InicioInfoArquetipos "Piquetes argentinos"

Arquetipos "Piquetes argentinos"

InfoFecha desconocida
De marginal a moda premium. Cómo saltó de clase en clase. Derechos cruzados, las leyes en su contra y el sueño del piquete propio. La ironía es que el "piqueterismo" argentino evoluciona sin cortes. Desde la variedad socioeconómica de cada piquetero, hasta los modos en que los contempla con ojos variables una misma ley, sin pasar por alto –nunca– ni los "looks" ni las diversidades cutáneas, la historia de quienes aprendieron que el modo más efectivo de llegar a los oídos del poder consiste en bloquear el espacio público comenzó con el humo paupérrimo de las gomas quemadas de obreros despedidos, para terminar al calor de las espléndidas camionetas de los terratenientes sojeros. En poco más de una década, las mutaciones convirtieron al fenómeno en una prueba vital de que las oportunidades de ascenso social, al menos para un estilo de protesta, todavía existen. "Piquete" –palabrita conflictiva que no se deja atrapar en un significado único–, se remonta al término "pico", que a su vez proviene del latín "peccus", que a su vez designaba al "piquete" de soldados al cuidado de la retaguardia. A partir de ahí, "piquete" pasó a significar el corte "criminal" del tránsito por parte de una "patota con palos y caras tapadas", o, también, el corte "pacífico" del tránsito por parte de un "grupo de ciudadanos" que sólo quieren "manifestarse". Entre las dos posiciones hay una historia, pero también existe una marea cambiante de mutuas conveniencias, exigencias, indolencias y desprecios. La ruta y la goma. La vanguardia del moderno piqueterismo nacional nació en Cutral Có, Neuquén, en 1992. YPF pasaba a convertirse en una empresa privada y los operarios cesantes, con cascos y overoles, comenzaron a protestar. Para dejar de pasar desapercibidos ante los medios, la opción inédita fue "piquetear" la ruta nacional 22. La arteria económica de Cutral Có. Por la brusquedad de la maniobra –que demostró una efectividad tan rápida como el riesgo real de una represión feroz–, junto a los obreros patagónicos llegaron rápido periodistas y una polémica: ¿es legítimo el derecho a la protesta cuando afecta el derecho de terceros? Si a principios de los 90 los piquetes eran una herramienta de quienes perdían sus empleos, hacia finales de la década llegaron quienes ya ni siquiera podían acceder a un empleo del cual pudieran echarlos. El movimiento fue de la periferia al centro y de una clase obrera a otra marginal. Lejos de los sindicatos y de otras formas de representación institucional, los grupos de desocupados del conurbano bonaerense hicieron del piquete una marca registrada, hasta el punto que, en el 2001, llegó a constituirse el Primer Congreso Nacional Piquetero –donde se perfilarían sus más famosos referentes–. Pero fue la tónica más belicosa de estos piqueteros –con gomas en llamas, palos largos y caras tapadas– la que puso en el ojo de la discusión el marco jurídico a favor y en contra. La ley y el orden. Ante el fenómeno, las interpretaciones de la ley –que sobre la base del artículo 22 de la Constitución Nacional pueden considerar "sediciosa" toda reunión de personas que "se atribuyan los derechos del pueblo", por ejemplo, en un piquete– suelen resultar caprichosas y casi siempre tendenciosas. Desde el Código Penal, inmovilizar a quienes circulan por la calle es castigable con hasta tres años de prisión por "privación ilegítima de la libertad" (Art. 183), una típica "situación" de piquete que se agrava a la luz –o a la sombra– de artículos como el 194, contra quien "impidiere o entorpeciere el normal funcionamiento del transporte", o del artículo 106, que contempla las responsabilidades por el "riesgo de vida" (en el caso del paciente que, viajando en una ambulancia, se viera perjudicado al no recibir atención por culpa de un piquete). Contra la criminalización del método, quienes "piquetean" sostienen que son sus propios derechos los que ya