El sexo telefónico es un tipo de sexo virtual consistente en conversaciones eróticas entre dos o más personas a través del teléfono. Aunque no es requisito indispensable, a menudo los interlocutores, o alguno de ellos, acompaña el acto con la masturbación. Los límites a esta práctica solo los ponen quienes la practican, pudiendo formar parte de la experiencia órdenes sexuales, narraciones eróticas, confesiones y anécdotas de índole sexual, discusión de temas sensuales o personales, o reduciéndose simplemente a jadeos, gemidos u otros ruidos sexuales mientras los participantes se masturban.
En función de sus participantes, el sexo telefónico se puede clasificar básicamente en dos ramas: como servicio de pago o como relación esporádica o de pareja. En el primer caso, uno de los participantes llama a un servicio de teléfono erótico como cliente, donde es atendido por uno o varios trabajadores. En el segundo caso, las personas participantes aceptan voluntariamente la relación por teléfono. Esta relación puede ser mantenida por una pareja o bien por desconocidos que hayan intercambiado los números de teléfono a través de algún otro medio, como Internet o mensajes SMS.
La sesión puede ser intensísima y explosiva, ya que hace inevitablemente surgir la fantasía. Como no vemos, tenemos que imaginar. Y la imaginación conlleva el más poderoso de los erotismos. He aquí la verdadera limitación de la pornografía. Al mostrar en exceso lo genital, neutraliza el inmenso poder de la fabulación. La ausencia de los cuerpos, sin embargo, hace que la fantasía se despliegue en toda su fastuosidad. Representarnos mentalmente a nuestro amante desnudo lo hace más deseado aún, hasta el punto de que, cuando lo volvamos a abrazar físicamente, su piel, sus formas, su sexo, nos parecerán más atractivos y fascinantes que nunca.
Lo que más se parece al sexo telefónico es la literatura erótica. Porque la literatura es también imaginación. Las palabras convocan nuestros más íntimos deseos. Por eso, quien se adentra en la lectura de algunos de los textos de la literatura erótica, aumenta los recursos para cautivar a su pareja. A veces, hay palabras entre los amantes que multiplican la libido. Son palabras que se han convertido en un símbolo entre ambos y que hacen referencia a alguna procelosa situación anterior. Proust, en su monumental En busca del tiempo perdido, nos relata que la palabra catleya, una especie de orquídea, despertaba nada más nombrarla los deseos entre Odette y Swan, ya que, en su primer encuentro, éste había usado el pretexto de oler la flor que ella llevaba en el escote para besarle los senos. Palabras de este tipo pueden ser muy efectivas cuando sólo disponemos de unos minutos para alcanzar el orgasmo.
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