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Usuario (Perú)
“Parafraseando a Demóstenes, podríamos decir que las mujeres usan a un hombre para la alimentación de sus hijos, a otro para sus relaciones sexuales y quizás a otro para conversar”.Gisela Runte Gisela Runte, autora de la tesis publicada ¿Por qué somos infieles las mujeres?, basó su investigación en entrevistas a mujeres de 28 a 56 años para buscar las razones que las llevaron al engaño. La respuesta a la pregunta ¿las mujeres son románticas, anhelantes de un amor puro para toda la vida y van en continua búsqueda de un padre para sus hijos? parece ser negativa. Según Runte, la infidelidad femenina es un hecho mucho más frecuente de lo que se piensa. La autora afirma en su libro que las crisis de pareja, el deseo de tener experiencias nuevas o la insatisfacción sexual son las motivaciones más importantes para la infidelidad de las mujeres. A propósito de la obra en mención, la Universidad de la Ciudad de Talca de Chile, publicó un estudio (basado sobre una muestra de 400 mujeres chilenas) que reveló que el 58 por ciento de la muestra había sido infiel alguna vez; de ellas, el 65 por ciento tuvo un amante sólo por una noche, mientras que el 10 por ciento reconoció tener un romance paralelo a su relación. Las diez razones que da Gisela Runte: 1) Insatisfecha sexual: Las entrevistadas por Runte señalaron que tras intentar revivir las relaciones sexuales con sus cónyuges y frente al desinterés de ellos, su opción fue buscar un amante. En Chile, el 17 por ciento de las mujeres considera la insatisfacción sexual como una causa de infidelidad. Esto concuerda con un estudio hecho en abril por CEOC, en el cual el 37 por ciento de las mujeres reconoció fingir orgasmos y 18 por ciento dijo no estar satisfecha con su vida sexual. 2) Mujer vengadora: A veces la infidelidad femenina es una reacción ante la traición de la pareja, dice Muriel L'Oisseau, sexóloga y académica de la U. Diego Portales de Chile, al comentar con el diario chileno La Tercera el libro de la experta alemana. En ese mismo diario se publicó un testimonio muy elocuente de una mujer de 45 años que confesaba que tenía un amante porque su marido era “trabajólico e indiferente; no es un hombre malo ni mal padre, pero siento que es sólo una compañía, no alguien que me haga feliz”. 3) La oportunidad de las vacaciones: Según la autora alemana, Gisela Runte, las vacaciones ofrecen una seria posibilidad de coquetear y quizás concretar algún encuentro romántico extramarital. Al menos así lo confesaron gran parte de sus entrevistadas. Según Runte, los lugares de vacaciones suelen ofrecer incentivos que la rutina no tiene. “Las diferencias climáticas y las culturas excitan los sentidos”, afirma. Estas suelen ser aventuras fugaces que muchas veces duran una noche. Según la encuesta hecha en Chile, es justamente una sola noche lo que suele durar el 65 por ciento de las infidelidades. 4) En búsqueda del placer: Un porcentaje no menor de mujeres en Chile (27 por ciento) justifica la infidelidad femenina como una búsqueda de experiencias nuevas. “Generalmente son mujeres más jóvenes que ven en los amantes una oportunidad de ganar experiencia en su vida sexual. Pasados los 35 ó 40 años la decisión de explorar la sexualidad pasa por permitirse sentir curiosidad por cosas no vividas antes. Una paciente define bien este punto, dice que para ella la infidelidad es como una asignatura pendiente”, dice la sicóloga Marta Soto, académica de la U. Andrés Bello, al diario chileno. 