Si un diario nacional usa tu foto para un artículo sobre sobrepeso, claramente debería ser una señal de que estás gordo como un cerdo. Pero a mí no me afectó así.
El 19 de Julio de 2012, me desperté con los gritos de mi padre, que golpeaba la puerta de mi pieza.
“Che, ¡apareció una foto tuya en La Nación!”, lo escuché decir varias veces y, somnoliento como estaba, y con todos ánimos de volver a la cama, le dije que sí, que ya sabía, aunque era demasiado temprano en la mañana como para saber de qué hablaba.
Cuando finalmente horas después salí de la cama y bajé para el desayuno, recordé lo que había dicho mi padre y empecé a hojear el diario desconcertado.
Encontré la foto, y en cierta manera, me sentí aliviado al ver que no salía mi cara en ella. Era una foto donde estaba sentado con una laptop y, bueno, se notaba mi barriga con sobrepeso. Por una milésima de segundo, me pregunté cómo habría hecho mi padre para reconocerme, pero lo descarté. Se notaba que era mi cuarto y, además, más tarde mi padre me diría que, cuando vio la foto, lo primero que pensó fue que “esa panza él la conocía”.
Rápidamente procedí a recortar el artículo y cuando lo estaba guardando, reapareció mi padre y me consultó, divertido ante la situación, qué era que hacía mi panza en un artículo de La Nación.
“¿Qué pasó? ¿Entraron a tu Facebook y te la sacaron?”, preguntó con la ingenuidad característica de los padres.
Suspiré. Realmente no quería hablar del tema. Hacía varios meses que había subido varias fotos mías a Flickr.com con licencias Creative Commons (es decir, para uso libre de cualquiera que quisiera) y, si bien ya había visto varias de ellas en sitios web haciendo referencia a la obesidad y sobrepeso, me consternaba lo que acababa de encontrar en el papel. Se trataba de una cosa totalmente distinta. El papel lo hacía más real; sobre todo considerando que mi padre la había visto y ameritaría explicaciones que no tenía ganas de dar.
Rojo de la vergüenza, expliqué lo mínimo indispensable (“la subí a una web de uso común, donde la puede usar cualquiera”), lo cual llevó a más preguntas como por qué y para qué, que respondí con la misma moneda o evadí directamente.
No me desagradaba la idea de que mi foto apareciera en el diario. Realmente, no me molestaba. En cambio, si me irritaba que mi familia lo supiera. Me sentía humillado frente a ellos. Y, como podía esperarse, caída la noche, prácticamente toda la familia se había enterado que el gordo había salido en un artículo del diario.
De todas maneras, no me arrepiento de haber subido esa foto a creative commons y, de hecho, espero que la sigan usando por más tiempo. Cada cual aporta lo que puede a la interweb.
La foto en cuestión sigue estando en Creative Commons y es para uso de cualquiera que lo desee siempre que cite la fuente. Si hacen una búsqueda reversa de la imagen, verán que aparece en muchos sitios y notas relacionados con la obesidad.
Pueden leer el artículo de La Nación donde salió mi foto .
La foto original.
El 19 de Julio de 2012, me desperté con los gritos de mi padre, que golpeaba la puerta de mi pieza.
“Che, ¡apareció una foto tuya en La Nación!”, lo escuché decir varias veces y, somnoliento como estaba, y con todos ánimos de volver a la cama, le dije que sí, que ya sabía, aunque era demasiado temprano en la mañana como para saber de qué hablaba.
Cuando finalmente horas después salí de la cama y bajé para el desayuno, recordé lo que había dicho mi padre y empecé a hojear el diario desconcertado.
Encontré la foto, y en cierta manera, me sentí aliviado al ver que no salía mi cara en ella. Era una foto donde estaba sentado con una laptop y, bueno, se notaba mi barriga con sobrepeso. Por una milésima de segundo, me pregunté cómo habría hecho mi padre para reconocerme, pero lo descarté. Se notaba que era mi cuarto y, además, más tarde mi padre me diría que, cuando vio la foto, lo primero que pensó fue que “esa panza él la conocía”.
Rápidamente procedí a recortar el artículo y cuando lo estaba guardando, reapareció mi padre y me consultó, divertido ante la situación, qué era que hacía mi panza en un artículo de La Nación.
“¿Qué pasó? ¿Entraron a tu Facebook y te la sacaron?”, preguntó con la ingenuidad característica de los padres.
Suspiré. Realmente no quería hablar del tema. Hacía varios meses que había subido varias fotos mías a Flickr.com con licencias Creative Commons (es decir, para uso libre de cualquiera que quisiera) y, si bien ya había visto varias de ellas en sitios web haciendo referencia a la obesidad y sobrepeso, me consternaba lo que acababa de encontrar en el papel. Se trataba de una cosa totalmente distinta. El papel lo hacía más real; sobre todo considerando que mi padre la había visto y ameritaría explicaciones que no tenía ganas de dar.
Rojo de la vergüenza, expliqué lo mínimo indispensable (“la subí a una web de uso común, donde la puede usar cualquiera”), lo cual llevó a más preguntas como por qué y para qué, que respondí con la misma moneda o evadí directamente.
No me desagradaba la idea de que mi foto apareciera en el diario. Realmente, no me molestaba. En cambio, si me irritaba que mi familia lo supiera. Me sentía humillado frente a ellos. Y, como podía esperarse, caída la noche, prácticamente toda la familia se había enterado que el gordo había salido en un artículo del diario.
De todas maneras, no me arrepiento de haber subido esa foto a creative commons y, de hecho, espero que la sigan usando por más tiempo. Cada cual aporta lo que puede a la interweb.
La foto en cuestión sigue estando en Creative Commons y es para uso de cualquiera que lo desee siempre que cite la fuente. Si hacen una búsqueda reversa de la imagen, verán que aparece en muchos sitios y notas relacionados con la obesidad.
Pueden leer el artículo de La Nación donde salió mi foto .
La foto original.