antes me gustaría invitarlos ami comunidad, ayúdenme a que crezca
click en la imagen para que te unas 
Todas sentimos miedo alguna vez, y lo volveremos a sentir.¿Los miedos nos pertenecen o pertenecemos a ellos? Miedo a vivir. Miedo a morir. Miedo al amor. Miedo a la soledad. Miedo al miedo. Hay una lista innumerable de miedos.
¿El miedo es bueno o malo?¿Qué es malo? ¿Qué es bueno?
Desde la postura en la que escribo, todo se relaciona con el cristal con el que miro. Nada es bueno o malo en sí mismo; todo es relativo; depende del ojo que enjuicia.

¿Dónde estará la morada de los miedos? ¿En qué rincón geográfico de nuestro cuerpo habitan?
Algunos dicen que se estacionan en el estómago; otros en la garganta; o en el pecho. Pero los miedos viven en la mente y se manifiestan en otros órganos.
Por eso cuando tenemos miedo, por ejemplo de hablar en público,sentimos que el corazón se nos va a salir por la boca, o tenemos retorcijones en el vientre. Los miedos hablan. Y en su discurso algunos nos distancian de peligros pero también a veces nos alejan de las metas que queremos para nuestras vidas.
Hay miedos apropiados e inapropiados. Los primeros nos permiten actuar “con conciencia”, es decir nos alertan de un eventual riesgo para nosotros. Sin ese miedo cruzaríamos la calle sin mirar si vienen autos.
Pero los inapropiados son “los miedos”, pues ellos nos alertan de “algo que no sucede, y que ni sabemos si va a suceder” ¿Nos protegen de un posible futuro? ¿De fantasmas? ¡Sí!

Por ellos dejamos de actuar de un modo u otro, y entonces no hacemos tal cosa por lo que van a pensar, o no decimos aquello porque nos van a rechazar, o no expresamos nuestros sentimientos porque haremos el ridículo, ¿entiendes?
Nos reprimimos “por las dudas” y nos perdemos la posibilidad de experimentar algo nuevo, novedoso y hasta quizás grandioso para nuestras vidas. Y déjame contrariarme, “sin duda nos perdemos la posibilidad de experimentar algo nuevo, novedoso y grandioso” porque todo lo que hagamos diferentes siempre es grandioso para nuestra vida; aun cuando no sea color de rosa; porque si aprendemos a mirar con ojos de aprendiz eterno, todo lo que acontece en el día a día son enseñanzas .
Los miedos inapropiados, de ahora en más llamados “los inapropiados” resultan de un aprendizaje incorporado desde la niñez que aplicamos automáticamente. Es decir, “no revisamos nuestras creencias, no las cuestionamos, simplemente las aplicamos”.
Hay una maravillosa frase que dice:
“Nuestros temores suelen crear eso que tenemos:
Lo que evitas, invitas”
(Sam Kem)
Si observas como se conjuga el verbo CREAR y CREER en primera persona del singular, te darás cuenta que una CREA lo que CREE, en ambos verbos la conjugación es YO CREO.
Si crees en el amor, creas amor. Pero si crees en la desilusión o el fracaso creas eso para tu vida. Tal vez en una primera lectura no lo entiendes. Por eso te invito a que lo practiques. ¿Qué creas cada día al despertar? ¿En qué crees?

Si despertamos con entusiasmo, creyendo que es “maravilloso estar vivo” vamos a “crear un excelente día para nosotras”, y ese día será excelente independientemente de lo que ocurra. Puede irnos todo mal, discutir con el jefe, terminar con la pareja, y aun así ser un excelente día. ¿Cómo? Pues lo magno ha sido estar viva, haber tenido esa oportunidad.
Yo echo mano de ejemplos cruciales para que lo veas mejor.Lo importante no es lo que sucede, sino lo que hacemos con eso que sucede.
Nuestros miedos son “creencias”, no son hechos;son interpretaciones que vivimos como hechos. Creemos que si le digo “te quiero” me va a rechazar o burlar de mí; andamos por la vida como si tuviéramos una bola de cristal. Tal vez se ría ¿y qué? ¿Morirás por eso? ¡Claro que no! Pero también puede suceder que te diga “Yo también te quiero”. Como diría Joaquín Sabina: “Por decir lo que pienso, sin pensar lo que digo, más de un beso me han dado…”
Hay que tomar las riendas de nuestras vidas y empezar a crear cosas maravillosas, desde nuestros pensamientos está el poder. Creo algo y creo esa realidad para mí. Cree que eres valiente, poderosa, sexy, amada; y al final del día habrás obtenido mucho.

Por supuesto que nuestros miedos tienen un asidero en el pasado; algo nos sucedió y ahora “tememos que regrese” pero no necesariamente tiene que suceder.
Cuando era niña en un espectáculo de la escuela tenía que bailar, ya estábamos todos para comenzar, listo, en sus puestos y yo salí corriendo; atravesé todo el escenario y me lancé a los brazos de mi mamá. Me ganó el pánico escénico. Si hoy mantendría viva esa posibilidad cada vez que me paro frente a un auditorio no tendría la profesión que profeso.
La mayoría de los miedos que tenemos se “espantan” si los enfrentamos.
¿Cuáles son tus miedos? ¿Qué conversaciones internas te frenan de ser la persona que quieres ser? ¿Qué posibilidades te abre atravesarlos?