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Las Mujeres Somos Difíciles …También Para las Mujeres

Femme1/7/2009
Es más Fácil que un Camello Conquiste el Corazón de una Heterosexual que un Chico Gane el Cielo de una Dama




He leído muchos post de sobre seducción y métodos que tienen los hombres para aproximarse a la mujer que les atrae; casi en su totalidad, las mujeres somos vistas como seres viles a los cuales es difícil acceder, principalmente en lo que se refiere al sexo, que es a lo que de manera primaria se enfocan los varones. Se ha escrito mucho también sobre las diferencias entre los cerebros masculinos y femeninos, diciéndonos que si decimos o hacemos tal ademán realmente queremos decir tal o cual cosa, es decir: intentos de descodificación.

Particularmente, considero que los hombres y las mujeres somos más similares que lo que la mayoría se empeña en decir. Es cierto que existen diferencias, pero son mínimas y en gran medida parecen deberse al proceso de socialización, es decir: la cultura.

Nunca vamos a estar 100% seguros de cómo piensa la otra persona, de cómo son sus mecanismos internos que determinan tal o cual comportamiento, tendríamos que ser la otra persona y eso es imposible.

A continuación, les posteo un artículo escrito por Jennifer Llanos, que encontré en la revista peruana Somos de el diario El Comercio y que trata sobre un experimento hecho por una mujer que se sumergió (al menos externamente) en un mundo de hombres. El resultado que obtuvo es interesante, aún cuando ella realmente nunca llegaría a sentir o a pensar como lo hace un hombre genético. El siguiente artículo es de interés tanto como para hombres como para mujeres. Espero que les guste:



Al Igual que muchas mujeres, la periodista estadounidense Norah Vincent solía envidiar las ventajas de las que presuntamente gozan los varones. Sin embargo, luego de pasar un año disfrazada de hombre y viviendo exclusivamente entre hombres -puticlubs, boliches, un claustro de curas, etc.-, regresó al mundo de las mujeres profundamente agradecida por los privilegios de su condición femenina, a saber: libertad emocional, rango de expresiones, poder sexual y social y una larga lista que ella solo supo valorar cabalmente en la piel de Ned, su alter ego con barba falsa y prótesis genital.

En su libro A SELF MADE MAN (2006, Penguin), Vincent comparte su transformación y, lo más interesante, sus no poco perturbadoras conclusiones sobre la cada vez más amplia brecha que separa a los unos de las otras. Como representante de lo que ella denomina una doble minoría (mujer/lesbiana), asumió que esta investigación le permitiría básicamente disfrutar las prerrogativas de pertenecer a una doble mayoría (hombre/blanco): desde sentarse con las piernas abiertas hasta caminar sin miedo por la calle. Pero, paradójicamente, comprobó que es más fácil que un camello conquiste el corazón de una heterosexual que un chico gane el cielo de una dama: "Salir con chicas, como hombre, fue una lección del poder femenino y me convirtió, entre otras cosas, en una misógina temporal. Vi mi propio sexo desde el otro lado y por eso mismo me disgustaron irracionalmente las mujeres: su superioridad, sus sonrisas acusatorias, su potestad de escogerme o aplastarme con un solo gesto".

Vincent reconoce que su decepción se debe, en gran parte, a los prejuicios que ella | misma tenía antes de embarcarse en este proyecto: no esperaba gran cosa de los hombres y, en cambio, albergaba enormes expectativas respecto a sus hermanas. Sin embargo, a lo largo de varias citas, la mayoría de ellas desastrosas, experimentó en carne propia lo brutales que podemos ser las mujeres cuando un pata no satisface nuestros estándares ("me trataban como si fuera un producto de mala calidad en el supermercado", y lo insignificante que puede sentirse un hombre bajo la implacable lupa de una potencial pareja sexual o romántica ("Sometidas a presiones emocionales, las chicas no se comportan mejor que los hombres, los siglos de opresión no han hecho a las mujeres moralmente superiores".

La principal causa de este permanente desencuentro, según sus propias vivencias: la hostilidad de ambas partes. De las mujeres, asegura, porque depositan en cada hombre que conocen la responsabilidad por todas las heridas que el género masculino le ha infligido al femenino ("yo solo era el siguiente hombre que les haría daño". De los varones, porque se sentían descalificados aún antes de haber pisado la cancha ("Al ser un hombre buscando chicas, a menudo me sentí atacado, juzgado, sometido a una presunción de culpa". Ellas juegan de arqueras y ellos tienen que hacer gol antes de que les saquen tarjeta roja por la más mínima falta. Así las cosas, mejor perder por vvalk over o, sugiere Vincent, aprender a patear con ambos pies, pues "los bisexuales saben bien que las lesiones románticas son infligidas en igual medida por ambos géneros".

Entre sus hipótesis iniciales, la autora presumía que Ned sería el hombre ideal para "hordas de mujeres" pues, bien que mal, se trataba de una mujer en el cuerpo de un hombre, un metrosexual corregido y aumentado. Craso error, no solo porque, como tal vez muchos ya sospechan, "los deseos de las mujeres eran tenazmente caleidoscópicos" sino también porque "pese a la rabia dirigida hacia la abstracción llamada 'hombres'", detectó "en los confines de la heterosexualidad femenina un amor profundo y una genuina atracción por los hombres reales (...), hombres a los que las mujeres amaban por tener todas las cualidades que la testosterona y el patriarcado les había conferido y a los que yo misma llegué a apreciar por esas mismas cualidades, sin importar cuan exasperantes me resultaran a veces".

En una entrevista, Vincent resumía de esta manera su inmersión: "Ned podía caber en el bolsillo de Norah". Su relato, en efecto, es el testimonio de la mutilación voluntaria, aunque provisional, de una mujer que renuncia a sus cualidades femeninas para vivir la experiencia masculina, y de la sistemática castración -expresiva y emocional- que es requisito indispensable para considerarse miembro del club de Toby.

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