Llevo unos días con ganas de contaros un poco más sobre mí. Cada día leo lo que escribís y eso me permite conoceros un poco más y quiero corresponderos. Mi historia no es que sea realmente especial; es la que me ha tocado vivir pero sí que es cierto que cada cosa que me ha ocurrido en la vida, como a todo mundo le sucede, ha determinado mi manera de ser actual; todo lo que vivido es lo que está haciendo de mí la madre que soy, la persona, que soy la mujer que soy.... y ,bueno,quería compartir con vosotras para que me conocierais un poquito más. Nací hace 36 años casi (todavía soy una moza lozana 35) en un pueblo de Galicia fronterizo con Portugal. Un año y 11 meses antes que yo había nacido mi hermano mayor y siete años después de mí nació mi hermano el tercero. Cuando yo tenía nueve años nos mudamos a vivir a un pueblo de Palencia. Por el trabajo de mi padre hemos estado siempre moviéndonos por lo que hemos vivido en unas cuantas ciudades y en más casas aún. En Palencia vivimos 3 años y después nos fuimos a Barakaldo. Allí estuvimos 6 meses y nos mudamos a Getxo cuando nació mi hermana; la pequeña de los 4 cumplía un me y un día aquel día lluvioso en el que hicimos la mudanza. Siete años después (tenía 20) yo empezaba la universidad en San Sebastián. La carrera nunca la acabé, aunque me quedó solo un curso. Estudié pedagogía y lo compatibilizaba con la lengua de signos, el cuidado de unos niños por la mañana y algunas horas de telefonista en un Pizza Hut. Poco tiempo después mis padres se mudaron a Alicante. Yo decidí que iría más tarde. Y así fue. Me pasaba las semanas en Algorta, pues empecé a cuidar a una señora los fines de semana y me solía quedar algún que otro día en su casa; bueno, de su hijo. Yo era como uno más... Pero el dinero no me llegaba así que intenté lo de Alicante en el año 2000. Y no lo pasé bien. He de decir que una de las razones por las que no acabé la carrera era porque estuve sufriendo una depresión durante mucho años. Pero eso lo explico luego, porque es complicado. Como iba diciendo, intenté lo de Alicante. Estuve 5 meses haciendo un curso de especialización en lengua de signos y trabajando en la Federación de Sordos. Pero cuando se acabó el proyecto para el que me habían contratado me encontré sin saber que hacer. Era diciembre y el curso en la universidad ya había comenzado. Así que me fui a uno de los dos Pizza Hut de la ciudad para ocuparme en algo mientras llega el inicio del curso siguiente. Llegó septiembre y volví a Donosti. Pero nunca acabé la carrera. Volví a cuidar de los niños que cuidaba antes y volvía al Pizza Hut (he trabajado en tres!). Pero me parecía todo un poco absurdo. Yo sola en San Sebastián, mi familia en Alicante y mi hermano mayor solo en Getxo, llorando la ausencia de su (ahora ex) novia que se había ido de Erasmus a Alemania. Así que... Me mudé con él. La novia volvió, rompieron y él se fue con mis padres. Pero como yo tenía a mis amigos no me fui con él. Hasta el 2005. En julio me volví a Alicante. No sabía que hacer con mi vida. Mis amigas estaban casándose y yo no tenía suerte en esto de las relaciones... Y empezaba a sentirme fuera. Bueno, pues en julio de 2005 volví a Alicante. Y volví a Pizza Hut esta vez al otro que hay en Alicante. En febrero de 2006 conozco a Tobias, un alemán que estaba allí de Erasmus. Nos "hacemos gracia" y empezamos una relación. Dos semanas después había vuelto a Berlín. Y después dos meses justos de videollamadas decido irme a Berlín en mayo de 2006. Me quedé allí cinco meses increíbles. Volví justo para empezar el ciclo de intérprete de lengua de signos. Y tuve la suerte de recuperar mi trabajo. Sí, sí, en Pizza Hut!! Pero la historia con Tobias no cuajó. En noviembre de 2007 rompimos. Yo tenía seis horas de clase por las mañanas y por las tardes era la subgerente de una pizzería... Demasiadas horas fuera de casa. Y con una relación a distancia eso es perfecto. Pero él nunca me entendió. No le parecía bien que hiciese tantas cosas, aunque la verdad acabó saliendo a la luz: yo no tenía tiempo para él. Y no quería apoyarme aún sabiendo que ser intérprete era mi sueño. Así que.... Auf wiedersehen, Tobi. Al poco de romper, me cambió la vida. Un compañero del curro me llevó a una clase de esgrima antigua y ¡me encantó! Ya tenía algo con qué llenar las horas muertas del horario partido de los sábados. Y así continué. En junio de 2008 consigo mi título de ILSE (intérprete de lengua