Cristina ya se compara con Dios
La presidenta Cristina Fernández reclamó ayer a los gobernadores que no busquen “excusas”, que se hagan cargo “de la responsabilidad de gobernar” y advirtió a sus funcionarios que le comuniquen directamente a ella cuando “no se hagan las cosas o se hagan mal”.
La jefa del Estado también aprovechó la ocasión para defender el controvertido uso de la cadena nacional. “Sólo hay que tenerle temor a Dios y un poquito a mí”, afirmó la jefa del Estado durante un discurso en la Casa de Gobierno. El mensaje pareció haber estado dirigido a opositores y también a los gobernadores justicialistas, porque las expresiones se dieron en el contexto de tensiones entre la Rosada y mandatarios como los de Córdoba y Santa Cruz.
“Basta de echarles la culpa a los demás de lo que no son capaces de hacer”, alertó la mandataria en un directo mensaje a los gobernadores, y les reclamó “que nadie ponga excusas y se haga cargo de la responsabilidad de gobernar”.
La frase, sin embargo, dirigida hacia los mandatarios en general, tuvo entre los asistentes al acto un solo destinatario: el gobernador de Santa Cruz, Daniel Peralta, actualmente enfrentado con la Casa Rosada.
En tanto, el bonaerense Daniel Scioli, de una relación con altibajos con el poder central, escuchó las palabras presidenciales sentado entre los asistentes al acto.
“Yo puedo hablar de cómo están gestionadas algunas provincias”, advirtió la Presidenta, “podría hablar de estados financieros y también podría hablar de provincias súper bien administradas, pero eso lo tiene que juzgar cada ciudadano de esa localidad o provincia, ésa es la democracia”.
En este marco, defendió el federalismo y enfatizó que desde la Casa Rosada no se dan instrucciones a las provincias.
“Que nadie ponga excusas y se haga cargo de la responsabilidad de gobernar”, dijo, porque “cada gobernador es muy parecido a un presidente en su propia provincia” y “que a ningún argentino le vayan con el cuento de que hacen tal cosa porque esta Presidenta los manda”.
Previo a su discurso, Cristina Fernández le había aclarado en forma directa al mandatario de Santa Fe, Antonio Bonfatti, que la Nación no ejerció ninguna “imposición” a esa provincia para el proyecto de ley tributaria o ninguna otra iniciativa, tal como lo habían dejado trascender funcionarios de ese distrito.
En otro orden, la jefa del Estado se quejó por una decisión del juez Luis Armella que provocó la suspensión de las obras encaradas por el Acumar, el organismo encargado del saneamiento del Riachuelo.
Para evitar situaciones similares notificó públicamente “a todo el Poder Ejecutivo, organismos descentralizados o autárquicos que a mí lo que más me molesta es que no se hagan las cosas o se hagan mal”.
“Es mi responsabilidad”, enfatizó, “nunca me gustó que se tomen decisiones por mí; vienen y me cuentan si alguien está haciendo mal las cosas y permítanme que yo evalúe”.
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