InicioOfftopicUna vieja enfermedad
El médico, siempre vestido con su traje impecable, ya tenía su veredicto. Hizo una pausa para hilvanar las palabras adecuadas. Lo que más odiaba de su trabajo era eso mismo que ahora debía enfrentar: dar malas noticias.
Una mujer con ojos desesperados esperaba su dictamen del otro lado del escritorio. Su belleza estaba escondida debajo de los signos de desolación y tristeza que ahora presentaba su rostro, algo pálido e hinchado, con el cabello desarmado cayendo a sus costados como ramas de un árbol seco.
-Por favor doctor- le dijo ella- sea honesto conmigo… Ya no sé a quién acudir, ya no sé qué hacer para ayudar a mi marido. Lo que le acabo de contar son sólo detalles. Tengo la fuerte sensación de que su futuro va a empeorar significativamente.
-Y no tenga dudas de que así será- dijo el médico, más brusco de lo que hubiera deseado.- Temo anunciarle que su marido padece los signos de lo que llamamos “la enfermedad del cristianismo”…
El rostro de la mujer demudó en un instante, volviéndose aún más notable la aflicción. Amagó a romper en llantos, pero una fuerza mayor en ella la contuvo.
-Doctor…- dijo ella sonando descompuesta- Pero… ¿Cómo? ¿De qué se trata? Nunca… en mi vida escuché algo así.
-Seguramente lo escuchó bajo otro nombre… En occidente solemos llamarla así. Me temo que su marido padece los síntomas típicos que deja la enfermedad en los primeros momentos de gestación.
-Entonces… no entiendo… ¿Cuánto puede empeorar? No sé… no entiendo. No puedo creerlo…
-Es complicado. La enfermedad del cristianismo ataca paulatinamente puntos de importancia tanto en la psiquis como en el organismo. Lo primero que este virus maligno se encarga de desechar es la capacidad de la duda. Sin interrogaciones, dudas, cuestionamientos, el virus se instala en el cerebro y comienza a contagiar las demás funciones del cuerpo. Comienza entonces un proceso de “creencia” o de “fe”. Es decir que la voluntad de saber es intercambiada por los pseudos placeres de creer. En otras palabras, se le escapa a la innata búsqueda de la verdad, cayendo en terrenos de una conformidad mediocre y primitiva. De repente, la facultad de creer en algo, por más absurdo que esto sea, ocupará el puesto del saber o el querer saber.
El médico sintió la boca seca. Se sirvió un poco de agua en un vaso, tomó un sorbo y luego prosiguió ante la mirada enrevesada de la mujer:
-A partir de la anulación de la duda, el virus de la enfermedad del cristianismo produce síntomas que pueden surgir aleatoriamente. Suele ser un virus que apunta al extremismo. Esto quiere decir que quien lo padece genera una visión sumamente polar de la vida, y esto, e insisto, sin la capacidad de dudar, sucede con vehemencia. Otro síntoma inexorable de la enfermedad es el sentimiento de culpa, que es como una piedrita molesta yendo de lado a lado en la cabeza. La culpa vuelve débil al portador, lo vuelve cada vez más inseguro, y así, con el déficit de confianza, el virus se arma de poder en el organismo. Como ya presupongo ha notado, la principal labor del virus es ir deshilachando al que lo padece, ir destruyendo su integridad y su sentido de ser individual para volverlo un ser colectivo, un ente más de la masa, una oveja más del rebaño. Para que entienda se lo resumo: la capacidad de ser uno mismo se disuelve por el sentimiento de ser uno más.
La mujer por fin rompió en un llanto agudo. El médico, algo taciturno, le alcanzó un pañuelo. Ella le agradeció haciendo un ademán con la cabeza y se limpió las lágrimas.
-La enfermedad- agregó- suele tener una particularidad. Justo antes de que el virus se apropie del portador en su totalidad, suele generar ceguera parcial o total, y ciertos cúmulos de grasa malignos distribuidos por el cuerpo que entre colegas solemos llamar “creencias impuestas”. Estos cúmulos de grasa suelen tener tamaños absurdos y muy difíciles de creer, pero se afirman al portador con vigor, y, discúlpeme si soy insistente, la falta de duda ayuda a su concentración.
La mujer quedó horrorizada. Apenas se animó a hablar con una voz tibia y apagada:
-Doctor… no entiendo… ¿Qué es lo que sucede cuando el virus se apropia del todo?
El médico apenas pudo mirarlo a los ojos. Hubiera preferido evitar lo que venía a continuación. Despejó la garganta antes de hablar:
-Mire… se trata de un virus que por milenios viene corrompiendo la integridad de las personas, trayendo involución y violenta división. Respecto a su pregunta, he de serlo honesto ya que mi profesión así lo demanda, sobre todo en estas circunstancias. El último tramo es el que peor consecuencias trae. Con la enfermedad ya instalada del todo, el portador sufre el peor de los destinos: la dependencia total. Ya no es obrador de sus actos, sino que estos son causa de algo más. Ya no responde a sí mismo, sino a algo que considera superior. Señora, el portador se convierte en una pobre marioneta, y cualquier atisbo de independencia se evapora como hielo al sol. Ningún logro es mérito propio, ninguna desgracia trae consigo el néctar del aprendizaje. Toda su esencia es relegada a eso imaginario, impuesto, vale decirlo, por los cúmulos de grasa que le comente antes. Es una enfermedad inteligente que contagia a las mentes débiles, robándole lo más importante que poseen: su libertad.
-¡Pero doctor!- exclamó la mujer, totalmente desesperada- ¡Tiene que ayudarlo! ¿Cómo le extirpo el virus? ¿Existe un antídoto?
-Me temo que no. Sólo las mentes fuertes logran escaparle a la enfermedad del cristianismo, ya que el virus genera una idea y usted debe saber que no hay nada más difícil que extraer una convicción arraigada a la mente. La posibilidad de liberarse o no de la enfermedad recae exclusivamente sobre su marido. Disculpe. No hay nada que pueda hacer…
La mujer rompió en llantos nuevamente. Apenas musitó un agradecimiento cuando se levantó de su asiento para dirigirse a la puerta del consultorio. El médico la observó mientras se retiraba. Aún después de tanta experiencia, no podía evitar sentir el pesar recorriendo su cuerpo. Acababa de describir una de las peores enfermedades conocidas por el hombre, esa que por la ignorancia y el miedo de la especie continua firme a través del tiempo.
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
0visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
8visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

L
Usuario
Puntos0
Posts23
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.