InicioOfftopicLa incertidumbre de un futuro impredecible
“La encontré. Sé que debo profundizar, apenas me rocé con ella, pero la encontré. Por un segundo la volví a sentir como en un pasado era costumbre; a ella, a esa magia que provoca sonrisas, a ese estado que transforma el cuerpo y la mente, ese momento en que los ojos brillan como estrellas, donde el mundo gira en torno a la propia imaginación. Pero para ser preciso en semejante descripción debo volver al pasado, a mi pasado, donde esa magia era parte de mí ser. Los ojos del niño, inocentes, puros, con esa ignorancia benigna que les permite crear un mundo o varios en las estrechas dimensiones de una sala, ven esa magia, esa dimensión aparte. La sienten cuando en noche buena se acerca navidad; cuando se les lee un libro; cuando llegado el año nuevo sienten el cambio como si comenzara un capítulo nuevo en libro de sus vidas. La sienten al creer en dioses, hadas, duendes o diversos entes que por las noches los pueden atacar en sus camas. Está presente incluso en esas habitaciones donde su divina inocencia les convence que al taparse bajo las sabanas y frazadas están a salvo de todo peligro. A sus ojos un pájaro se convierte fácilmente en un dragón, un perro en un león, una ilusión en poderes sobrenaturales, una tormenta en voces maléficas. La oscuridad se transforma en mal, en peligro, un lugar temido; pero el sol, el salvador existencial, con su luz trae nuevamente el cobijo.
Con el tiempo me convertí en adulto y sólo pude ver el pasado con ojos juzgones. Junté esa magia que abría las puertas de mis sentidos y la coloqué en una bolsa que llamé “ignorancia”. Busqué volver a sentir esa magia, pero con el tiempo caí rendido ante el hecho de que no existe tal cosa. Si esa ignorancia e inocencia desaparecen, con ellas muere esa vida de maravillas, donde los sueños creados por la mente al dormir pueden llegar a ser realidad. Aprendí que el miedo a la oscuridad dominaba también a mis antecesores milenarios, que los dioses y demás fantasías no existen sino en las mentes desesperadas que buscan cierto tipo de compañía, que era una presa de mi propio temor, que navidad es un invento más y que el año nuevo es otra vuelta de la tierra en la órbita elíptica que rodea al sol. Con conocimientos como esos, simples, al alcance de todos, me fui alejando de toda magia. Me pregunte entonces, ¿cómo volver a sentir esa esencia? ¿Dónde encontrarla? No caería de nuevo en la ignorancia, es un precio que no iba a pagar. Abracé la idea de que todo niño debe convertirse en adulto, incluso habiendo tanto pequeño en cuerpos añejos. Pero entonces pensé, ¿acaso no sigo siendo ignorante? ¿Qué es lo que sé? La respuesta precisa reposa en una frase: lo que sé es una pequeña porción de lo que no sé. Entonces caí por un barranco en cuyo fondo me encontré envuelto nuevamente en la ignorancia. Todo conocimiento me miraba desde el precipicio mientras yo bailaba y me sumergía en el no conocimiento que estaba creado por innumerables preguntas: ¿Qué es todo esto? ¿Cuál es el sentido? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Qué hay después de la muerte? ¿Qué hay más allá del más allá? ¿Hay un creador? El hombre le escapa a la ignorancia, pero esta se ríe porque desde un principio ganó la carrera. Habría que ofrendarla; buscar robarle algún conocimiento, hacernos amigos. Pero no, el ser humano le teme al no saber, por eso aclama saberlo todo. Busca la verdad, por más mentirosa que esta sea; se agarra de afirmaciones sin sustento para no caer en la aceptación de su desconocimiento. Yo me hago compañero de lo que no sé con la esperanza de que este pueda darme un poco de su sabiduría. Fue en ese lazo con mi propia ignorancia que encontré la magia del pasado que yo tanto anhelaba. Allí estaba ella, mirándome de frente, esperando que yo deje de mirar irrelevancias. La mística volvió apuntando al futuro. Era él quién llenaría nuevamente de magia mi vida. Le llamé “la incertidumbre de un futuro impredecible”. Volví a estar atento, con mis sentidos expectantes. Es esa incertidumbre de un futuro impredecible lo que me levanta ilusionado y me envía a dormir deseoso. El no saber, el no tener consciencia alguna de lo que me depara el futuro; el estar preparado para aprovechar oportunidades o protegido para que los fuertes vientos no me tumben; la irrefutable certeza de que no hay certeza alguna sobre lo que vendrá; todo ello se volvió una fuente de magia. Espero el futuro con la mente y vivo el presente con los sentidos. Es esa dulce espera a que las cosas se den como yo quiero –aunque a veces todo sale al revés- o a que la vida misma me sorprenda con un cambio repentino de guión lo que me mantiene alerta, expectante, motivado y sumamente arraigado a un presente que se tambalea. Yo simplemente hago , sonrío y espero, y quién sabe, quizás algún día el futuro, ese camino de dudas y misterios, me devuelve una sonrisa. “
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