En estos días hay quien se dice sorprendido por la deriva ideológica de quienes ostentan el gobierno de la nación. Sus vínculos con la "rama dura" de la Iglesia han estado ahí siempre, sus membresías a conocidos lobbys de presión como el Opus Dei o Los Legionarios de Cristo son conocidos hace tiempo. Aún así hay quien se sorprende.
Pués tengo la ligera impresión de que no esté sucediendo nada nuevo, quizá, eso sí, más evidente, pero de nuevo no tiene nada.
Este experimento llamado España no satisface mis necesidades como persona. No quiero un patria, patriarcal, autoritaria, prefiero una madre, llámese madre-nación o como cada uno guste. A partir de ahí considero que todo es un engaño. No existe la democracia ni la igualdad. Nos vendieron la moto de que la transición sirvió para aunar a un país dividido y no fue así. En vez de juzgar los delitos cometidos en la dictadura, dejamos a sus autores y su ideología en barbecho, esperando su turno para volver a crecer. Y eso han hecho.
Partimos de una constitución castrada por el poder eclesiástico-militar, lo que no era pecado era suceptible de sacar los tanques a la calle. Y nos dejamos seducir, hasta que los herederos y nostálgicos del bigote y la voz aflautada medraron en el abono (considérese de excreciones varias) de la podredumbre de quienes se hicieron llamar socialistas. Desde entonces hemos aguantado las lecciones de moralidad de un señor con bigote, mesiánico contactado divino (), a otro que se decía socialista y ahora a un señor con barba cuya fama de mentiroso es proverbial.
Este es el legado de un experimento social, se quejan del “café para todos” autonómico, pero hace 35 años se regalaron carnets de demócratas a quienes sus delitos hacían sospechosos de ser todo lo contrario. El PP dió asilo democrático a herederos y nostálgicos de tiempos aciagos. Su prensa condenó sistemáticamente a todo lo que no correspondiera a su idea de un país que no existe salvo en sus sueños y en nuestras pesadillas. Y ahora es lo que tenemos.
Cuando se sacó aquella ley de partidos, que ilegalizó a quienes no condenaban un tipo exclusivo de terrorismo, obviando el terrorismo del régimen anterior, pocos se atrevieron a cuestionarla y/o a pensar que uno de sus jaleadores era un partido que nunca pidió perdón por los crímenes de estado que algunos de sus integrantes comentieron, que nunca condenó la dictadura. Desde entonces Kale borroka ha sido cualquier manifestación que no fuera de su gusto, desde entonces cualquier movimiento social que cuestionara este sistema ha sido acusado de ser asesorado por los radicales vascos en cómo traer desorden a las calles.
En el transcurso de escribir esto, he encontrado una noticia sobre el PP de Gazteiz (Vitoria) que ha realizado un homenaje a las víctimas de la dictadura, condenándola y mostrando su repulsa a la misma. El medio (de marcada tendencia ultracatólica) que cuenta la noticia, lejos de alegrarse, critica el homenaje...
No está volviendo la derecha ideológicamente franquista, sencillamente nunca se fueron. Les dimos un perdón que ni siquiera sus sotanados socios dan sin arrepentirse de los pecados. Fueron indultados y guardaron su ideología libre de consecuencias esperando a mejores tiempos, tiempos que les ha dejado en bandeja quienes se han hecho pasar por la izquierda…
Todavía no hace mucho alguién del PP calificó al PSOE de extrema izquierda, diciendo que como consecuencia ellos ocupaban el espacio dejado y eran un partido de centro izquierda… por favor.
Ni tan siquiera existen esos conceptos en la actualidad, si es que alguna vez exisitieron. Hay algo que se llama humanismo, o te comportas humanamente o no. Y ninguno de ellos lo ha hecho. Se han llenado los bolsillos, se han quedado con todo y con nosotros de un plumazo.
El mesías español nos dedicó el mantra del España va bien por activa y por pasiva… ahora son visibles las consecuencias, por aquel entonces tan sólo eran previsibles… Una economía sustentada en la especulación inmobiliaria es lo que tiene, es previsible. Pan para hoy y hambre para mañana.
