InicioOfftopicCarta abierta a la sociedad (escrito propio)


Francisco tenía una meta aquella mañana cuando entró a su bar favorito: dejarle un mensaje a la sociedad. Decidió hacerlo en forma de carta que luego se encargaría de publicar en el diario del pequeño pueblo donde vivía. ¡No era tarea fácil!, sabía que debía medir sus palabras para que éstas no resultaran estériles y puedan ofrecer un significado. Había un objetivo claro en sus intenciones: él sabía que lo que estaba por hacer sería un suicidio social sin la opción de resucitar, así como lo hacían los personajes mitológicos de cuentos del pasado. No sería una muerte física – o al menos no era su intención – sino más bien una marginación social importante: alabaría y criticaría en sus escritos, de manera despiadada, tajante y hostil. Su carta abierta a la sociedad era un experimento que por mucho tiempo venía armando en su cabeza y se entusiasmaba con sólo imaginar un desenlace positivo.
Ni bien se sentó en la ruidosa silla de madera de la mesa que acostumbraba a ocupar todas las mañanas, una dulce señorita se acercó a entregarle la carta, pero al ver a Francisco con su particular bigote puntiagudo se volvió hacia la cocina. Era el mismo cliente de tantos años, con el mismo bigote, el mismo rostro soberbio, que pedía siempre el mismo desayuno. Ya no era necesario preguntar qué deseaba ordenar, porque cuando se lo hacía ni siquiera se tomaba la molestia de responder o mirar a quién emitía la pregunta. Y si respondía, simplemente decía: “no respondo preguntas obvias”. Según Francisco, luego de tantos años, preguntarle qué deseaba desayunar era algo ofensivo y responder era un desperdicio de tiempo y palabras. Su bigote era el mismo, su asiento solía serlo, e incluso su peinado y su semblante serio permanecían iguales durante tantos años: “¿Por qué no habría de serlo su desayuno?”, pensaba para sí.
Rápidamente, mientras aguardaba su comida que generalmente no tardaba en llegar, Francisco sacó varias hojas en blanco y una pluma antigua de un impecable maletín forrado en cuero. Luego de unos segundos de mirar el papel, decidió por fin darle inicio a la carta que tenía en mente. Había llegado la hora de empezar con su proyecto…