5) Hacia la ruptura matrimonial: La crisis de pareja fue la razón más recurrida por las mujeres que participaron en la encuesta chilena. El 38 por ciento de ellas la indicó como la causa de la infidelidad. La sexóloga Muriel L'Oisseau dijo al diario La Tercera, que cuando una mujer busca un amante suele deberse a que algo no funciona entre los cónyuges, ya sea en el ámbito sexual o emocional: “Ahora, si una mujer confiesa a su pareja que tuvo una aventura, quizás esté buscando terminar la relación. Los hombres, en general, no toleran bien la infidelidad de la mujer. Sin embargo, hay casos en que la relación se fortalece”. 6) Confidente y amante: Muchas mujeres, dice Gisela Runte, separan lo que significa el esposo de lo que significa su amante. Para ellas, éste es el sexo y el cónyuge el compañero para toda la vida. La autora cuenta el caso de Sara, quien busca amantes para vivir su sexualidad, aunque para ella la base de una relación es tener una buena amistad, como la que tiene con su esposo. 7) Temor al compromiso: Una razón muy recurrida por los hombres para justificar su infidelidad, pero en las mujeres también existe. Gisela Runte afirma que la falta de madurez, el temor al compromiso o simplemente las ganas de tener más aventuras en la vida son razones que, según las expertas, explicarían este tipo de engaños. 8) Sentirse deseada: Elsa (36) confiesa en el libro de Runte que su marido prefiere trabajar en su PC que verla desnuda. La falta de interés de la pareja es una razón para buscar un amante. Según la sicóloga Marta Soto, es común escuchar entre las mujeres que el amante les dice que están bellas y las llena de agasajos y que les dan toda la atención que sus parejas no les entregan. 9) Madre y ¿mujer?: A veces los hombres olvidan que tienen una mujer y no sólo a la madre de sus hijos al lado, comentá la sexóloga chilena Muriel L'Oisseau. La faceta de mujer pasional y atractiva suele ser revivida a través de un amante: “Mi marido me dijo que no podía hacer conmigo las mismas cosas que antes, que era mamá, que le daba cosa. Me sentí pésimo. Hasta te hace sentir como desubicada por querer jugar en la cama. No he sido infiel, pero hay un amigo que me encuentra atractiva... y eso es súper excitante”, dice uno de los testimonios recogidos por el diario chileno. 10) Infidelidad platónica: La infidelidad platónica es más frecuente de lo que se cree, indicó la experta Marta Soto al mismo diario. Incluso, muchas mujeres utilizan a este amante ficticio para excitarse. “Ellas fantasean con tener una relación con hombres que no existen, pero también con personas que están en su entorno más cercano. No llegan a concretar nunca este amor platónico, porque es realmente imposible o porque no se atreven a saltar las barreras que implica ser una mujer infiel”, dijo la experta. El remordimiento después de la infidelidad: Pero este placer no es gratis. Tanto el texto de la alemana como la encuesta realizada en Chile, muestra que las mujeres que son infieles sienten un gran remordimiento. De hecho, la encuesta hecha por la U. de Talca muestra que el 60 por ciento de las encuestadas cree que las mujeres sienten remordimientos después de una infidelidad. “La decisión de ser infiel es seria. Sin embargo, a menudo hay otro asunto de importancia y que pesa en las conciencias de las mujeres: cómo vivirán con ella una vez ocurrida. Deben decidir si quieren o no hacer público su secreto”, comentó Gisela Runte en su libro. La Tercera, Chile. (tomado de: http://www.mujereshoy.com/secciones/2304.shtml)
