CATARSIS
Lo que es estar en último año del colegio… Me levanta mi vieja a las 6:45 con un “Ya es tarde, en 15 tenes que estar en la parada!”. Empezar a correr, ponerme la corbata mientras tomo el desayuno, terminar de armar la mochila y ponerme el zapato izquierdo en el pie derecho. Una odisea de 15 minutos para ir con una mezcla de insomnio, hambre, aburrimiento y odio al colegio. Llegas a las 7 a la parada para que pasen 2 colectivos llenos, no paren, esperes media hora y termines llegando para el recreo. Aparte de que ir con pollera no favorece en un colectivo lleno, siempre alguno te mete mano o se hace el gil con el paraguas, el maletín o una bolsa.
Llegas al “establecimiento educativo” y después de una charla de porque no hay que llegar tarde y porque me tengo que levantar antes (no es mi culpa que la ciudad este sobre poblada) subo 3 pisos hasta el curso… con la lengua en el piso y los pulmones en la mano tengo que escuchar el “que no pide permiso usted?”.
Me siento callada en el lugar libre, porque obvio mi compañera de banco ya se sentó con alguien mas porque pensaba que yo no iba mas… me acomodo y trato de prestar atención. 4 horas de eso es inhumano… sin descanso y encima con calor y el olor a chivo que se hace en el curso. Termino con toda la cola adolorida por las sillas duras y más cansada que si hubiera corrido una maratón.
Escapo corriendo y voy con mis amigas a tomar el colectivo, otra línea, así no este tan lleno. Subo, me siento y voy tranquila pensando en que él no me mando un sms, y tengo las mil y un teorías de porque no lo hizo... o esta enfermo o esta ocupado en la facultad o no tiene crédito o le robaron el celular… eso es lo más coherente… después pensando en las cosas que tengo que hacer y en lo mucho que extraño que él me de un abrazo. Cuando llego al límite agarro el celular y me pongo a escribir, me es inevitable no plasmar mis pensamientos en algún lado porque sino se me escapan al toque. Pero se sienta un pajero a la par mía y me mira el pecho, me mira la pierna, me mira… insoportablemente. Me levanto para “ceder el asiento” (escapar del tipo) y se centra en mirarme la cola y el movimiento de la pollera.
Por fin! Mi parada! Toco timbre y abre la puerta cuando sigue a 40. Se me levanta la pollera tableada y se me ve hasta el alma (osea, el mini short de jean que me pongo). Disfrute del pajero… Listo, no lo veo nunca mas no me importa.
Llego a casa y empiezan hace esto, hace aquello… Hasta que comemos... como y a dormir… y después relax en la catarsis de la PC.
Obvio, él nunca me mandó un mensaje…