“Queridos vecinos, falsos amigos, enemigos, conocidos y diversos entes creadores de prejuicios en esta maraña de opiniones, falsedades y ojos celosos que felizmente denominamos sociedad: me dirijo hacía ustedes mediante una carta, medio que utilizo para quitarme la careta plástica que durante todos estos años no dejó ver mi verdadero rostro. ¡Se sorprenderían de lo diferente que se ve mi propia cara al quitármela! Se podría decir que soy una persona totalmente distinta sin ella y hoy, en este momento, mientras letra a letra me la quito, siento la frescura del aire y el brillo del sol nutriendo los poros de mi piel. ¡A ustedes!, los hipócritas, los falsos, los ventajeros, los interesados, los manipuladores, tengo un mensaje para darles. ¡Sí!, a cada uno de ustedes. Es de real importancia que mi figura quede clara ante sus ojos, para bien o para mal, ese juicio se los dejo a ustedes, quienes cual víboras pican y envenenan al que escala la montaña de la vida y lo hacen retroceder e incluso caer por el precipicio para rebajarse a la peor calaña – ¡es decir ustedes! –
Prometo poner énfasis en detallar la descripción de quienes me rodean, incluso de los carroñeros que pronto, tras concluida la carta, vendrán tras mi cadáver para dejar sólo los huesos y nada más.
Les propongo como desafío que se busquen entre las personalidades que he de describir, ¡si es que el ego les permite!, si es que en sus almas todavía resta algún sentido afín a la autocrítica.
Sin más preámbulos, he aquí mí propia conclusión de vuestra deliberada influencia en estos nexos entre individuos que llamamos sociedad…
Al lame suelas: A ustedes, quienes adulan y se sumergen en un personaje de características débiles ante los demás, quienes pasan la lengua por la suela de los que consideran superiores –sin el menor sentido de asco- para ser bien vistos ante sus ojos, quienes viven de rodillas por terror a andar de pie y con la frente en alto, ¡a ustedes!, tengo un pequeño recado para darles. La sombra del árbol refresca los cuerpos en verano, mas nunca refugiarse a la sombra de otras personas resultó ser un negocio favorable. Sean cuidadosos, ¡aduladores!, que el que vive a la sombra de alguien más, pronto se convierte en ella.
A los chismosos: Déjenme decirles que ustedes, los de su calaña, son la peor creación de la sociedad. Son los verdaderos asesinos, ladrones, vampiros que se alimentan de sangre inocente. Hacen del habla su arma y de las palabras su proyectil. Divulgadores, soplones, propagadores, ¡ustedes son un verdadero tumor! Pero sepan que su eterna actitud de escupir para arriba les jugará una mala pasada, ya que todo lo que sube baja y el impacto es más estruendoso. Llegará el momento en que ustedes, entes deshonrosos, prueben un poco de su propio veneno y en ése instante serán puestos a prueba para ver si son capaces de soportar el dolor que alguna vez propagaron.
A los egotistas: No es necesario ser psicólogo para entenderlos: quieren lucir sus puntos fuertes para ocultar los débiles. ¡Esa necesidad de sentirse superiores no es más que la prueba misma que son inferiores! ¿Por qué esa ardua necesidad de mostrarse por encima? ¿Por qué ese orgullo desmedido y descalificativo? ¡Tienen terror! Su mayor miedo reside en la posibilidad de que los descubran, ¡débiles, vulnerables y vacíos!
A los siempre deprimidos: ¡Me compadezco de ustedes, hermanos! Pero veo algo de morboso masoquismo en su pensar… Pareciera que de tanto nadar en aguas dolorosas se sienten cómodos flotando en esos océanos. ¡Allá, a lo lejos, hay tierras a la vista! Sus suelos, paisajes, flora y fauna son un regalo de la vida, ¡un motivo para ser felices! ¿No la ven? ¡Allá!, es cuestión de saber mirar, hermanos míos. Ustedes, depresivos, ¡deberían poder equilibrar la balanza! El peso en ella siempre se inclina por lo doloroso y el pesar, dejando débil el extremo donde se acumula lo bueno, lo que trae felicidad, lo que brinda jolgorio y armonía.
A los corruptos:
Mentiría si dijera que al leer o decir “corrupto” o “corrupción”, la sinapsis neuronal en mi cerebro no asocia la palabra con los políticos, ladrones de vestimentas caras y sonrisas fingidas. A ellos van dirigidas estas palabras. Son ustedes, los que como españoles por el oro, se dejaron seducir por el poder, que corrompe sus mentes y sus ideales. El corrupto es un insaciable y se toma el trabajo de aliviar su sed bebiendo del agua ajena, que siempre le resulta más sabrosa. Aprenden y se vinculan con la política para utilizarla como medio hacia su fin tan necesario y deseado: poder, dominio, renombre y control. ¡La falta de control en sus propias vidas es la que grita y se desespera por el control ajeno! Sepan que las mentes ilustres –por más escasas que sean- son incapaces de dejarse dominar por el poder. Por eso ustedes, seres aberrantes, que por milenios dominaron a gusto a los pueblos que inocentemente confiaban en sus palabras falsas y sus rostros armados desde una oficina de marketing, sepan que los desprecio desde lo más profundo de mi ser y que el poder terminará por acabarlos también.
A los falsos: ¿Cuál es la diferencia entre ser falso y ser cobarde? No veo ninguna… ¡El falso es un cobarde!: prefiere maquillar apariencias que dejar puntos en claro, prefiere ser bien visto por otros que mostrar sus diferencias, prefiere sonreír de frente y criticar a espaldas. ¡Son cobardes! Se refugian hablando a la distancia de los demás porque les causa terror ser oídos por los individuos a quienes critican. No hay peor amigo que el amigo falso, personaje triste que genera lazos afectivos desde el interés. ¡Son camaleones!-con el perdón de los inocentes animales- cambian de color según las circunstancias, buscando siempre quedar bien parados y protegidos.
A los envidiosos: Tengo entendido, señores envidiosos, que su virtud está en desprestigiar, calumniar e incluso odiar a quienes se despegan hacia el éxito personal. ¡No veo acto más primitivo y mediocre que ése! Dejen volar a quienes tienen el valor de ver algo más allá del horizonte, a quienes su imaginación los aleja de las mentes mediocres hacia su iluminación. Su envidia no los perjudica a ellos, ¡sino a ustedes! Aprendan de quienes envidian y quizá algún día puedan ser ustedes los envidiados. Pero si quieren certezas, aquí les dejo una: lo positivo de ser envidioso, es que uno sabe de inmediato que entra en la categoría de mediocre.
A los histriónicos: Admito que busqué la palabra “Histriónico” para ser más fino a la hora de nombrar a quienes buscan constantemente llamar la atención. ¿Qué es llamar la atención? ¡Un grito de ayuda! Se debería poder socorrer a quienes salen a las calles a mostrarse deliberadamente. ¡Todos ellos necesitan ayuda psicológica! Para no caer en premisas erradas, es necesario aclarar que en algún punto, todos llamamos la atención; es una pulsión natural. Se necesita para la seducción o el desarrollo mismo de la personalidad, pero este espacio en mi texto es para los que hacen de ella una forma de vida. ¿Acaso no ven lo obvio de sus acciones? ¿Acaso no ven cuan ridículos se muestran en su afán de buscar reconocimiento? ¡Son el equivalente al bufón medieval de la actualidad! Su alimento se compone de miradas y comentarios de los demás, así es como nutren sus almas, así es como se sienten momentáneamente completos…
Al débil: Si bien me compadezco de ustedes como de quienes están siempre deprimidos, hay un favor que he de pedirles: no se dejen envenenar por ninguna víbora representante de las religiones, que constantemente están a su búsqueda para convertirlos en fieles consumidores de su producto. La fortaleza no está en una doctrina milenaria, sino más bien en un cambio radical del pensar. La vida es movimiento, la vida es cambio, su posición actual no necesariamente ha de permanecer estática. ¡Está en ustedes el poder de despejar la ecuación! Las mentes fuertes son las que modifican el entorno a su favor. Las almas indomables tienen como virtud la libertad, ellas sólo buscan llegar alto. Ustedes, los débiles, tienen como todos en esta tierra una misión que no debe pasar desapercibida: recuerden que el mayor logro del hombre es llegar a convertirse en su mejor versión.


