Fernando Peña Es muy incómodo ver lo animales que somos, por eso tenemos un mecanismo disparatado. Este mecanismo consiste en fabricar la idea de que el único bestia es uno y que los demás deberían ser mejores que uno. Eso nos permite ser animales con total libertad. No soy yo el único que disfruta sacándose los mocos. Tampoco soy el único que se huele los pedos. Tener olor a pelo sucio también nos gusta a todos. Pasarnos los dedos por los huevos y olerlos hasta casi babear de placer también es una clásica. Meternos el dedo en el ojete y después llevarlo sutilmente a la nariz cuando estamos en público, ¿quién no lo ha hecho? Ni hablar de sacarnos un buen cacho de cera de la oreja. Escarbar entre los dedos del pie y sacar la roña en rollitos es hasta terapeútico. Poner la mano frente a la boca y olernos el mal aliento es sublime. Sacarse una buena lagaña y comprobar su consistencia, ni hablar. El olor a sobaco es uno de los más difíciles, pero se aprende. Podría enumerar un sinfín de asquerosidades hermosas que hacemos todos, pero nos conviene pensar que somos los únicos. Sería frustrante aceptar y asumir que todos estamos en la misma. Que Carla Bruni se come los mocos. Sería saber que somos todos unos puercos, cochinos de mierda. No tocaríamos nada, no saldríamos de casa, no daríamos más besos ni manos. No existiría la belleza. Todo se viene abajo cuando vemos al otro hacer algunas de estas cosas. Se conoce lo feo. Acordate de la primera vez que viste a tu abuela eructar: es ahí donde surge el asco por la especie. Vos hacés eso también. Vos sos ella también. Es repugnante lo que somos. Es en ese momento donde tomamos conciencia de que somos todos intocables. Sin embargo, pensamos que el otro no, que el único que se desbanca es uno, que el otro no va a hacer lo mismo porque el otro es adulto, el otro entendió, el otro es consciente, el otro se va a encargar. No. El otro tampoco se encarga, porque el otro piensa que el otro sos vos y así sucesivamente hasta que llegamos a vos, y a mí, que cuando nos toca, no nos toca. Por eso el descuido, porque el otro lo va a solucionar. Nadie es el otro cuando vos pensás en el otro. El otro es una figura que componemos al no haber nadie. Y no hay nadie. No hay nadie para remediar nuestras cagadas. Porque el otro es como vos, por eso la ciudad está sucia, por eso tantos tocan bocina, por eso tantos empujan, por eso tantos escupen, por eso tantos dejan el auto en la rampa para discapacitados, total el otro no, el otro lo va a hacer bien. Por eso tantos toman calles a contramano, total por acá no pasa nadie, ni el otro. Por eso el tren no va a venir. Por eso, cuando un espectáculo anuncia nueve y media, llegan quince minutos tarde, porque si dice nueve y media seguro empieza a las diez. Por eso dejan los changos del supermercado atrás de los autos, total qué importa. Por eso no le dan monedas al malabarista del semáforo, el otro le va a dar, porque el otro no hace lo mismo que vos, el otro sabe, el otro es correcto, y vos también, ¡ojo eh!, lo que pasa es que bueno, esta vez te la mandaste… Y así seguís teniendo excusas para no vivir en sociedad. Es dificil entender que no hay otros y que sos vos siempre. En estos casos, la multiplicación resta. En estos casos, el otro es ninguno. ¿Cuántas veces te has preguntado quién fue el enfermo que tiró esto acá, quién fue el cretino que dejó esto así? Fuiste vos. Siempre, en todos los casos, fuiste vos. El que cruza el semáforo en rojo sos vos aunque no seas vos, porque ya lo vas a hacer. Y si no, fijate debajo de la mesa y vas a ver cuántos chicles hay. Vos no fuiste, pero ya lo vas a hacer también y acordate de que tu chicle siempre es menos asqueroso que el del otro, es menos, es el único, a tu chicle te lo meterías otra vez en la boca; al del otro, no. Pero el otro no se metería el tuyo porque es asqueroso para él, porque es tuyo, no es de él, o sea tuyo; el del otro, que no sos vos ni él. Por eso uno dice que la gente es sucia, que la gente es desconsiderada, que la gente es irrespetuosa, que la gente es maleducada. Por eso yo acuso, por ustedes, ¡soretes! Que son incorregibles, no cuidan nada, porque ustedes son gente… ¡No como yo, que soy yo, carajo! Fuente
[24/03/2008] Tus chicles debajo de la mesa - En el borde
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