenta de que no envidian las virtudes o capacidades de ese modelo de persona sino el reconocimiento social y los honores que reciben.
Conocernos bien, potenciar y trabajar nuestras cualidades y ser conscientes de nuestras limitaciones es el mejor inicio para progresar. Una actuación exclusivamente competitiva genera una dependencia unidireccional hacia la persona envidiada. El envidioso se guarda muy bien, incluso en su fuero interno, de reconocer que padece envidia. Pocas cosas hieren y descalifican más que decirle a alguien: ‘Tú lo que tienes es envidia’. Pero, ¿por qué niega siempre el envidioso su envidia? Porque denota un sentimiento de inferioridad que no admite, porque se siente incapaz de reconocer unas limitaciones que interpreta como signos de debilidad, porque no puede aceptar que su infelicidad no se debe a todo aquello de lo que carece sino a que no sabe valorar lo que tiene, y porque, pendiente de la vida de los demás no deja un resquicio para asumir la suya, con la que no quiere comprometerse por no asumir las responsabilidades propias. Pero no criminalicemos al envidioso ‘oveja negra’. En el fondo, casi todos sentimos envidia de algo o alguien en algún momento de nuestra vida. Es esa especie de sufrimiento (normalmente, secreto) que nos produce el éxito ajeno. Debemos aceptar la envidia como un sentimiento humano más, que sólo nos ha de preocupar cuando deriva en patología y perjudica nuestro equilibrio emocional. En casos extremos de sufrimiento, de celos patológicos, conviene acudir a un profesional calificado.
Combatir la envidia leve
Lo mejor para hacer frente a la envidia es no vivir pendientes de lo que no tenemos. Practiquemos la contemplación en su sentido más profundo, el deleite por lo que se tiene, el redescubrimiento gozoso de lo que nos rodea: las personas que queremos, la fauna y la flora, los paisajes, los pequeños objetos apreciados o los que nos hacen más cómoda la vida. También podemos convencernos de que, normalmente, nada perdemos cuando a otros les van magníficamente las cosas. O darnos cuenta de que compararse con los demás casi siempre resulta estéril. Nuestro mejor punto de referencia somos nosotros mismos. Establezcamos metas en función de nuestras posibilidades, no de lo que otros han conseguido. Podemos considerar que hemos superado la envidia cuando nos alegramos del éxito o la buena suerte de los demás.
Para prevenir la envidia, es útil:
Estimular la empatía, la capacidad de ponernos en lugar del otro.
Favorecer la confianza en uno mismo y en los demás, desarrollando expectativas y modelos positivos sobre las relaciones sociales.
Establecer desde la infancia relaciones correctas y equilibradas con los demás niños.
Relativizar las diferencias sociales y adquirir habilidades para elegir adecuadamente con quién, cómo y cuándo compararse.
Valorar correctamente nuestra capacidad, sin infravalorarnos ni sobre valorarnos.
Colaborar (tanto dar a los demás como solicitar ayuda), es un buen medio para dotarnos de la pericia que requiere resolver los conflictos que causan envidia.
Acostumbrarse a centrar la atención en los aspectos más positivos de la realidad, no siempre en los negativos.
Relativizar el éxito propio, y, si es posible, tomarlo incluso un poco en broma.
Interpretar nuestro progreso personal mediante la comparación con nuestras competencias y habilidades, no con las de otros.
En resumen
La envidia se conoce como el ‘Gigante Verde’. Este gigante nos envenena la vida porque nos priva del ser objetivos en nuestra propia valuación y la de quienes se envidian.
Por ser tan común, se inscribió en lo diez mandamientos, y por ser tan común es tan difícil combatirla. Sólo con una autoestima sólida se poseen los elementos necesarios para no envidiar.
¿Qué es?
La envidia es un sentimiento de tristeza o pesar que tiene dos características básicas: el desear algo que otro tiene y el compararse con otra persona pero para mal, quedando en desventaja.
Cuándo la envidia es grave
- Cuando va acompañada de un deseo de perjudicar a la persona que se envidia.
- Si no permite que se disfrute de lo que se posee, de lo propio.
- Cuando no se puede controlar la duración ni la intensidad de esta emoción.
- Cuando produce sufrimiento, rabia y frustración.
Causas
De acuerdo a diversos estudios del comportamiento, la envidia se genera por factores culturales y sociales. Principalmente se fomenta en la infancia, cuando los adultos no son capaces de manejar adecuadamente el deseo natural del niño por conseguir lo que desea. Si no existe alguien que le explique al pequeño que no se puede tener todo en la vida, que por eso no debe frustrarse y que hay que valorar lo que se tiene, entonces podrá volverse ansioso y envidioso.
¿realmente las mujeres son más envidiosas que los hombres?
Aclarados los conceptos y las causas, volvemos a la pregunta de quienes llevan la batuta en esto de la envidia.
La respuesta pudiera estar en la historia, ya que las mujeres han tenido que luchar por mucho tiempo para lograr beneficios que ya los hombres tenían, lo que las ha vuelto más competitivas y luchadoras. En algunos casos este deseo de lograr sus metas puede generarles envidia en contra de los hombres o de otras mujeres que sean o parezcan un obstáculo en su camino.
Sin embargo, este sentimiento también se ve en los hombres. La diferencia radica en el objeto que se desea. Por ejemplo, en vez de fijarse en la ropa de otra mujer, tal vez les llame la atención el auto, el celular o las habilidades deportivas de otros.
No seas envidiosa
Independientemente de que la sienta el hombre o la mujer, la envidia que no se vuelve un estado permanente ni dañino, sino que va dirigida hacia la admiración, puede llegar a ser positiva e incentivar a la persona a lograr metas. Pero para evitar que se vuelva un problema o para superarla si ya te está causando dolores de cabeza, sigue estos consejos:
1- Acepta la envidia como una emoción natural del ser humano.
2- Conócete más para aceptar tus virtudes y defectos.
3- Sé realista en cuanto a tus capacidades.
4- Evita compararte con otros o permitir que alguien más lo haga.
5- Alégrate del bien ajeno y colabora con los demás.
6- Valora y reconoce tus propios éxitos por pequeños que te parezcan.
7- Desarrolla la confianza en ti misma y optimismo.
SALU2