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Historia y leyenda de El Dorado «Parte 3»


El legado

El legado aurífero de las culturas sobre las cuales se fue construyendo la leyenda de El Dorado, puede verse en las piezas de oro labrado que pudieron salvarse de ser fundidas por los conquistadores, o no llegaron a ser alcanzadas por buscadores de tesoros, y demuestran el notable nivel del trabajo artístico de los orfebres que las realizaron.






Estas piezas se encuentran exhibidas mayormente en diferentes museos de América latina y el mundo, y entre ellos se destaca el Museo del Oro de Bogotá, donde pueden verse objetos de oro pertenecientes especialmente a las culturas de las zonas de Cundinamarca, cuya tradición dio origen al mito del reino de oro. De entre todas estas piezas, seguramente destaca una, la famosa balsa Muisca, que se encuentra en el museo de Bogotá, y que sobresale no solamente por sus excepcionales cualidades artísticas, sino porque se la considera como la prueba de que la ceremonia del Zipa de oro de la laguna Guatavita no era una leyenda sino una realidad. Se trata de una pequeña figura ceremonial totalmente confeccionada en oro puro que representa una balsa con
numerosos personajes, y que se ha tenido tradicionalmente como la representación de la ceremonia del hombre dorado. La pieza, que mide 19,5 centímetros de largo por 10,1 de ancho y 10,2 de alto, fue hallada dentro de una vasija de cerámica junto con otra pieza, a principios del año 1969 por tres campesinos en el interior de una cueva en el municipio de Pasca, al sur de la ciudad de Bogotá.


Balsa muisca de oro exhibida en el Museo del oro de Bogotá, Colombia, que representaría la ceremonia del hombre dorado que se llevaba a cabo en Guatavita


Es esta quizá la pieza más apreciada del museo, si se tiene en cuenta que a pesar de que el Museo del oro de Bogotá ha llevado a cabo cientos de muestras itinerantes por todo el mundo, esta figura jamás fue sacada del país, aunque su presencia es permanentemente reclamada, debido a su fama internacional.


El Dorado en la cultura popular actual

El mito de El Dorado no sólo ha fascinado a conquistadores, exploradores, aventureros, soñadores y científicos, sino que también ha tenido el mismo efecto en la imaginación de todas las personas. Así la literatura y el cine se han ocupado a menudo del tema, con diferentes proyectos que obtuvieron dispar difusión, y persiguieron distintos objetivos. En cuanto al cine, la primera producción cinematográfica internacional que ofreció una historia relacionada al tema fue El secreto de los incas (Secret of the incas), producción estadounidense del año 1954, dirigida por Jerry Hopper. Si bien no trató específicamente de la búsqueda de El Dorado, por distintos aspectos, puede citarse como un primer antecedente ya que sentó las bases para lo que después sería una cita
recurrente en la cinematografía internacional: el argumento está basado en la búsqueda de un tesoro perdido de oro inca en el Perú, y su personaje principal es una especie de explorador aventurero, el cual según se dice habría inspirado a Steven Spielberg y George Lucas para la creación de su personaje de ficción Indiana Jones. Es un muy buen filme de aventuras protagonizado por Charlton Heston, que trató con mucha dedicación y respeto el tema y la cultura peruana. Esto resulta notable sólo teniendo en cuenta elementos como el haber sido casi íntegramente rodada en escenarios naturales del Perú, con bellas escenas de Cusco y estupendas tomas de la ciudadela de Machu Picchu filmadas en las ruinas cuando aún era un sitio prácticamente desconocido para el gran público internacional.

