ejercicios para fortalecer el suelo pélvico y disfrutar así de una vida sexual más placentera. Pero quería hablar también de las bolas chinas. Y antes de hablar, hay que informarse y probar.
Pregunté a varias mujeres (por desgracia, no conozco a muchas que las usen), busqué información, pregunté en Sex Shops, leí, leí y leí... Y, por supuesto, las probé. Pero como no bastaba con unas cuantas veces aisladas, me propuse usarlas durante una semana completa y, además, me lo tomé como un experimento de excitación personal. Por partes.
les recomiendo leer este post . Hay muchísima información sobre las bolas chinas, pero aquí está muy bien explicada y resumida. Hacer un uso regular de éstas sólo aporta beneficios, pero como cualquier músculo que queramos trabajar, hay que hacerlo poco a poco (nunca pretenderías ponerte como Madonna en un día ¿verdad?): Empezando por unos minutos, con constancia, hasta un máximo de tres horas (yo las tuve cuatro horas porque creía recordar que eran cuatro y no tres. Y ¡Oye! aquí sigo, más contenta que unas castañuelas y sin agujetas ni contracturas musculares).
Mi experiencia personal. Soy un poco bruta, pero he de reconocer que tenía plena confianza en mi vagina por el gran control que tengo sobre ella. Y no puedo estar más orgullosa después del experimento. Durante la semana pasada las llevé entre dos y cuatro horas diarias, cinco días seguidos haciendo mi vida normal sin gran esfuerzo (pero llevo toda mi vida prestando gran atención a mi músculo favorito). Le pondría hasta una medalla si tuviera donde colgársela...
Placer. Siempre se ha oído hablar de las bolas chinas como una herramienta para la masturbación femenina, pero es un mito. Puedo decir abiertamente que su uso continuado no me ha proporcionado placer sexual, y mira que mi vagina es agradecida. Es cierto que mientras conducía sentí alguna que otra leve descarga de placer (baches, zonas de la calzada levantadas...), al igual que bajando rápido las escaleras. Pero no podría tener un orgasmo con su uso corriente ni saltando a la comba. Las pequeñas vibraciones de cada bola al moverse (ya que tienen dentro otra pequeña bola más pesada que es la que te obliga a contraer la vagina cuando las llevas puestas) son insuficientes para correrse. Me encantaría conocer a alguna mujer que lo haya conseguido para ponerla en mi lista de 'Mujeres admiradas'. Sin embargo, me sirvieron para confirmar que tengo una entrepierna 'cachas'. Una vagina fuerte como Hulk (pero no verde, tranquilos, es dulce como una princesa Disney).
Introducir las bolas en mi interior fue una experiencia fascinante. Debería haber mini-reportajes sobre el tema. Las mías son dos bolas rosas (una princesa Disney, lo que os decía) del tamaño aproximado de pelotas de ping-pong. No entran con facilidad sin el uso de lubricante (pero no lo quise usar porque odio la sensación resbaladiza de los lubricantes vaginales). Por eso tuve que empujar un poco y, de repente, la vagina las absorbió como si fuese una planta carnívora. Como cuando tus labios envuelven un Chupa-Chups al sacarlo de la boca, pero en dirección contraria. Es decir, es tu vagina la que envuelve a las bolitas, que permanecen en la cavidad como si hubiese sido siempre ese su hogar (pura poesía...).
Excitación. Pero hay algo que sí me gustó especialmente y por lo que repetiré la experiencia (además de por seguir poniendo en forma a esta maravillosa amiga que la naturaleza me ha regalado, como si yo fuese su personal trainer). Cómo lo explico. Podría decir que por algo similar (muy similar) a lo que siente un exhibicionista cuando un voyeur le observa. Fue una sensación de provocación silenciosa. Pensar que si la gente de mi alrededor supiera que llevaba unas bolas chinas puestas no les sería indiferente me excitaba. Fui con ellas a la universidad, al trabajo, de compras... Reconozco que la provocación me excita, sí. Obviamente, soy yo la que siente esa provocación, porque cada cual recibiría la información de un modo distinto (¡A saber! lo mismo muchos ni siquiera reaccionarían), pero hacerme a la idea de que sí, me pone.
Lo que queda claro chicas, o más claro aún, es que debemos cuidar y ejercitar nuestras vaginas, que son potenciales fuentes de placer sin límite. Y debemos hacerlo por nosotras, por nuestra salud sexual, porque aprenderemos a buscar/encontrar/contener los orgasmos para llegar a la cima del mejor de los placeres. El sexo es maravilloso, y con información lo es muchísimo más. Tenemos que convertirnos en conductoras profesionales de nuestro propio placer .
