InicioAutos MotosEl único suicidio del automovilismo



No por nada el periodista norteamericano Robert Daley bautizó al automovilismo como “El deporte cruel” en un libro que fue best-seller en su país. Juan Manuel Fangio siempre recordaba que en sus 10 años de actividad en Europa unos 30 pilotos de renombre habían caído al volante de sus máquinas. Es el lado oscuro de una disciplina temeraria, en la que los riesgos, reducidos al máximo en las últimas décadas, no han desaparecido del todo. La tasa de accidentes trágicos es una causa más frecuente entre los pilotos que, por ejemplo, el cáncer (el conde italiano Carlo Felice Trossi o el sueco Gunnar Nilsson sucumbieron a esa maligna enfermedad) o el SIDA (que consumió las vidas del canadiense Stephane Proulx, ex piloto de Fórmula 3.000 o el estadounidense Tim Richmond, ex NASCAR). Pero en los anales del automovilismo mundial solo un accidente mortal puede ser considerado como un suicidio . La historia es antigua, controvertida y por momentos confusa. No por eso, o quizás como consecuencia, menos apasionante.



Sucedió en el Grand Prix de Checoslovaquia de 1934, en el circuito de Brno , que por entonces era el más largo de todos los que transitaban las máquinas de Grand Prix, el antecedente de entonces de la Fórmula 1. Aquel fue el año en que la maquinaria alemana de competición, financiada de arranque por el gobierno de Adolf Hitler, se ponía en marcha con los Mercedes Benz y los Auto Union .



La historia es más o menos la siguiente: Un joven checo llamado Frantisek Brazdil se compró una Maserati 6 cilindros de 3.300 cm3 para esa competencia. La casa de Bologna mandó dos máquinas al GP, una para Tazio Nuvolari y la otra para el inexperto Brazdil, que había reunido el dinero para adquirir el auto pidiéndoselo prestado a una novia (o a la novia de un amigo, el dato no está suficientemente claro)
Pero algo malo sucedió, la relación sentimental se quebró abruptamente, hubo exigencias y la noche previa al inicio de la actividad en Brno , Brazdil y, probablemente, también su amigo, la pasaron en la cárcel.



¿Qué habrá pasado por la mente del joven piloto debutante en esa circunstancia? Nunca se sabrá. Quizás primó el honor manchado antes que la oportunidad del debut. Lo concreto es que hubo una petición de los pilotos para que las autoridades liberasen a Brazdil al menos el tiempo suficiente para que pudiera ensayar la máquina y correrla. Otra versión asegura que fue la novia, una rica heredera estadounidense, quien pagó una fianza.
Brazdil salió en libertad, prometiendo retornar tras la faena, y pudo manejar su Maserati .



Pero jamás llegó a completar una vuelta de ese infernal trazado angosto de 34 kilómetros de extensión. Salió disparado en una curva a máxima velocidad (se calcula que a más de 200 km/h) y se estrelló contra un árbol. La muerte fue instantánea.
Las preguntas se acumulan como los coches en una grilla. ¿Se suicidó realmente Brazdil o su muerte fue fruto de su inexperiencia en la conducción de una máquina de ese calibre? ¿O simplemente fallaron los frenos? Y si realmente eligió sacrificar su vida, ¿ cuál fue la verdadera razón de esa trágica elección? ¿El deshonor al que se vio sometido yendo a parar a una celda o la separación sentimental que le impidió seguir viviendo?
El caso Brazdil pudo haber sido el único de un suicidio en el automovilismo.



Si queres saber sobre autos clasicos, carreras de epoca y pilotos que hicieron historia ... ¡seguime!
(Las imagenes son de la carrera, pero no tengo ninguna del accidente ni del pobre Brandzil sepan diculpar)
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