Registrate y eliminá la publicidad! Las mujeres son capaces de detectar inconscientemente las cualidades que buscan en un hombre con sólo echar un vistazo a su cara, según un estudio difundido en el último número de la revista británica "Proceedings of the Royal Society" Los científicos de la universidad de Chicago (EEUU) autores de la investigación han descubierto que las mujeres pueden señalar con gran precisión si a un hombre le gustan los niños a partir de sus rasgos faciales, información que emplean a la hora de elegir al compañero ideal para formar una familia. Sin embargo, cuando las mujeres buscan tan sólo una relación temporal, eligen a hombres de rostros muy masculinos, que suelen tener mayores niveles de testosterona. Para efectuar este estudio, se pidió a un grupo de hombres de entre los 18 y los 33 años que eligieran fotos donde aparecía imágenes de niños y de adultos y dijesen a quiénes encontraban más simpáticos. El siguiente paso consistió en mostrar fotos de esos hombres a un grupo de mujeres para que eligieran a aquéllos que les parecieran más interesados en los niños, los más masculinos y aquellos con los que tendrían una relación corta y una larga. Al observar los resultados, los expertos comprobaron que los elegidos por las mujeres coincidían en buena medida con los que habían mostrado predilección por imágenes de niños. Según el director del estudio, Dario Maestripieri, los hombres con rasgos como los de los actores Tom Hanks y Leonardo Di Caprio, con caras aniñadas, son los que prefieren a los niños: "Tiene formas más redondas, barbillas pequeñas, parecen simpáticos y sus ojos son grandes en comparación con el tamaño de sus cabezas", explicó Maestripieri. Estos rasgos faciales contrastan con los de los individuos a los que no les gustan los niños, caracterizados por rostros más masculinos, barbillas pronunciadas, ojos más pequeños y una estructura ósea facial más firme. 11 May 2006, 09:15 | Fuente: AGENCIA EFE (tomado de: http://www.laflecha.net/canales/curiosidades/noticias/200605103?page=1)

Es más Fácil que un Camello Conquiste el Corazón de una Heterosexual que un Chico Gane el Cielo de una Dama He leído muchos post de sobre seducción y métodos que tienen los hombres para aproximarse a la mujer que les atrae; casi en su totalidad, las mujeres somos vistas como seres viles a los cuales es difícil acceder, principalmente en lo que se refiere al sexo, que es a lo que de manera primaria se enfocan los varones. Se ha escrito mucho también sobre las diferencias entre los cerebros masculinos y femeninos, diciéndonos que si decimos o hacemos tal ademán realmente queremos decir tal o cual cosa, es decir: intentos de descodificación. Particularmente, considero que los hombres y las mujeres somos más similares que lo que la mayoría se empeña en decir. Es cierto que existen diferencias, pero son mínimas y en gran medida parecen deberse al proceso de socialización, es decir: la cultura. Nunca vamos a estar 100% seguros de cómo piensa la otra persona, de cómo son sus mecanismos internos que determinan tal o cual comportamiento, tendríamos que ser la otra persona y eso es imposible. A continuación, les posteo un artículo escrito por Jennifer Llanos, que encontré en la revista peruana Somos de el diario El Comercio y que trata sobre un experimento hecho por una mujer que se sumergió (al menos externamente) en un mundo de hombres. El resultado que obtuvo es interesante, aún cuando ella realmente nunca llegaría a sentir o a pensar como lo hace un hombre genético. El siguiente artículo es de interés tanto como para hombres como para mujeres. Espero que les guste: Al Igual que muchas mujeres, la periodista estadounidense Norah Vincent solía envidiar las ventajas de las que presuntamente gozan los varones. Sin embargo, luego de pasar un año disfrazada de hombre y viviendo exclusivamente entre hombres -puticlubs, boliches, un claustro de curas, etc.