La negrita representa la voz del entrevistante en la conversación y la letra normal las respuestas del teólogo.
¿Cómo podemos saber que Dios existe? Y no quiero que me diga que debo indagar en mi interior en busca de alguna clase de revelación innegable de su existencia, porque no la he encontrado. Hablo de pruebas “empíricas”. ¿Tenemos los hombres alguna prueba real de que existe Dios?
La tenemos. La prueba de la existencia de Dios es Jesús. Si el hijo de Dios vino al mundo, significa que Dios existe.
¿Cómo sabemos que Jesús existió?
Ningún hombre ilustrado, sea creyente, no creyente, agnóstico, de derechas o de izquierdas, negará que Jesús, al menos como simple hombre, existió hace dos mil años. Hay numerosos testimonios de la época y documentos históricos que hablan de él. Muchos de ellos son escritos de historiadores romanos que narran de manera negativa como el movimiento de Jesús amenazaba con quebrar la estabilidad del imperio romano. En este sentido, la existencia, hace dos mil años, de un hombre llamado Jesús que predicó el amor entre los hombres y el resto de valores cristianos, es innegable.
Bien, así lo parece. Pero, ¿cómo sabemos que fue verdaderamente el hijo de Dios?
Por la Resurrección. Esa es la base del cristianismo. De hecho, después de que Jesús fuera crucificado, sus discípulos quedaron muy decepcionados e incluso llegaron a dudar de que su maestro hubiera sido realmente el hijo de Dios, tal y como él les había asegurado. ¿Cómo iba Dios a dejar morir a su propio hijo en la cruz? No tenía ningún sentido.
Exacto. ¿Entonces?
Entonces tres días después Jesús resucitó. Esa es la prueba que tenemos los hombres de que Jesús era y es realmente el hijo de Dios, y de que por tanto Dios existe y el mensaje que predicó Jesús es su mensaje. Recuerda la Primera epístola de San Pablo a los corintios, capítulo 15, versículo 17: “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe”.
¿Pero cómo sabemos realmente que Jesús resucitó? Ni usted ni yo estábamos allí para verlo.
Cierto. Pero sí estaban los apóstoles. Ellos presenciaron la resurrección de Jesús y luego escribieron su testimonio. San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan hablan de ello en los Evangelios. Jesús resucitado también se mostró ante María Magdalena y otros discípulos.
Entonces sabemos que Jesús existió y que era el hijo de Dios porque se presentó, resucitado, ante los cuatro apóstoles y otras personas, y estos narraron esa experiencia en los Evangelios.
Así es.
¿Pero no podría ser que, tras la muerte de Jesús, los apóstoles tomaran consciencia de que sin un acontecimiento semejante las enseñanzas e ideas de su maestro, que sin duda consideraban buenas, fueran a perderse en el olvido, y que entonces “inventarán” el episodio de la Resurrección para dar más credibilidad a las palabras de Jesús y que así estas pervivieran en la historia?
Como dices, bien podría ser. Pero piensa una cosa. San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan, y el resto de apóstoles y discípulos de Jesús, fueron perseguidos durante toda su vida por predicar que Jesús era el hijo de Dios y que había resucitado. E incluso a algunos los llegaron a matar por sostener tal hecho. Ahora te planteo yo a ti una pregunta: ¿Tiene sentido que esos hombres pasaran toda su vida predicando algo que sabían conscientemente que era mentira y que podía conducirlos incluso hasta la muerte, como les condujo a algunos?
¿Cómo podemos saber que Dios existe? Y no quiero que me diga que debo indagar en mi interior en busca de alguna clase de revelación innegable de su existencia, porque no la he encontrado. Hablo de pruebas “empíricas”. ¿Tenemos los hombres alguna prueba real de que existe Dios?
La tenemos. La prueba de la existencia de Dios es Jesús. Si el hijo de Dios vino al mundo, significa que Dios existe.
¿Cómo sabemos que Jesús existió?
Ningún hombre ilustrado, sea creyente, no creyente, agnóstico, de derechas o de izquierdas, negará que Jesús, al menos como simple hombre, existió hace dos mil años. Hay numerosos testimonios de la época y documentos históricos que hablan de él. Muchos de ellos son escritos de historiadores romanos que narran de manera negativa como el movimiento de Jesús amenazaba con quebrar la estabilidad del imperio romano. En este sentido, la existencia, hace dos mil años, de un hombre llamado Jesús que predicó el amor entre los hombres y el resto de valores cristianos, es innegable.
Bien, así lo parece. Pero, ¿cómo sabemos que fue verdaderamente el hijo de Dios?
Por la Resurrección. Esa es la base del cristianismo. De hecho, después de que Jesús fuera crucificado, sus discípulos quedaron muy decepcionados e incluso llegaron a dudar de que su maestro hubiera sido realmente el hijo de Dios, tal y como él les había asegurado. ¿Cómo iba Dios a dejar morir a su propio hijo en la cruz? No tenía ningún sentido.
Exacto. ¿Entonces?
Entonces tres días después Jesús resucitó. Esa es la prueba que tenemos los hombres de que Jesús era y es realmente el hijo de Dios, y de que por tanto Dios existe y el mensaje que predicó Jesús es su mensaje. Recuerda la Primera epístola de San Pablo a los corintios, capítulo 15, versículo 17: “si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe”.
¿Pero cómo sabemos realmente que Jesús resucitó? Ni usted ni yo estábamos allí para verlo.
Cierto. Pero sí estaban los apóstoles. Ellos presenciaron la resurrección de Jesús y luego escribieron su testimonio. San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan hablan de ello en los Evangelios. Jesús resucitado también se mostró ante María Magdalena y otros discípulos.
Entonces sabemos que Jesús existió y que era el hijo de Dios porque se presentó, resucitado, ante los cuatro apóstoles y otras personas, y estos narraron esa experiencia en los Evangelios.
Así es.
¿Pero no podría ser que, tras la muerte de Jesús, los apóstoles tomaran consciencia de que sin un acontecimiento semejante las enseñanzas e ideas de su maestro, que sin duda consideraban buenas, fueran a perderse en el olvido, y que entonces “inventarán” el episodio de la Resurrección para dar más credibilidad a las palabras de Jesús y que así estas pervivieran en la historia?
Como dices, bien podría ser. Pero piensa una cosa. San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan, y el resto de apóstoles y discípulos de Jesús, fueron perseguidos durante toda su vida por predicar que Jesús era el hijo de Dios y que había resucitado. E incluso a algunos los llegaron a matar por sostener tal hecho. Ahora te planteo yo a ti una pregunta: ¿Tiene sentido que esos hombres pasaran toda su vida predicando algo que sabían conscientemente que era mentira y que podía conducirlos incluso hasta la muerte, como les condujo a algunos?
