Los días de lluvia me ponen inconscientemente triste. Durante esos días, cuando se me ocurre escribir, termino mostrando una cara negra de la vida. Así es que comparto algo que escribí en un día gris como hoy… (si no les gustan las cuestiones tristes, ni lean je y desde ya aviso que comentarios fuera de lugar serán eliminados)
He sentido que el pecho se ahoga en lágrimas que quieren salir sin control. En esos momentos he querido ser niña otra vez, para llorar sin importar nada, aunque los adultos me ignoraran – y yo siguiera llorando hasta que no hubieran más lagrimas que derramar. Entonces salgo a caminar para que lo que me pone triste se aleje, pero lo único que he logrado es que se me acerquen los recuerdos, como fieles seguidores que son de mi vida cuando la ausencia conmueve y mueve a extrañar por muchas razones. Las pequeñas cosas me ponen mal; lamentablemente soy así. Y lloro porque ya no puedo contener el horror de la noche en que ya nada tenía dirección alguna. Soy una guerrera frente a un mundo hostil, siguiendo un camino que no sé a dónde me lleva. Todo porque me perdí muchas veces – o porque quizás no comprendí las señales.
Me perdí esta vez, y cuando quise volar, ya me habían cortado las alas. Y yo, creyendo que no iba a soportar el dolor, no intenté volar de nuevo. Algunas cosas ya no tienen sentido… por lo menos vivir con la esperanza de que todo vuelva a la normalidad es algo que me impulsa a seguir.
Lo que era el presente, ahora es pasado – aunque yo quiera creer que todo sigue igual. Incluso quedan vestigios de ese pasado en este presente, pero aún sigo añorando que los ciegos vean y los mudos hablen, que los sordos oigan y que los vivos den señales de vida.
Me escapé de los desafíos, porque ya no quiero ver castillos en el aire. No obstante busco el camino a lo más terrenal y cercano. Ya en la tierra, sin ansias de volar, me puse a mirar el cielo nocturno, por si encontraba alguna estrella fugaz que me dijera a dónde ir. Pero resulta que ya me las habían robado. Y se las habían llevado muy lejos – a horizontes que nadie conoce y mares que no han sido navegados.
¡Y pensar que ese dolor frío en el corazón fue causado por los astros sin mala intención! Esos astros también pueden curar las heridas que atormentan a cualquier débil como yo…
A esta tristeza que me desgasta cada segundo, ya no hay palabras que la describan sin denigrar la felicidad que quedaba en el fondo de la nada. Puedo comprobarte que la tristeza consume parte de mí. Se nota en mi cara aunque NADIE sepa realmente lo feo que se siente por dentro… sentirse como un puntito insignificante al que no miran, ni hablan. Un puntito al que ignoran pero al que lo hacen sentir que caerse a un precipicio es igual a ser abandonado.
Hoy no me siento bien. El clima lo dice con sus gotas de lluvia acida. Y yo, que ya no me importa casi nada, camino mojándome, esperando que el invierno deje a la primavera florecer a su debido tiempo… sin trampas ni engaños. Para que por fin pueda volver a admitir que sonrío por buenos motivos y no para pretender que soy feliz en el mundo de los que no entienden que las dulces palabras y las buenas intenciones deben reflejarse en las acciones.
Si pudiera dejar de pensar un minuto en lo que me afecta, sería gratificante, pero mientras más sola me siento, más fácil me desahogo. Se avecinan tardes grises, noches negras y mañanas claras de esperanza – de eso no hay duda, porque así como existe el pesimismo y la amargura, quiero creer que el optimismo me va a ayudar a relucir la sonrisa que perdí… mientras que la dulzura de lo que fue y podría ser me lleve a soñar con el verano – hasta el día en que seamos nosotros de nuevo en el mundo de los sin porqués...
Perdona mi pesimismo pero siempre hay días grises… así de horribles.
Me perdí esta vez, y cuando quise volar, ya me habían cortado las alas. Y yo, creyendo que no iba a soportar el dolor, no intenté volar de nuevo. Algunas cosas ya no tienen sentido… por lo menos vivir con la esperanza de que todo vuelva a la normalidad es algo que me impulsa a seguir.
Lo que era el presente, ahora es pasado – aunque yo quiera creer que todo sigue igual. Incluso quedan vestigios de ese pasado en este presente, pero aún sigo añorando que los ciegos vean y los mudos hablen, que los sordos oigan y que los vivos den señales de vida.
Me escapé de los desafíos, porque ya no quiero ver castillos en el aire. No obstante busco el camino a lo más terrenal y cercano. Ya en la tierra, sin ansias de volar, me puse a mirar el cielo nocturno, por si encontraba alguna estrella fugaz que me dijera a dónde ir. Pero resulta que ya me las habían robado. Y se las habían llevado muy lejos – a horizontes que nadie conoce y mares que no han sido navegados.
¡Y pensar que ese dolor frío en el corazón fue causado por los astros sin mala intención! Esos astros también pueden curar las heridas que atormentan a cualquier débil como yo…
A esta tristeza que me desgasta cada segundo, ya no hay palabras que la describan sin denigrar la felicidad que quedaba en el fondo de la nada. Puedo comprobarte que la tristeza consume parte de mí. Se nota en mi cara aunque NADIE sepa realmente lo feo que se siente por dentro… sentirse como un puntito insignificante al que no miran, ni hablan. Un puntito al que ignoran pero al que lo hacen sentir que caerse a un precipicio es igual a ser abandonado.
Hoy no me siento bien. El clima lo dice con sus gotas de lluvia acida. Y yo, que ya no me importa casi nada, camino mojándome, esperando que el invierno deje a la primavera florecer a su debido tiempo… sin trampas ni engaños. Para que por fin pueda volver a admitir que sonrío por buenos motivos y no para pretender que soy feliz en el mundo de los que no entienden que las dulces palabras y las buenas intenciones deben reflejarse en las acciones.
Si pudiera dejar de pensar un minuto en lo que me afecta, sería gratificante, pero mientras más sola me siento, más fácil me desahogo. Se avecinan tardes grises, noches negras y mañanas claras de esperanza – de eso no hay duda, porque así como existe el pesimismo y la amargura, quiero creer que el optimismo me va a ayudar a relucir la sonrisa que perdí… mientras que la dulzura de lo que fue y podría ser me lleve a soñar con el verano – hasta el día en que seamos nosotros de nuevo en el mundo de los sin porqués...
Perdona mi pesimismo pero siempre hay días grises… así de horribles.