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El capitalismo es femenino y el socialismo machista 2

Femme•2/7/2014
Hay un tercero!

Feminismo y socialismo


Gilder enseña que el machismo es un arma letal del estatismo para destruir a la familia y tener así la lealtad absoluta, total e incondicional del individuo. Pero el verdadero nombre del machismo es feminismo. Y viceversa. Son lo mismo.



Vea Ud.: ¿en qué consiste básicamente el programa feminista? En el acceso de la mujer al mercado de trabajo, con el reclamo de un rol proveedor para ella en pie de igualdad con el varón; y asimismo la igualdad sexual. E igual acceso a la política y al Ejército -y también a los comedores, viviendas y dormitorios comunes propios de la milicia- ...



¿Qué implica esto? Nada menos que rebajar la sexualidad femenina al mismo plano de la masculina, degradando la Constitución Sexual de una sociedad civilizada, basada en la familia. ¿Es así ...? Sí, claro, es el sometimiento de la orientación sexual femenina a las demandas sexuales masculinas no civilizadas, enfocadas en las uniones de corto plazo y no permanentes.



El socialismo -nacionalista o clasista-, consagra y da expresión política al más puro, viejo y radical machismo, fuerza anticapitalista. El capitalismo es una trama social pacientemente tejida por las mujeres en los hogares -donde obtienen ellas sus grandes logros, p. ej. la crianza-, antes que por los varones en las empresas. Capitalismo y familia son defensas de la individualidad y la privacidad frente al poder. Socialismo y machismo (“feminismo”) son una vuelta a la horda promiscua e indiscriminada: un regreso a las cavernas. Todas las utopías radicales, desde Platón hasta el s. XX, eran contestes en dos puntos: comunidad de bienes y de mujeres.



Programas antisociales: pobreza, ignorancia, ilegitimidad



El estatismo nos dice que los programas “sociales” compensan desempleo, pobreza y otros males causados por supuestos fallos de la economía capitalista. La verdad es que son causados por el primer género de programas antisociales: los que embisten contra las empresas y los mercados. Son dirigidos contra la economía en primer lugar, pero de paso deterioran y minan a las familias constituidas -socavando sus estructuras naturales-; e indirectamente también hieren de muerte la capacidad de la gente para informarse y pensar. El segundo género de programas antisociales, las ayudas del “Welfare Sate”, rematan a la familia como institución.



Gilder muestra que los programas estatales “de bienestar social” no son resultado o consecuencia sino una causa de la llamada paternidad irresponsable, en realidad los hijos ilegítimos de ambos padres y no sólo del varón. De “Suicidio Sexual” y de otra obra suya (“Riqueza y pobreza”, de 1981), podemos aprender lo siguiente:



1) El Estado empieza por destruir la moneda mediante la inflación; y así acaba con el poder adquisitivo del dinero. En un matrimonio así empobrecido, es necesario laborar jornadas muy extensas y agotadoras, incluso mujer y marido; y eso apenas para sobrevivir. Un ingreso individual ya no alcanza para sostener a una familia porque el Estado impone tributos y pesadas cargas reglamentarias. El tiempo tampoco alcanza, de modo que se sacrifica el de la pareja, los hijos y la familia, que así se va erosionando y destruyendo.



2) Y la gente debe sacrificar su tiempo para investigar e informarse, con buen discernimiento de las fuentes, y para la reflexión -como individuos racionales-, en asuntos privados, públicos, y también generales acerca de la realidad, Dios, el hombre y la sociedad. De todos modos, aún con tiempo para pensar, ya no están los instrumentos idóneos para hacerlo bien: las categorías ontológicas para captar la realidad han sido sacrificadas por la destrucción de la Filosofía realista, como sus vestigios en el lenguaje ordinario, las categorías gramaticales. Toda esta problemática nos sorprende faltos de herramientas; y ni nos damos cuenta, víctimas de 1001 errores y verdades a medias, informaciones parciales o falseadas, confusiones, engaños y mentiras descaradas. Aparte la inflación, el Estado sigue destruyendo empresas y empleos con sus otras políticas antimercado y antieconómicas, dejando en la calle muchos asalariados, principalmente varones.