La primera vez que el cine comercial internacional se ocupó específicamente del tema de El Dorado fue con la película alemana de gran producción del año 1972 llamada Aguirre, la ira de Dios (Aguirre, der Zorn Gottes), dirigida por el prestigioso realizador alemán Werner Herzog, y rodada íntegramente en escenarios naturales de la cuenca del Amazonas y otras zonas del Perú. El guión de este filme se centra en la figura de Lope de Aguirre, interpretado por Klaus Kinski, a quien retrata como a un desquiciado psicópata sediento de sangre, que no vacila ante ningún atropello o crimen que decida cometer. El relato es absolutamente libre, ya que en vez de basarse en la verdadera historia de los “marañones”, el guión se basó en los relatos hechos por Gaspar de Carvajal, quien viajó por el Amazonas en una expedición en calidad de capellán, pero en realidad no en esta, sino en la iniciada por Gonzalo Pizarro, y terminada en la desembocadura del Amazonas con Francisco de Orellana, casi veinte años antes que la de Lope de Aguirre, iniciada por Pedro de Urzúa en 1560; incluso Carvajal es uno de los personajes principales de la película. Sin embargo esta producción fue bien recibida por la crítica, ofrece poderosas imágenes que sin duda conmueven al espectador, y se nota un gran esmero en el desarrollo del vestuario y la ambientación histórica.
En el año 1988 el cine volvió a ocuparse de la búsqueda de la ciudad de oro en el filme El Dorado, y nuevamente lo hizo a través de la figura de Lope de Aguirre, esta vez en una superproducción española dirigida por el afamado realizador Carlos Saura. En esta oportunidad, a diferencia de la película de Werner Herzog, el guión se desarrolló sobre la verdadera historia de los “marañones”, y las escenas representan cada uno de los hechos más importantes que, de acuerdo a las crónicas históricas de Gaspar de Carvajal, se fueron sucediendo desde el inicio de la expedición de Pedro de Ursúa. Esta película fue una de las más ambiciosas de la historia del cine europeo, y fue rodada con un notable esfuerzo de producción en locaciones naturales de Costa Rica, aunque se constituyó en un rotundo fracaso comercial.
En los albores del siglo XXI, fue el turno del cine de animación a la hora de ocuparse del reino de oro, y lo hizo a través de la producción estadounidense del año 2000 El camino hacia El Dorado (Road to El Dorado), dirigida por Bibo Bergeron y Will Finn, y con las voce
de estrellas cinematográficas internacionales de la talla de Kevin Kline y Kenneth Branagh. La historia relata las aventuras de dos pícaros timadores españoles del siglo XVI que por casualidad tienen acceso a un mapa que los guiará a El Dorado. Así, se las ingenian para llegar al nuevo mundo, y escapándose de Hernán Cortés logran alcanzar la dorada meta: encuentran un fabuloso reino pletórico de oro en las junglas de América central. La película trata con respeto el tema, aunque sin ahondar en demasiado rigor histórico y geográfico, por lo que podría considerarse un trabajo digno, consistente en no más que una fantasía inspirada en el mito de El Dorado, sin demasiadas pretensiones, pero que logra concitar el interés de un público infantojuvenil en una leyenda de la cual muchos, probablemente, ni siquiera habían oído hablar hasta su estreno.


Recreación ideal de El Dorado realizada para el filme El camino hacia El Dorado


En el año 2008, se estrenó una nueva entrega de la saga del conocido personaje cinematográfico Indiana Jones, dirigida por Steven Spielberg llamada El imperio de las calaveras de cristal (Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull), que fue un gran éxito en todo el mundo. En este filme, el ya mítico personaje buscador de tesoros arqueológicos busca El Dorado aunque afirma que el verdadero nombre de la ciudad es Akator, y que El Dorado es su nombre en español. El guión relaciona además su trama con la figura de Francisco de Orellana, ya que el Dr. Jones espera encontrar el cadáver del conquistador para descubrir una clave en él que lo lleve a El Dorado. Al margen del más ínfimo rigor histórico, el insostenible guión obviamente sólo busca lograr el entretenimiento del público valiéndose de todo tipo de elementos fantasiosos, históricos, geográficos y arqueológicos, y misturándolos arbitrariamente en un disparatado collage que mezcla las líneas de Nasca, con ruinas de civilizaciones de México, supuestas civilizaciones amazónicas extrañas, la famosa calavera de cristal hallada en Centroamérica, visitantes extraterrestres en inmensas naves espaciales y el cadáver de Francisco de Orellana (¡hallado momificado en una tumba en el subsuelo de un manicomio de Nasca junto a la calavera de cristal, custodiado por unos seres sumamente estrafalarios que luchan con artes marciales!) En fin, la película resulta un buen entretenimiento y fue en general muy bien recibida por el público y la crítica internacional, aunque no fue de mucha utilidad a los fines de contribuir con la difusión de la historia de la conquista y descubrimientos de América ni de la leyenda de El Dorado.


