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Sequía de sexo: qué pasa cuando no tenemos ganas

Femme7/3/2012

Casi no te acordás de cómo se sentía compartir la cama con alguien. Cómo era eso de cumplir a la perfección los rituales de preparación para el gran encuentro: la depilación, la elección de la lencería, comprar tu perfume favorito y conseguir esas sábanas suntuosas. No recordás cómo era eso de quedarse sin respiración anticipando el encuentro o contar las horas para volver a verlo. La sola idea de explotar de placer te es ajena. Si ves el sexo como cuando eras preadolescente: extraño y lejano, entonces... estás en una etapa de sequía.

Las razones son diversas, pero el resultado es el mismo: ponemos el foco en cualquier otra cosa, menos en nuestra cama. Por eso, ¿cómo afrontar con lucidez y sin desesperar esta etapa de abstinencia obligada?

No tengo ganas



Probablemente eso te haga sentir un bicho raro: se supone que a todos les encanta el sexo; sin embargo, a vos no podría importarte menos. La mayoría de las personas, especialmente de entre 25 y 35 años, locamente enamoradas o solas, atraviesan una etapa así. Si no estás pasando por una situación de estrés severo (como puede ser alguna enfermedad, separación o pérdida), la razón es simple: estás poniendo tu energía en otro lugar. Armar un emprendimiento propio, comprarnos nuestra primera casa o afianzarnos en nuestra carrera nos insume tanta energía que desviamos la atención de nuestra vida privada. Digamos que reacomodaste tus prioridades, y entre ellas no está tu cama. Esto está OK siempre y cuando te asegures de no estar usando tus proyectos como excusa para evitar la intimidad y el encuentro con el otro.

Me pegó la ermitaña

Estás en una etapa de full introspección. No es que te desborden los proyectos o que sientas temor al rechazo, simplemente estás "colgada", bailando tu propio mambo, replanteándote cosas que te movilizan. Sentís la necesidad de "guardarte" y preferís hacer la tuya; salís menos, tenés un círculo íntimo más reducido y no andás en el mood de seducir. Simplemente, querés fluir y dejarte llevar. Sabés perfectamente que el encuentro con el otro implica cierto tipo de eclosión, una gran descarga de energía, y sentís que, en este momento, no estás en esa sintonía. Si atravesás esta etapa con calma, seguramente entiendas que hay un tiempo para cada cosa y que éste no es tu tiempo de aventuras románticas o escapadas sexuales. Vivilo con alegría y sin sentirte extraña, aunque a muchos les cueste entenderlo. Eso sí, si la etapa dura más que un par de meses, preguntate si no habrá un tema más importante que evita que salgas al encuentro con el mundo.

Estoy mal conmigo misma

Si estamos preocupadas por lo que el otro "ve", no podemos conectarnos con nuestras sensaciones internas. ¿Quién dijo que las crisis de identidad y los planteos existenciales son patrimonio exclusivo de la adolescencia? Es común a lo largo de la vida atravesar etapas en las que no nos gustamos. Es común también pensar que si no nos gustamos a nosotras mismas, ¿cómo vamos a gustarle a otro? Las causas de tu descontento pueden deberse a tu apariencia física, rasgos de personalidad que no te gustan o aspectos de tu vida que quisieras cambiar. Como sea, la mejor manera de superar este estado es actuando. Detectá exactamente qué es eso que tanto te molesta y ponete manos a la obra. Si es un tema físico, aprendé a mejorar tu cuerpo sin agredirlo ni someterlo a procesos crueles. Partí del amor hacia él para replantearte mejorar tu vida con una nueva rutina y otras maneras de alimentarte. Si tu crisis tiene más que ver con tu personalidad o estilo de vida y sentís que el tema te desborda, buscá ayuda profesional. En el camino, el deseo va a volver a aparecer.

Se me acabó la agenda

Te sobran ganas, te sobra cama, te sobran ocasiones, pero te faltan hombres. Ya probaste con todo el material potable que había a tu alrededor (sólo los potables, dijimos, ¡no cualquiera!). Le diste la chance a ese ex que andaba dando vueltas, fuiste con el que prometía noches inolvidables y hasta le pusiste fichas al que querían presentarte tus amigas, ya cansada de escucharte quejarte por la falta de atención. Pero no, no hay caso. La solución es simple: si se te acabó la agenda, agrandá tu agenda. Salí, conocé nuevos hombres en lugares nuevos. Si lo que antes te estimulaba ahora no te mueve un pelo, tal vez sea hora de darle la bienvenida a una clase de hombre que sí logre estremecerte. Mientras más claro tengas tu nuevo perfil, más rápido llegará.

Sigo enganchada con mi ex



No querés saber nada de sexo con otro que no sea tu ex; él era una especie de meca sexual. Sólo los recuerdos te encienden y las nuevas fantasías siempre incluyen su cara, aunque hayas cortado hace meses, o años. Intentaste enredarte entre sábanas con hombres nuevos, pero sólo saliste más deprimida y aferrada a su recuerdo. Es lógico que esto suceda los primeros meses después de la ruptura de una relación significativa, es parte del duelo, pero deberías ponerte en alerta si semejante apego por él te impide seguir con tu vida y conocer gente nueva. Tal vez tu melancolía se deba a un duelo no elaborado. Si considerás que todavía tenés pendiente una segunda chance, tal vez deberías tomar el toro por las astas y buscar otra oportunidad a su lado, pero si estás segura de que realmente expiró, da vuelta la página.

No quiero hacerlo con cualquiera

Mientras que, hasta hace algunas décadas, la presión social tenía que ver con no caer en las garras de la pasión, esta época ejerce la presión inversa: da vergüenza no tener una vida sexualmente activa. En nombre de esto, se producen experiencias vacías, casi obligadas para cumplir con la tarea. Vos podrías tener un harén si quisieras, pero no querés. Podrías saltar de cama en cama si tuvieras la intención, pero ya tenés experiencia, probaste muchas cosas y hoy no aceptás menos que lo mejor en materia de alcoba. Y lo mejor para vos es sentir esa conexión única que se da cuando hay real interés entre dos personas. La experiencia te hizo más sabia, y hoy vos sabés qué tipo de hombre te hace bien y con quién realmente disfrutás. Ya llegará...

Soy mamá full time

Se sabe que la potencia del instinto maternal todo lo puede, y este caso no es la excepción. Cuando tu cabeza se programa en modo "madre" es probable que te olvides de que también sos una mujer. Puede que te apasione tanto dedicarte a ese rol que no quieras saber nada con otro, pero también puede que asumas la responsabilidad de una manera tan "obse" que no te sobre un gramo de energía para nada más. Esto es bastante común en el caso de las madres divorciadas que sienten que tienen que hacer de madre y de padre a la vez, y miles de malabares para llevar adelante la armonía doméstica. Como sea, es lógico que tus hijos absorban gran parte de tu libido los primeros meses o tal vez el primer año, y también es lógico que sean tu absoluta prioridad si los estás criando sola, pero levantá la antena si, a costa de la maternidad, descuidás el área afectiva y sexual de tu vida. Una mamá feliz es tan importante como una mamá dedicada.

Para leer

El libro Deseo (Editorial Planeta), de la española Sylvia de Bejar, nació como respuesta a una gran pregunta complicada: ¿cuánto dura el deseo? Después de analizar las variables que lo encienden y los detalles que lo apagan, finalmente se revela lo que todas queremos saber: cómo se mantiene vivo. Escrito en un tono intimista y divertido, el libro incluye ejercicios y cuestionarios tanto para solteros como para quienes están en pareja, que sirven como disparadores para reflexionar sobre este gran motor existencial.
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