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Hernán Charalambopoulos: diseñador argentino, todo terreno Cuando todavía no cumplió 40 años, el diseñador argentino Hernán Charalambopoulos ya está de regreso: su agitada carrera lo hizo pasar por los estudios de diseño Lancia, Fiat, Alfa Romeo, Mitsubishi y otras prestigiosas marcas que –por contrato de confidencialidad- ni siquiera puede mencionar. Dictó clases en el famoso Istituto Europeo di Design, pero hace un par de años decidió volver a radicarse en la Argentina, desde donde realiza trabajos por encargo para diversas terminales y clientes particulares. -¿Qué fue primero? ¿La pasión por los autos o por dibujar? -Sin dudas fueron los autos, ya que me gustaban desde mucho antes de poder agarrar un lápiz. -¿Cuándo tomaste conciencia de que querías vivir de diseñar autos? -Nunca quise vivir de diseñar autos, pero siempre quise vivir diseñando autos. Si me pagaban o no, era otra historia. Tuve la suerte de poder hacerlo y vivir de ello, pero durante años viví diseñando y soñando autos sin recibir ninguna retribución por ello. Sin saber si quería hacer de ello una profesión. Mi primer registro en la memoria es que a los ocho años ya sabía que quería ser diseñador de autos en Italia. -¿Qué pasos siguió tu carrera antes de convertirte en diseñador profesional? -Antes de diseñar autos -y por mandato familiar-, hice hasta cuarto año de Medicina en la UBA, carrera que abandoné por no sentirme a la altura de las circunstancias. Allí decidí darle espacio a mi sueño y comenzar de nuevo: me fui a Italia a estudiar diseño de autos, para poder trabajar en Turín, cosa que logré. Al terminar el Istituto Europeo di Design, estuve seis meses en Alfa Romeo, luego unos cuatro años en el Centro Stile Lancia, lugar en donde aprendí muchísimo rodeado de algunos ex Pininfarina como Pietro Camardella y Marco Tencone, además de monstruos como Flavio Manzoni y Michael Robinson. Ellos me enseñaron los secretos de la profesión, y allí fue donde pasé los momentos más felices de mi carrera. Luego, por poco tiempo, formé parte del departamento de Advanced Design de Fiat Auto, y a fines del 2001 me mudé a Alemania para trabajar en Mitsubishi Motors Europe. Allí estuve tres años y medio, hasta mediados del 2005. Después volví a Italia a dirigir IED Automotive, estudio independiente de Car Design, y también tomar la dirección del Master en Car Design del Istituto Europeo di Design. Estuve un año en ese lugar y promediando el 2006 decidí volver a Argentina, antes de tomar el puesto de Chief Designer en JAC, una empresa china que estaba instalando un estudio en Turín. Pedí unas semanas de tiempo para pensarlo aquí en Buenos Aires, ya que la decisión implicaba irse a China por unos meses. Pasaron casi tres años y todavía sigo acá. -¿Cuáles fueron los proyectos más importantes en los que interviniste? -En Lancia fui responsable del restyling del Ypsilon de primera serie. Fue un proyecto interesante en el que intervinieron muchos departamentos y que me ayudó a entender que no sólo el diseñador es el responsable de que un auto salga lindo o feo. Hay muchísimo más en juego y es mucho más lo que hay que trabajar en defender la idea, que en la generación de la idea misma. Luego participé en la puesta a punto del actual Ypsilon. Es decir, una vez que se eligió el auto, participé en todo lo que tiene que ver con resaltar los rasgos más importantes del mismo y presentarlos de la mejor manera. En Mitsubishi trabajé en el nuevo Lancer y, sobre todo en la cara del auto, que fue elegida como identidad oficial de la marca para todos sus productos. Deriva de una abstracción del rostro de un samurai, en donde los elementos más visibles son los bigotes marcados hacia abajo y los ojos. Lo transportamos a la cara de un auto y quedó bien. Fue tan fuerte que luego se decidió tomarlo como imagen de marca. Trabajé también en el nuevo Montero, y parte en la nueva Outlander, aunque muy poco. En IED Automotive hicimos un proyecto muy interesante con Webasto para el Salón de Ginebra, que por motivos económicos vio la luz recién el año pasado. Se trata de un Cabrio con un sistema de apertura muy particular. La silueta del auto acompaña de alguna manera y lleva la atención hacia este peculiar sistema de apertura. En Ginebra 2006 presentaron los alumnos del curso que yo coordinaba el prototipo Lancia Haizea, un estudio sobre una berlina deportiva de la marca. Fue un proyecto interesante, que dejó en claro que era un punto de partida, y no un punto de llegada. Muy controvertido, hizo hablar a la gente. Amantes y detractores, pero nadie quedó indiferente. Volviendo a IED Automotive, hicimos la propuesta para el Fiat 500 Cabrio (igual, mucho no había que pensar) tomamos las fotos del original, y trabajamos con Webasto en el sistema de apertura para que quedara lo más parecido posible. Webasto Cabrio Lancia Haizea -¿Cuál es tu obra favorita? -Mi favorita es una versión del Lancer que nunca quisieron hacer, ya que lo consideraban demasiado deportiva y latina para un auto familiar. En Ciudad Universitaria hay un boceto de ese auto que promociona los cursos extracurriculares de diseño automotriz que el año pasado dicté en esa sede. Propuesta deportiva para el Mitsubishi Lancer -¿Por qué decidiste volver a la Argentina y seguir trabajando desde acá? -Decidí volver a la Argentina no por motivos profesionales, sino por razones personales y porque hacía doce años que estaba fuera de mi país. Si a esto le sumaba mi infancia vivida en Grecia, era casi la mitad de mi vida afuera de un lugar del que nunca me quise ir. -¿En