Francisco Liniers.

El punto final del último párrafo trajo consigo plena satisfacción para Francisco.
Su obra había terminado…

El experimento había funcionado de maravillas. Luego de publicar su carta en el diario más importante del pueblo –que le costó un buen dineral-, Francisco se dedicó a esperar los resultados. Sabía que la noticia se esparciría con rapidez: “pueblo chico infierno grande”.
Al cabo de una semana, se sintió satisfecho de haber logrado su cometido. Había quienes lo esquivaban, quienes lo miraban con hostilidad, quienes se acercaban a conversar, quienes nunca volvió a ver y nuevas caras, atraídas por el novedoso texto, que querían conocerlo. Francisco se había “purificado”-según sus propias palabras- de relaciones sociales innecesarias con su polémica carta, dejando en su entorno sólo a quienes realmente importaba. Todo había sido una estrategia, un juego, una idea de un hombre que soportaba la soledad, pero a quien la falacia de la sociedad contemporánea le dañaba en lo más profundo de su espíritu…

Ni en sus pensamientos más remotos Francisco hubiera sido capaz de develar la verdad detrás de su carta y sus intenciones. Su inconsciente lo había llevado a realizar el texto, que lejos estaba de ser una crítica a la sociedad, como él había planeado. Su alter ego le había dado la idea de elaborar un escrito con todas sus características personales, para que pueda verse reflejado en ellas y quizás pueda generar un cambio en su comportamiento.
No sucedió así.
La mente soberbia, egoísta, interesada y con aires de superioridad de Francisco había tergiversado los planes de su propio inconsciente. La carta había sido escrita para los demás, demostrando que era incapaz de ver sus propios defectos al mostrarse exento de toda crítica. Emitió para los demás una perfecta descripción de lo que era él como persona.
Francisco era incapaz de reconocer que era un lame suelas, un chismoso, un egotista, un ser que maquillaba su depresión, un corrupto, un falso, un envidioso, un histriónico y sobre todo, un débil, que veía en los demás todo atributo negativo que le pertenecía.
Datos archivados del Taringa! original
8puntos
0visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
4visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

L
Usuario
Puntos0
Posts23
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.