3) Con sus medidas “sociales”, el Estado anuncia a las mujeres (y a los hombres) que está dispuesto a hacer el papel de marido y padre, reemplazando al varón en su rol de proveedor principal para la familia. Muchas esposas y madres se tientan a aceptar el cambio, cansadas de esposos poco civilizados y/o desempleados, y ayudadas por el divorcio fácil, instantáneo, barato y de hecho unilateral; o bien por la ausencia de lazo marital que romper, en las uniones ilegítimas. El papel de suministrador es asumido por el funcionario (o funcionaria) de Bienestar Social. Para el inseguro varón, esta sustitución tiene un efecto psicológico desvastador; y sobre la familia, destructivo.



4) Así es como muchos esposos y padres se tientan a in-civilizarse regresando con sus compañeros a los equivalentes modernos de las viejas partidas de caza: competencias deportivas (no activa sino vicariamente, en el estadio o en la TV, tipo “voyeurista”); hurto o robo en pandillas o “gangas”; juegos y apuestas; dependencia del alcohol o drogas; dependencia de los programas de la asistencia social; sexo ocasional y empleos ocasionales (y viviendas o albergues ocasionales, incluso “comedores populares”); política “revolucionaria” y militarización e indoctrinamiento patriótico y político-militar en los países totalitarios ... y largo etcetera.



Coeducación, facilismo pedagógico y “diplomanía”



“Suicidio sexual” y “Riqueza y pobreza” tratan los desastres en la docencia:



1) La coeducación de ambos sexos impuesta por el Estado, es responsable de buena parte del fracaso escolar y del muy pobre rendimiento académico. Sobre todo de los varones, sexualmente mucho menos seguros y ordenados. Se reúne en un mismo salón a chicas y chicos en plena efervescencia hormonal, y se pretende que concentren sus mentes en fórmulas químicas, físicas o geométricas, fechas históricas, verbos irregulares y nombres de ciudades, montañas y lagos. La escasa atención lleva al fracaso. Pero en este como en muchos otros de sus estrepitosos fallos, el Estado se niega a reconocerlo y admitirlo, y a permitir el remedio: la desestatización educativa, y la vuelta a la educación segregada, al menos para quienes la escojan.



2) Los diabólicos Ministros de Educación inventan e imponen entonces unas fórmulas de enseñanza y aprendizaje cada vez más relajadas y degradadas. Es el escape al facilismo, para educando y educador: preelaborados tests de escogencia múltiple, trabajos en equipo, “investigación” copiada a la ligera (ahora de Internet), tumultuosas y opináticas “clases participativas” en lugar de lecciones del profesor, “sensibilización” ... y muchos otros etceteras aquí. Resultados: bachilleres cada vez más deficientes en información y en capacidades, en habilidades y destrezas intelectivas, en conocimientos teóricos y prácticos. Embrutecimiento progresivo y masivo.



3) Y el Estado trata de disfrazar piadosamente su fracaso como educador tras la “diplomanía” (credencialismo según otros autores): imparte más “educación”, e impone la exigencia de cada vez más títulos y certificados de “estudios” a todo el mundo. Le exige Bachillerato o Licencia de Técnico Superior hasta a quien va a ser cobrador (o cobradora) del peaje en la autopista ... Claro, si sabemos que educación equivale a indoctrinamiento compulsivo, y diplomanía a nichos monopólicos garantidos para los indoctrinados, comprendemos las razones de la sinrazón.



Finalmente el colectivismo destruye la sexualidad



Sexualidad no es sólo cópula y cosas parecidas o sustitutas. Esa es una visión reducida, estrecha y masculina; o por mejor decir: machista. Sexualidad también es gestación, parto y lactancia. Pero en su loco afán por acabar con la individualidad e identidad personal, el colectivismo destruye la familia y también la sexualidad. Que es sagrada precisamente por ligarse indisolublemente a la personalidad de cada ser humano único e irrepetible, mujer u hombre.



