¿Cuántas veces nos hemos sentido no comprendidos ante una reacción de alguien cercano de nuestro entorno, nuestra pareja, nuestros padres, nuestros hermanos, amigos íntimos, compañeros de trabajo y seguramente alguien más.
Y ante ese pensamiento lo que se nos ocurre es buscar todos los argumentos posibles para apoyar la idea de que las cosas tienen que ocurrir en nuestro orden lógico, que tienen que saber y conocer los que me rodean y los que tienen relación habitualmente conmigo.
Pero;
¿realmente tenemos que adivinar los deseos y necesidades de las personas que nos rodean?
¿No ha ocurrido alguna vez que casi ni uno mismo sabe lo que quiere o lo que espera de otro?
Entonces, estamos esperando que ocurra algo muy difícil y en ocasiones, casi imposible.
Visto así en la distancia y sin hacer referencia a ningún hecho en concreto, parece que lo más fácil sería pedir lo que queremos y anunciar lo que esperamos en cada momento o en cada situación.
Pero luego, cuando estamos metidos en un embrollo, nos quedamos esperando que los demás reaccionen de la forma que queremos y además lo adivinen. Y si eso no ocurre, puede que hasta nos enfademos. ¡Menudo embrollo!
Todas las personas tenemos derecho a no anticiparnos a los deseos o necesidades de los demás, tenemos derecho a pedir lo que queremos y a no tener que adivinar las cosas o esperar a que ocurran en base a la buena voluntad de los demás, o a la ausencia de malas ideas en sus acciones.
Parece sencillo y lógico que actuemos así.
Sería algo ridículo que, por ejemplo, fuésemos a un restaurante donde vamos con frecuencia y el camarero o camarera, tuviera que adivinar el menú que nos apetece comer, por mucho que nos conozca o que tengamos costumbre de pedir con frecuencia un cierto plato. Tal vez hoy me puede apetecer otra cosa, o he decidido probar algo distinto.
No deja de ser perverso que nos enfademos o nos sintamos defraudados por alguien por no haber sido capaz de anticiparse o adivinar lo que uno espera de ellos. ¿No sería más sencillo expresarlo?
Decir claramente lo que me gustaría recibir de otra persona puede resultar muy útil; primero porque la persona en cuestión sabe a lo que atenerse y segundo porque puede aceptar y hacerlo o negarse y decir que no le parece bien. En cualquiera de los casos se ha abierto una vía bastante sencilla para conocer lo que esperar del otro y lo que vamos a recibir.
Nuestra tendencia natural nos lleva por el camino de las inferencias, las suposiciones y las interpretaciones, aunque muchos estemos de acuerdo en que lo más sencillo es preguntar y responder según lo que pensamos y lo que creemos.
La clave está en saber respetar las ideas y las opiniones de los demás, ya que tienen tanta validez como las nuestras.