-, regresó al mundo de las mujeres profundamente agradecida por los privilegios de su condición femenina, a saber: libertad emocional, rango de expresiones, poder sexual y social y una larga lista que ella solo supo valorar cabalmente en la piel de Ned, su alter ego con barba falsa y prótesis genital. En su libro A SELF MADE MAN (2006, Penguin), Vincent comparte su transformación y, lo más interesante, sus no poco perturbadoras conclusiones sobre la cada vez más amplia brecha que separa a los unos de las otras. Como representante de lo que ella denomina una doble minoría (mujer/lesbiana), asumió que esta investigación le permitiría básicamente disfrutar las prerrogativas de pertenecer a una doble mayoría (hombre/blanco): desde sentarse con las piernas abiertas hasta caminar sin miedo por la calle. Pero, paradójicamente, comprobó que es más fácil que un camello conquiste el corazón de una heterosexual que un chico gane el cielo de una dama: "Salir con chicas, como hombre, fue una lección del poder femenino y me convirtió, entre otras cosas, en una misógina temporal. Vi mi propio sexo desde el otro lado y por eso mismo me disgustaron irracionalmente las mujeres: su superioridad, sus sonrisas acusatorias, su potestad de escogerme o aplastarme con un solo gesto". Vincent reconoce que su decepción se debe, en gran parte, a los prejuicios que ella | misma tenía antes de embarcarse en este proyecto: no esperaba gran cosa de los hombres y, en cambio, albergaba enormes expectativas respecto a sus hermanas. Sin embargo, a lo largo de varias citas, la mayoría de ellas desastrosas, experimentó en carne propia lo brutales que podemos ser las mujeres cuando un pata no satisface nuestros estándares ("me trataban como si fuera un producto de mala calidad en el supermercado", y lo insignificante que puede sentirse un hombre bajo la implacable lupa de una potencial pareja sexual o romántica ("Sometidas a presiones emocionales, las chicas no se comportan mejor que los hombres, los siglos de opresión no han hecho a las mujeres moralmente superiores". La principal causa de este permanente desencuentro, según sus propias vivencias: la hostilidad de ambas partes. De las mujeres, asegura, porque depositan en cada hombre que conocen la responsabilidad por todas las heridas que el género masculino le ha infligido al femenino ("yo solo era el siguiente hombre que les haría daño". De los varones, porque se sentían descalificados aún antes de haber pisado la cancha ("Al ser un hombre buscando chicas, a menudo me sentí atacado, juzgado, sometido a una presunción de culpa". Ellas juegan de arqueras y ellos tienen que hacer gol antes de que les saquen tarjeta roja por la más mínima falta. Así las cosas, mejor perder por vvalk over o, sugiere Vincent, aprender a patear con ambos pies, pues "los bisexuales saben bien que las lesiones románticas son infligidas en igual medida por ambos géneros". Entre sus hipótesis iniciales, la autora presumía que Ned sería el hombre ideal para "hordas de mujeres" pues, bien que mal, se trataba de una mujer en el cuerpo de un hombre, un metrosexual corregido y aumentado. Craso error, no solo porque, como tal vez muchos ya sospechan, "los deseos de las mujeres eran tenazmente caleidoscópicos" sino también porque "pese a la rabia dirigida hacia la abstracción llamada 'hombres'", detectó "en los confines de la heterosexualidad femenina un amor profundo y una genuina atracción por los hombres reales (...), hombres a los que las mujeres amaban por tener todas las cualidades que la testosterona y el patriarcado les había conferido y a los que yo misma llegué a apreciar por esas mismas cualidades, sin importar cuan exasperantes me resultaran a veces". En una entrevista, Vincent resumía de esta manera su inmersión: "Ned podía caber en el bolsillo de Norah". Su relato, en efecto, es el testimonio de la mutilación voluntaria, aunque provisional, de una mujer que renuncia a sus cualidades femeninas para vivir la experiencia masculina, y de la sistemática castración -expresiva y emocional- que es requisito indispensable para considerarse miembro del club de Toby.