El secreto de los incas - EEUU (1954)


Aguirre, la ira de Dios - Alemania (1972)


El Dorado - España (1988)


Otro caso destacable sobre el tema es el de la reciente película del año 2009, llamada El Dorado, protagonizada por la estrella de la televisión de los Estados Unidos, Shane West. Se trata de una superproducción de Hollywood dirigida por Terry Cunningham, cuya trama se centra básicamente en la búsqueda de la ciudad dorada perdida de los incas que da título al filme, en una aventura que transcurre en tiempos actuales, llena de peligros, acción y romance, con persecuciones, helicópteros, explosiones, civilizaciones perdidas y villanos. La película fue rodada íntegramente en escenarios naturales de Perú, incluyendo ruinas incas y jungla amazónica.


Consideraciones

No resulta difícil preguntarse luego de haber conocido toda esta historia, cómo es posible que semejante leyenda haya generado tantas expediciones, tanta desgracia, tanta muerte, a lo largo de los siglos, y lo que es quizá más incomprensible aún, ¿cómo es posible que incluso hoy en día, en pleno siglo XXI, se sigue hablando de El Dorado, y hasta existen quienes continúan buscándolo? Es lógico que parezca algo inconcebible, y por ello quizá hay que tratar de entenderlo pensando que el ser humano se siente naturalmente atraído y fascinado por lo
desconocido, y dentro de esto, qué puede atraerlo más que una ciudad perdida. Existen un sinnúmero de historias y leyendas de ciudades perdidas a lo largo de todo el mundo, y solamente un pequeño porcentaje de estas han sido descubiertas, pero hasta haberlo sido, también se llevaron consigo vidas, ilusiones y pasiones de numerosos exploradores, científicos y aventureros. Probablemente algún día alguien anunciará que encontró El Dorado en algún lugar de América del Sur y pueda probar que es la verdad, así como Heinrich Schliemann anunció que encontró Troya, o Hiram Bingham, dio a conocer al mundo su descubrimiento de Machu Picchu, pero si esto sucediera, seguramente nada cambiará, el ser humano continuará fascinado en la búsqueda de otras
ciudades misteriosas, perdidas entre la nebulosa del tiempo, donde se misturan y se confunden la realidad y la leyenda.

Roque Daniel Favale



Bibliografía
Bayle J. Constantino. El Dorado fantasma. Consejo de la Hispanidad, Madrid, 1943.
Garcilazo de la Vega. Comentarios reales. 5ª edición, Vosgos Barcelona, 1979
Hemming, John. En busca de El Dorado. Ediciones del Serbal. Barcelona, 1984
Prescott, W. H., Historia de la conquista del Perú. Cía. Gral. De ediciones. México 1965
Ramos Pérez, Demetrio. El mito de El Dorado. Madrid. Ediciones Istmo, 1988
Soto Roland, Fernando. Ciudades y tesoros perdidos. Monografias.com (WEB)
Vázquez, Francisco. El Dorado, crónica de la expedición de Pedro de Ursúa y Lope de
Aguirre. Alianza Editorial. Madrid, 1987
Westwood, Jennifer. Atlas de lugares misteriosos,. Editorial Debate. Madrid 1987
www.banrep.gov.co/museo/esp/home.htm
www.edhistorica.com(WEB)
www.eldoradocolombia.com (WEB)

Historia y leyenda de El Dorado «Parte 1» 

Historia y leyenda de El Dorado «Parte 2» 
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