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El camino que elegimos (relato propio)

Offtopic•9/22/2012








Todos elegimos nuestro propio camino, siguiendo las luces de las lámparas rojas que nos llevan a diversos lugares. Tomamos decisiones precipitadas que quizás nos confunden y nos llevan a otra dirección contraria por la que íbamos. Pero, extrañamente siempre los caminos se cruzan, y en ciertas ocasiones, se unen para llegar al mismo punto. Todo gracias a esas luces que nos guían hacia lo que tanto queremos, lo que ni esperamos o inclusive eso que nos hace daño. Entonces vamos caminando tranquilos en los días nublados, sonrientes en días de esplendoroso sol, soportando nevadas y hasta incluso corriendo para que la lluvia no nos empape – o a veces dejamos que nos moje igual.

Vamos observando lo verde del paisaje, pisando los charcos que dejábamos atrás, haciendo que nuestra vida fuese lo más viva posible. También enterramos dolores que queremos olvidar – en el fondo para asegurarnos de que no puedan salir afuera.

Lo que no sabía es que yo podía enterrar semillas. Y hacer crecer cosas que nadie con una mente tan pequeña alguna vez imaginaria. Quizás era un don – o eso que generas con una sonrisa. No sé. Sólo sé que sentía al corazón desolado, esperando que la luna brillara en su esplendor. Ese corazón en pena vagaba sin rumbo, no porque no tuviera un camino al cual seguir… sino por no saber qué hacer.

Mi vida comenzó un día – un día que no puedo recordar por haber vivido tanto… pero si recuerdo gran parte de las tantos eventos en mi vida, como quien pudiera escribir un diario que a simple vista parecería muy aburrido. Pero ninguna vida es vacía y aburrida. Siempre tiene su velo enigmático e interesante – eso que hace que el mundo se siga cuestionando la razón de la existencia del individuo. Infinitos interrogantes, pero ni una leve cercanía a la realidad. Eso es lo que creen aquellos que pierden el sentido. Yo no he pasado por demasiadas circunstancias negras en la vida, y sin embargo, es la soledad y el silencio que me invaden lo que me mantiene preguntándome que hago aquí, a dónde voy y porque lo bueno y lo malo se complotan para darme emociones que no puedo ni definir con palabras – sólo con hechos que he vivido desde que el reloj de mi vida comenzó a moverse con una lentitud tolerable. Hasta que un día, perdiendo noción, descubrí que el tiempo tenía unas alas de ángel-demonio que nadie reconocía con exactitud.

Así es como el tiempo comenzó a volar lejos. Quizás ayer era tan sólo un bebé que descubría el mundo… con sus maños pequeñas, sus torpes pies y su cerebrito – que más que eso era una esponja que absorbía todo cuando veía, oía, tocaba, olía y sentía. Y hoy aunque el tiempo me haya arrebatado muchas cosas, tengo aún la esencia de lo que ayer fui – y toda la dicha que ciertos corazones que pasaron por mi camino me han hecho sentir. Por eso sigo caminando, redescubriendo el mundo con este corazón desolado, y recogiendo las hojas que cada otoño deja caer. Aquellas hojas naranjas que nadie ve, son mis recuerdos cuando sueño, y mi realidad cuando respiro. Algunos de esos recuerdos – muchos, diría mi memoria – son bastante borrosos, pero tienen el mismísimo color del día en que el corazón los vivió.

Esos recuerdos, cuando el corazón está triste, parecen ser la sangre que corren por las venas, por el solo hecho de ser inolvidables – incluso aunque vayan a parar a alguna parte de la mente que no los considere mucho, los recuerdos son la prueba que haber vivido. Esos recuerdos todavía tocan la tierra, guiando a este corazón, haciéndole saber que pronto no estará solo, porque en algún momento se encontrará con algún corazón que inmortalice cierto recuerdo imperecedero.

La naturaleza es sabia, con su belleza inmaculada y su forma muy peculiar de recordarme que la vida es bella aun con todos los obstáculos que el corazón ha soportado solo y en silencio. Yo continúo el camino, mirando los árboles gigantes y vigorosamente verdes, que me han protegido desde el día en que oculte mis llantos al mundo humano. Continúo oyendo a los pájaros cantar canciones sin códigos… pues si hay algo que constantemente compruebo, es que la vida es ese misterioso pantano en el que sólo algunos nos sumergimos para explorar – incluso aunque sepamos que nos llevará a caminos desconocidos y nos hará toparnos con los caminos de otros corazones que quizás están tan o más desolados que nosotros mismos.

...

Todos elegimos nuestro propio camino, siguiendo las luces de las lámparas rojas que no llevan a vivir esta vida tan emocionante. Queremos con intensidad, sufrimos, retrocedemos, cambiamos, evolucionamos, y ya no volvemos a ser los mismos. Pero, extrañamente siempre los caminos se cruzan, y en ciertas ocasiones, vamos de la mano, compartiendo el mismo recuerdo, mismo cielo, el mismo destino y quizás… un mismo sentimiento.





Gracias a @KONOHA4 por permitirme usar la imagen que acompaña al texto (aunque traté de conectar el texto con la imagen, me fui de las ramas jaja pero bueno, a partir de la imagen empezó todo)




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