de signos española) y en septiembre me llamaron para trabajar en Madrid. Ni me lo pensé. Empecé mi nuevo trabajo (sin pizzas) el 22 de septiembre de 2008. El 23 ingresaron a mi padre. Llevaba tiempo enfermo y le ingresaban a menudo. Estaba una semanita, se oxigenaba bien (tenía enfisema pulmonar) y a casa. Por eso decidí no ir. Acababa de empezar en un trabajo nuevo. Eso sí, hablaba con él todo el rato. Le chiflaba Madrid. Murió el día 30. Y yo morí un poco ese día. Mi padre era el ser más increíble que ha existido. Tenía sus defectos, cometió sus errores, pero siempre se mantuvo humilde, noble y honesto. Él me enseño a apreciar a la gente por lo que es, no por lo que tiene. Pero otra vez la esgrima me salvó. Me desahogaba y.... conocí a Miguel. Es mi ángel, mi compañero, mi cómplice, mi aliado... Nadie excepto mi padre ha sabido verme tal y como soy. Nadie. Hasta que llego Miguel. A los pocos meses estábamos viviendo juntos. ¡Y cómo me ayudó cuando en septiembre de 2009 me diagnosticaron le fibromialgia! Fue una época muy mala. Pero la superamos juntos. Tuve que dejar el trabajo porque los problemas económicos de la empresa me afectaban mucho. Y tuve que dejar la esgrima. Y empecé a ir al psicólogo para recomponerme un poco e intentar asimilar mi nueva situación. Y ahí empezó un trabajo que, tres años después, continúa. No me voy a extender (ejem) mucho en esto, pero ya iré profundizando más. En resumen os diré que mi vida ha estado intensamente marcada y dominada por la figura de mi madre. Lo que mi mente había estado ocultando durante años empezó a fluir gracias a la terapia. Mi madre siempre fue muy estricta. Mucho. Demasiado. Excesivamente. Mi madre nos ha maltratado de una u otra manera a todos. Mi padre incluido. Nunca sabías cómo sería su humor. Recuerdo su manera de gritarnos y es como si la estuviese oyendo. Nos miraba con odio. Y descargaba sus frustraciones como le venía en gana. Gritos, insulto y golpes. Muchos golpes. Pero esos no importaban apenas. Yo me pasé 32 años mendigando, literalmente, su amor. Sometida a su voluntad por miedo a perderla. Porque necesitaba una madre. Yo no creía valer por mí misma. Y la que me hizo llegar a creérmelo fue ella. Ella que me decía "cuando diga mierda, di presente" "te vas a quedar sola" "nadie te va a querer nunca". Ella que siempre me decía que no valía para nada. Ella que se encendía un cigarro y le echaba el humo a la cara a mi padre quien vivía con oxígeno gran parte del día y le decía "jódete, te lo has buscado". Ella quien culpaba a mi hermana de la muerte de mi padre por ser lesbiana. Ella quien me insultaba, me llamaba mala hija si se me ocurría llevarle la contraria. Pero yo la necesitaba. Y la lloraba tanto.... Cuando empecé con la terapia empezaron a salir muchas cosas que mi mente (¡qué maravilloso es el ser humano!) había clasificado en un lugar muy apartado y bajo siete candados. El camino ha sido largo. Ha sido un trabajo arduo. Pero he caminado hasta encontrarme. Hoy por hoy no me hablo con ella. Intenté decirle cómo me había hecho sentir siempre; el daño que me había hecho. Incluso le dije que la entendía porque estaba claro que no había sabido hacerlo. Y le dije lo que necesitaba como hija. Y no me lo quiso dar. Ni cuando me quedé embarazada. Hace 14 meses que la llamé para darle esa gran noticia. Y desde entonces hemos hablado seis veces. Y ninguna desde que nació mi pequeño. Aunque la avisamos. Nunca ha llamado. Tampoco se habla con mis otros hermanos. Hemos dicho BASTA. Y hemos empezado a vivir en paz. Y curiosamente los cuatro hemos cogido unos kilitos al romper ese vínculo... Yo sigo con la terapia, porque la necesito. Porque quiero quererme como creo que me merezco. Pero no sé hacerlo. Nunca me han permitido hacerlo. Pero el trabajo va bien. Me he atrevido a ser madre. Y creo que lo estoy haciendo bien. Ahora sé que yo tuve que vivir todo lo que viví para poder darle a mi hijo lo que le estoy dando: amor. Amor desbordado, incondicional... Y empiezo a sentirme plena. (Me falta acabar de aceptar mi físico...) Sé que me he enrollado más de la cuenta (y eso que me he dejado muchas cosas en el tintero) pero aquí, entre vosotras, me siento segura. Me transmitís mucha paz. Y necesitaba que supierais quién soy. Soy Bibiana. Soy la mujer de Miguel. Soy la madre de Eduardo... Y siempre seré, donde quiera que esté, la orgullosa hija de Eduardo.
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