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Histerycman:muy buena nota leeanla y a opinar

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HYSTERICMAN

Hay pruebas irrefutables de que Hystericman existe y no es un invento. Hace muchos años, Freud inventó una palabra con la que los hombres iban a empezar a torturarnos: ¡Sos una histérica!, gritaban ante la más mínima pavadita. Pues bien, ahora los histéricos son ellos. Hystericman vive,
respira y camina por la calle. Es ése que está siempre ahí, a punto caramelo justo para comérselo hasta que ¡puf! vuelve a desaparecer. Dice que sí pero que no, que no pero que sí, un poco pero no tanto, mmm… sí… mmm… no sé… mmm… vemos qué onda, te invita a tomar algo pero nunca concreta, pasa un fin de semana con vos y al otro ni siquiera te contesta los cinco mensajes que le dejás en el celular, viene cuando quiere, se va cuando se le canta, es confuso, contradictorio y te adora y te ignora en idénticas proporciones. Nunca te agarra del todo y nunca te suelta del todo, por las dudas. Para colmo, tiene la capacidad de mutar, con lo cual no es fácil identificarlos a simple vista, aunque después de dos o tres conversaciones una ya puede dar un diagnóstico más que acertado: ese bombón que viene caminando hacia nosotras con esa sonrisa que nos mata es un Hystericman con todas las de la ley.
Lo muestran dos casos reales, estudiados y analizados hasta el hartazgo:
EL CASO JUAN: Se conocen, por ejemplo, en el trabajo o en una disco. Él la mira, la mira y la mira. Un día, por fin, él le dice que le gustaría ir a tomar un café y ella dice que sí. Intercambian teléfonos. Él no la llama. Pasan dos semanas. Vuelven a verse. Él se excusa: sí, ya se, te juro que pensé en llamarte pero… ella dice que no importa, que todo bien. Él le dice que le gustaría tomar un café con ella. Ella le dice que ya le dijo que sí. Pasa una semana más. Ella se aburre un poquito y le escribe un mail (es moderno y menos invasivo que un llamado). Él no contesta. A la semana se vuelven a ver. Él le dice qué linda que estás, me encantás, cómo me gustaría ir a tomar algo con vos. Ella, que a esta altura sospecha que él sufre de pérdidas repentinas de memoria, le recuerda que ya le dijo que sí. Pasan otras dos semanas. Ella lo llama, él le dice que está ocupado y que después la llamará. Pasa otra semana. Ya estamos pasando el mes y medio… más de un mes y medio por una ínfima tacita de café! Finalmente suena el teléfono de ella, atiende y es él: Hola, cómo estás, etc, etc. Ella, agenda en mano, está con toda la semana a la vista para concretar la bendita cita.
Tres segundos antes de cortar él dice: “Bueno, a ver cuándo vamos a tomar un café”.
Ella abre los ojos enormemente aunque él no la ve por el tubo pensando seriamente en descuartizarlo.
Ya no le puede hacer las cosas más fáciles, así que se decide por el sincero “Ya te dije que cuando quieras”. Juan, desorientado ante semejante claridad, titubea, tiembla y tartamudea. Aclara la voz, tose y dice: “Ok… te llamo y arreglamos”. Silencio. Tu-tu-tu.
EL CASO X: Tuvieron una historia un tiempo atrás. Dejaron de verse. De pronto, ups, te lo volvés a encontrar. X aparece rendido a tus pies, se pone nervioso, se la pasa halagándote: que estás hermosa, que qué lindo te queda el pelo, que qué divino ese pantalón.
Te persigue, se acerca, te mira la boca mientras te habla. Su frase predilecta es: “A nosotros nos quedó una cuenta pendiente”.
Te la repite cada vez que se ven, te llama para decírtela, te la deja grabada en el contestador, te la manda a decir por conocidos en común, pero nunca se decide.
Un día tomás coraje, tomás de más y le decís: “Ok, cerremos esta historia. Concretemos de una vez…”. Ahí Hystericman se pone verde cual Increíble Hulk, recula, retrocede y empieza con una cantidad de excusas incomprensibles: mmm… sí… mmm… pero… mmm, no sé… no puedo/no debo/no quiero, sos maravillosa, me volvés loco, sos inteligente, linda y buena… pero NO.
Lo mirás con furia y te das media vuelta para irte. Desaparecés un tiempo, hasta que X vuelva a la carga… Te llama, se ven, se dejan de ver, te busca,
te ignora, te vuelve a llamar… y así, por los siglos de los siglos… Amén.
Hystericman ama que lo amen. Y la realidad, mal que te pese, es que contra él no puede ni la kriptonita ni los villanos ni las cruces… lo único que realmente logra derribarlo (¡avivate nena!) es que de una vez por todas dejes de mirarlo. Solo ahí, Hystericman se desintegra y desaparece para siempre.
(¡SI!, ¡QUE DESAPAREZCA!)
¡Queremos a los hombres que saben lo que quieren! ¿¿Pero dónde están??
Esta nota como se daran cuenta la escribio una mina queremos decir que aquí estamos los hombre de verdad y sabemos perfectamente lo que queremos .

Fuente http://www.laisladelta.com.ar/modules.php?name=News&file=article&sid=3075
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