Pregunté a varias mujeres (por desgracia, no conozco a muchas que las usen), busqué información, pregunté en Sex Shops, leí, leí y leí... Y, por supuesto, las probé. Pero como no bastaba con unas cuantas veces aisladas, me propuse usarlas durante una semana completa y, además, me lo tomé como un experimento de excitación personal. Por partes.
les recomiendo leer este post . Hay muchísima información sobre las bolas chinas, pero aquí está muy bien explicada y resumida. Hacer un uso regular de éstas sólo aporta beneficios, pero como cualquier músculo que queramos trabajar, hay que hacerlo poco a poco (nunca pretenderías ponerte como Madonna en un día ¿verdad?): Empezando por unos minutos, con constancia, hasta un máximo de tres horas (yo las tuve cuatro horas porque creía recordar que eran cuatro y no tres. Y ¡Oye! aquí sigo, más contenta que unas castañuelas y sin agujetas ni contracturas musculares).
Mi experiencia personal. Soy un poco bruta, pero he de reconocer que tenía plena confianza en mi vagina por el gran control que tengo sobre ella. Y no puedo estar más orgullosa después del experimento. Durante la semana pasada las llevé entre dos y cuatro horas diarias, cinco días seguidos haciendo mi vida normal sin gran esfuerzo (pero llevo toda mi vida prestando gran atención a mi músculo favorito). Le pondría hasta una medalla si tuviera donde colgársela...
Placer. Siempre se ha oído hablar de las bolas chinas como una herramienta para la masturbación femenina, pero es un mito. Puedo decir abiertamente que su uso continuado no me ha proporcionado placer sexual, y mira que mi vagina es agradecida. Es cierto que mientras conducía sentí alguna que otra leve descarga de placer (baches, zonas de la calzada levantadas...), al igual que bajando rápido las escaleras. Pero no podría tener un orgasmo con su uso corriente ni saltando a la comba. Las pequeñas vibraciones de cada bola al moverse (ya que tienen dentro otra pequeña bola más pesada que es la que te obliga a contraer la vagina cuando las llevas puestas) son insuficientes para correrse. Me encantaría conocer a alguna mujer que lo haya conseguido para ponerla en mi lista de 'Mujeres admiradas'. Sin embargo, me sirvieron para confirmar que tengo una entrepierna 'cachas'. Una vagina fuerte como Hulk (pero no verde, tranquilos, es dulce como una princesa Disney).
Introducir las bolas en mi interior fue una experiencia fascinante. Debería haber mini-reportajes sobre el tema. Las mías son dos bolas rosas (una princesa Disney, lo que os decía) del tamaño aproximado de pelotas de ping-pong. No entran con facilidad sin el uso de lubricante (pero no lo quise usar porque odio la sensación resbaladiza de los lubricantes vaginales). Por eso tuve que empujar un poco y, de repente, la vagina las absorbió como si fuese una planta carnívora. Como cuando tus labios envuelven un Chupa-Chups al sacarlo de la boca, pero en dirección contraria. Es decir, es tu vagina la que envuelve a las bolitas, que permanecen en la cavidad como si hubiese sido siempre ese su hogar (pura poesía...).
Excitación. Pero hay algo que sí me gustó especialmente y por lo que repetiré la experiencia (además de por seguir poniendo en forma a esta maravillosa amiga que la naturaleza me ha regalado, como si yo fuese su personal trainer). Cómo lo explico. Podría decir que por algo similar (muy similar) a lo que siente un exhibicionista cuando un voyeur le observa. Fue una sensación de provocación silenciosa. Pensar que si la gente de mi alrededor supiera que llevaba unas bolas chinas puestas no les sería indiferente me excitaba. Fui con ellas a la universidad, al trabajo, de compras... Reconozco que la provocación me excita, sí. Obviamente, soy yo la que siente esa provocación, porque cada cual recibiría la información de un modo distinto (¡A saber! lo mismo muchos ni siquiera reaccionarían), pero hacerme a la idea de que sí, me pone.
Lo que queda claro chicas, o más claro aún, es que debemos cuidar y ejercitar nuestras vaginas, que son potenciales fuentes de placer sin límite. Y debemos hacerlo por nosotras, por nuestra salud sexual, porque aprenderemos a buscar/encontrar/contener los orgasmos para llegar a la cima del mejor de los placeres. El sexo es maravilloso, y con información lo es muchísimo más. Tenemos que convertirnos en conductoras profesionales de nuestro propio placer .