La mente es uno de los misterios más fascinantes que nos conforman. Tiene la capacidad de crear escenarios, convencernos de lo inconvenible, escuchar lo no dicho, hablar con absoluta seguridad de temas que ni siquiera entendemos y convencernos de que somos algo que no somos.
Los pensamientos son el combustible de los sentimientos, de ahí la enorme importancia de atender a éstos. Si dejamos que la mente decida un asunto que es mera competencia del estómago como es el tema de la comida, va a “crear” necesidades y antojos. Nos va a decir cosas como: “No te puedes ir de este restaurante sin probar el flan” o “Acuérdate que en la alacena se quedaron lo chocolates que le trajeron a tu hermana”.
También actúa cuando le permitimos crear historias catastróficas como: No vales nada, tu novio te va a dejar por otra porque tu eres aburrida y no vales nada y a él seguro le gustan más las rubias… Esto va a generar tal ansiedad en ti que muy probablemente acabes asomada en el refrigerador o la despensa…¡o ambos!
SOLUCIÓN
La forma de lidiar con este tipo de hambre es crear “estrategias” que mantengan ocupada a la mente como: escribir y aprenderte frases positivas que se activen cada vez que veas que está haciendo de las suyas, revisar creencias , mantener la mente ocupada en cosas productivas, meditar y sobre todo aprender a dialogar con tu mente haciéndole saber que tú estás al mando.