Se celebra hoy el Día del Lector
Es por conmemoración y homenaje al nacimiento del escritor Jorge Luis Borges, por medio de la Ley 26.754 que fue promulgada el 25 de julio.
Este año se celebra por primera vez el Día del Lector, que fue instituido el 24 de agosto en conmemoración y homenaje al nacimiento del escritor Jorge Luis Borges, por medio de la Ley 26.754 que fue promulgada el 25 de julio.
Es gracias a la lectura donde el saber además de acumularse se expande y se transmite. Promover la difusión y el acercamiento del libro es siempre un factor de enriquecimiento cultural y educativo. Es oportuna esta fecha, porque permite estimular, entre niños, jóvenes y adultos, la necesidad de descubrir el placer de la lectura. Una sociedad que genera puentes para que los libros estén al alcance de todos, es una sociedad con esperanzas y futuro.
Es por eso que la Dirección de Cultura y la Biblioteca Pública, Municipal y Popular “Gral. José de San Martín” adhiriendo a este día, repartirán publicaciones en distintos ámbitos de la Ciudad (Hospital, Terminal de Ómnibus, sociedades de fomento, instituciones barriales, comercios, etc.) para incentivar a que la lectura se convierta en ese acto cotidiano, en ese hábito amigo que permite expandir los saberes y favorece la actitud crítica y reflexiva.
En el Día del Lector por Borges, el escritor argentino no descansa en paz
Para algunos, el autor de “La Cifra” hubiera querido ser enterrado junto a los restos de su madre en el panteón de Recoleta a diferencia de donde se encuentran ahora
Borges ha creado un poema llamado “El remordimiento” en donde reconocía que el peor de los pecados de un hombre lo cometió él y fue "No haber sido feliz”.
En el aniversario 113 del nacimiento del poeta y escritor Jorge Luis Borges, hoy 24 de agosto, para muchos los restos descansan “sin paz” en el cementerio de la ciudad de Ginebra, Suiza.
Para algunos, el autor de “La Cifra” hubiera querido ser enterrado junto a los restos de su madre en el panteón de Recoleta a diferencia de donde se encuentran ahora en Europa.
Para algunos escritores e historiadores argentinos, Borges manifestó durante sus últimos tiempos el deseo de que sus restos descansen en Buenos Aires. Incluso, aseguran que en algunos pasajes de sus libros da a entender esa idea.
En uno de sus libros hace referencia a un pedido expreso que el poeta hiciera a Roberto Alifano, amigo y colaborador: “Quiero que usted se haga cargo de que se cumpla mi deseo de que me lleven a La Recoleta, al lado de mis mayores cuando me muera”.
Pese a ello, Borges terminó en Suiza pese a poder finalizar su existencia junto a su fiel compañera Fany y amigos en su casa y no en un cuarto de hotel de Ginebra.
Gasparini, periodista argentino de investigación, residente en Ginebra desde hace más de 25 años y quien tuvo la fortuna de entrevistar a Borges en 1984, explica: “Borges abandonó Buenos Aires en noviembre de 1985 casi en secreto, prácticamente moribundo, tras cambiar de testamento, médico y abogados. Inició entonces un viaje que comenzó fugazmente en Italia. Luego su salud se quebrantó aún más en Ginebra, preanunciando el desenlace en esa ciudad, donde falleciera el 14 de junio de 1986″.
En Ginebra, a pesar del creciente deterioro de su salud y su fragilidad extrema, Borges tuvo la energía de explorar “la posibilidad de obtener un permiso de residencia para alcanzar la nacionalidad suiza, quiso comprarse una propiedad en el casco antiguo de la ciudad, y contrajo matrimonio por poder en Paraguay con María Kodama”.
Quizá por este y otros motivos, hay quienes a pesar de recordar con alegría y sabiduría a uno de los escritores más famosos de habla hispana, ven en Borges ese hombre que no fue feliz y no descansa donde debería hacerlo: en su casa, Buenos Aires.
DOS YAPAS
Poema de los dones (J.L. Borges)
Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.
De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden
las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.
De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.
Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.
Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.
Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.
Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.
¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?
Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.
Oda al libro (Pablo Neruda)
LIBRO
hermoso,
libro,
mínimo bosque,
hoja
tras hoja,
huele
tu papel
a elemento,
eres
matutino y nocturno,
cereal,
oceánico,
en tus antiguas páginas
cazadores de osos,
fogatas
cerca del Mississippi,
canoas
en las islas,
más tarde
caminos
y caminos,
revelaciones,
pueblos
insurgentes,
Rimbaud como un herido
pez sangriento
palpitando en el lodo,
y la hermosura
de la fraternidad,
piedra por piedra
sube el castillo humano,
dolores que entretejen
la firmeza,
acciones solidarias,
libro
oculto
de bolsillo
en bolsillo,
lámpara
clandestina,
estrella roja.
Nosotros
los poetas
caminantes
exploramos
el mundo,
en cada puerta
nos recibió la vida,
participamos
en la lucha terrestre.
Cuál fue nuestra victoria?
Un libro,
un libro lleno
de contactos humanos,
de camisas,
un libro
sin soledad, con hombres
y herramientas,
un libro
es la victoria.
Vive y cae
como todos los frutos,
no sólo tiene luz,
no sólo tiene
sombra,
se apaga,
se deshoja,
se pierde
entre las calles,
se desploma en la tierra.
Libro de poesía
de mañana,
otra vez
vuelve
a tener nieve o musgo
en tus páginas
para que las pisadas
o los ojos
vayan grabando
huellas:
de nuevo
descríbenos el mundo
los manantiales
entre la espesura,
las altas arboledas,
los planetas
polares,
y el hombre
en los caminos,
en los nuevos caminos,
avanzando
en la selva,
en el agua,
en el cielo,
en la desnuda soledad marina,
el hombre
descubriendo
los últimos secretos,
el hombre
regresando
con un libro,
el cazador de vuelta
con un libro,
el campesino arando
con un libro.