Pero todo esto no habría sido posible sin nuestra colaboración. El “y tú más” de los políticos y sus prensas colaboracionistas caló hondo en la población, da igual que supiéramos que todo era un teatro, que después de sus desaires se echaban unas risas y unas copas. Nos han dividido y nos hemos dejado dividir, les hemos creído a ellos antes que a lo que el sentido común nos decía… cosas de las ideologías, qué le vamos a hacer.
Nos creímos lo “más” con un cochazo y un pisazo comprado con nuestra libertad, presente y futura. Para poner la nueva tele, tuvimos que cambiar el armario del salón porque ya no entraba… ¿para qué? Ah sí para informarnos… no de la realidad, no de la verdad (algo incompatible con el sistema y sus defensores), informarnos de lo que le dijo la prima segunda de la ex mujer de uno que pasaba por allí a una vecina del torero aquel al que le tiraban ropa interior las mujeres. Hubiera salido más barato mirar la taza del retrete después de hacer unas deposiciones, más barato y educativo si cabe.
Y ahora nos sorprendemos de todo, pues no, a mi no me sorprende. Se veía venir. Y estamos divididos y a mucho gusto… con lo que hemos disfrutado y alimentado nuestro ego discutiendo con cualquiera que se pusiera a tiro con nuestros discursos prefabricados. No hay nada como un buen vecino para deshogar nuestra frustración con un discurso que es mejor mantener a plantearse si es cierto o soy un tonto útil.
Y si hay algo evidente, es que hace falta unirse… pero va a ser difícil… todavía no hace tanto que el país se alegró de la militarización de los controladores, y puede que no tuvieran razones para plantarse, pero fue tan peligroso para el sistema lo que hicieron, que a la prensa bipartidista y a sus representantes políticos les faltó tiempo para unirse y criminalizarles. Militarizados con el alborozo del “respetable”, suerte que de aquellas no teníamos las guillotinas que algunos reclaman ahora, no para los trabajadores que protestan, si no para quienes entonces les pusieron en contra de otros trabajadores. ¿Cómo lo llamaron? Ah sí, huelga salvaje. Pués eso es lo que hace falta, porque la experiencia de los controladores nos enseña que eso les duele, claro que no es democrática y supongo que no respeta no se qué convenios o lo que sean que tengan confabulado empresarios, gobiernos y sindicatos, pero tampoco me preocupa. Estoy harto de ser el pringao que cumple democráticamente, mientras que quienes en su infinita sabiduría deciden lo que es y no es democrático, no cumplen.
Un abrazo.
Pués tengo la ligera impresión de que no esté sucediendo nada nuevo, quizá, eso sí, más evidente, pero de nuevo no tiene nada.
Este experimento llamado España no satisface mis necesidades como persona. No quiero un patria, patriarcal, autoritaria, prefiero una madre, llámese madre-nación o como cada uno guste. A partir de ahí considero que todo es un engaño. No existe la democracia ni la igualdad. Nos vendieron la moto de que la transición sirvió para aunar a un país dividido y no fue así. En vez de juzgar los delitos cometidos en la dictadura, dejamos a sus autores y su ideología en barbecho, esperando su turno para volver a crecer. Y eso han hecho.
Partimos de una constitución castrada por el poder eclesiástico-militar, lo que no era pecado era suceptible de sacar los tanques a la calle. Y nos dejamos seducir, hasta que los herederos y nostálgicos del bigote y la voz aflautada medraron en el abono (considérese de excreciones varias) de la podredumbre de quienes se hicieron llamar socialistas. Desde entonces hemos aguantado las lecciones de moralidad de un señor con bigote, mesiánico contactado divino (), a otro que se decía socialista y ahora a un señor con barba cuya fama de mentiroso es proverbial.
Este es el legado de un experimento social, se quejan del “café para todos” autonómico, pero hace 35 años se regalaron carnets de demócratas a quienes sus delitos hacían sospechosos de ser todo lo contrario. El PP dió asilo democrático a herederos y nostálgicos de tiempos aciagos. Su prensa condenó sistemáticamente a todo lo que no correspondiera a su idea de un país que no existe salvo en sus sueños y en nuestras pesadillas. Y ahora es lo que tenemos.
Cuando se sacó aquella ley de partidos, que ilegalizó a quienes no condenaban un tipo exclusivo de terrorismo, obviando el terrorismo del régimen anterior, pocos se atrevieron a cuestionarla y/o a pensar que uno de sus jaleadores era un partido que nunca pidió perdón por los crímenes de estado que algunos de sus integrantes comentieron, que nunca condenó la dictadura. Desde entonces Kale borroka ha sido cualquier manifestación que no fuera de su gusto, desde entonces cualquier movimiento social que cuestionara este sistema ha sido acusado de ser asesorado por los radicales vascos en cómo traer desorden a las calles.