Este cambio revolucionario, el más subversivo, dramático y temible -y perverso- en la Constitución Sexual, nos afecta a todos. Porque, ¿cómo nacemos las personas? De madre y padre que normalmente nos dan identidad. ¿Y si no naciéramos así ...? Pues en 1973 Gilder observa ciertas tendencias muy inquietantes y perturbadoras, ya anticipados por el novelista inglés Aldous Huxley cuatro décadas antes -1932- en “A Brave New World” (en español “Un mundo feliz”). Es esta una novela de anticipación o ciencia-ficción que trata de una “civilización bárbara”. La paradojal expresión significa salvajismo tecnificado: niñas y niños son fabricados en masa por los funcionarios gubernamentales desde los embriones. Así predeterminan biológicamente las distintas capacidades humanas para las diversas castas sociales: superiores, medias, e inferiores o sub-inteligentes (puro músculo, carne y sensibilidad). Vale la pena releer hoy esa novela: los textos proféticos deben revisarse con el tiempo para ser juzgados en sus pronósticos ... En 1947 el también británico C. S. Lewis publicó su célebre ensayo sobre el mismo tema: “La abolición del hombre”. ¡Y después decimos que Dios no nos envía más profetas! Tal vez, como siempre, no queremos escucharles porque no nos agrada lo que nos dicen.



Hoy las tendencias previstas por Gilder ya van muy “adelantadas”: fecundación de embriones humanos en tubos de ensayo, congelados y conservados por millones, implicando la producción en masa de seres humanos anónimos para ser sirvientes de propiedad estatal: gestación fuera del vientre materno o extracorpórea (“ectogénesis”); experimentación con células matrices (o “estaminales”); y clonación de personas a partir de tejido humano.



¿Qué se quiere lograr? ¿Cuál es el fin? Nada menos que romper las naturales conexiones entre sexualidad, embarazo, parto, lactancia, crianza e identidad personal. Es un ataque al humano poder procreativo, último y terminal asalto sobre la individualidad, y por ende sobre la humanidad.



Evolucionismo y otros puntos de la Agenda antiliberal



Ese crimen abominable se justifica en la doctrina evolucionista, una especulación descabellada y anticientífica que se hace pasar por verdad científica. No casualmente es uno de los dogmas promovidos activa y oficialmente por el colectivismo y su brazo político, el estatismo. Que también por vía autoritaria -y tampoco casualmente-, promueven los otros tópicos del feminismo: precocidad y promiscuidad sexuales, aborto, eutanasia y eugenesia, parejas homosexuales con hijos (que son hijos de la ectogénesis) ... Y otros puntos de la misma agenda:

-- Ciencia fraudulenta, para apoyar el ecologismo y el evolucionismo militantes, y todo lo demás.

-- Positivismo y conductismo en Humanidades -avales “científico-sociales” de todos los experimentos de la planificación intervencionista y dirigista-;

-- Posmodernismo y otras corrientes nominalistas, anti-realistas e irracionalistas en Filosofía;

-- “Nueva Era” y otras variedades gnósticas y esotéricas en materia religiosa, sincretizadas con la estatolatría o culto al dios-Estado.



Porque si el evolucionismo es válido, entonces humanidad y civilización dependen del azar. Y así se legitiman todos los experimentos y manipulaciones con las personas, en la supuesta búsqueda de “mutaciones y mejoras evolutivas”, a cargo del Estado. ¿Por qué el Estado? Simplemente porque tiene el poder, la fuerza. Si no hay verdades objetivas -¡cuantimenos “absolutas”!- entonces no hay reglas ni justicia; sólo poder, fuerza desnuda. Y si además la realidad es infinitamente moldeable y plástica, pues no cabe sino que dejemos al poder que mande, sin límite alguno. Y si Universo, materia, energía y naturaleza se hicieron a sí mismas, entonces cabe adorarles ¡porque son dioses! ¡Y a la fuerza del poder también!



Otras veces ha ocurrido: nazismo, comunismo. Sin embargo hay una diferencia, pero para peor. En el pasado las ideas bárbaras, antihumanas y absurdas se imponían a punta de pistola y campo de concentración. No obstante hubo resistencia. Pero ¿qué resistencia puede haber cuando ideas de esa clase son infiltradas en el cerebro y el corazón, y aceptadas mansa y un poco inconcientemente por la inmensa mayoría ...? Puede resistirse a un partido militarizado y armado; pero, ¿a una masa adocenada desde pequeña, que sigue a sus jefes al matadero gustosamente y en manada, lavado y vaciado el cerebro, y desactivada la voluntad ...?
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