qué proyectos estás trabajando en este momento? -Habiendo vuelto al diseño como trabajo desde hace poco, obviamente tengo que negociar con la realidad del medio en el que me desenvuelvo. Abrí un pequeño estudio de diseño, en el cual con la ayuda de profesionales trabajamos sobre las necesidades del ámbito local -por el momento- en temas de diseño automotriz. Es decir, hicimos la grafica del equipo oficial Ford YPF de TC2000 y estamos proyectando un Hot Rod para un cliente. Nunca pensé que iba a trabajar en algo así, que es algo tan o más difícil que un auto nuevo. Además, estamos desarrollando un trabajo conceptual muy interesante para una automotriz radicada en el país. -El año pasado se presentó un auto deportivo muy exclusivo, exótico y carísimo de una marca muy famosa. Sabemos que está basado en un diseño original tuyo, pero que por contrato no podés hablar mucho del tema. ¿Qué nos podés contar a grandes rasgos de esa experiencia? -Pese a estar bajo secreto, ya que los derechos fueron comprados por la empresa, creo que fue la experiencia más importante de mi carrera. Nació en una charla de bar con un ex compañero de Fiat y hoy encumbrado manager de la compañía que nos contrató. Querían hacer algo súper exclusivo con un auto que ya lo era por demás. Una serie muy limitada. Como buen amante de los clásicos, le comenté que me gustaría proponerle algo relacionado con las carreras de los años ’50, en las que participaba la marca. Le pareció una gran idea, y a los pocos días yo estaba en un avión viajando hacia allá, intercambiando opiniones con los ingenieros, y visitando la planta (a la cual le queda mejor el nombre de “quirófano”). ¡No te das una idea de lo lindo que es trabajar sin ingenieros de costos el lado! Todo era posible, a todo decían que sí con tal de que el auto luciera como mostraban los bocetos. Parecía un sueño. Había mucho entusiasmo con la idea, y llegamos hasta el modelo en escala 1:4. Luego yo me volví y no tuve más contacto, hasta que un día, en el bar de la esquina de casa, abrí el diario y me quedé con la medialuna atragantada: ¡habían construido el auto! Hicieron muy pocas unidades a un millón de dólares cada una. -La Argentina tiene una industria sin diseños propios y sin embargo hay muchos diseñadores trabajando en el exterior. ¿Cómo se explica este fenómeno? -Primero, lo obvio: si yo tengo una fabrica con un polo de desarrollo en una parte del planeta, con miles de ingenieros, técnicos, diseñadores y maquetistas, además de un entorno de proveedores con un know-how ganado en décadas de trabajo incesante, ¿por qué tengo que ir a hacer ese trabajo al otro lado del mundo, sin ningún tipo de estructura de soporte y con personal no capacitado para hacerlo? ¿Ustedes lo harían? Ni locos. Entonces los que queremos diseñar autos tenemos que ir para allá. Sin embargo, es interesante tener para las automotrices “antenas” en la región que capten y alerten sobre el gusto local, y den su visión sobre productos que pueden tener mayor o menor adaptación al medio, según los números de facturación que generen. Eso sí que tiene un futuro aquí en la región, y Brasil tomó nota de ello hace rato. Si el producto en desarrollo tiene potencial para la región, se toman en cuenta una serie de parámetros (entre ellos el diseño) para adaptarlo a las exigencias locales. Si ese diseño hay que hacerlo en el lugar, y no en la casa central, eso depende de las ganas que tengan las empresas de invertir para generar un polo de desarrollo en un lugar periférico. Respecto al diseño más casero y artesanal, que en su momento generaron una verdadera industria con miles de puestos de trabajo, entre ellos el de diseñador, allí el problema es político. Habría que preguntarle a los dirigentes tanto gubernamentales como de las distintas asociaciones, por qué es ilegal en Argentina fabricar autos en pequeña serie ¿Se imaginan una ley así en Inglaterra? -¿Que consejos le darías a quienes sienten que el diseño automotor es su vocación? -Que se rompan el traste y se pongan a prueba en el medio que consideren más apto para sus ambiciones: esto va desde el bar de la esquina, hasta el sillón de mando de Pininfarina. Las únicas limitaciones vienen de uno mismo. Si hay voluntad y ganas, todo es posible. -Además de los trabajos a pedido, también dictás un taller de diseño, ¿en qué consiste la propuesta? -La estructura toma muchas cosas de lo que es un taller, y pocas de una escuela. Es decir: no es un curso del que uno se gradúa y recibe un certificado para luego no saber a quien mostrárselo. Aquí trabajamos sobre proyectos y cada uno aporta su propuesta. Por eso los trabajos varían en dificultad, según el nivel de los participantes. Hay quienes prefieren trabajar en proyectos propios y también lo pueden hacer. La idea es que las exigencias las ponga quien viene. Luego nosotros nos adaptamos a sus necesidades. Por eso no es raro ver un chico de 20 años junto a un señor de 50 trabajando a la par y con la misma pasión: ¡los autos! Luego, el de 20 quizás termine su formación y haga su carrera en Europa, mientras que el de 50 vuelva contento a su casa, porque aprendió a dibujar y a ilustrar un auto en perspectiva. Es un espacio en donde compartimos y transmitimos la pasión que sentimos por esto. Hay pocos alumnos por turno, ya que soy yo quien sigue a cada uno en persona, acompañándolo en su evolución, rápida o lenta según sus exigencias y según el empeño y la dedicación. Los resultados hasta ahora son fantásticos. El contacto es [email protected] Hernán y su querido Peugeot 403.
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