En el transcurso de escribir esto, he encontrado una noticia sobre el PP de Gazteiz (Vitoria) que ha realizado un homenaje a las víctimas de la dictadura, condenándola y mostrando su repulsa a la misma. El medio (de marcada tendencia ultracatólica) que cuenta la noticia, lejos de alegrarse, critica el homenaje...
No está volviendo la derecha ideológicamente franquista, sencillamente nunca se fueron. Les dimos un perdón que ni siquiera sus sotanados socios dan sin arrepentirse de los pecados. Fueron indultados y guardaron su ideología libre de consecuencias esperando a mejores tiempos, tiempos que les ha dejado en bandeja quienes se han hecho pasar por la izquierda…
Todavía no hace mucho alguién del PP calificó al PSOE de extrema izquierda, diciendo que como consecuencia ellos ocupaban el espacio dejado y eran un partido de centro izquierda… por favor.
Ni tan siquiera existen esos conceptos en la actualidad, si es que alguna vez exisitieron. Hay algo que se llama humanismo, o te comportas humanamente o no. Y ninguno de ellos lo ha hecho. Se han llenado los bolsillos, se han quedado con todo y con nosotros de un plumazo.
El mesías español nos dedicó el mantra del España va bien por activa y por pasiva… ahora son visibles las consecuencias, por aquel entonces tan sólo eran previsibles… Una economía sustentada en la especulación inmobiliaria es lo que tiene, es previsible. Pan para hoy y hambre para mañana.
Pero todo esto no habría sido posible sin nuestra colaboración. El “y tú más” de los políticos y sus prensas colaboracionistas caló hondo en la población, da igual que supiéramos que todo era un teatro, que después de sus desaires se echaban unas risas y unas copas. Nos han dividido y nos hemos dejado dividir, les hemos creído a ellos antes que a lo que el sentido común nos decía… cosas de las ideologías, qué le vamos a hacer.
Nos creímos lo “más” con un cochazo y un pisazo comprado con nuestra libertad, presente y futura. Para poner la nueva tele, tuvimos que cambiar el armario del salón porque ya no entraba… ¿para qué? Ah sí para informarnos… no de la realidad, no de la verdad (algo incompatible con el sistema y sus defensores), informarnos de lo que le dijo la prima segunda de la ex mujer de uno que pasaba por allí a una vecina del torero aquel al que le tiraban ropa interior las mujeres. Hubiera salido más barato mirar la taza del retrete después de hacer unas deposiciones, más barato y educativo si cabe.
Y ahora nos sorprendemos de todo, pues no, a mi no me sorprende. Se veía venir. Y estamos divididos y a mucho gusto… con lo que hemos disfrutado y alimentado nuestro ego discutiendo con cualquiera que se pusiera a tiro con nuestros discursos prefabricados. No hay nada como un buen vecino para deshogar nuestra frustración con un discurso que es mejor mantener a plantearse si es cierto o soy un tonto útil.
Y si hay algo evidente, es que hace falta unirse… pero va a ser difícil… todavía no hace tanto que el país se alegró de la militarización de los controladores, y puede que no tuvieran razones para plantarse, pero fue tan peligroso para el sistema lo que hicieron, que a la prensa bipartidista y a sus representantes políticos les faltó tiempo para unirse y criminalizarles. Militarizados con el alborozo del “respetable”, suerte que de aquellas no teníamos las guillotinas que algunos reclaman ahora, no para los trabajadores que protestan, si no para quienes entonces les pusieron en contra de otros trabajadores. ¿Cómo lo llamaron? Ah sí, huelga salvaje. Pués eso es lo que hace falta, porque la experiencia de los controladores nos enseña que eso les duele, claro que no es democrática y supongo que no respeta no se qué convenios o lo que sean que tengan confabulado empresarios, gobiernos y sindicatos, pero tampoco me preocupa. Estoy harto de ser el pringao que cumple democráticamente, mientras que quienes en su infinita sabiduría deciden lo que es y no es democrático, no cumplen.
Un abrazo.