han sido afectados: si ni el derecho a trabajar –porque no hay trabajo–, ni el derecho a estudiar –porque no hay escuelas–, ni el derecho a vivir seguros –porque hay más delito– se cumplen, entonces no hay piquete que no sea legítimo. Desde estas posiciones que admiten todo piquete con el resguardo de una "jerarquía de derechos" –en la que el de peticionar supera a todos los demás–, hasta aquellas que entienden que toda ocupación del espacio público es terminantemente criminal y condenable, hay un largo y sinuoso camino. Casi siempre gris. Ahorrista, ideológico y duro. Por su lado, el primer gran salto clasista del piquete argentino fue de las clases populares a las clases medias. Era el año 2001 y las protestas contra el corralito financiero tenían canto propio –"¡Piquete y cacerola, la lucha es una sola!"–, aunque con detalles de gusto más burgués. El humo se cambiaba por cacerolas batientes, y las calles terrosas de Lomas de Zamora y San Justo, por las esquinas más presentables de Palermo y Recoleta. Ante su versión más rubia y perfumada, poco se animó la ley a criticarle a los nuevos piqueteros. Hasta que apareció una variante más militante y menos virginal de la protesta. Organizaciones como Quebracho, por ejemplo, buscaron sintetizar en un mismo método piquetero reivindicaciones ideológicas concretas más el impacto de toda su violencia desatada. Más tarde, al amparo del nuevo "poder ciudadano", los piquetes se readaptaron otra vez: pidiendo "mano dura", sin capuchas, pero con corbatas; sin gomas, pero con velas y marchas, como las que en el 2006 atascaban todas las calles alrededor del Congreso, bajo el liderazgo de Juan Carlos Blumberg –aquel año todavía apolítico e ingeniero–, marcaron una tendencia cada vez más pudiente del piqueterismo. Oficial, estudiantil y ecologista. De la unión entre Néstor Kirchner y Luis D´Elía surgió el piquete oficialista. Disfrazado de piquete primitivo –y hasta con la aparente espontaneidad del piquete primitivo–, el método fue absorbido por la política tradicional y puesto a su servicio –aunque hay eslabones extraños, como el piquete estatal y a la vez opositor de los empleados del Indec–. El debut del piqueterismo oficial fue, precisamente, el de las contramarchas de Luis D´Elía –cuyos Némesis del espacio público siguen mutando hasta hoy– contra Juan Carlos Blumberg. Son tiempos duros –para el piquete– y hasta los estudiantes "piquetean" cualquier avenida para quejarse del frío de las aulas en invierno o de lo poco complaciente que les resulta un nuevo rector. El piquete tendría que esperar hasta que los ambientalistas de Gualeguaychú, contra la papelera Botnia, al otro lado del río Uruguay y de los puentes cortados, le devolvieran un poco de su antigua decencia combativa. Campestre, urbano y final. El piquete contra las retenciones de los grandes y pequeños terratenientes sojeros, uno de los sectores de mayor rentabilidad en el país, en cambio, es la última cumbre del piqueterismo. Ni gomas, ni cacerolas, ni velas: camionetas 4x4, sombreros chic y sojadólares dispuestos a cortar el camino y a protestar, como buen piquete, contra el poder del gobierno de turno. Y no sólo eso: al salto piquetero de marginales a pobres, de pobres a ricos y de ricos a más ricos, se le sumó una última extrañeza: el piquete de los ruralistas urbanos, que apoyan al campo con sus cacerolas en la ciudad. Herramienta de protesta premium al fin, tal vez sea un error perder de vista la versatilidad ascendente del piquete. Porque allí donde permanezca abierto un conflicto público, persiste un espacio por ocupar. La historia del piqueterismo se termina, pero no se corta. l Fuente:Nicolás Mavrakis [email protected] | Fotos: Cedoc.
Datos archivados del Taringa! original
6puntos
250visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
2visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

N
Nachoo🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts7
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.