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1861: el año que Mendoza desapareció

InfoFecha desconocida
Más de 5.000 mendocinos murieron en el terremoto de aquel 20 de marzo. Fue la peor tragedia natural de nuestra historia. Detalles desconocidos de un día negro.



Mañana 20 de marzo se cumple el 147 aniversario del terremoto de 1861. Aquella catástrofe destruyó casi por completo la ciudad dejando más de 5.000 muertos y miles de heridos. Después de esta catástrofe la ciudad nunca sería la misma.

Mendoza antes del terremoto

Aquel jueves 20 de marzo de 1861 era un día tranquilo en la pequeña ciudad de Mendoza, con sus casas de adobe y caña, las cuales mantenían el estilo colonial. Como de costumbre, los negocios y cafés abrieron por la mañana. Las damas se paseaban en la búsqueda de telas para la confección de vestidos; otras en cambio, miraban algunos artículos importados de Gran Bretaña o Francia, que eran lo último de la moda. En tanto que los caballeros tomaban café y discutían sobre política nacional, filosofía y los acontecimientos que agitaban Europa. Santiago Derqui gobernaba el país y el clima político de ese momento no era muy estable; en nuestra provincia el gobernador era Laureano Nazar.

Lo cierto es que nadie se imaginó que varias horas después ocurriría un suceso que cambiaría la vida de todos los mendocinos.

El infierno tan temido

Era de noche y gran parte de la población estaba en sus casas preparándose para cenar; otros para dormir y muchos habían concurrido a los templos para presenciar la misa. El doctor Wenceslao Díaz, integrante de la comisión de ayuda chilena, hizo una descripción muy importante de aquellas horas oscuras: “Súbitamente, a las 20.36, se sintió un estruendo sordo, como el producido por muchos carros que ruedan juntos y rápidamente sobre un terreno abovedado. Casi al mismo tiempo un estremecimiento ligero puso en conmoción todos los edificios haciéndolos oscilar suavemente de Este a Oeste”.

“El fragor ocasionado por los edificios -continúa- que se desplomaban y caían, aumentaba la confusión y el espanto. El polvo que se elevó en la atmósfera ocultó el cielo y la luna a los que tenían la fortuna de hallarse a salvo, y amenazó con ahogar el aliento en el pecho de los que, comprimidos entre los escombros, respiraban con dificultad”.

Minutos después disminuyó la fuerza de las ondulaciones y también sus frecuencias. Entonces, se escuchó un silencio sepulcral y diez minutos después toda la ciudad había quedado en ruinas.

Entre los escombros pudo verse mujeres semidesnudas, con sus hijos en brazos; mientras, hombres que pudieron escapar de la muerte comenzaban a traer a los heridos a lugares seguros. Otros, tras la desesperación, intentaban desenterrar con las manos a sus esposos, hijos y parientes.

Se desbordaron las aguas del canal zanjón y de las acequias; el barro fue otro enemigo. A esto se le sumó el fuego en algunas techos de las arruinadas construcciones; las llamas consumieron finalmente lo que el temblor había dejado en pie.

Aparte de estas desgracias los sobrevivientes se enfrentaron a los saqueadores, quienes despojaban a los muertos de objetos valiosos: anillos, joyas y dinero, en medio de la confusión reinante. Las personas a salvo trataron de rescatar a los heridos y a los que habían quedado con vida bajo los escombros hasta varias horas después. De las 8.700 personas que habitaban la ciudad, solamente sobrevivieron 3.000 almas. Fue la peor tragedia de toda nuestra historia.




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