He oído de casos en los que los hombres culpan a la mujer porque ésta sólo les proporciona descendencia femenina, cuando lo que ellos quieren es un varoncito, su heredero, aquel con el que jugaría al futbol los domingos, el que se encargaría de que su apellido no desaparezca. Este es uno de esos casos de machismo...uno de los tantos que atentan contra la salud psicológica (y a veces física) de la mujer, inculcándole sentimientos de culpa infundados. Muchos hombres desconocen las leyes básicas de la genética humana: quien determina el sexo del bebé no es la mujer sino el hombre. Empecemos por darles unas nociones de genética; papel y lápiz! El ser humano tiene 23 pares de cromosomas; la mitad de éstos procede del padre y la otra mitad, de la madre. Es decir, los óvulos y espermatozoides –respectivamente- sólo llevan la mitad de la carga genética (23 cromosomas); ambas cargas se combinan en pares una vez ocurrida la fecundación. Cada cromosoma contiene ADN en el que se encuentran los genes que determinan las características hereditarias de cada individuo. Del total de cromosomas, sólo dos determinan el sexo del individuo; estos son los cromosomas X e Y. Los óvulos siempre aportan cromosomas X, mas no Y; mientras que cada espermatozoide puede aportar cromosomas X o Y. El sexo del bebé depende de cómo se combinan estos cromosomas en la fecundación: la combinación XX es determinante del sexo femenino; mientras que la combinación XY es determinante del sexo masculino. Si el espermatozoide que fecunda al óvulo lleva el cromosoma X, el cigoto resultante dará lugar a una niña (XX); mientras que si el espermatozoide que fecunda al óvulo lleva el cromosoma Y, el cigoto dará lugar a un niño (XY). Estadísticamente, la probabilidad de que nazca un niño o una niña es exactamente la misma (50% masculino y 50% femenino); no obstante, hay algunos factores que afectan esta probabilidad. 1- la proporción de espermatozoides X e Y que produce el padre: aunque se asume que se producen en cantidades similares, hay casos en los que hay un desbalance notorio. 2- Se sabe que los cromosomas X son mucho más grandes y de mayor peso que los cromosomas Y, lo cual influye -en cierto modo- en la velocidad de los espermatozoides que los transportan. Esto quiere decir que es esperable que los espermatozoides con carga Y sean nadadores más rápidos que aquellos con carga X. Partiendo de este postulado, las combinaciones XY (masculinas) serían más abundantes que las XX (femeninas). La diferencia de peso entre los espermatozoides con carga X e Y es aprovechada en una de las técnicas de elección del sexo del bebé. Me refiero específicamente a la técnica del centrifugado: en el laboratorio se coloca al esperma en una máquina centrifugadora, la cual separa ambos tipos de espermatozoides: en un extremo quedan los que tiene carga X (los más pesados) y en el otro quedan los que tiene carga Y (los más ligeros). Luego, dentro de uno de los grupos resultantes (según el sexo deseado), se elige a aquellos espermatozoides con mejores características (en cuanto a forma, fortaleza y velocidad) para fecundar al óvulo. Existe otro método, más asequible que el anteriormente descrito y que quiero compartir con ustedes. Se sabe que los espermatozoides viven un máximo de 24 horas, mientras que los óvulos viven hasta 72 horas. Aprovechando este conocimiento (siempre y cuando la madre sea estrictamente regular en su ciclo y la producción de espermatozoides X e Y -por parte del padre- sea cercana al ideal estadístico) se puede elegir el día en el cual tener relaciones sexuales para intentar elegir el sexo del bebé. Así, si se tienen relaciones el mismo día de la ovulación (día 14), habrá altas probabilidades de que nazca un bebé de sexo masculino. De igual modo, si se tienen relaciones 48 horas antes de la ovulación (día 12), habrá altas probabilidades de que nazca un bebé de sexo femenino (dado que ya no habría espermatozoides con cromosomas Y vivos). Para culminar este post, quiero decir que en el mundo ya existen demasiadas personas y niños abandonados; por ello, estoy a favor del uso de los métodos anticonceptivos. Ojo: ¡la responsabilidad también está en nuestras manos! Pero, si aún así quieres tener descendencia, no olvides que existe algo que se llama PATERNIDAD RESPONSABLE: SÓLO TEN LOS HIJOS QUE PUEDAS MANTENER EN CONDICIONES ÓPTIMAS Y QUE VAS A QUERER CON TODO TU SER. Si consideras que traer hijos al mundo es un deporte: DEJA DE SER TAN EGOÍSTA! Bien decía L. Pavarotti: la desgracia de un niño es causa de la estupidez de los adultos. Hasta la próxima! Nota: Este no es un post médico; por ello si tienes dudas sobre la eficacia del método que comento en este post, te recomiendo que se las plantees a tu médico de confianza.